Los derechos de todo lo que está vivo

10 noviembre, 2021

No es un absurdo luchar por los derechos de las bacterias y de todos los seres vivos. Hay movimientos que han luchado por los derechos de la naturaleza y por la ética ambiental. Son ahora los movimientos indígenas quienes colocan el discurso de la cura de la Tierra en el centro del debate con un evento convocado por mujeres en la COP26

Twitter: @Dal_air

Me atrapa la fluorescencia. Veo y me veo caminar en la orilla de una bacteria, al imaginar. De inmediato viene a mi mente el recuerdo de ser niña y observar a través de un microscópio, como si me conectara a través de ese tubo, las muestras de laboratorio de mi padre y el cuidado de mi madre que me permiten hacerlo. Hasta recuerdo que me querían poner de nombre mitocondria y me lo decían.

Llegué al mejor lugar sin planearlo*, solo por salir a caminar en el barrio del Raval. Sucede a la entrada de la exposición llamada Ciència Fricció (en catalán). Caminar entre seres invertebrados, hongos y fósiles. La exhibición me hace explorar en mi propia curiosidad por las vidas.

La física y filósofa de la India, Vandana Shiva explica que poner al ser humano en el centro fomentó la idea occidental de su superioridad sobre la naturaleza, lo cual habilitó el capitalismo extractivo. Esa dominación de la naturaleza se replica en las mujeres. 

Las mujeres indígenas en la COP 26 la profunda idea sobre la vida de todo lo que es, y el respeto a la Tierra como creadora de vida ya que todo es en armonía con ella. Y cómo son los pueblos indígenas quienes tienen la brújula de la memoria de cómo relacionarnos con armonía con ella: Cura da Terra

Aparecen una y otra vez en el recorrido, la idea de la simbiosis, postulada como punto de partida de la exhibición, conjugada con la del holobionte. Los postulados de la bióloga Lynn Margulis son la introducción a la exposición:

“Animales, plantas, hongos, todos descendemos de las bacterias. Pero, además, según la visión de  Lynn Margulis, nuestro origen bacteriano y toda la historia de la vida en la Tierra se fundamentan en la simbiosis, principal motor de la evolución. Con la teoría endosimbiótica, Margulis elabora un relato integrador que conectan las historias de la más pequeña —las bacterias y su linaje— con la Gran Historia del Planeta. 

En la hipótesis de Gaia desarrollada por James Lovelock, defiende que sus primitivos organismos son también los creadores de la atmósfera tal y como la conocemos. Según esta teoría, la Tierra es simbiosis vista desde el espacio. Un sistema vivo creado y mantenido en equilibrio por los organismos que lo habitan. En otras palabras, somos simbiontes en un planeta simbiótico”.

Esta sensación de longitud prevalece en toda la exposición. La pintura, animación, dibujo, documentales, instalaciones, mapas interactivos, bordado, fotografía, realidad virtual, fanzines, y la conjugación con fósiles que donó Margulis, los restos de estromatolitos (parecidos a los de Cuatrociéngas) que descubrió, hongos y otras especies cedidas por el Museo de Ciencias naturales de Barcelona.  Desafían al linealidad del tiempo, al mostrar sensorialmente la conexión entre todo. 

Se trata de algo que los pueblos indígenas han dicho, que las mismas zapatistas denunciaron en la huelga climática en Viena, y que en esta ocasión indican el camino de cómo llegan los movimientos sociales a posicionarse y construir por los derechos de la naturaleza y de todo lo que está vivo porque es parte de uno. 

En la búsqueda de horizontes, la exposición muestra un video de superposiciones de naturaleza con escenas catastróficas de bombas. Un trabajo experimental de la videasta Dominique Kosh: la Sociedad del Holobionte. Retoma la  propuesta de Donna Haraway que postula en el Manifiesto de las especies de compañía. 

Invita a imaginar la idea de una sociedad de holobiontes, unidos por relaciones de interdependencia, en contraste así con la guerra perpetua propiciada por el capitalismo y la globalización neoliberal. Convoca a involucrarse en la procuración del mundo para que no se extinga. 

Movimientos por los derechos de la naturaleza

Los movimientos sociales por los derechos de la naturaleza, la defensa del ambiente, no son nuevos. Sin embargo, tardaron en ver la importancia de los pueblos indígenas para detener la destrucción de la Tierra. Su historia va ligada también a la aparición de ciertos temas en medios de comunicación.  La exposición me lleva a repasar, reflexionar y complementar esta historia que muestra, sus huecos y horizontes.

Por ejemplo, muestran el documento  encontrado en una revista de Uruguay llamada Caras y caretas Revista Ilustrada. en la cual aseguran que nos hemos dicho que el ser humano inventó la línea recta que todo es curvo en la naturaleza. Quizá por ello imaginamos así nuestra vida el tiempo 

En 1948,  por primera vez en la portada de la revista LIFE publicaron la historia de Aldo Leopold, un ecologista y ambientalista enfocado en la ética de la tierra, ética ambiental y restauración ecológica, cuyos postulados inspiraron al movimiento de conservación de la naturaleza, a través de la Consciencia Ecológica rumbo a un estado de armonía. 

Otro impulso a los movimientos occidentales por la tierra lo dio la bióloga marina Rachel Carson en 1962, al publicar Silent Spring, un libro sobre el uso indiscriminado de pesticidas y la desinformación provocada por las industrias. Este mensaje resonó en medios como el New York Times

Rumbo a 1964, publican el primer libro sobre especies en riesgo de extinción llamado Protege Nuestra Diversidad. Comenzaron a haber superhéroes de la naturaleza en cómics y libros sobre el reino animal. Los postulados de Lovecraft ya estaban presentes en las reflexiones de Donna Haraway, quien rumbo a la década de los 70, investiga sobre las repercusiones del patriarcado en la naturaleza.

