Memorial a las niñas del Hogar Seguro Virgen de la Asunción

23 noviembre, 2021

Fotoarte: Pie de Página

Un incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en Guatemala, en marzo de 2017, acabó con la vida de 41 niñas y adolescentes, y dejó con daños de por vida a otras 15 más. Murieron en un hogar institucional, con la promesa de que serían cuidadas. Éstas son las historias de las niñas y adolescentes que murieron bajo el resguardo del Estado

Texto: Fernanda G. Marchant, María José Longo Bautista, Yannick Villatoro,

Fotos: Cortesía familiares, redes sociales

GUATEMALA.- El 8 de marzo, un incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en Guatemala, acabó con la vida de 41 niñas y adolescentes, y dejó con daños de por vida a otras 15 más. Murieron en un hogar institucional, murieron con la promesa de que serían cuidadas, protegidas. Murieron cargando a cuestas historias de violencias estructurales, sociales y familiares.

Murieron asfixisadas entre las llamas, pero no fue el fuego el que las mató. Fue la negligencia, la impunidad y el abandono del estado guatemalteco, que había incumplido su compromiso de proteger sus vidas desde que nacieron. Guatemala, según UNICEF, es el segundo peor país de América Latina para ser niñas; sólo después de Haití. 

Estas son las historias de las 41 niñas y adolescentes que murieron bajo el resguardo del estado. 

Achley Gabriela Méndez Ramírez. El descenso valiente

Luego de 11 meses de entrenamiento, la primera promoción de brigadistas infantiles de la estación de bomberos de Monjas, Jalapa, realizaba su práctica final. “Ahí es cuando ponen a prueba nuestras capacidades y ven qué tanto aprendimos durante el módulo”, explica Elsy Escobar, una de las brigadistas.

Una de las pruebas era subir un cerro y descender de espaldas. Dentro del grupo, había una niña de 10 años que, al llegar a la cima, se negó a bajar y repetía frases como “no quiero bajar”, “no puedo”. Era Achley Gabriela Méndez Ramírez. Su compañera recuerda que, incluso, se puso a llorar.

“Entre todo el grupo la incentivamos y convencimos de que sí iba a poder. Al final logró bajar y después de eso andaba tan feliz. Estuvo todo el día riendo y diciendo que sí pudo bajar”, relata Elsy.

Achley es una de las 56 víctimas del incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Tenía 15 años cuando murió quemada. Tan solo cinco años después de haberse graduado de bombera.

Sus compañeros de promoción, Jeffry Vásquez y Keneth Sandoval, la recuerdan como una persona carismática. “Me acuerdo que el casco le quedaba demasiado grande y ella siempre se lo ponía y se reía mucho. Era muy molestosa”, recuerda Vásquez.

A Achley le gustaba ayudar a las personas y a los animales. Su mayor sueño, era convertirse en veterinaria.

Ana Noemi Morales Galindo. Feminismo y estancamiento

Ana Noemi Morales Galindo tenía la nariz respingada, los labios gruesos, tez morena y el pelo liso. Aunque la fotografía que queda de ella es borrosa, su mirada refleja fortaleza.

Ana nació en Escuintla, el segundo departamento en Guatemala con mayor incidencia de violencia de género. Tenía 16 años cuando murió quemada junto a 40 de sus compañeras en el Hogar Seguro. El incendio fue el Día Internacional de la Mujer.

De acuerdo al Observatorio de la Mujer, en los primeros cinco meses de 2021 hubo 3,974 denuncias de mujeres por violencia sexual; 14,186 por violencia psicológica; 9,315 por violencia física; y 7,279 por violencia intrafamiliar.

En 2020, de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística, desaparecieron en promedio 4 mujeres al día. En 2021, de enero a agosto, se registraron 396 femicidios.

Ana Roselia Pérez Junay. La niña Chela

Ana Roselia Pérez Junay creció con escaseces en un lugar donde no podía ser de otra manera: en la aldea Hierba Buena, en San Andrés Itzapa,  Chimaltenango, 7 de cada 10 personas viven en pobreza y la mitad de los niños tienen desnutrición. Era la séptima de doce hijos.

A pesar de que en ese lugar casi todas las personas son pobres, un vecino denunció que Ana Roselia y sus hermanos padecían carencias y la solución del gobierno fue quitarles los siete más pequeños a sus padres y dejarlos bajo resguardo del Estado. 

Cuando Chela, como la llamaba su familia, fue arrancada de su casa de sus padres, tenía 12 años. No querían separarse, y por eso ella escapó del refugio para volver a casa. El gobierno la buscó y volvió a llevarla al Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

La adolescente quería regresar a su aldea porque ahí era libre. En el hogar estaba encerrada y sufría maltratos. Tenía miedo de que la violaran.

El 7 de marzo de 2017 Chela, de 14 años, y otras compañeras del Hogar Seguro escaparon del lugar por maltrato, pero agentes de la Policía Nacional Civil las detuvieron y, por tercera vez, Chela fue encerrada. 

Las llevaron a un salón del Hogar Seguro con 55 compañeras. Las encerraron con llave.

Chela murió a causa de las quemaduras y su familia la veló el 12 de marzo de 2017, en la casa pobre de donde se la llevaron 24 meses atrás. El gobierno de Guatemala la arrancó de la pobreza para llevarla a un lugar donde la mataron. 

“Ella solo quería estudiar para ser alguien importante en la vida y ayudar a mis padres”, recuerda Gloria, hermana de la niña.

Ana Rubidia Chocooj Chutá. Un peluche y un grito

Decenas de adolescentes se encuentran a las afueras del Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Es la noche del 7 de marzo de 2017. Unas horas antes, cerca de cien escaparon del lugar. La Policía Nacional Civil captura a la mayoría con violencia física y verbal.

Durante aproximadamente nueve horas, las y los adolescentes son retenidos al exterior del recinto estatal. La adolescente Ana Rubidia Chocooj Chutá habla con la prensa. Aparece en cámara, de pie, detrás de ella se amontonan decenas de jóvenes. 

Viste un suéter azul, tiene el pelo recogido en un moño, las mejillas rojas, y una mirada triste.

“Hicimos un mini bochinche, pero es porque ya estamos cansadas de lo que estamos viviendo (…) queremos estar con nuestra familia. Bueno… yo soy una de las que no tienen familia”, dice la adolescente, mientras mira hacia abajo y abraza un oso de peluche. 

Está agitada. Hace unas horas escapó y ahora denuncia y alza la voz por sus derechos. Pero, sus ojos  son tristes.

“Este es mi… Esto lo anduve cargando todo el camino porque, aunque sea un peluche, lo amo con todo mi corazón”, dice sonriendo mientras lo abraza con más fuerza.

Ana Chocooj era de la aldea San Antonio en Quiché. Menos de 24 horas después de exigir justicia frente a una cámara, el fuego acabó con su vida y la de 40 de sus compañeras. Ana tenía 16 años.

Candelaria Melendrez Hernández. En espera de una familia

El 14 de marzo de 2017 el Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Guatemala, buscaba a los familiares de Candelaria Melendrez Hernández, una de las adolescentes que murió en el incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción el 8 de marzo de ese año.

Seis días después de la tragedia, el cuerpo de Candelaria continuaba en la morgue, mientras el instituto forense, a través de los medios de comunicación, trataba de encontrar a su familia para devolverle a la adolescente.

Candelaria tenía 17 años, el pelo negro, tez morena y ojos rasgados. Posa en una foto con semblante serio y determinado.

Mientras buscaban a sus familiares, ella, sin vida, estaba junto a los cadáveres de Iris y Kimberly, dos niñas que también tenían quemaduras y quienes habían sido sus aliadas para fugarse el 7 de marzo de 2017 del hogar en donde sufrían diferentes tipos de agresiones. Las atraparon y las encerraron en el cuarto donde el 8 de marzo prendieron fuego.

Candelaria no alcanzó la mayoría de edad, nunca acudió a un centro de votación para elegir autoridades en su país. La mataron antes, mientras estaba al cuidado del Gobierno de Guatemala. Sus sueños y metas quedaron en eso, en sueños y metas. 

