Un año perdido

29 noviembre, 2020

No, la pandemia no le vino “como anillo al dedo” a AMLO, ni a su gobierno, y mucho menos al país. El segundo año de la 4T será recordado por la muerte de más de 100 mil mexicanos por covid-19, la recesión económica y la crisis de inseguridad

Twitter: @chamanesco 

En diciembre de 2019, al celebrar el primer año de su administración, el presidente Andrés Manuel López Obrador prometió que el segundo año de su sexenio sería el de la consolidación de su proyecto.

“El primero de diciembre de 2020 terminaremos de sentar las bases de la transformación”, prometió ante miles de simpatizantes congregados en el Zócalo de la Ciudad de México.

Según dijo, aquel día ya había cumplido 89 de los 100 compromisos que hizo ante sus votantes en su toma de protesta del 1º. de diciembre de 2018.

Entre los pendientes, se contaban la construcción del Tren Maya, la desaparición de los fideicomisos, la creación de 266 coordinaciones regionales de la Guardia Nacional, avanzar en las investigaciones del caso Ayotzinapa, crear el corredor comercial Istmo de Tehuantepec y la descentralización de las Secretarías de Estado, entre los más importantes.

En el segundo año, según prometió, se cumplirían esos compromisos, se concluirían las reformas legales aún pendientes, y se lograrían resultados en el tema más delicado y sensible para la población: el de la inseguridad y violencia, que en 2019 se había saldado con más de 34 mil asesinatos dolosos en 12 meses, una cifra superior a las registradas en los peores años de los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Otro de sus pendientes, no mencionados en aquel discurso, era el del crecimiento económico, que aún no alcanzaba los niveles esperados ni había generado los empleos requeridos por la población.

Enfático, López Obrador advirtió que “lo viejo no acababa de morir y lo nuevo no acababa de nacer”, pero confió en que bastaría un año para establecer las bases de una patria nueva y lograr que la Cuarta Transformación fuera irreversible.

“Para entonces (diciembre de 2020), ante cualquier circunstancia, será prácticamente imposible regresar a la época de oprobio que significó el periodo neoliberal o neoporfirista. En dos años los conservadores no podrán revertir los cambios”, aseguró.

Aquella tarde de diciembre de 2019, un optimista López Obrador emprendía el camino hacia su segundo año, el de la consolidación de la prometida cuarta transformación de la República.

Pero mientras AMLO celebraba su primer año, en China surgía un Coronavirus causante de una nueva enfermedad (COVID-19), que dos meses después se extendería por todo el planeta y llegaría a México, propagándose por todo el territorio nacional con consecuencias fatales.

La enfermedad obligó al confinamiento y éste provocó que la crisis sanitaria se convirtiera pronto en crisis económica.

Las estimaciones de crecimiento del Producto Interno Bruto, de captación de inversión extranjera y de creación de empleo cayeron a mínimos históricos.

El cierre de negocios y la parálisis de varias industrias (marcadamente la de servicios) se tradujeron en la pérdida de 1.1 millones de empleos y una caída de la economía de hasta el 18 por ciento en el segundo trimestre del año.

Según la Comisión Económica para América Latina (Cepal), el año 2020 cerrará con una caída de hasta un 9 por ciento del PIB, la pobreza aumentará hasta afectar a un 49.5 por ciento de la población, y la recuperación se podría dar hasta el año 2025.

La pandemia ha costado la vida de más de 105 mil personas en México y ha afectado de manera directa a más de un millón 100 mil mexicanas y mexicanos que se han confirmado como positivos de COVID-19. Aunque las cifras oficiales de la Secretaría de Salud elevan estas cifras a un millón 281 mil casos estimados y 121 mil 213 muertes estimadas.

El COVID-19 será la segunda, o quizás la primera, causa de muerte en México durante 2020, pero esto no ocultará que, por segundo año consecutivo, el país registrará más de 30 mil homicidios dolosos, ligados en su mayoría a la violencia criminal por narcotráfico y otros delitos.

México sigue inmerso en una crisis de inseguridad y violencia, y el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, dejó el cargo para buscar una gubernatura, dejando un hueco en el gabinete que no ha podido llenarse, pues la elegida por el presidente para sustituirlo, Rosa Icela Rodríguez, no logra recuperarse al cien por ciento del COVID.