En 1973 se da a conocer el término Ecología Profunda, basada en el valor intrínseco de todos los seres de la naturaleza. Un año después Lynn Margulis y James Lovelock publican un primer artículo llamado “Homeostasis atmosférica por y para la biosfera: La hipótesis de Gaia”.

En el 76, la Unesco crea una Red Mundial de Reservas de la Biósfera y hasta 1977, la ONU tuvo como tema el medio ambiente en la conferencia de Estocolmo. Ahí reconoce el derecho a una ley internacional del medio ambiente. 

El movimiento indígena logró en Bolivia sumar a la legislación 11 derechos básicos a la naturaleza, equivalentes a los derechos humanos. 

En 1982, La ONU  adopta la Carta Mundial de la Naturaleza donde proclama los 5 principios de la conservación. Ese mismo año, la lucha comunitaria contra los vertederos de deshechos tóxicos marca el inicio de la búsqueda de la justicia ambiental, brecha creada por la pobreza, la discriminación de raza y la contaminación. En Estados Unidos, publicaron una historia sobre la población afrodescendiente que se reveló contra un vertedero de deshechos tóxicos en sus tierras.  En los 80 nació el movimiento por los derechos de los animales. 

En 1992, la ONU realiza la Declaración de Rio sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo con 27 principios. Las curadoras de la exposición muestran la copia de un periódico en San Paulo, Brasil que resaltan que por primera vez se reconoce a las comunidades indígenas que “desempeñan un papel fundamental en la ordenación del medio ambiente y en el desarrollo debido a sus conocimientos y prácticas tradicionales”.

Casi 30 años después la COP 26 parece omitir su misma declaratoria, al cerrar las puertas a este tipo de voces que salieron a escuchar para ser escuchadas, pues no las incluyen en las reuniones en Glasgow. Es ahí donde la Convocatoria de las mujeres indígenas en Glasgow toma potencia y sentido. 

En el 94, el levantamiento zapatista dio un impulso a los movimientos indígenas, muchos de los cuales hacen de la tierra su principal lucha.

Para 1995 se creó el Frente Comunitario de Defensa Legal Ambiental., organización activa en la defensa de los derechos de la naturaleza. Al final de la década, los activistas pintaron de verde la bandera comunista y la hoz y el martillo de amarillo.  

La Unesco aprobó la Carta de la Tierra en el año 2000, donde afirma que hay una interdependencia ente el medio ambiente y los derechos humanos. Algo por lo cual han pugnado siempre los pueblos indígenas. En el 2001, La revista Vogue publica en su portada el Manifiesto ecosocialista. NatGeo que publica en portada una historia sobre ver el mundo desde los ojos de una mariposa en 2001.

Esto amplia la visión de la ecología desde la filosofía y más campos sociales. A lo largo de la década vemos manifiestos por la justicia para la Tierra, y ahora los medios se plantean ver el mundo desde los insectos. 

En 2008, Ecuador aprobó la primera constitución biocéntrica, con el derecho al respeto integral de su existencia.  Vandana Shiva publica con otros autores el libro Derechos de la Naturaleza en 2009. Ese año, la ONU declara en plenaria que la humanidad ha de vivir en armonía con la naturaleza. 

Ese 2009, el Estado Plurinacional de Bolivia declara ante la ONU, el 22 de abril como el Día de la Madre Tierra. En 2010 en Cochabamba, realizan la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, con el cual impulsan el reconocimiento de la declaración universal de sus derechos.  Con ello, alista lo que en 2011 logró colocar su la legislación gracias al movimiento indígena: 11 derechos básicos a la naturaleza equivalentes a los derechos humanos. 

Este año se crea la red Alianza Global de Derechos de la Naturaleza, y en 2013 ganan frente al Tribunal Internacional de los derechos de la Naturaleza el poner atención especial sobe los pueblos indígenas. Este año también sale en la portada de la revista TIME, la historia de un líder nativo américano: Thathanka Iyothanka. 

Los pueblos originarios siempre han tenido un papel fundamental en el cuidado, la preservación y procuración de la naturaleza, protegen el 80% de la biodiversidad del planeta. Son los medios quienes tardaron en notarlo y visibilizarlo, cuestión que abonó el movimiento por los derechos de la naturaleza. 

En 2018, el Centro de Leyes de la Tierra publicó La Declaración Universal de los Derechos de los Ríos. En 2020, se publica la Declaración por la protección de los lugares naturales sagrados, y en el 21, Juristas internacionales se reúnen para analizar y redactar la definición de ecocidio.

La COP26 pone en exhibición el colonialismo ambiental, que los países ricos hacen poco para frenar el calentamiento global aunque digan que van a invertir más de 130 billones de dólares para frenar el cambio climático, y que aunque poco volteen a ver a los pueblos indígenas, que son quienes tienen horizontes a futuro por mirarse en su memoria presente, como el conversatorio Cura da Terra

Por eso le llaman Ciencia Fricción a la exhibición. 

*Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

Botas llenas de Tierra. Tejedora de relatos. Narro sublevaciones, grietas, sanaciones, Pueblos. #CaminamosPreguntando De oficio, periodista. Maestra en Comunicación y cambio social. #Edición #Crónica #Foto #Investigación

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