Familiares de Candelaria se enteraron del llamado que hizo la morgue y confirmaron la muerte de la adolescente. Recibieron el cuerpo, la despidieron por última vez y la enterraron.

Celia María Samary López Aranda. Sobrevivir al hambre y a la violencia

Celia María Samary López Aranda nació en Guatemala, un país en donde la violencia y el hambre son una amenaza para la mayoría de los niños y las niñas. 

Aunque la esperanza de vida en este país de Centroamérica es de 74 años, ella murió a los 15. En Guatemala  tres de cada 10 menores de cinco años mueren por enfermedades prevenibles.

Las principales causas de la mortalidad infantil son la neumonía y la diarrea aguda, la mitad de los niños con estas enfermedades están desnutridos y sus cuerpos no pueden defenderse. 

En Guatemala uno de cada dos niños o niñas tiene desnutrición crónica. 

Si un niño o niña le ganó la batalla a la desnutrición o se libró de morir por diarrea o neumonía, antes de llegar a la vida adulta debe sobrepasar otra amenaza: cada día en Guatemala mueren dos niños, niñas o adolescentes víctimas de la violencia. 

Celia se había librado de morir por desnutrición, diarrea y neumonía; también evadió a la muerte en las calles violentas de Guatemala, estaba en un lugar llamado seguro, el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, ahí la muerte la atrapó. 

Celia y sus compañeras estaban cansadas de las agresiones en el hogar, decidieron escapar, pero las pillaron y encerraron en un aula, eran 56. 

La mañana del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el cuarto donde estaba Celia empezó a quemarse, las personas adultas que debían cuidarla se tardaron en abrirle la puerta, ella y 40 compañeras más murieron a causa de las quemaduras.

 Daily Analí Domingo Martínez. La quinceañera de los números y la música

Un niño lloraba y se aferraba al ataúd donde estaba el cuerpo de Daily Analí Domingo Martínez. No quería dejarlo ir, no quería dejar ir a su hermana, quien lo cuidó y protegió, y quien lo hacía sonreír.

Desde niña Daily era habilidosa con los números. Quería ser contadora, tener una oficina, ser una mujer independiente económicamente y atender las necesidades de su madre. Deseaba aprender a tocar el piano.

La quinceañera tenía cinco hermanos. Su mamá era trabajadora doméstica. La situación económica en su casa era complicada, a los 13 años decidió mudarse con su papá. Allí sufrió maltrato y luego de escapar fue enviada al Hogar Seguro. 

“No protegen a las niñas, no hicieron nada por auxiliarlas. Si las hubieran ayudado no hubieran muerto y las quemaduras no fueran tan graves”, dijo Ana Martínez, madre de Daily, a Prensa Comunitaria en el 2017. “Quiero que se haga justicia, no solo por mi hija o las otras niñas que ya murieron, también por las que están luchando por sobrevivir. 

Cuatro años después del crimen, Daily es recordada por su mamá como una niña carismática, sonriente, con deseos de superación y colaboradora.  

Daria Dalila López Meda. El negado círculo de la violencia

El 20 de octubre de 2016, una alerta Alba-Keneth fue publicada con la fotografía de Daria Dalila López Meda, quien en ese entonces tenía 15 años. 

El documento informaba que desapareció en Amatitlán y la describía como una adolescente de “complexión regular” y estatura de 1.52 metros. En la fotografía posaba  sonriendo, con expresión cálida.

Cinco meses después Daria volvió a aparecer en las noticias. Esta vez, por ser una de las 56 víctimas del incendio en el Hogar Seguro, y una de las 41 que murieron.

La mayoría de las menores llegaron al hogar porque venían de contextos vulnerables y violentos. Una vez dentro del lugar, según diversas denuncias, los maltratos eran continuos. A pesar de eso, se ha criminaliza tanto a las víctimas, como a sus familias.

En 2019, un trabajador estatal presentó una denuncia en contra de las 15 sobrevivientes, acusándolas de ser las responsables de la muerte de sus compañeras: en total denunció 19 delitos como incendio, daño agravado y lesiones graves. 

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) confirmó la estigmatización que sufrían las adolescentes por parte del personal del hogar. Eran consideradas “peligrosas” y eran castigadas por eso.

Estefany Sucely Véliz Pablo. Esperar la justicia

Estefany Sucely Véliz Pablo tenía 12 años cuando su padre Edgar Estuardo Veliz Catú la agredió sexualmente por primera vez. Cuatro años después murió en el incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

La violencia sexual que sufría en casa fue la razón por la que el Estado asumió su custodia, para supuestamente protegerla. 

Estefany estuvo en otros hogares antes de ser enviada por las autoridades al Hogar Seguro, a donde llegó 15 días antes de su muerte. 

La adolescente murió sin conocer la justicia. Su padre, el agresor, llevó el proceso en libertad y 12 meses después de la muerte de Estefany fue condenado a 16 años de prisión por agresión sexual con agravación de la pena.

El tormento que Estefany sufrió en su familia duró tres años, de 2012 a 2015, pero el suplicio no terminó en el Hogar Seguro, ahí también tuvo que tolerar malos tratos.  

Estefany era de tez morena clara, cabello lacio negro, ojos del mismo color.

Cuando ocurrió el crimen en el Hogar Seguro, sus padres exigieron justicia,  mostraron a los medios de comunicación una carta que Estefany le escribió a la mamá, donde decía que la quería.

A Estefany la despidieron el 11 de marzo de 2017 en el Cementerio General de la zona 3 de Guatemala. Su cuerpo estaba en un ataúd blanco y sus familiares cantaban «Aunque en esta vida, no tengo riquezas, sé que allá en la gloria, tengo mi mansión”.

Gilma Sucely Carías López  y Grindy Jazmín Carías López. Muerte fraterna

En las fotografías e ilustraciones que se publicaron tras su muerte, las hermanas Carías López se retratan con mirada fija, desafiante. 

En una de las fotografías, Jilma, de 14 años, está peinada con dos moños a los lados y sonríe traviesa. En otra, Grindy, su hermana mayor de 16 años, frunce el ceño.

El hogar donde crecieron Gilma y Grindy está en el Barrio Latino, en Jutiapa. Una casa hecha con láminas, en la que compartían habitación con sus padres y dos hermanos más.

Las hermanas murieron quemadas junto a 39 de sus compañeras, en el incendio del Hogar Seguro en San José Pinula. 

Era la tercera vez que ingresaban al centro estatal. En esa última, según contó su abuela Blanca Martínez a Soy502, entraron porque estaban siendo amenazadas por un grupo de pandilleros.

La primera en ser identificada entre las víctimas fue Grindy. A los días, se confirmó que su hermana también había muerto. 

Grisna Yamilet Cu Ulán. La adolescente que vivió en el infierno

 Era una quinceañera de ojos grandes, pelo liso y corto. Sonreía , pese vivir entre el hacinamiento y los maltratos.

Vivía en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, un centro a cargo del Gobierno de Guatemala, con capacidad para 400 menores de edad, pero que llegó a albergar hasta 800.

La institución tuvo denuncias por dar alimentos descompuestos, con malos olores, gusanos o sabor agrio. No siempre proveía cepillos de dientes, papel higiénico o ropa interior. 

Las niñas, niños y adolescentes que ahí vivían denunciaban constantemente maltratos, golpes e insultos, castigos extremos, agresiones sexuales y violaciones. Niñas denunciaron  que por las noches las sacaban del hogar para explotarlas sexualmente.

En noviembre de 2016, cuatro meses antes de que Grisna muriera en el incendio, la Procuraduría de los Derechos Humanos denunció las desapariciones de niñas y adolescentes del hogar, sospechaba que podrían ser objeto de trata de personas en la modalidad de explotación sexual y reclutamiento forzoso.

En promedio al año se fugaban 144 niños, niñas y adolescentes en un intento desesperado por evadir el sufrimiento. El 7 de marzo no fue la excepción, Grisna iba en el grupo que se escapó. Corrió y corrió, pero fue en vano, los policías la detuvieron y la encerraron en una habitación con otras 55 compañeras.  

