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Los desastres de Grupo México: ¿por fin habrá justicia, o se mantendrá el trato de favor?

Grupo México tiene un pasado de desastres y de impunidad. Recientemente esta empresa es responsable de la contaminación del Golfo de California con tres mil litros de ácido sulfúrico

@eugeniofv

Grupo México está tan acostumbrado a los desastres como a salirse con la suya. Lo logró en 2006, cuando la mala calidad de sus instalaciones se cobró la vida de más de sesenta personas en Pasta de Conchos, y en 2014, cuando un derrame de lixiviados de su mina en Buenavista del Cobre convirtió en tóxicos los ríos Bacanuchi y Sonora.

Hoy que esta empresa acaba de verter tres mil litros de ácido sulfúrico al Golfo de California se abre la pregunta de si la nueva era que ha prometido el gobierno actual supondrá que habrá -por fin- algo de justicia, o si el trato a la minera será el mismo de siempre.

Hoy se hace también evidente que urge cambiar nuestros patrones de consumo para que destruir el país y el planeta deje de ser tan rentable.
El nuevo derrame de Grupo México ocurrió el 10 de julio pasado, cuando falló una de las válvulas en la Terminal Marítima de la empresa en Guaymas, Sonora, lo que causó el derrame de ácido en aguas del Mar de Cortés. La empresa y algunos cercanos al sector privado corrieron a minimizar lo ocurrido, que calificaron de “insignificante”, pero el hecho es que no hay derrame pequeño, mucho menos cuando se acumulan con la velocidad de los desastres de Grupo México.

Todos los vertidos tóxicos tienen un impacto. Algunos lo tienen en espacios reducidos y tiempos cortos, como podría ser este caso, y otros abarcan grandes extensiones, acaban con la vida en ecosistemas muy diversos y afectan a miles de personas, como ocurrió con el derrame de Buenavista, pero todos son graves, todos tienen un efecto acumulativo que perpetúa y agrava la degradación que padece el país. A pesar de sumar derrames y desastres de todo tipo y dimensión, Grupo México ha gozado de una impunidad escandalosa.

De hecho, la minera ha disfrutado del favor del Estado como pocos. Según el informe El carbón rojo de Coahuila, que acaba de publicar la Fundación Heinrich Böll, la impunidad que le han garantizado gobierno tras gobierno, la negligencia de las autoridades y la desregulación de que es objeto el sector han sido tan constantes y sistemáticas que constituyen un subsidio de hecho a sus actividades. Este subsidio es, a su vez, lo que le permite presumir que tiene “los menores costos de extracción de la industria” minera, y ser tan rentable a pesar de ser tan torpe en la gestión de sus instalaciones.

En principio, hoy las cosas han cambiado, y autoridades de todos los sectores y todos los niveles han prometido que se acabó la impunidad y que se hará lo que dicta la ley. Está por verse que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y otras dependencias incumbentes efectivamente quieran tomar cartas en el asunto. Lo que sí sabemos es que será difícil que puedan.

La situación de los órganos ambientales del Estado ya era muy precaria en sexenios pasados, pero los recortes al gasto que se han registrado en lo que va de esta administración los han hecho aún más inoperantes.
Hoy, el Estado no parece tener la capacidad ni para responder a estos desastres cuando ocurren, ni para fincar responsabilidades y hacer que los culpables paguen por su negligencia y sus delitos.

Esto, en los hechos, supone perpetuar el subsidio oculto que recibe Grupo México, permitirle erosionar el capital natural que es de todos y seguir cobrándose vidas sin que nadie lo castigue.

De cualquier manera, las medidas regulatorias son solo parches a una situación que es ya insostenible. Mientras se mantengan los patrones de consumo y crecimiento actuales seguirá siendo más rentable perforar la tierra y destruir la naturaleza, que conservarlas y aprovecharlas en forma sustentable. Entretanto, el cambio climático y la crisis de extinción de especies seguirán más cerca de hacer el planeta más inhóspito para la humanidad.

Si se sigue apostando por la generación de valor y el aumento del producto interno bruto como indicadores de progreso; si se sigue privilegiando a lo urbano e industrial sobre lo rural y campesino; si se sigue favoreciendo a los grandes capitales por encima de los ciudadanos, seguirá habiendo una poderosísima demanda por minerales que no pueden obtenerse sin destruir el entorno. Solamente construyendo una economía centrada en las personas y orientada a la conservación y restauración del planeta lograremos que accidentes como los de Grupo México sean verdaderamente accidentes, y no un modus operandi semioficial.

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Consultor ambiental en el Centro de Especialistas y Gestión Ambiental.

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