Tampoco ha sido un buen año para las Fuerzas Armadas, saturadas de trabajo por las múltiples tareas asignadas por el presidente y cuestionadas por la detención de su excomandante, Salvador Cienfuegos.

La pandemia ha evidenciado los graves problemas nacionales, que ya estaban ahí antes de 2018, y que no han podido ser resueltos por la nueva administración. Uno de ellos es la deficiencia en los servicios públicos de salud, que el gobierno de la 4T intentó afrontar con la creación de un Instituto de Salud para el Bienestar, que se estrenó en los meses previos a la pandemia, y no ha mostrado aún los beneficios prometidos cuando fue creado.

La violencia contra las mujeres se ha agravado durante la pandemia y el confinamiento y, hasta el mes de octubre de 2020, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública registraba 777 feminicidios en todo el país. El reclamo de las mujeres por una vida libre de violencia sigue y seguirá vivo, y de vez en cuando llega a las mañaneras como un recordatorio de su sentido de urgencia.

En materia educativa, la pandemia ha ensanchado la brecha de la desigualdad entre quienes tienen acceso a tecnología, computadora en casa e internet, y quienes tienen que conformarse con las clases televisadas de la SEP. La deserción escolar y el rezago que provocará esta situación en millones de estudiantes chocará con los objetivos gubernamentales planteados en 2019, cuando AMLO celebraba haber echado abajo la reforma educativa de Peña Nieto.

El segundo año trajo a la 4T varios ajustes forzados en el gabinete: Javier Jiménez Espriú dejó la Secretaría de Comunicaciones y Transportes por evidentes diferencias con la orden presidencial de otorgar a las Fuerzas Armadas el control de puertos y aduanas. Víctor Manuel Toledo dejó la Secretaría del Medio Ambiente luego de que se filtrara un audio en el que confesó sus diferencias con la 4T. Esta salida provocó el movimiento de María Luisa Albores , de la Secretaría del Bienestar a Medio Ambiente, dejando la política social en manos de un operador político, el tabasqueño Javier May. 

Jaime Cárdenas Gracia dejó el Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, pues en unos cuantos meses descubrió que, paradójicamente, la corrupción corroía a dicha institución.

Durante los meses de pandemia, tres mujeres abandonaron otros cargos de alto nivel: Mónica Maccise dejó el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) por invitar a un foro a un influencer que había ofendido al hijo del presidente; Asa Christina Laurell salió de la Subsecretaría de Integración y Desarrollo del Sistema de Salud (SIDSS), por diferencias con el secretario Jorge Alcocer, y Mara Gómez renunció a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) semanas después de denunciar que los recortes presupuestales ahogaban a la comisión.

No, la pandemia no le vino “como anillo al dedo” al presidente López Obrador; tampoco a su administración y mucho menos al país.

Sin embargo, él está empeñado en repetir que todo va bien, incluida la gestión de la pandemia.

El próximo martes, al cumplir su segundo año, dirá que la transformación está en marcha y que ya es irreversible.

De cara a las elecciones de medio término, López Obrador insistirá en que el “movimiento liberal” que encabeza volverá a derrotar al conservadurismo en 2021. Lo dirá confiado, atendiendo a sus encuestas y a la nulidad de oposición que tiene frente a sí. 

Pero negar la realidad no va a transformarla. Decir que todo marcha bien mientras se acumulan los nubarrones puede alentar a sus simpatizantes, pero no les va a resolver sus problemas cotidianos.

Si se ignora la magnitud de las crisis irresueltas en este año perdido, lejos de consolidarse la Cuarta Transformación, ésta podría comenzar su declive.

Periodista desde 1993. Estudió Comunicación en la UNAM y Periodismo en el Máster de El País. Trabajó en Reforma 25 años como reportero y editor de Enfoque y Revista R. Es maestro en la UNAM y la Ibero. Iba a fundar una banda de rock progresivo, pero el periodismo y la política se interpusieron en el camino. Analista político, actualmente es asesor en el Instituto Nacional Electoral.

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