La resistencia indígena de Tijuana

21 diciembre, 2020

Esta ciudad fronteriza recibe a migrantes de todo el mundo y también a miles de indígenas de todo el país que buscan oportunidades de trabajo. La faceta más dura de la sociedad los rechaza, pero los pueblos organizados sobreviven a la discriminación

Texto y fotos: Kau Sirenio 

TIJUANA. BAJA CALIFORNIA- Francisca llegó a esta ciudad fronteriza porque en su pueblo natal sólo hay pobreza y destierro. Aquí es más fácil sobrevivir, aunque un migrante indígena también encuentra discriminación y marginación en su propio país

Esta mujer primero trabajó en los surcos de jitomate en Sinaloa, donde conoció a su esposo, cuando ella tenía 17 años. Desde ese encuentro, la familia Apolinar Sánchez ha vivido como nómada, hasta que decidieron vivir en la colonia Valle Verde, cerca al aeropuerto de la ciudad y de la histórica y marginada Lomas Tarinas, donde Donaldo Colosio fue asesinado.

En una plática en su casa una tarde calurosa, Francisca María Sánchez Cuenca repasa su historia, a la hora en que el concreto de las calles de la colonia Valle Verde hierve por los pesados rayos del sol.

A esta colonia marginal de Tijuana los vecinos llegaron con todo y raíces para plantarse. Desde la Montaña de Guerrero, trajeron su Concejo de Señores Principales, su banda de música de viento y su fiesta patronal. “Sólo falta traer nuestra comisaría y su comisario”, dice en serio el líder indígena Valentín Apolinar.

A esta organización comunitaria pertenece Francisca, quien relata cómo se organizaron para fundar la colonia después de que la lluvia sepultó su vivienda en Lomas Taurinas en 1993. 

La jornalera teje el relato desde su casa, vivienda que años atrás ayudaron a construir los vecinos, donde ahora los Ñuu Savi (mixtecos) de Xochapa, municipio de Alcozauca, Guerrero, siguen recordando su pasado para no perder su identidad.

Las vivencias de los ñuu savi que viven aquí están cargadas de resentimiento por la discriminación social, cultural e institucional de los gobiernos municipal y del estado de Baja California. La lengua materna y la vestimenta de los migrantes indígenas son rechazados por la sociedad tijuanense.  

Foto: Kau Sirenio

Discriminación y resistencia

Valle Verde se fundó en una meseta, y es la zona más plana de las cuatro colonias del Este de Tijuana. Los propios colonos la conocen como la Nueva Tijuana. A principios de los años noventa se hizo esta colonia, convirtiéndose en la segunda concentración más importante de población indígena provenientes de la Montaña de Guerrero. Aquí la mayoría habla su lengua materna, el tu’un savi (lengua mixteca). 

De esta colonia salen las mujeres que venden en las plazas de Tijuana y en las garitas que cruzan a Estados Unidos: El Chaparral y San Isidro. Pero cada vez que ofrecen sus artesanías o frutas son detenidos, “Nos trataban como criminales por no hablar el español y la forma de vestir”, dice Francisca Sánchez Cuenca. 

Francisca se dedica además a ayudar a su comunidad en Tijuana, se encarga de la salud preventiva y organiza a otras mujeres cuando se entregan los apoyos gubernamentales. También ayuda en los rezos de la fiesta patronal. Morena, de 156 centímetros de estatura, la mujer pone el dedo en la llaga: “En mi casa, sólo mi esposo habla el tu’un savi. Pero en la calle y en el centro comunitario él lo habla con sus gentes, todos los paisanos platican en su lengua materna, pero mis hijos, no aprendieron hablar el tu’un savi. No les enseñamos para que no los discriminen” explica. 

Ocario Vázquez García, dice que uno de los principales problemas que enfrentan los indígenas migrantes en Tijuana es el rechazo. “La discriminación social, antes se acentuaba mucho, pero hemos trabajado para que esto disminuya. Hace 10 años, la discriminación se palpaba en las calles” refiere. El hombre es el presidente de la Unión de Comités Comunitarios de Tijuana (UCCOT),

Egresado en el Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Ocario, agrega: “Muchas organizaciones sociales y líderes indígenas hemos desarrollado actividades culturales para mostrarle a la sociedad que no hay dos mundos, muchos menos dos méxicos (el México Profundo y México Mágico), como lo planteó el antropólogo Guillermo Bonfil Batalla. Al contrario, hay muchas culturas, pero son desconocidas. Para que la gente no nos discrimine por desconocimiento, les enseñamos lo que somos, nuestra lengua, literatura y artes”. 

Nacido en Michoacán y de linaje purépecha, Vázquez García desde que llegó a Tijuana se convirtió en ferviente defensor de los derechos los pueblos indígenas y promotor de los derechos humanos de los Migrantes en la frontera. 

El activista habla de la lucha que los migrantes indígenas impulsan desde las calles de las urbes de Baja California: “La conformación de una red de organizaciones indígenas transnacionales es la nueva pauta en la defensa de los derechos de los indígenas migrantes en la frontera; esta red de organizaciones indígenas binacionales de Baja California aglutina diferentes culturas y diferentes lenguas”. 