Grisna murió hace más de mil días y aún hay niños y niñas institucionalizados que denuncian agresiones y maltratos en hogares deficientes a cargo del Gobierno de Guatemala. 

En el informe de la organización Disability Rights International, “Todavía en riesgo Muerte y desaparición de sobrevivientes del incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción”, se recomienda al Estado de Guatemala investigar la trata, prostitución y abuso en el Hogar Virgen de la Asunción, además de priorizar medidas alternativas ante la institucionalización, como las familias sustitutas.

En el velorio, María Odilia López, su mamá, dijo sentirse culpable por la forma en la que terminó la vida de sus dos hijas. Dijo a Prensa Libre, que de las tres veces que estuvieron en el centro, ella nunca las fue a visitar porque por lo general no pasaban más de cuatro semanas recluidas.

Hashly Angelie Rodríguez Hernández. La quinceañera ausente 

El 15 de diciembre de 2017 la familia de Hashly Angelie Rodríguez Hernández festejó sus 15 años en la Plaza Central de Guatemala. Nueve meses antes ella había muerto en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. 

La fiesta fue al aire libre y a la luz del sol, como le gustaba a la quinceañera, pues le tenía miedo a la oscuridad y al encierro.

Hashly anhelaba ser azafata, viajar, sentirse libre y volar. Hashley estudió como becada, le gustaba bailar, hacer arte con grafiti, usar vestidos y tacones, preparar y comer arroz sancochado o atoles. Sabía de bisutería, el primer collar que hizo lo vendió a Q50.

Vianney Hernández, madre de Hashly, la recuerda como una niña alegre, sincera, cariñosa, líder desde muy pequeña, protectora; aún conserva a Teddy, su oso de peluche preferido, además de algunas ropas y zapatos de ella.

También la recuerda como una niña leal y enérgica, pero celosa, con un carácter fuerte y con dificultad para controlar sus impulsos, era fácil hacerla enfadar y que reaccionara de forma arrebatada. 

Pero con esa misma intensidad Hashly defendía a su familia y a las demás personas, no le gustaba que nadie fuera víctima de bullying y tenía la valentía para poner un alto a los agresores.

Creció en la zona 18, un área de la ciudad en donde la delincuencia se extiende como una plaga y afecta a miles. Hashly lo supo desde que estudiaba preprimaria, cuando junto a su familia se mudó dos años a Moyuta, Jutiapa. El liderazgo de la madre en la comunidad y oponerse hacer ciertos favores para los pandilleros le ocasionaron amenazas. 

En su adolescencia la familia pensó que el Hogar Seguro podría librarla de las pandillas. 

Hashley estaba institucionalizada, al cuidado del Estado, en un hogar administrado por el Gobierno de Guatemala, pero ahí el ambiente era desolador, las niñas y niños internos sufrían diferentes tipos de agresiones y malos tratos. 

Hashley tenía 14 años cuando intentó escapar con otras compañeras, pero no lo logró y la la encarraron en un cuarto, junto a 55 adolescentes más. El lugar se quemó el 8 de marzo de 2017 y las personas adultas que las cuidaban no les abrieron la puerta de forma inmediata, 41 murieron.  

Por el hecho hay 11 personas sindicadas. La madre de Hashly ha asistido a todas las audiencias en contra de las personas señaladas como responsables del crimen, le prometió a su hija que lucharía para que su muerte no quede impune. 

“Ellos no se pusieron a pensar en el momento que pasó la tragedia y antes, tratar la manera de que no sucediera nada grave en el lugar, como autoridad podían evitarlo, podían hacer algo para que las niñas tuvieran una vida diferente, pero no lo hicieron”, dice Vianney.

Indira Jarisa Pelicó Orellana. Ojos de esperanza

La ilustración que alguien hizo de ella estremece. Allí, se retrata una mirada cálida, cercana, e incluso compasiva. Indira Jarisa Pelicó Orellana tenía 17 años cuando murió en el incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, bajo la tutela del Estado guatemalteco.

La madre de Indira emigró a Estados Unidos cuando ella era una niña. Su padre abusó de ella cuando tenía nueve años. A partir de eso, quedó a cargo de su abuela paterna.

En 2017, por problemas familiares, Indira escapó de su casa. Sus parientes hicieron una denuncia a la Procuraduría General de la Nación para encontrarla. Al ser hallada, fue trasladada al Hogar Seguro en San José Pinula.

Cercanos a la adolescente aseguran que tenía problemas de drogadicción por “sus malas juntas”. No mencionan los traumas de abandono y abuso que sufrió.

Apenas un mes después de haber ingresado a la casa estatal, Indira fue encerrada en una habitación junto con 55 de sus compañeras. El 8 de marzo de 2017, Día Internacional de la Mujer, un incendio acabó con su vida y la de otras 40.

Iris Yodenis León Pérez. La estilista de las muñecas 

Iris Yodenis León Pérez, de seis años, no tenía idea de su futuro, mientras le hacía peinados estupendos a sus muñecas. No imaginaba que tendría que aprender a huir. Huir de agresiones sexuales, huir de su casa, huir de un hogar a cargo del Gobierno, huir hasta que la encerraran en un aula del Hogar Seguro Virgen de la Asunción  y la mataran en un incendio cuando tenía 14 años.

Murió antes de hablar inglés con fluidez, aunque intentó aprender con mucho esfuerzo y sacrificio. Tampoco pudo cumplir su deseo de concluir el diversificado para entrar a la universidad  y tener su propio salón de belleza. 

Gloria Pérez, madre de la adolescente, lloró su partida en el 2017 y un año después, en junio de 2018 murió. Un grupo de hombres armados ingresaron a una vivienda en el Barrio El Limón, Sayaxché, Petén y mataron a Gloría, a su esposo Nery León y a Nury, una adolescente de 13 años que era la hermana menor de Iris, y quien también estuvo institucionalizada, al cuidado del Estado. 

La abuela de Iris y madre de Gloria recuerda a la adolescente como una persona alegre, educada y trabajadora.

Iris y su hermana Nury compartieron el pesar de estar en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción,  no se miraban todos los días porque estaban en diferentes áreas, pero el domingo previó al incendio estuvieron juntas por cuatro horas. 

El 8 de agosto de 2019, dos años después del crimen, unos zapatos morados y fucsia están solos, abandonados en la plaza central de la ciudad de Guatemala. Tienen un rótulo que dice “Aquí sigo: Iris León”, eran parte de una de las diversas y constantes acciones de organizaciones de mujeres para exigir justicia por la adolescente y 40 más. 


Jaquelin Paola Catinac López. Una vida de daños

Las llamas que consumieron la vida de 41 niñas y adolescentes el 8 de marzo de 2017, no fueron el principio de la violencia para ninguna de ellas. Existían varias denuncias de abusos y vulneraciones a los derechos al interior del Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

Jaquelin Paola Catinac López murió en el hospital tras ser trasladada, en estado crítico, desde el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, con otras 22 compañeras.

Tenía 15 años y era de Quetzaltenango. A los tres años, quedó huérfana. A partir de ahí, sus hermanos se hicieron cargo de ella.

Según contó un familiar a Prensa Libre, fue enviada al Hogar Seguro por conductas desobedientes. Apenas un año después, la negligencia estatal y la violencia institucional, condujeron al incendio que dejó 56 víctimas y extinguió los sueños de 41 niñas como Jaquelin.

Josselyn Marisela García Flores. Vulnerabilidad a la deriva

Hay una ilustración de Josselyn Marisela García Flores hecha con acuarelas y pintada con tonos suaves, que de cierta manera transmiten tranquilidad. A ella, se le ve con los ojos cerrados y una paz indiscutible.

Josselyn tenía 16 años cuando murió junto a 40 de sus compañeras mientras se encontraban bajo resguardo del gobierno guatemalteco.

A pesar de que las autoridades tenían la obligación de cuidar la vida de las niñas, la sociedad guatemalteca se explica su muerte en frases como: “por algo estaban en ese lugar” o “para qué tienen hijos si no los van a cuidar”.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, tras meses de observación, realizó un informe en el que destacó “la estigmatización y la discriminación que sufren las personas que enfrentan pobreza y falta de oportunidades”, además del mal trato que reciben de las instituciones del Estado. 

