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Mujeres

Durante siglos, las mujeres hemos constituido células básicas de las comunidades; la literatura, el cine, la música y la historia recuperan ese papel central en las sociedades humanas. Este es un recuento de mis mujeres preferidas, para revisitar en las vacaciones

@danielapastrana

Malena

Desde niña, Malena siente que no encaja en su cuerpo ni en su familia. Su hermana melliza, Reina, es todo lo contrario: una niña perfecta, de buena familia. Malena se mira en ella, intenta ser una niña “normal”, pero no encuentra la forma. Reina es una santa, como su madre y como su abuela. Malena, en cambio, heredó la maldición de Rodrigo, la mala sangre de su familia: a Malena le gusta el sexo, y se culpa por ello. A lo largo de 500 páginas de la novela, Malena va descubriendo secretos familiares y encuentra un espejo en las mujeres que la han precedido. Entre ellas, su tía Malena, la que se fue de monja y luego se escapó del convento.

La historia de las mujeres se repite generación tras generación: con el abuelo patriarca, el padre ausente, el amante perdido o el esposo amable. En una conversación con su tía, a la que va a visitar cuando está a punto de perder a su hijo, conoce una historia que la lleva a compadecerse de su madre. “No, Malena, las mujeres fuertes se montan en la chapa de las débiles y las fuertes no tenemos chapa en donde montarnos”, dice su tía.

“Malena es un nombre de tango” es una novela de Almudena Grandes que fue publicada en 1994 y en la que se basó una película protagonizada por Ariadna Gil. El tango sí existe y fue escrito medio siglo antes por Homero Manzi y con música de Lucio Demare. Esta es mi parte favorita:

Malena canta el tango con voz de sombra
Malena tiene pena de bandoneón.
Tu canción tiene el frío del último encuentro,
tu canción se hace amarga en la sal del recuerdo.
Yo no sé si tu voz es la flor de una pena,
solo sé que al rumor de tus tangos,
Malena, te siento más buena, más buena que yo.

Antonia

Después de la guerra, Antonia regresa con su hija al pueblo donde nació y, tras enterrar a su madre, cultiva una comunidad matriarcal en torno a las mesas de comida. La película narra cinco generaciones de mujeres: La madre, que muere vituperiando al marido borracho; Antonia, madre soltera que rechaza la petición de matrimonio de un granjero viudo con cuatro hijos (“mis hijos necesitan una madre”, dice él; “pero yo no necesito unos hijos”, responde ella); Danielle, la hija pintora que se enamora de una maestra; Teresa, la nieta violada, más ocupada en los libros que en las relaciones afectivas; y Sarah, la  bisnieta cronista de una historia que es en realidad una reflexión profunda sobre el poder, la familia, la sexualidad, el amor, la vida y la muerte.

“Memorias de Antonia” ganó en 1996 el Óscar a la mejor película extranjera, el Premio People’s Choice y el Festival Internacional de cine de Toronto. La película, “un cuento de hadas feminista” según su directora, Marleen Gorris, presenta amores imposibles, como la de una mujer católica que aúlla a la luna provocando la desesperación de su vecino protestante; otros desafiantes, como el del cura que deja los hábitos y se casa con una prostituta. La magistral escena en la que “el amor brotó por todos lados” solo es comparable con la de los besos prohibidos que fueron pegados al final de Cinema Paradiso.

Marleen Gorris es directora de cine, nacida en una familia protestante holandesa y declarada feminista. La descubrí con La estrategia de Luzhin, una película protagonizada por John Turturro y Emily Watson, que narra la historia de un ajedrecista ruso obsesionado con encontrar una estrategia de defensa para un torneo. El guión está basado en una novela de Vladimir Nabokov (sí, el mismo de “Lolita”).

Scheherezada

Shahrzād, ​en persa, era la hija del Gran Visir encargado de cumplir cada día la cruel venganza del sultán Shahriar, quien, tras descubrir que su esposa le era infiel, desposaba cada día a una virgen y la mandaba decapitar al día siguiente. Así murieron tres mil mujeres.

En contra de la voluntad de su padre, la joven se ofreció como voluntaria para casarse con el sultán y planeó una estrategia para evitar ser decapitada: al llegar a las recámaras reales, pidió a su esposo que la dejara despedirse de su hermana, quien, advertida previamente, le pidió que le contara un cuento. Sherezada inició un relato que mantuvo despierto al sultán toda la noche. Al llegar el alba, él quiso que continuara, pero ella respondió que lo haría hasta la noche siguiente. Shahriar la mantuvo con vida ante la perspectiva de la nueva narración. La historia se repitió cada noche, encadenando uno tras otro los relatos de aventuras de Simbad, el marino, Alí Baba o Aladino.

Sheherezada es la narradora de los cuentos árabes compilados en “Las mil y una noches”. Y quizá la primera mujer en la historia del enigmático oriente que se rebeló a su suerte (y de paso, salvó a otras mujeres).

