Retrato y huelga de un país para una película selfie

4 julio, 2020

Apenas unos meses atrás, las huelgas interrumpían la normalidad de la precarización del trabajo y la vida en Bogotá, Quito, Madrid, París, Haití o Chile. ¿Dónde están los cuerpos de las huelgas ahora? Es la pregunta central de la película Autorretrato con fondo de huelga, una producción del artista ecuatoriano Fabiano Kueva

Texto: Gabriela Ruiz Agila

Fotografías fijas de la película: Fabiano Kueva

QUITO, ECUADOR.- La pandemia por covid-19 declarada en marzo de 2020 ha sumido en una crisis económica al mundo y justifica el despido masivo de asalariados. Silencio. Cuarentena. “Quédate en casa” para evitar la propagación del virus. Una quietud forzada bajo estado de excepción y toque de queda que frenan a la sociedad civil.

Unos meses antes, las huelgas en el mundo interrumpían la normalidad de la precarización del trabajo y la vida en Bogotá, Quito, Madrid, París, Haití o Chile. ¿Dónde están los cuerpos de las huelgas ahora? Es la pregunta central de la película Autorretrato con fondo de huelga, una producción del artista ecuatoriano Fabiano Kueva.

En este artículo, se observan los símbolos de las revueltas para una película selfie.

“Duermo poco. Mi visa está por caducar”

Dieciséis discos duros guardan el material audiovisual filmado por Fabiano Kueva a lo largo de 30 años. Rodada completamente con recursos propios y sin guión, Autorretrato con fondo de huelga es solo una parte de este cuerpo de memoria llamado Catja, una película que dura 24 horas. Autorretrato es un archivo que reúne fragmentos de un diario filmado con instantáneas, sketches, proyecciones fallidas, recortes, objetos encontrados, manuales de uso, en distintas locaciones del Latinoamérica y Europa. Pero no es una cinta autobiográfica ni concesionaria del autor.

En los primeros cinco minutos de la cinta, el protagonista anuncia: “Duermo poco. Mi visa está por caducar”. Su movilidad a través de las fronteras y la temporalidad quizá pueda mostrar el malestar y la búsqueda de una causa, una consigna, una lucha que hacer propia. “Tengo postura pero no tengo tengo partido”. En los puentes filmados en tantas ciudades, hay la sensación de cruzarse con gente que habita la misma paradoja.

¿Asistimos a un declive del capital o a su consolidación autoritaria y viral?

“Los nuevos mapas me han vuelto inútil. Ya no sé perderme” dice. Tomas a través de ventanas, sobre rieles y carreteras; el agua que fluye en los ríos y en la lluvia, el humo en las chimeneas y en las barricadas de los manifestantes, el grito de las feministas, tejen el delicado soundtrack de Autorretrato.

Fabiano Kueva de 49 años, vive en el centro histórico de Quito y su obra reivindica un modus operandi: aprender haciendo y hacer con lo que se tiene. Autorretrato se grabó sin guión. Atraviesa la experiencia de un artista que conoce la posibilidad de los registros en diversos archivos sonoros y formatos de imagen; betamax, vhs, hi8, webcam o digital pocket camera, además de audio casetes, cintas dat, minidisc o card recorder.

Las revueltas no se archivan

La técnica de montaje de Autorretrato emplea una narrativa posible entre imágenes de archivos en blanco y negro y tomas a color. Están, por ejemplo, los generales de la Revolución Mexicana, Pancho Villa y Emiliano Zapata, en su entrada triunfal a la Ciudad de México en diciembre de 1914; la habitación de Leon Trotsky; el busto de Toussaint Louverture que peleó por la abolición de la esclavitud en Haití; o la panorámica a espaldas del monumento de Marx y Engels.

Está el registro de huelgas en las ciudades y la nostalgia de las revoluciones. “No es un destino de lo escrito sino un íntimo temor al olvido”, asegura el protagonista de esta trama. De regreso a Quito, en octubre de 2019, encuentra una ciudad fracturada. “¿Acaso no te duele cuando tienes que ordenar a hombres armados que nos vengan a enfrentar a mujeres y jóvenes que estamos luchando por una vida justa?»; así increpó Miriam Cisneros, líder del pueblo Kichwa Sarayaku al presidente ecuatoriano Lenín Moreno.

