Mujeres en pandemia: más trabajo, menos empleos

18 noviembre, 2021

Durante la pandemia cientos de miles de madres de familia tuvieron que triplicar jornadas laborales. En la imagen, una mujer cuida a su hijo mientras trabaja en la Ciudad de México. Foto: Moisés Pablo / Cuartoscuro

La pandemia impactó de forma más dura el mundo laboral de las mujeres. Al final del primer año, 2 de cada 3 personas que dejaron de estar entre la población económicamente activa de México eran mujeres que fueron despedidas o que tuvieron que volver a casa para hacerse cargo de los cuidados

Texto: Daniela Rea

Fotos: Moisés Pablo / Cuartoscuro

CIUDAD DE MÉXICO.- Jenni Ramos, de 35 años, es una ingeniera industrial que tenía un empleo formal antes de la pandemia. En esa época mientras Jenni trabajaba en la oficina su hija estaba en la guardería, sus abuelos la recogían y Jenni pasaba por ella al terminar la jornada laboral.

Jenni quedó embarazada de su segunda hija al iniciar la pandemia, parió y cuando terminó su incapacidad no le permitieron hacer trabajo desde casa, así que volvió a la oficina. Su esposo cuidaba a la bebé en casa, pero al poco tiempo la despidieron. 

De acuerdo con las estadísticas de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI en México entre el último trimestre del 2019 y el último trimestre del 2020 la Población Económicamente Activa en el país se redujo en 1.7 millones de personas, de ellas 1.1 millones fueron mujeres.

La Comisión Económica para América Latina señaló que durante el año 2020 la crisis económica generada por la pandemia provocó “una contundente salida de mujeres de la fuerza laboral”, porque fueron despedidas o porque tuvieron que volver a casa para hacerse cargo de los cuidados.

Con dos hijas en casa, ahora de 5 y 1 año y medio, Jenni necesitaba buscar un ingreso. Una amiga le llamó para decirle que en la empresa donde ella trabajaba podía encontrar un lugar. Jenni tuvo suerte porque el trabajo fue en línea, pero eso sólo duró dos meses, el dueño no se acomodó y pidió a todos los empleados trabajar de manera presencial. Jenni maniobró unos meses, con ayuda de los abuelos, quienes cuidaban a sus hijas junto con su esposo, pero no fue posible continuar y dejó ese trabajo.

El INEGI señala que la población no económicamente activa -es decir, personas mayores de 15 años que cuando fueron encuestadas no estaban realizando actividades económicas y no buscaron trabajo- aumentó en 3.5 millones, de las cuales 1.9 millones fueron mujeres, el 54 por ciento. Una interpretación que podría obtenerse de esta cifra es que una parte de las mujeres debían estar en casa para cuidar a sus hijos y por ese motivo no pudieron buscar trabajo, aunque necesitaran el dinero. Como Jenni, quien por tener que cuidar a sus dos hijas en casa no pudo retomar la búsqueda formal de empleo.

Trabajo aquí, trabajo allá

El estudio “Impactos diferenciados, esfectos de la pandemia de covid-19 en la situación laboral de las mujeres en México”, publicado por el gobierno de la Ciudad de México refiere que desde antes de la pandemia la desigualdad en el trabajo de cuidados entre hombres y mujeres era importante: las mujeres en promedio dedican entre 19 y 22 horas más que los hombres al trabajo de cuidados. En el caso de las mujeres que se encuentran ocupadas, el diferencial corresponde a 19 horas mientras que para las mujeres no ocupadas en el mercado el diferencial es de 22 horas. Por otro lado, mientras las mujeres dedican más tiempo al trabajo de cuidados no remunerado, en promedio, las mujeres ocupadas trabajan en el mercado cerca de siete horas menos que los hombres ocupados.

“Es sobre estos diferenciales que deben evaluarse los efectos de la crisis de la pandemia. Para la población en general la crisis redujo la probabilidad de estar ocupado en siete puntos porcentuales. Para quienes están empleados, la probabilidad de que dicho empleo sea de tiempo completo se redujo en cuatro puntos porcentuales. De igual forma, el ingreso laboral de los ocupados se redujo en cinco por ciento. En resumen, la crisis económica provocada por la pandemia trajo consigo un deterioro sustancial de las condiciones del mercado de trabajo mexicano, tanto en términos de pérdida de empleo como en términos de un deterioro en los empleos sobrevivientes”, dice el informe.