Dentro de las entrevistas realizadas por el organismo internacional, la madre de una de las víctimas confesó que un funcionario de la Procuraduría General de la Nación le reclamó en una audiencia el haber abandonado a su hija. 

Keila Rebeca López Salguero. Una futbolista se baña bajo la lluvia

Cuando Keila tenía 11 años era la única mujer de un equipo infantil de fútbol de la ciudad de Guatemala. El público la ovacionaba por su destreza y ella le dedicaba los goles a su mamá. Era fanática del Barcelona y se comparaba con Messi.

Además de triunfar en el fútbol,  a Keila Rebeca López Salguero le gustaba saltar sobre los charcos y bañarse bajo la lluvia. Cuando el agua empezaba a caer,  la niña salía al patio de su casa con champú y jabón para bañarse bajo la lluvia.

Keila quería migrar a Estados Unidos para estudiar y convertirse en policía, pues decía que en Guatemala los policías eran corruptos. Soñaba con tener una casa con piscina y cancha de fútbol.   

Aunque Keila creía en sí misma y que lograría lo que se propusiera,  no pudo ser una futbolista profesional, tampoco logró migrar, tener piscina o ser policía. No volverá a bañarse bajo la lluvia porque murió el 8 de marzo en el incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, cinco días después de cumplir 17 años. Ella estaba al cuidado del Estado. 

Keila nació prematura. Cuando Elida Salguero, su madre, tenía cinco meses de embarazo tuvo una amenaza de aborto, pero la niña luchó y nació a los sies meses. Pesó cuatro libras con 10 onzas y cuando ingresó a preprimaria ya sabía contar de 1 a 100. 

Era la segunda de tres hermanos. Y cuando sus padres se separaron, ella quedó en medio del conflicto de la pareja. Esto cambió su personalidad y con la adolescencia empeoró, empezó a cortare los brazos, era violenta y estaba a la defensiva.

Keila  tenía una personalidad fuerte, decidida, carismática y cariñosa. Era creativa y sensible, no olvidaba las ofensas con facilidad. Le gustaba la adrenalina, tirarse de toboganes, subirse a columpios gigantes, quería saltar de un paracaídas.

Elida Salguero la crió 14 años, después Keila decidió irse a vivir con su padre, antes de que eso ocurriera le regaló la pandereta que apreciaba y que usaba cuando era danzadora.

“Cuando tenía que dejar de comer por mis hijos, lo hacía. Me dolió mucho cuando decidió  vivir con el papá. La  determinación de la niña la respaldó un juez. Las personas me juzgan y nos señalan  a ella y a mí, sin saber lo que vivimos”.

Después de la tragedia Elida la soñó, en el sueño ella y su hija se reconciliaron. 

Kimberly Mishel Palencia Ortiz. La admiradora de la luna

En la comunidad Villa Lobos, zona 12 de Guatemala, a las hermanas Mariana y Kimberly Mishel Palencia Ortíz les gustaba contemplar la luna juntas e imaginar que tenían una vida diferente. Ahora Mariana lo hace sola. Kimberly, su hermana menor, murió en el incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción cuando tenía 17 años.

Kimberly y Mariana crecieron desprotegidas. Su madre se fue de casa cuando ellas tenían tres y cinco años, su padre era alcohólico. Pero a pesar de las limitaciones, crecieron rodeadas del cariño de su abuela paterna y un tío, hasta que él murió y el dolor la devastó a ella.

De nuevo las hermanas quedaron solas, Mariana trabajó durante su infancia y adolescencia para ayudar a mantener a Kimberly,  la mejor hermana que la vida le pudo dar. 

Mariana acostumbraba a llamar a su hermana flaca, chiquistriquis o Kim. La recuerda como una adolescente directa; cuando algo le disgustaba, lo expresaba. 

Kimberly quería ser veterinaria, su primera mascota fue un pollito que compraron en el mercado por Q1, luego tuvo un gato y un perro llamado Negrito. La Navidad le causaba ilusión y le gustaba el invierno porque se divertía bajo la lluvia y junto a su hermana hacían pasteles de lodo que decoraban con flores. 

También le gustaban los juegos pirotécnicos. Sus preferidos eran los volcancitos, pero cuando estaba aprendiendo a hablar los llamaba vurcancitos. 

Kim logró estudiar hasta sexto de primaria y no necesitaba acudir con una estilista, se cortaba el pelo sola. 

Durante un tiempo ayudó a una señora a vender comida, pero no le pagó. Mariana  recuerda que en su infancia sufrieron muchas injusticias por crecer sin alguien que las protegiera.

Cuando Kim ingresó al hogar para que la resguardara el Gobierno de Guatemala, pasó lo peor.  

Kimberly murió dos días después de su cumpleaños. Mariana se hizo un tatuaje en su honor. Una luna, un hada y el nombre Kimberly. Los abrazos que se daban ya no pueden repetirse. Sólo queda visitar la tumba para entregarle cartas, flores o globos y jugar con ella en sus sueños como cuando eran niñas.

Lilian Andrea Gómez Arceno. A los 13 años

A los 13 años, Adriana juega fútbol  y graba videos para TikTok. A los 13 años, Margarita va al colegio, le gusta ir a fiestas y hacer pasteles de tierra. A los 13 años, Daniela recorre una calle en bicicleta. A los 13 años,  Emma cuida a sus hermanas. A los 13 años, Raquel trabaja y sueña con estudiar. A los 13 años, Alejandra toca guitarra y le gusta leer.   

A los 13 años, Lilian Andrea Gómez Arceno siente desesperación al estar entre la vida y la muerte. El humo la asfixia y  el calor de las llamas la persigue. Nadie la ayuda a salir del cuarto donde la encerraron y se está incendiando. A los 13 años murió quemada en un hogar mientras estaba al cuidado del Gobierno de Guatemala. 

Familiares recuerdan que le gustaba ayudar a sus padres en el cultivo de la milpa, pero su vida y personalidad cambiaron luego de ser secuestrada y amenazada por un familiar. Después de eso llegaría al Hogar Seguro en donde vivió 37 días antes de morir. 

Lilian fue la víctima más pequeña de las 41 niñas que murieron a causa del incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. 

Luisa Fernanda Joj González. Nacer en un mal país para ser niña

Luisa Fernanda Joj González inclina el rostro sobre su hombro derecho, su pelo negro y liso le enmarcan la sonrisa. Es la sonrisa tierna de una niña que posa frente a una cámara, como si así quisiera ser recordada para siempre.

Luisa nació en el segundo peor país de América para nacer niña, Guatemala. El primero es Haití, según la organización Save The Children y el Observatorio de los Derechos de la Niñez, Ciprodeni.

Nació en donde cada día al menos nueve niñas y adolescentes denuncian una agresión sexual, otras sufren sin ser escuchadas.  

Luisa nació en el país donde todos los días una niña denuncia maltrato infantil y cinco de cada 10 no pueden ir a la escuela porque no tienen dinero, porque tienen que ayudar en su casa o porque fueron casadas ilegalmente siendo aún unas niñas.  

Un país en donde cada día 14 adolescentes menores de 14 años quedan embarazadas.

Nació en un país donde en los primeros 10 meses de 2021, más de 9 mil niñas fueron desaparecidas. 

En un país donde más de mil niñas migrantes no acompañadas retornaron a Guatemala en los primeros nueve meses de 2021, luego de que intentaran huir porque aquí, en esta tierra, no se puede ser niña.

El 7 de marzo de 2017 la adolescente quería escapar del hogar donde los menores de edad sufrían diferentes agresiones y nadie les escuchó. 

Luisa creció en uno de los peores países para ser niña y murió a los 16 años el Día Internacional de la Mujer, en el incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, un sitio a cargo del Gobierno de Guatemala. En el año que murió Luisa, 2017, en Guatemala murieron de forma violenta otras 111 niñas,  según el boletín de análisis “Niñas y Adolescentes en Guatemala. Las múltiples violencias que las afectan”, del Observatorio de los Derechos de la Niñez, Ciprodeni.  