Un acuerdo con el FMI avanza a galope con el recorte de subsidios y disminución del tamaño del Estado. La crisis económica y política por el destape de casos de corrupción, reaviva el recuerdo amargo de la crisis de los noventa y la partida de los migrantes ecuatorianos a Estados Unidos y Europa. “¿Cuál es mi rol?” se pregunta el protagonista mientras algunos de los manifestantes en las calles, le prohíben filmar a Kueva.

Decidió estrenar la película en línea de forma “gratuita” en Youtube. Considera que hay un gran control de las imágenes a través de las redes sociales y el buscador de datos Google, “el panóptico de datos”. Incluso para el poder, las narrativas de oposición y resistencia requieren ser asumidas bajo una estética ideológica. Fabiano Kueva quiere que las imágenes del Paro Nacional de 2019 en Ecuador resuenen su condición en el actual toque de queda y el “desempleo” por efectos de la pandemia. El miedo de morir infectado por el virus o por hambre es latente también en otras latitudes.

Del puente de San Roque a la fábrica Schindler

Marco Humberto Oto Rivera de 26 años cayó del puente de San Roque en Quito durante las protestas del Paro Nacional. Oto tenía 46% de discapacidad. Él y Daniel Chiluisa cayeron del puente peatonal mientras huían de la persecución de la policía. Autorretrato recupera la memoria de espacio vacío, del puente fracturado, en tomas amplias y en acercamientos.

“No hay estética sin ética”, es la frase dicha por un poeta y que replicada en la estación del metro denuncia la vulneración de los cuerpos que no se someten. En 13 días del Paro Nacional en Ecuador, las imágenes de manifestantes heridos fue constante. El protagonista visita el museo del holocausto erigido en el museo fábrica de Oskar Schindler en Cracovia. La repetición y difusión masiva de este discurso de muerte ¿banaliza las protestas en las calles y el sufrimiento de los otros? ¿Es una advertencia a la alteración del orden impuesto por el poder estatal?

A lo largo de la película, portadas de libros y referencias literarias aparecen como señales a los lectores: Susang Sontag, José María Valverde, José Revueltas, Fernando Pessoa, entre otros. Y puedes ver a las mujeres leyendo en voz alta y escribiendo. “Lo que pasa es que practicar la literatura es una especie de transgresión, muy grande; es una especie de amenaza muy grande para la seguridad simbólica de los otros; es que hay una especie de gran represión en este acto aparentemente banal de escribir… En definitiva se amenaza mucho al escribir, se manejan conceptos simbólicos muy importantes para el cuerpo de uno y para el cuerpo de los otros”. Así se explicaba a sí mismo como en un autorretrato Severo Sarduy en 1976, y se cita en esta película.

La marcha de las feministas en París, los indígenas protestando en Quito, y el protagonista en la ducha. Los sujetos políticos en la desnudez de sus cuerpos, pintándose palabras como animales; poniendo en tensión el poder colectivo y su visibilización en la afirmación de la diferencia individual.

En un gesto que rinde homenaje al legado cinematográfico de Dziga Vertov en la película La Escalera de Odessa (1925). Autorretrato intercambia la escena de un niño que cae en su carriola por las escaleras por la marcha de Julián, el joven hijo de 20 años, en algún boulevard de Europa del Este y ascendiendo escaleras arriba. “Recorrí 54 kilómetros para encontrar a Julián”. Como espectadores asistimos a la proyección de una película cargados de la memoria del cuerpo hecha por nombres y ausencias.

¿Puede una selva declararse en huelga?

“El mundo es un paisaje abatido”. Un altoparlante repite: “Por tu seguridad , ¡quédate en casa!”. El protagonista vuelve al escenario de las huelgas y encuentra las calles vacías, un escenario aparentemente infranqueable bajo el control y vaciamiento del espacio público donde ocurren las resistencias colectivas, poniendo el cuerpo.

“¿Dónde están las ciudades levantadas? ¿Dónde están los cuerpos de octubre? Impregnados de tiempo. Impregnados de sol.” El 7 de abril otra tragedia mataba los pueblos amazónicos, la ruptura del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) que transportan el petróleo que el Ecuador exporta; el mismo que produjo el derrame del 15 mil 800 barriles de petróleo en los cauces del río Coca y el río Napo. Afecta a más de 2 mil familias indígenas y compromete el acceso al agua potable de al menos 120 mil personas. Así lo denunció la Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos en Ecuador. 