Hasta el momento, sin embargo, las acciones públicas para sostener a las mujeres trabajadoras en todos sus distintos contextos han sido muy limitadas. Por ejemplo, en la Ciudad de México, el gobierno dio a mujeres trabajadoras sexuales, trabajadoras domésticas y jefas de familia que tuvieran riesgo por la precariedad y violencia doméstica, tres apoyos de 2 mil 170 pesos cada uno, aunque no se publicitó cuántas mujeres fueron beneficiarias. Por otro lado, la alcaldía Tlalpan lanzó un programa para apoyar a mujeres cuidadoras de menores de 0 a 5 años de edad, en total entregó 3 mil 686 pesos a 790 mujeres durante dos meses.

No podemos esperar

Jenni necesitaba un ingreso, pero no podía salir a pedir trabajo mientras no hubiera conciliación entre los tiempos y espacios de cuidado y profesionales. Así que comenzó a idear una microempresa con otras conocidas, compañeras, madres que también fueron despedidas o se vieron obligadas a dejar el trabajo porque el cuidado les esperaba en casa.

Es una empresa en ciernes. Buscan vender alimentos a granel desde sus casas. Se coordinan por whatsapp, videollamadas, se acomodan en horarios muy temprano (cuando sus hijos duermen) o muy tarde (cuando sus hijos ya se fueron a la cama).

“Yo no me quiero perder la infancia de mis hijas, quiero estar con ellas, pero también me quiero desarrollar profesionalmente y así fue como platiqué con una amiga y comenzamos a tener la idea de generar nuestra propia empresa, que sea flexible, que sea para todos, que podamos tener calidad de vida, que se pueda hacer home office”.

“Estoy dedicándome a mis hijas y estoy en lo del negocio, que vaya creciendo poco a poco, un ingreso, desarrollo y tiempo a mis hijas”.

–¿Cómo te has sentido?

–Física y emocionalmente ha sido muy agobiante porque al final no hay conciliación laboral, sólo hay una salida: alguien debe dejar de trabajar. Antes nos educaban para ser mamás, pero ahora soy una persona que quiere aprender, desarrollarme en la vida y no depender de nadie, quiero ser un ejemplo para mis hijas.

–¿Qué te gustaría que aprendieran de ti?

–Que todo se puede, que san mujeres independientes, que rompan un sistema que hay en el país que es una lucha constante en sueldos, discriminación desde la universidad hasta en trabajos de que no puedes ganar más o ser jefa porque eres mujer y somos muy capaces, aún estamos a años luz para que se haga el 100 por ciento, pero ellas deben tener la convicción de que pueden lograr lo que quieran.

–¿Cómo crees que el Estado tendría que ayudar en el cuidado?

–Creo que tendría que cambiar las leyes laborales, debe haber flexibilidad, las empresas deben apoyarnos con la crianza. La reforma laboral es clave, no tenemos vacaciones más que 6 días el primer año… yo no quiero vivir para trabajar…

Jenni.

La CEPAL emitió recomendaciones a los gobiernos para atender los efectos de la pandemia en las mujeres: 

  • Se requiere amortiguar y compensar los efectos de la crisis en el empleo, los ingresos y la carga de trabajo de cuidados de las mujeres y en el deterioro de sus niveles de bienestar. 
  • Las políticas de reactivación deben reincorporar criterios de género en la selección estratégica de los sectores, los mecanismos y los instrumentos fiscales y la reorientación de los incentivos. 
  • Se requiere avanzar en un pacto fiscal y de género que esté orientado explícitamente a evitar que se profundicen las brechas de género en el acceso al financiamiento y a cautelar los recursos para las políticas de igualdad de género y derechos de las mujeres. 

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Reportera. Autora del libro “Nadie les pidió perdón”; y coautora del libro La Tropa. Por qué mata un soldado”. Dirigió el documental “No sucumbió la eternidad”. Escribe sobre el impacto social de la violencia y los cuidados. Quería ser marinera.

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