Ricardo Salinas Pliego anuncia una pre-candidatura presidencial para 2030, alineándose con la ultraderecha mexicana. Critica al gobierno actual y propone un modelo de seguridad inspirado en Bukele. Su poder económico y red mediática lo posicionan como un potencial líder de ese espectro
Por Saúl Sánchez López / PopLab
La ultraderecha mexicana anda muy activa últimamente. Se le ve pululando en todos los medios, concediendo entrevistas a modo, haciendo declaraciones provocadoras, en fin, dando la nota. Eduardo Verástegui y Alessandra Rojo se enfrascaron recientemente en un largo e improductivo pleito twittero, intercambiando acusaciones para ver quién era realmente de derecha. Lo cierto es que ambos son unos oportunistas. El hipócrita convertido de Verástegui acusa que “el PAN de muerto ya no alimenta a nadie”, mientras que la edil lo llamó falso redentor y enfermo, justo antes de auspiciar una reunión del ultraderechista Consejo Nacional de Nueva Derecha, siendo que en el pasado se había descrito como feminista y hasta había asistido a marchas.
Mucho más llamativa, por no decir sensacionalista, fue la participación de Lilly Téllez en una entrevista realizada por Rachel Campos-Duffy, de Fox News, en la que pidió “ayuda” al gobierno de Estados Unidos para combatir al narcotráfico, agregando que ese era “el sentir de la mayoría de los mexicanos”, aunque luego reculara cobardemente escudándose en que nunca habló de “intervención”. Se hace la tonta. Todos sabemos que esas declaraciones tienen como trasfondo un plan para realizar operaciones militares en Latinoamérica, lo cual fue informado en un artículo reciente por el New York Times. Trump ya ha instruido al Pentágono a prepararse para desplegar fuerzas armadas contra distintos cárteles en América Latina, reclasificados —erróneamente— como terroristas.
La cereza del pastel la acaba de poner Ricardo Salinas Pliego, quien sorprendió al lanzar en exclusiva para Código Magenta su pre-candidatura a la presidencia (!), algo que, en realidad, ya se veía venir para quienes hemos seguido de cerca su actividad política, por así llamarla. En una entrevista complaciente a más no poder — que bien pudo haberse hecho a sí mismo— el multimillonario justificó primero que nada su adeudo fiscal de 74 000 millones de pesos, argumentando que él ya ha pagado muchísimo y que le están cobrando de más, para luego, entoces sí, lanzarse con todo contra el gobierno “morenarco”.
Al igual que los demás actores del medio nacional ultra, el Tío Richie plantea una narrativa según la cual vivimos en un narcoestado, gobernado por un narcogobierno y dirigido por una narcopresidenta (misma propaganda que hicieron contra López Obrador al final de su sexenio y contra Claudia Sheinbaum durante la pasada campaña presidencial, sin mayor resultado). La solución, según él, sería un “copy-paste” del gobierno de El Salvador: imponer penas de cárcel de 40 años a cualquiera que participe en el narcotráfico, así sea indirectamente.
La extrema derecha siempre busca explotar un problema estructural grave y acuciante, usarlo como bandera y proponer una solución simplista para ganarse al electorado. Aprovechándose del fracaso de gobiernos pasados, sean de derecha o de izquierda, logra posicionar su agenda ante una población desencantada que siente que no tiene nada que perder frente una opción nueva y radical. Esta misma receta es la que llevó al poder a Bukele, a Milei, a Meloni y al propio Trump.
A pregunta expresa de su interlocutor, Ricardo Salinas anunció su candidatura a la presidencia para 2030 hablando de la necesidad de hacer “lo que sea necesario por México”. Hizo gala de arrogancia al señalar la gran preparación, el dinero y los contactos internacionales que tiene para hacer cosas tan grandiosas por el país que ni siquiera él mismo alcanza a imaginar. Y como si no fuera suficientemente ególatra, el lambiscón de Alberto Garza se desvivió en elogios a su persona refiriéndose a él como un activista político ejemplar (otro Claudio X. González).
En ese mismo espacio aprovechó para delinear lo que serían sus principios de gobierno: no robar, no mentir y no matar (y no ser original por lo que se ve). Habló también de la importancia de la libertad, un leitmotiv que la extrema derecha usa de comodín para legitimar todo tipo de acciones contra los derechos colectivos, subrayando lo importante que era “quitar el estorbo del estado”; un Milei mexicano, digamos. Finalmente, concluyó con que lo primero era acabar con la violencia porque de nada serviría atender otras problemáticas si no se garantizaba la seguridad de la población por lo que no tenía todavía ideas sobre educación ni salud (“eso se verá después”) más allá de eliminar o reducir la presencia del estado, en otras palabras, privatización. Nada nuevo bajo el sol.
Ricardo Salinas Pliego, alias Tío Richie, es un actor político más de una pléyade ultraderechista que busca prosperar en México capitalizando los problemas del país, sobre todo la violencia. Algunos lo hacen dentro de los partidos ya establecidos (Lilly Téllez), otros mediante la creación de nuevos partidos (Eduardo Verástegui), algunos más operando tras bambalinas (Claudio X. González) o refugiados en grupúsculos (Gilberto Lozano). El arquetipo de político-empresario de derecha no es nuevo en lo absoluto. Ya se ha visto en Ecuador con Guillermo Lasso, en Argentina con Macri, Berlusconi en Italia, y el caso más emblemático e inusitado de todos: Trump, quien ha sido capaz de radicalizar por sí mismo a todo el Partido Republicano. Salinas Pliego, efectivamente, es económicamente independiente y está bien conectado dentro de una red internacional de la que él mismo es constructor. Cabe mencionar su patrocinio a la ideóloga guatemalteca Gloria Álvarez, su financiamiento de Atlas Network, su participación en la CPAC, la importación del periódico La Derecha Diario, etc. Con esa red de poder económico y mediático que ha venido tejiendo a través de los años, Ricardo Salinas Pliego tiene sin duda el potencial de erigirse como el líder de la extrema derecha mexicana e incluso absorber a la centroderecha representada todavía por Acción Nacional. Su incontrolable tendencia a la violencia verbal, los discursos de odio y la incorrección política lo ubican perfectamente dentro del espectro ultra que tantos éxitos está cosechando a nivel internacional, y mal haríamos en subestimarlo.
Hasta ahora, el éxito de la 4T ha mantenido a raya a la extrema derecha, confinándola a la periferia de la política “mainstream”, sin embargo, aunque de manera todavía marginal y accidentada, esta se sigue organizando y fortaleciendo poco a poco, aprovechando los problemas de inseguridad que aún aquejan al país. Es preciso que el gobierno de Claudia Sheinbaum dé muestras fehacientes de resultados o avances en esta materia, mientras exhibimos las falacias de la extrema derecha que amenaza con emerger. Contrario a lo expresado por Alberto Garza, Ricardo Salinas Pliego no está “más allá del bien y del mal”, es solo un millonario presuntuoso con delirios de grandeza. Nadie pidió su candidatura, pero no hay que esperar a que se concrete para combatirla. La ultraderecha se nutre de la ignorancia y el prejuicio, pero sobre todo de la indolencia.
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