“¿Puede una selva declararse en huelga?” se pregunta el protagonista cuando no es casualidad que las formas más brutales de violencia contra los cuerpos ocurran contra los cuerpos de mujeres, indígenas, afrodescendientes, GLBTI, niños. Una violencia quizá equiparable a la que sufre la tierra por el modelo extractivista que envenena a la tierra y el agua, y mata.

¿Qué vidas merecen ser vividas? ¿Quiénes deben ser salvados en esta pandemia? Cuando vuelva a Puerto El Morro en la Amazonía ecuatoriana, la imagen de los pies de Pedro, su amigo comunero, será el recuerdo de quien partió en medio de la epidemia.

Mientras se filma esta película, es Mushuk Nina y en el mundo andino, corresponde al inicio de una nueva temporada con el fuego nuevo. “Pero el 21 de marzo ha devenido en pandemia, en lucha de clases biológica, en opresión viral” señala con desasosiego el protagonista, la espiral repetitiva del capitalismo, el mayor naufragio de todos.

¿Cómo levantarnos? ¿Qué lenguajes y formas adoptar? Que se encienda entonces el fuego de los cuerpos.

El Palacio

“Mientras la industria filma una serie para Netflix yo filmo este diario”. Autorretrato es el camino en dirección contraria al pautado por el aparato propagandístico de El Palacio, concepto visual que representa al poder. La locación corresponde al Foro Humboldt en el nuevo Palacio Real de Berlín (Stadtschloss). Hasta allí, Fabiano Kueva viajó en 2019 en varias ocasiones para trabajar el archivo Alexander Von Humboldt, proyecto mundialmente reconocido.

El Palacio podría hacer también referencia a la ex Unión Soviética, la Alemania nazi o Estados Unidos. El acorazado Potemkin (1925) dirigida por Serguéi Eisenstein para conmemorar la revolución rusa de 1905; la estrategia de propaganda de Joseph Goebbels que consolidó la imagen de Adolf Hitler en 1933; o incluso la saga de Rambo protagonizada por Sylvester Stallone en la gran industria de Hollywood.

El Palacio también contiene museos. Allí se coleccionan objetos y se reproducen discursos para apropiarse del pasado, para arrebatar. Las tomas del Museo Nacional de Antropología de México, se intercalan con las del Palacio Real. Más de medio siglo, ese Museo es el recinto más emblemático de la salvaguarda del legado indígena mexicano. Y mientras tanto, la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco sigue ocupada por el recuerdo de la masacre de estudiantes en 1968. ¿Se escuchan los gritos que en el Zócalo piden justicia para 43 estudiantes de Ayotzinapa? Es la gran verdad histórica cuestionando una vez más, como el relato binario de los vencidos o los vencedores.

¿Cuáles imágenes nos sobrevivirán? se cuestiona el personaje central. ¿Qué quedará del Cielo de Berlín aún sobrevolado por los ángeles que pueden ver los muros que dividen? Y como un regalo para el cierre de este Autorretrato, el Palacio Real de Berlín ha sido tomado por el fuego. ¿Cuántos seres entrarán por mis ojos?

Autorretrato con fondo de huelga está disponible en el siguiente link : https://youtu.be/d1sLLjvXbAI

Apuntes biográficos:

Fabiano Kueva es miembro de los colectivos Oído Salvaje y La Divina. Es curador de proyectos realizados en museos, espacios públicos y contextos comunitarios. Premio Radiodrama en la 3ª Bienal Latinoamericana de Radio (México, 2000), Premio París en la 9ª Bienal Internacional de Cuenca (Ecuador, 2007), Premio Nuevo Mariano Aguilera (Ecuador, 2015). Kueva fue participante en la Bienal de la Habana (Cuba, 2009), la Bienal de Montevideo (Uruguay, 2014) y la Bienal de Venecia (Italia, 2015), y recipiente de la Beca Prince Claus Fund Grant 2010. 

Gabriela Ruiz Agila @GabyRuizMx Investigadora en prensa, migración y derechos humanos. Cronista. Es conocida como Madame Ho en poesía. Premios: Primer lugar en Premio Nacional de Periodismo Eugenio Espejo [Ecuador, 2017]; segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño con Escrituras de Viaje [Ecuador, 2016]; primer lugar en Crónica del Cincuentenario organizado por la UABC con Relato de una foránea [México, 2007].

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