Pensándolo bien, Luisa probablemente nunca pudo ser niña. 

Madelyn Patricia Hernández. Su abuela ya no podía cuidarla

Madelyn tenía la cara redonda, las cejas delgadas, la nariz recta y unos labios que parecían dibujar un corazón. Su pelo era negro, su tez morena. Sus ojos oscuros miraban con inocencia y dulzura.

A los 15 años, Madelyn Patricia Hernández Hernández murió en el Hospital San Juan de Dios, en la Ciudad de Guatemala, a causa de las graves quemaduras provocadas por el incendio del Hogar Seguro el 8 de marzo de 2017.

Ocho meses atrás había entrado al hogar porque un juez consideró que su abuela era muy mayor para cuidarla. La abuela se había hecho cargo de Madelyn y su hermana desde que su mamá murió, cuando aún eran muy niñas.

De acuerdo con información de la Secretaría de Bienestar Social, de las 56 niñas y adolescentes víctimas del incendio, solo una había estado en un centro de detención de menores. De las otras 55, 16 entraron al lugar por haber huido de casa, 12 por “rebelión”, cinco por abandono, cinco por necesidad de refugio y protección, cuatro por consumo de drogas, tres por violencia sexual, tres por riesgo social, tres por razones desconocidas, dos por problemas familiares, una por quedar huérfana y una por abuso.

La última vez que María Antonia García, abuela de Madelyn, visitó a su nieta en el Hogar Seguro, le escuchó que dentro del recinto les daban comida con gusanos y las golpeaban como forma de castigo.

Mari Carmen Ramírez Melgar. Vendida al sistema

A los 14 años, Mari Carmen Ramírez Melgar vendía granizadas en un puesto en las calles de Cuilapa, Santa Rosa. Vivía con su mamá, Maribel Melgar. Su padre había muerto cuando ella tenía siete años.

En abril de 2017, un mes después del incendio del Hogar Seguro, Luz Ramírez, tía de Mari Carmen, dijo a Prensa Libre que la adolescente desconfiaba de los hombres. “Ni se imagina lo que cargo en mi pecho; una corta pluma para defenderme de los hombres”, le dijo la niña alguna vez.

Desde el Colectivo Artesanas relatan que, cuando Mari Carmen tenía 13, un hombre de 76 años llamado Domingo Tecún Zacarías, se la llevó a vivir a su casa. La madre de la menor lo denunció, pero él la denunció de vuelta, pues dijo que la mujer le había vendido a la niña.

Tras escaparse de casa de su madre, la menor llegó al Hogar Seguro Virgen de la Asunción, donde después ingresarían también sus tres hermanos.

Mari Carmen sobrevivió al incendio, pero como otras 21 compañeras, murió días después en un hospital por la gravedad de sus quemaduras. Fue una de las últimas adolescentes en ser identificada.

Mayra Haydeé Chután Urías. Construir una casa, hacer familia

En un pequeño jardín rodeado de paredes grises, una adolescente conoce por primera vez a su sobrina de siete meses. Con una enorme sonrisa en la cara, la sostiene entre sus brazos mientras la arrulla. Es un domingo a mitad de febrero. El año es 2017. 

“Fue una alegría inmensa. Cuando llegamos, corrió hacia ella y no se despegó”, recuerda hoy Carmen Urías, madre de la adolescente. “Como ella misma dijo, tener a ese angelito en sus brazos fue su mayor felicidad”.

Mayra Haydeé Chután Urías tenía 16 años cuando murió. Esas paredes grises en el Hogar Seguro, donde sostuvo a su sobrina por primera vez en una visita familiar, fueron las mismas que apagaron sus sueños un mes después, el 8 de marzo del 2017.

Según recuerda Carmen, a Mayra “le encantaban los niños. Ella era una niña muy feliz, muy juguetona. Siempre estaba corriendo, jugando a la pelota, al escondite”.

La familia Chután Urías es de la zona 24 de la capital de Guatemala. Mayra era la décima de 11 hermanos y a quien más se parecía era a su mamá. Tenía los mismos ojos rasgados y cejas notoriamente arqueadas. La piel morena y el pelo negro y liso.

Soñaba con viajar a Estados Unidos para darle una vida mejor a su familia. “Decía que se iba a comprar un terreno grande, grande, para construir una casa donde estuviera reunida con sus hermanos y con toda la familia. Le gustaba mucho estar todos juntos”, relata Carmen.

Melani Yanira De León Palencia. La niña que murió esperando el regresó de su madre 

Cuando Melani Yanira De León Palencia era bebé, su padre murió. La pobreza pronto agobió a su madre, que decidió migrar de Retalhuleu, en Guatemala, a México. Cuando logró llegar a ese país, consiguió un empleo, pero perdió comunicación con su familia. 

La niña quedó al cuidado de la abuela materna, quien recolectaba basura para alimentarla. La anciana la dejaba sola en la casa y aunque le advertía que no saliera, la niña era traviesa y lograba reunirse con sus amigos para jugar en la calle.  

Una organización no gubernamental la encontró un día corriendo con otros niños y denunció que estaba abandonada.  La abuela le explicó  al juez que la niña se quedaba sola en la casa mientras ella trabajaba, pero la justificación no fue suficiente. Melani fue enviada a un hogar de protección en Quetzaltenango, en donde vivió más de cinco años, hasta que la acusaron de matar a un gato y la trasladaron al Hogar Seguro Virgen de la Asunción como castigo. 

La madre de Melani logró regresar a Guatemala y se reencontró con sus familiares, que la habían dado por muerta. Cuando volvió, le contaron que su hija estaba en un hogar de protección. Quiso ir a ver a su hija, pero no tenía dinero para viajar a Ciudad de Guatemala.

Melani fue una de las 41 niñas que murieron a causa de un incendio en el Hogar Seguro. Murió a los 15 años. Nunca volvió a ver a su madre. 

Milenie Eloísa Rac Hernández. La adolescente que rompió el silencio

La noche del 7 de marzo de 2017 Milenie Eloísa Rac Hernández, una adolescente de 17 años, se paró frente a las cámaras de los medios de comunicación y denunció las agresiones que ella y sus compañeras sufrían en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

“Aquí nos tocan, nos violan, nos amarran en las noches, nos pegan, y eso no es justo, a este hogar me vine a hacer lata. Uno viene por maltrato de nuestros padres y aquí vine a recibir el doble”, expresó Milenie a los periodistas.

La adolescente mostró las heridas que tenía en sus brazos y reconoció que se lastimó a propósito, se cortó desesperada por lo que sufría.

Esa noche, Milenie intentó escapar del hogar en el que estaba al cuidado del Gobierno de Guatemala, pero fracasó. Fue atrapada por agentes de la Policía Nacional Civil, a quienes señaló de haberla agredido sexualmente. Cuando la devolvieron al hogar, fue encerrada junto a 55 niñas más en un aula que se incendió horas después.

Después del incendio, la familia de Milenie recibió una falsa esperanza de que la adolescente estaba viva y sería trasladada a un hospital de Estados Unidos para su recuperación, pero su cuerpo había sido confundido con el de otra de las adolescentes. El cadáver de Milenie estaba en la morgue. 

La niña fue enterrada en el cementerio de Parramos, en Chimaltenango, Guatemala. Irma Hernández, su mamá, acostumbra a visitar la tumba. Cuando lo hace, se hinca, besa la fotografía que está en la lápida y conversa unos minutos con ella.  

“No hay nada de justicia, todos los que violaban a las patojas y les daban el maltrato, ¿dónde están? No se tocaron el corazón al oír los gritos y los lamentos. Las mataron, ellas no murieron porque querían. ¿Dónde están las personas que les hacían daño?”, dice la madre de Milenie, al recordar lo que su hija contó a la prensa un día antes del incendio. 

