Leyendo:
Los pedos de Tezcatlipoca

Por medio del mal olor y la burla, el hombre conoce su destino: de qué está hecho y a dónde va. Siempre por medio de risas o flatulencias, las dos representaciones de la condición humana: la corrupción progresiva de la materia y reírse de ello

@lydicar

(Qué difícil es escribir la palabra pedo, sin sentir que se transgrede.)

Hay un dios mexica poco conocido en la actualidad que se llama Huehuecóyotl. En náhuatl, el coyote viejo. Los que se dedican a comparar mitos por todo el mundo lo comparan con el bufón de la edad media, o con el dios mercuriano de la época antigua.

Muchos antropólogos han descrito cómo se repiten mitos entre pueblos de la humanidad que no tienen contacto entre sí. Por ejemplo, el mito de la gran inundación, el de la vagina dentata, o el de los hermanos que se matan entre sí. Algunos atribuyen esto a un intercambio cultural no registrado. Pero otros psicólogos y antropólogos sostienen que los mitos manifiestan ideas y fuerzas psicológicas, universales. De ahí que algunos personajes míticos son en realidad arquetipos que se repiten en todos los pueblos del mundo: el dios, el rey, la reina, por ejemplo. Y entre ellos, también se encuentra el trickster.    

El trickster es un personaje de naturaleza ambivalente (medio bueno, medio malo, como un chaneque o un aluxe), irreverente, transgresor, muchas veces astuto (aunque las cosas le salgan mal) y otras veces profundamente estúpido. Simbólicamente suele estar vinculado a los gemelos (por su ambivalencia) y puede cambiar de forma. Como todos los arquetipos puede encarnarse en un personaje positivo o negativo. El trickster es el Prometeo que salva a los hombres al llevarles el fuego, a costa de mucho sufrimiento. Pero es también el “Tonto del pueblo” de los cuentos medievales, el hombre simple, bruto, y que incluso sin proponérselo siembra confusión y malos entendidos, y discordia.

Para algunos de estos estudiosos, el dios mexica Huehuecóyotl es un trickster.

Huehuecóyotl, coyote viejo, está representado como un hombre viril con rostro de coyote. Es un dios ligado a la música y la juerga. Canta, baila, aúlla. Encarna la virilidad y la sexualidad masculinas, así como el sexo ilícito. De hecho, explica el antropólogo Guilhem Olivier,* el verbo náhuatl “coyoquetza” que literalmente es “erguirse como coyote”, y significa tener sexo o “tomarse como brutos animales”, según fray Alonso de Molina.

Como el arquetipo del trickster, Huehuecóyotl puede cambiar de sexo y adoptar distintas formas. Con esas distintas formas y género, seduce múltiples amantes: diosas y dioses. Es una entidad solar, masculina y ligada al fuego. En mitos recientes de los actuales indígenas mixes, el coyote es una suerte de Prometeo que muere trayendo el fuego a los hombres; una historia similar se reproduce entre los indígenas popolucas de Veracruz, sólo que el personaje es un zorrillo (esta correspondencia entre zorrillo, zorro y coyote se repite por toda la región). De nuevo ese rasgo del arquetipo del Trickster: personaje de humor, irreverente, y que lo es a costa de sufrimientos.

Huehuecóyotl está vinculado a Tezcatlipoca –dios de la guerra–, algunos incluso lo consideran una representación de éste, dios por cierto, que a través de sus pedos revela su destino a los hombres.

Cuenta la leyenda que uno de los múltiples avatares de Tezcatlipoca es un zorrillo. Cuando los hombres quieren alcanzarlo, el zorrillo los orina, impregnándolos hasta el tuétano. Si una de sus víctimas escupe de asco, la cabeza inmediatamente se le llenará de canas.

Es decir, por medio de la pestilencia y la burla, el zorrillo revela a los hombres su destino, su futuro: la vejez. En otros mitos, en vez de zorrillo, un coyote es el mensajero:

Sólo el coyote y el cuervo saben dónde se encuentran las plantas de maíz. Pero las flatulencias del zorro revelan este secreto a los hombres.   

Por medio del mal olor y la burla, el hombre conoce su destino: de qué está hecho y a dónde va (el maíz, la tierra).

En otra variante de esa leyenda, el zorro es descuartizado, y en su panza encuentran los restos del maíz. Así es como trae el alimento a los hombres.

Siempre por medio de risas o flatulencias: las dos representaciones de la condición humana: la corrupción progresiva de la materia (la vejez, la muerte, la descomposición) y lo único que queda: reírse de ello.

Cada vez que mi hijo de tres años y yo escuchamos que alguien se tira un pedo, nos reímos, y nos reímos mucho. Me pregunto si mi pequeño intuye que nos reímos de nuestra propia mortalidad.

*Guilhem Olivier, “Huehuecóyotl, coyote viejo, el músico transgresor: ¿dios de los otomíes o avatar de Tezcatlipoca?”. http://www.ejournal.unam.mx/ecn/ecnahuatl30/ECN03005.pdf

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Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

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