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Solsticio en Chiconautla

Este viernes, los niños, los viejos, antiguos campesinos que todavía recuerdan la pasada vocación agrícola de este cerro, subirán para aceptar que el verano también conlleva la necesaria decadencia, y renacimiento

@lydicar

Durante el día más largo del año, el 21 de junio, el solsticio de Verano, vecinos de los alrededores subirán al cerro de Chiconautla. Un cerro al que no cualquiera sube: un lugar en el que confluyen tres municipios mexiquenses, y que en los últimos 20 años, se ha vuelto peligroso; y ahora es conocido como un tiradero de cadáveres y tierra de nadie. Su vocación ecológica ha sido desarticulada completamente; queda muy poco de la flora original, además de que el cerro ha sido excavado y explotado para hacerse de material de construcción, incluso para el proyecto –detenido actualmente– del Nuevo Aeropuerto.

Pero este día, varios vecinos de los pueblos aledaños subirán al cerro. En la parte superior existe un observatorio prehispánico. Pocos saben de ello, ya que, ¿quién querría conocer un observatorio, un puñado de piedras, sobre uno de los lugares más peligrosos de Ecatepec y Tecámac?

Los territorios transmutan; y el impacto simbólico, también. El cerro de Chiconautla, medio siglo atrás, era un cerro a donde los antiguos mexicanos subían a observar. El Valle de México era esa región más transparente y desde ahí miraban los cielos, los astros, otros puntos altos en el horizonte. Este observatorio se encontraba en armonía con la ciudad de Teotihuacan. Era, en resumen, un lugar sagrado.

Este viernes, los niños, los viejos, antiguos campesinos que todavía recuerdan la pasada vocación agrícola de esas tierras, subirán el cerro para dar la bienvenida al verano; para recibir ese cambio de eje que permite que hasta hoy los días sean cada vez más largos y las noches más cortas. Para aceptar que el verano –el tiempo de los frutos– también conlleva la necesaria decadencia, y la cercanía del invierno. Arrojarán bombas de semillas, para que ese cerro marchito renazca. Para que renazcamos. Porque somos semilla.

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Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

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