 Mirsa Rosmeri López Tojil. La niña que quería defender a las mujeres 

El hombre, borracho y agresivo, la perseguía para golpearla. Roxana Tojil tenía 21 años y con siete meses de embarazo corrió para esconderse debajo de una mesa. Estaba aterrada y su mayor preocupación era la niña que crecía en su vientre.

La violencia tuvo consecuencias: la bebé, Mirsa Rosmeri López Tojil, nació antes de tiempo y en sus primeros minutos de vida recibió varias nalgadas hasta que por fin pudo llorar. 

Mirsa nació en el Hospital Roosevelt, un edificio monumental de la Ciudad de Guatemala, con más de medio siglo de existencia; 16 años después moriría en ese mismo lugar, a donde llegó con quemaduras por el incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en donde el Gobierno de Guatemala tendría que protegerla y cuidarla.

Mirsa soñaba con comprar un carro azul para pasear con su familia, una casa para que su madre y su abuela materna tuvieran un hogar. Quería ser abogada y defender a mujeres víctimas de violencia.

Disfrutaba escuchar de su madre que era la preferida de sus cinco hijos, pasear y comer helados de fresa. Varios, pues no podía ser solo uno. Era alta, tenía el pelo liso y negro, le llamaba la atención aprender a cortar el cabello y, de hecho, antes de morir lo consiguió. 

“Todo lo que tenía era para mis hijos, desde que el padre de Mirsa me abandonó, me dediqué a trabajar para que pudieran estudiar y comprarles leche o lo que les gustaba comer”, recuerda hoy su madre, Roxana Tojil. 

La adolescente tenía un carácter fuerte y acostumbraba a reñir con sus hermanos, pues no les tenía paciencia. A veces decía que prefería haber sido hija única. A pesar de eso, los dos hermanos y las dos hermanas sienten nostalgia por ella.

Mirsa también solía decir que moriría durante su juventud. El último domingo que se vieron, Roxana iba vestida de negro, el color del luto. Ambas se preguntaron por qué y no hallaron una explicación. La madre piensa que fue un presagio de lo que sucedería tres días después.

Nancy Paola Vela García. Una pilota para el transmetro

A finales de febrero del 2017, Nancy Paola Vela García desapareció. Así que su familia fue a la Procuraduría General de la Nación para que se activara una alerta Alba Keneth en Villa Nueva, el lugar donde había crecido. 

La encontraron, pero después de localizarla la enviaron al Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Llegó al refugio a inicios de marzo. Una semana después moriría en el incendio.

Nancy Paola Vela García siempre decía que quería aprender a manejar el transmetro de Guatemala.

El 11 de marzo de 2017 familiares y amigos de Nancy llevaron rosas amarillas a su entierro y lloraron sobre un ataúd blanco, donde estaba su cuerpo.

Nancy tenía la tez morena, pelo rizado, ojos cafés y medía un poco menos de 1.50 metros. A sus 15 años, destacaba por su creatividad y por ser muy pacífica. 

En una de las últimas fotografías que se conservan de Nancy, ella mira fijamente a la cámara. Su cabello ondulado está recogido con una cola de caballo y sus ojos cafés se acentúan, por las pestañas rizadas y largas. 

Con la misma firmeza con la que ve a la cámara, así actuaba. Sus amigas la recuerdan como una adolescente decidida y no dudan que, seguro, habría logrado manejar el transmetro. 

Rosa Julia Espino Tobar. Un sueño marchito

Rosa tenía un sueño.

Anhelaba con fuerzas convertirse en secretaria. En gran parte, quería lograrlo para ayudar económicamente a su madre, quien lleva el mismo nombre que ella.

Rosa nació en la Zona 18 de la Ciudad de Guatemala y quienes la conocieron la recuerdan como “una niña amigable y servicial”.

Rosita — como la llamaban sus seres queridos — tenía dieciséis años cuando murió en el incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Faltaban 12 días para que un juez confirmara la fecha de su retorno a casa. 

De acuerdo a Prensa Libre, su madre había sufrido una fractura en el tobillo y la tuvieron que ingresar al Hospital San Juan de Dios. Su situación se complicó, ya que padece de diabetes, así que tuvo que permanecer un tiempo ahí. Por eso, decidió enviar a su hija al hogar, para que estuviera bajo cuidado.

Rosa tenía un sueño. Un sueño que ese 8 de marzo quedó sepultado.

Rosalinda Victoria Ramírez Pérez. Un corazón, un compromiso.

Una cadena gruesa y plateada cae sobre el cuello de Rosalinda Pérez. Está formada por un patrón de delfines y corazones. De ella, cuelga un corazón abstracto.

El collar pertenecía a su hija Rosalinda Victoria Ramírez Pérez. Lo llevaba puesto cuando murió el 8 de marzo de 2017, junto a 40 de sus compañeras. Ahora, su madre lo carga siempre con ella.

Tres meses antes del incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, Rosalinda ingresó al lugar porque su familia no tenía los recursos para mantenerla. Tenía 15 años y era la menor de cuatro hermanos. Deseaba convertirse en veterinaria.

En la habitación de 7 x 6.8 metros, donde fuerzas policiales encerraron a 56 adolescentes, el fuego consumió la vida de 19 de ellas en cuestión de minutos.

Las otras 37 niñas fueron trasladadas a hospitales y, a los pocos días, 22 murieron por la gravedad de sus quemaduras. Rosalinda fue una de ellas.

Por varios meses los familiares de las adolescentes se reunieron en el Parque Central de la Ciudad de Guatemala a exigir justicia. En una nota de Soy502, Rosalinda Pérez dijo que fue su hija quien se lo pidió. “Mi hija me reveló en un sueño que yo pidiera justicia, me dijo que viniera aquí al parque a clamarlo”.

A casi cinco años de ese 8 de marzo, las 56 familias siguen esperando justicia.

Sara Nohemi Lima Ascón. La niña de los nombres hebreos

Cuando Sara nació, su madre murió en el parto. Sus hermanos y, cuando creció, ella también, quedaron  al cuidado del padre. A pesar del dolor de crecer huérfana, a Sara le gustaba cantar y bailar. Quienes la conocieron recuerdan de ella su sonrisa siempre presente. 

Sus amigos, amigas, vecinos y vecinas se convirtieron en parte de su familia. Sara era leal al cariño, era solidaria.

Llegó al Hogar Seguro como medida de protección del Estado, pero fue ahí donde murió a los 17 años, castigada por intentar escapar del sitio junto a 55 niñas más. Querían huir porque ahí las abusaban, las golpeaban, las maltrataban. 

Sara es un nombre de origen hebreo que significa princesa. Nohemi es una variante de Noemí, que también es hebreo y significa dulzura. Sara no vivió como princesa, ni tuvo una vida dulce. 

El entierro de la niña de nombres hebreos fue el 14 de marzo de 2017 en el cementerio Las Nubes, en Bárcenas, Villa Nueva. Quienes compartieron con ella durante su niñez llevaron carteles y globos blancos para despedirla. “Sé que desde el cielo me cuidas, pero en la tierra me haces mucha falta”, decía una de las pancartas. 

En el sepelio, sus amistades, su familia, aprovecharon para pedir justicia. La adolescente que tendría que ser  cuidada y protegida por el Estado de Guatemala había muerto bajo su resguardo.

Sarvia Isel Barrientos Reyes. Forzar la maternidad

A Sarvia Isel Barrientos Reyes, una de las niñas que murió en el incendio del Hogar Seguro, su madre la parió siendo una adolescente. Pocos años después, la tuvo que dejar para buscar un futuro en Estados Unidos.

Sarvia creció con su abuela materna hasta que llegó al Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en donde murió a los 14 años.

En Guatemala cada día se registran 14 embarazos en niñas y adolescentes, como la mamá de Sarvia Isel. Cada día se registran 18 violaciones sexuales. 

De acuerdo al Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva, solo en los primeros seis meses de 2021, 57,578 niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años quedaron embarazadas. De ellas, 2,737 tenían entre 10 y 14 años. Esto supone 9,500 embarazos por mes. Más de 300 por día.

Forzar la maternidad en Guatemala se ha vuelto algo socialmente aceptado. En 2018, diez diputados propusieron una iniciativa de ley que busca prohibir a instituciones educativas implementar programas sobre educación y diversidad sexual e incluso propone establecer penas de cárcel para las mujeres que tengan abortos involuntarios.