Carmen

Carmen es una gitana libre que vive en la Sevilla de 1820. Seduce a un soldado inexperto: el cabo don José. Él deja a su novia, se amotina contra su superior, deserta del Ejército y se une a un grupo de contrabandistas gitanos. Pero se atormenta por eso todos los días. Carmen, en cambio, vive sin ataduras (El amor es un pájaro rebelde / que nadie puede dominar), y cuando conoce al encantador torero Escamillo no puede evitar enamorarse de él.

Don José, el exsoldado, no soporta que lo deje y la asesina. Sufre algo que en la psicología de la violencia de género llaman intolerancia a la frustración. Ella, por su parte, sabe que la va a matar. Pero prefiere morir a sacrificar su libertad.

“Carmen” es la última ópera de George Bizet y también es la ópera más interpretada en el mundo. El libreto de Ludovic Halévy y Henri Meilhac está basado en la novela de Prosper Mérimée, publicada en 1845, ​ la cual posiblemente fue influida por el poema Los gitanos de Aleksander Pushkin.

Jenny, Mary y Lizzy

Johanna Bertha Julie Von Westphalen nació en una familia de la aristocracia alemana (entonces Prusia). Era considerada una belleza, y pretendida por varios hombres acaudalados, pero ella los ignoró y se casó con su vecino de la infancia, cuatro años menor y proveniente de una familia de clase media: Karl Marx, a quien unía la pasión por la lectura y la política.

Jenny, como la llamaban, era la única que podía entender la letra de Marx, cuya caligrafía era indescifrable para muchos editores. Ella transcribía todos sus manuscritos. También participaba activamente en discusiones con políticos y filósofos y fue la primera integrante de la Liga Comunista, que se convertiría en el Partido Comunista. Pero las ideas políticas de la pareja los condenaron a una pobreza que provocó la muerte de cuatro de sus siete hijos. Marx dependía económicamente de su amigo, Federico Engels.

La relación de los tres es expuesta en la película “El joven Marx”, dirigida por Raoul Peck (Paris, 2017) que cuenta el inicio de la relación de los dos pensadores, cuando tenían 23 o 24 años: Engels trabajaba en la empresa textil de su padre, pero escribía en secreto artículos para el periódico La Gaceta Renana, dirigido por Marx. En 1843 conoció a Mary Burns, su compañera durante dos décadas.

En la película, ella trabajaba en la fábrica de hilados del padre, pero en realidad no hay certeza de si era obrera, empleada doméstica, o prostituta. Lo cierto es que Mary llevó a Engels a conocer las condiciones de vida de los obreros durante la gran hambruna irlandesa de 1845, que luego fueron sistematizadas en su primer libro: La situación de la clase obrera en Inglaterra.

Mary falleció en 1863. Nunca se casaron porque ninguno de los dos creía en la “institución burguesa” del matrimonio. A su muerte, él comenzó una relación amorosa con Lydia (Lizzy Burns), la hermana menor de Mary.

Hay versiones de que Marx tuvo un hijo ilegítimo con la empleada de confianza de su esposa. Engels, en cambio, fue fiel a sus dos mujeres Burns. En una escena de la película, Jenny le pregunta a Mary si piensa darle hijos a Engels. Ella, sin perturbarse, responde que está muy ocupada con su lucha, pero que “él puede tenerlos con Lizzy; ella sueña con eso todos los días”.

Elizabeth

Elizabeth Bennet es la segunda de cinco hijas de los señores Bennet, siendo la preferida del padre pero la menos querida para la madre, una mujer de espíritu simple que solo quiere ver casadas a sus cinco hijas. La vida de la familia campirana se transforma con la llegada de Charles Bingley y el amigo de este, el orgulloso y muy rico Fitzwilliam Darcy, quien se enamorará de Lizzy, una mujer alegre e inteligente, pero prejuiciosa.

Lizzy protagoniza la novela “Orgullo y Prejuicio”, de Jane Austin, una novelista británica cuyas sus obras se sitúan en la burguesía agraria de la época gregoriana. Los críticos no se ponen de acuerdo: unos la consideran una escritora conservadora, pero otros dicen que noveliza el pensamiento de la filósofa Mary Wollstonecraft sobre la educación liberal de la mujer.

Ella no parece sentir pena por la situación de mujeres que sufren desamor; sus libros exponen con humor las peculiaridades, la ingenuidad y lo absurdo de la sociedad campirana. Aleja a sus protagonistas de todos los “talentos”, considerados necesarios en las mujeres de la época y plantea la falta de sensatez como un gran riesgo para la vida social.

El libro dio origen a una película, cuyo principal y casi único mérito es la fotografía, y a una estupenda serie televisiva de la BBC, interpretada por Jennifer Ehle y Colin Firth… el mismo señor Darcy de Brigitte Jones.

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Quería ser exploradora y conocer el mundo, pero conoció el periodismo y prefirió tratar de entender a las sociedades humanas. Dirigió seis años la Red de Periodistas de a Pie, y fundó Pie de Página, un medio digital que busca cambiar la narrativa del terror instalada en la prensa mexicana. Siempre tiene más dudas que respuestas.

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