El año pasado, el presidente Alejandro Giammatei impidió la instalación de una sede de la ONG Planned Parenthood, que promueve la educación sexual y entrega métodos de planificación familiar. ¿La razón? La defensa de la vida.

En el Hogar Seguro, niñas y adolescentes denunciaron ser víctimas de abusos sexuales y violación. Una de las menores de edad sobrevivientes del incendio estaba embarazada cuando éste sucedió. Seis meses después de sobrevivir al fuego, una niña parió a un niño. 

Silvia Milexi Rivera Sánchez. Morir en manos del Estado

El 15 de marzo de 2017 un funeral ingresó al Cementerio General de Barberena, Santa Rosa. En el ataúd blanco iba Silvia Milexi Rivera Sánchez, una adolescente de 17 años que estaba al cuidado del Estado.

Silvia era una de las 5 mil niñas, niños y adolescentes que en el 2017 estaban institucionalizados en Guatemala. El Estado debía cuidarlos y protegerlos.

Pero el Estado no las cuidaba. Las agredía, las maltrataba, las abusaba. Por lo que Silvia y sus compañeras del Hogar Seguro Virgen de la Asunción intentaron huir. La respuesta fue encerrarlas en un cuarto donde murieron quemadas.

En Guatemala, según Unicef, los niños, niñas y adolescentes que viven bajo la protección del Estado, institucionalizados, tienen seis veces más probabilidades de ser víctimas de violencia que aquellos que viven en sus casas.

Una hermana de Silvia estuvo nueve meses en el Hogar Seguro. Cuando se enteró del crimen, aseguró que ninguna niña tendría que sufrir lo que ellas pasaron mientras estaban a cargo del Gobierno de Guatemala. 

Silvia será recordada por ser una adolescente amable y de buen corazón. Tenía una sonrisa expresiva, el cabello rizado, piel morena, mejillas redondas y ojos pequeños con las cejas delgadas. 

Siona Hernández García. 27 días tarde

Lidia García, madre de Siona Hernández García, no puede quitarse de la cabeza las palabras que la niña le decía mientras estuvo internada en el Hogar Seguro:  “Esta no es una casa segura. Si fuera segura le darían amor y cariño a uno”.

“Con llantos me decía ‘sáqueme de aquí madre, aunque pague un abogado, pero sáqueme de aquí’. Nunca me imaginé que yo la iba a sacar de ahí muerta”, recordó Marta Lidia García en una entrevista con el canal Televisiete. 

Siona es una de las adolescentes que murió producto del incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Chonita, como le decían sus cercanos, tenía 17 años.

Era de la Ciudad Peronia en Villa Nueva. Uno de sus lugares favoritos dentro de la comunidad era el campo de fútbol; le encantaba jugar a la pelota. Soñaba con terminar sus estudios y convertirse en secretaria.

Marta esperaba recuperar a su hija el 4 de abril de 2017. Era la fecha que el juez había aprobado para dejar salir a Siona del Hogar Seguro. Sin embargo, sólo 27 días antes, Siona y 40 de sus compañeras murieron por negligencia estatal. 

Su madre aún espera justicia.

Siona Hernández García27 días tarde

Lidia García, madre de Siona Hernández García, no puede quitarse de la cabeza las palabras que la niña le decía mientras estuvo internada en el Hogar Seguro:  “Esta no es una casa segura. Si fuera segura le darían amor y cariño a uno”.

“Con llantos me decía ‘sáqueme de aquí madre, aunque pague un abogado, pero sáqueme de aquí’. Nunca me imaginé que yo la iba a sacar de ahí muerta”, recordó Marta Lidia García en una entrevista con el canal Televisiete. 

Siona es una de las adolescentes que murió producto del incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Chonita, como le decían sus cercanos, tenía 17 años.

Era de la Ciudad Peronia en Villa Nueva. Uno de sus lugares favoritos dentro de la comunidad era el campo de fútbol; le encantaba jugar a la pelota. Soñaba con terminar sus estudios y convertirse en secretaria.

Marta esperaba recuperar a su hija el 4 de abril de 2017. Era la fecha que el juez había aprobado para dejar salir a Siona del Hogar Seguro. Sin embargo, sólo 27 días antes, Siona y 40 de sus compañeras murieron por negligencia estatal. 

Su madre aún espera justicia.

Skarlet Yajaira Pérez Jiménez. Ser niña o niño hace la diferencia

Skarlet nació en Escuintla, uno de los tres departamentos con mayor incidencia de violencia hacia la mujer, según las denuncias que llegan al  Ministerio Público

Su vida  estuvo marcada por nacer mujer en Guatemala.

Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo reveló que por cada dólar que gana un hombre en Guatemala, una mujer gana 56 centavos.

Según ONU Mujeres, las mujeres en Guatemala dedican siete veces más tiempo que los hombres al trabajo doméstico no remunerado. La misma entidad indica que el 96% de los trabajadores domésticos en el país, son mujeres.

De los 160 diputados que fueron electos para el Congreso de Guatemala, solo 31 fueron mujeres.

Las diferencias de género en el país se evidencian desde la niñez. De acuerdo al Observatorio de las mujeres del Ministerio Público, en 2021 hubo 234 denuncias diarias por delitos en contra de niñas, niños, adolescentes y mujeres. De cada 10 víctimas de estos delitos, 9 son de sexo femenino.

La noche del 7 de marzo de  2017, en el Hogar Seguro, la diferencia abismal entre ser niño y niña en Guatemala provocó la muerte de 41 niñas y adolescentes mujeres y lesiones gravísimas en otras 15. 

Tras el intento de escapar de abusos y violencias, 56 niñas fueron encerradas bajo llave en condiciones de hacinamiento extremo, en un salón de 7 x 6.8 metros; mientras que los hombres fueron encerrados en un auditorio.

Wendy Anaí Vividor Ramírez. La niña que inspiró a tejer una manta 

El nombre de Wendy Anaí Vividor Ramírez está tejido en una manta por mujeres que exigen justicia para las 41 niñas y adolescentes quemadas en el Hogar Seguro. 

La mujer que tejió el nombre de Wendy lo hizo en 2019, mientras miraba una fotografía con su rostro de tez morena, pelo negro, sonrisa discreta y ojos asiáticos. Mientras escuchaba la canción “Llora el Cielo” de Rebeca Lane, cantante guatemalteca. Fue el primer tejido de su vida. La manta viajó entonces a Argentina para acompañar otras luchas de mujeres. 

Wendy creció en Esquipulas, en el municipio Chiquimula. Estudió en la  Escuela Urbana para Niñas Pedro Nufio y el 19 de enero de 2017 ingresó al Hogar Seguro para quedar a cargo del Gobierno de Guatemala. 

Un mes y medio después, la adolescente que inspiró a tejer una manta no era feliz en el hogar y decidió escapar junto a más niños y niñas, pero la policía la detuvo y la encerró en un cuarto junto a 55 niñas más. El lugar se quemó y aunque Wendy pidió auxilio para salir, nadie la escuchó ni a ella ni a las demás. 

Murió a los 16 años en un hospital de Texas, en Estados Unidos, a donde la trasladaron  con la esperanza de que se recuperara de las quemaduras.

Sus amigas la recuerdan como una adolescente amigable y sociable, con personalidad agradable y pacífica.  

María Elizabeth Ramírez, la madre de Wendy, exigió justicia desde que su hija murió hasta que a ella también la asesinaron. El crimen fue con arma blanca el 21 de febrero de 2021.  El cadáver fue encontrado en un bosque de Esquipulas y la policía nunca aclaró el crimen.

Yemmi Aracely Ramírez Siquín. Sin despedida

“Nunca voy a dejar de decir esto: mi hija no era una pandillera. Mi hija no andaba limosneando un plato de comida en las casas ni en las calles. Mi hija tenía lo que yo podía darle”, dijo entre lágrimas Elsa Siquín Montúfar, frente a un juez, en una audiencia del caso Hogar Seguro.

Elsa es la madre de Yemmi Aracely Ramírez Siquín, quien en marzo de 2017 murió quemada en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Tenía 15 años.

La familia Ramírez es de la Ciudad de Guatemala. Yemmi vivía con su mamá, un hermano y tres hermanas en una casa de ladrillos y láminas. Le gustaba mucho jugar fútbol y tenía varios trofeos.

En una nota publicada por Ruda en marzo de 2020, Elsa cuenta la injusticia que vivió su hija. De acuerdo a su relato, Yemmi fue detenida por la Policía al estar con una persona que portaba un arma. En la detención, no se le permitió realizar ninguna llamada y fue trasladada al Hogar Seguro. A Elsa nadie le informó sobre la detención de su hija, menor de edad.

“Ese juez ingrato que la metió ahí no pudo decirle: ‘Tome el teléfono mija, llame a su mamá’. Él vino y la encerró. Yo hasta el mes supe que mi hija estaba ahí. Yo la busqué y yo la hallé”.

Tras encontrarla, Elsa visitó a su hija todas las semanas. Yemmi le contó sobre los abusos que sufría dentro del lugar. 

Su madre prometió sacarla de ahí. Ya no pudo hacerlo.

Yohana Desiré Cuy Urízar. La policía que no fue

Hay una ilustración en la que Yohana se ve muy feliz, llena de vida. Yohana Desiré Cuy Urízar lleva flores de colores en el pelo, una mirada acogedora y una sonrisa inocente.

El retrato es parte de un homenaje realizado por las organizaciones 8 Tijax, Mujeres Transformando el Mundo y Prensa Comunitaria, para recordar a las víctimas del incendio en el Hogar Seguro.

Yohana era de la comunidad Canoas Bajas en San Andrés Semetabaj, Sololá. Se crió con su abuela y tía, pues su padre emigró a Estados Unidos cuando ella era una niña y su madre se mudó a la capital de Guatemala en busca de trabajo.

En enero de 2017 ingresó al Hogar Seguro. Dos meses después murió en el incendio. Tenía 15 años.

Hasta hoy, la familia sufre la estigmatización de la violencia en contra de Yohana.  Uno de sus parientes, cuyo nombre será reservado por razones de seguridad, relató a Ocote que las personas constantemente los juzgan. “Hemos estado muy mal desde entonces. Las personas nos acusan”.

A la familia Cuy Urízar la gente la señala de abandonar y cuidar mal de  Yohana. Esto le pasa a muchas de las familias de las otras 55 niñas y adolescentes que en marzo de 2017 fueron encerradas en el aula. Les sucede a pesar que muchas de ellas estaban en el hogar por motivos fuera de su alcance, como la  pobreza extrema.

Uno de los  mayores sueños de Yohana era convertirse en policía. 

Yoselin Beatriz Ventura Pérez. El sueño de ser maestra

Era marzo de 2017 y Claudia Ventura estaba emocionada porque ese mismo mes, su hija volvería a casa con ella. Habían pasado seis meses desde que la adolescente permanecía recluida en un centro estatal para menores.

Yoselin Beatriz Ventura Pérez, de 15 años, nunca volvió a su casa. El 8 de marzo murió junto a 40 de sus compañeras producto del incendio que iniciaron, en modo de protesta, por los maltratos que recibían en el lugar.

Claudia relató a Prensa Libre que su hija había ingresado al hogar porque unas personas denunciaron que ella maltrataba físicamente a la niña, pero la mujer lo desmintió. De acuerdo a sus palabras, Yoselin era su “niña consentida”.

La comunidad de Nuevo Egipto, en Malacatán, San Marcos, fue el lugar que la vio crecer. Una de sus mayores aspiraciones era convertirse en profesora. 

En una ilustración de la adolescente, realizada para la campaña #NosDuelen56, se la ve con un delantal de maestra y el título “Seño Yoselin”, como soñaba que algún día le dijeran sus alumnos.

Yoselin Yamileth Barahona Beltrán. Yami y el sueño de la paz

Cuando Yami tenía un año perdió a su mamá. Una persona en su vehículo la atropelló y se dio a la fuga. Se quedó huérfana. Su padre siempre había estado ausente. 

Yami quedó al cuidado de la familia de su mamá. Sus tíos abuelos Blanca y Emilio se encargaron de la crianza. Pese a los cuidados y la supervisión constante, no pudieron evitar que un día en una fiesta la drogaran y que fuera víctima de violencia sexual.

Era octubre de 2016. Yami estudiaba segundo básico y un día se escapó de la escuela para ir a una fiesta. Su familia activó una alerta Alba Keneth para localizarla y cuando la encontraron las autoridades decidieron enviarla al Hogar Seguro y ponerla al resguardo del Gobierno de Guatemala. 

En ese hogar sufrió maltratos como todas las niñas internas. Por eso, el 7 de marzo de 2017, intentó huir con otras compañeras, pero las detuvieron y encerraron en el aula donde luego habría un incendio. Yami murió en el lugar.

Los eventos crueles en la vida de Yami no terminaron con la muerte. Su tío Emilio Marroquín buscó durante 14  días el cuerpo de su sobrina, de una institución a otra. Pero las autoridades no sabían dónde estaba y tampoco tenían identificado el cadáver. 

Sus tíos eligieron un ataúd rosado y sobre la caja colocaron flores y un oso de peluche blanco con rojo. En el entierro, la familia de Yami liberó palomas como un símbolo de paz. 

La muerte de Yami sigue impune. Su tío se unió  al grupo de familiares que piden justicia. 

“Estamos aquí para reclamar justicia y que se llegue a los juicios como debe ser. No es ninguna venganza. Queremos que quede un precedente y no vuelva a suceder lo que pasó en el Hogar Seguro. Aquí venimos a hablar en nombre de las 56 víctimas, no sólo  en nombre de la niña que yo represento. Pedimos por las 56 niñas”, dijo Emilio durante la conferencia de prensa para la presentación del informe “Todavía en riesgo. Muerte y desaparición de sobrevivientes del incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción”.

Yami quería ser universitaria. 

Yusbeli Yubitza Merari Maquín Gómez. Anhelar la libertad

Yusbeli Yubitza Merari Maquín Gómez tenía 14 años cuando murió en el incendio del Hogar Seguro. 

No se sabe mucho de Yusbeli, pero por una foto que existe de ella se puede pensar que era una adolescente seria, reservada. 

A los 14 años una persona está en busca de su identidad, define sus sueños, sus valores y creencias. La adolescencia se caracteriza por cambios físicos, emocionales, que a veces están acompañados de depresión, de rebeldía. Es una especie de umbral. Un tránsito hacia otro momento en la vida. Un momento determinante para el futuro de quien lo atraviesa. No se sabe qué pasará después, pero se sabe que será diferente. 

Con la rebeldía que caracteriza a muchas adolescentes, Yusbeli intentó  fugarse del Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Ella y sus compañeras, de entre 13 y 17 años, querían la  libertad.

Estaban cansadas de recibir maltratos en el hogar, cansadas de las agresiones y del miedo. No lo consiguieron. Las capturaron, las llevaron a un aula pequeña, las encerraron con llave. Ellas suplicaron que las dejaran salir, que las dejaran vivir, que las dejaran ser adolescentes. En medio de la desesperación, quemaron colchonetas como protesta, pensando que les abrirían la puerta, pero las dejaron encerradas con las llamas.

El día de su muerte fue el Día Internacional de la Mujer. 

Este trabajo es parte del especial “No fue el fuego”, realizado por Agencia Ocote. Aquí puedes revisar la publicación original. 

*Las imágenes de estos perfiles de las 41 niñas y adolescentes se recopilaron a partir de las fotografías facilitadas por familiares de algunas de las niñas y adolescentes, de los videos grabados la noche del 7 de marzo por medios de comunicación y de la selección realizada por Stef Arreaga, del colectivo 8 Tijax, para la muestra fotográfica “No olvidamos”.

Portal periodístico independiente, conformado por una red de periodistas nacionales e internacionales expertos en temas sociales y de derechos humanos.