Sin embargo, el dirigente de la Asociación para la Investigación y Apoyos al Desarrollo Social de Grupos Vulnerables de Tijuana (Apiades de Tijuana A. C), Gustavo López, habla de la discriminación institucional en Tijuana: “El principal problema que tienen las comunidades indígenas migrantes, es la falta de reconocimiento. Para los tres niveles de gobiernos los indígenas migrantes no existen; de ahí se desprende la discriminación hacia la población indígena radicada en esta ciudad”. 

López es exfuncionario del entonces Instituto Nacional Indigenista y con una trayectoria en las organizaciones civiles que trabajan con grupos vulnerables, dice que el tema pendiente con los pueblos indígenas migrantes es que el gobierno reconozca la existencia de estos pueblos en Tijuana y en todas las ciudades donde llegan expulsado por la pobreza en sus comunidades. 

Entrevistado en el centro comunitario, el fundador de la colonia Valle Verde, Valentín Apolinar de la Luz, refuerza la demanda por la constante discriminación y maltrato hacia los migrantes por la policía municipal. “Llegan los policías y se llevan a las mujeres a la cárcel; le quitan su mercancía y dinero” señala. 

Como representante de la comunidad Valle Verde, le ha tocado acudir ante la autoridad municipal para reclamar la libertad de sus paisanos y paisanas que son detenidos por la policía en las garitas y en las plazas públicas cuando salen a vender sus artesanías. 

Valentín acepta que en los últimos años la agresión policiaca en contra de las mujeres y comerciantes ambulantes ha disminuido, debido a que los hijos de los migrantes indígenas son ahora, profesionistas. “Ahora se calmaron un poco porque los hijos de los paisanos, que en aquel tiempo eran bebés, ahora ya son abogados, otros jóvenes son ingenieros, médicos y maestros, por eso la autoridad le mide, porque nosotros ya no tenemos miedo, ya sabemos defendernos”. 

Agrega: “Antes nos hicieron lo que quisieron, porque con trabajos hablamos el español. Pero poco a poquito, la gente fue conociendo sus derechos. Los de Derechos Humanos vienen a capacitar a la comunidad, a los jóvenes, sobre todo, a veces vienen psicólogos para prevenir la drogadicción. La policía no respeta; cuando te topan en la noche, hacen lo que quieren, más cuando se dan cuenta que uno no habla bien el español; nos quitaban todo; aparte nos golpean, aun cuando no tienen ninguna prueba para acusar a los compañeros. Lo hacen solo para robar”. 

Foto: Kau Sirenio

Ciudades indígenas 

En las calles de Baja California se dejó escuchar la célebre canción mixteca de José López Alavés: “Qué lejos estoy del suelo donde he nacido, / inmensa nostalgia invade mi pensamiento; / y al verme tan solo y triste, cual hoja al viento, / quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento. / Oh, tierra del sol, / suspiro por verte, / ahora que lejos yo vivo sin luz, sin amor. / Y al verme tan solo y triste cual hoja al viento, / quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento…”. 

El investigador purépecha  Jesús Romero Martínez explica el fenómeno migratorio del municipio Playas de Rosarito, colindante con Tijuna, donde se han instalado otros colectivos de pueblos: “La comunidad purépecha, vive en la colonia Constitución; su principal fuente de empleo es la elaboración de piñatas”. 

Ahí, Jesús Romero Martínez, dijo: “En los cinco municipios de Baja California, Tijuana representa más del 50 por ciento de la población indígena proveniente de los estados del Sur, como Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Puebla; el número poblacional que hay en Baja California según el último censo es de 140 mil personas indígenas”. 

Playas Rosarito, es un municipio de reciente institución en Baja California, antes pertenecía a Tijuana; y las organizaciones indígenas nacieron en la ciudad fronteriza, pero cuando se instituye como nuevo ayuntamiento los indígenas migrantes también se fragmentaron; sin embargo, este municipio fue el primero en crear una comisión de Atención a Indígenas Migrantes. 

Romero dice que en la colonia Constitución los purépechas tienen un centro comunitario y una iglesia, jardín de niños, una primaria donde practican su lengua materna: purépecha. 

Las colonias de migrantes las encabeza la Obrera, donde viven los ñuu savi de Oaxaca. Le sigue el Pedregal de Santa Julia, Loma Bonita Norte, Valle Verde y Sánchez Taboada; en estos asentamientos se concentran la mayor población indígena. 

Fiestas migrantes 

Los ladridos de los perros obligan a Francisca y al reportero a cambiar el lugar de la entrevista. Cuando reinician la plática, la promotora de salud habla de las fiestas tradicionales. 

“En la colonia festejamos el 3 y 4 de octubre; es muy bonito porque empieza desde el primero de septiembre; los vecinos entregan flores y velas en la iglesia cada domingo; el mero día hay eventos deportivos y las mayordomías ofrecen comidas, por la noche hay castillo y baile” describe. 

En la asamblea comunitaria se nombran los nuevos mayordomos para que organicen las fiestas de cada año. Este cargo se va rolando. Ante la ausencia de comisario, los mayordomos y el Concejo de los Señores Principales asumen el mandato comunitario; son ellos los que reciben y resuelven las denuncias que los vecinos les presentan. 

“No sé si todo lo que hay en el pueblo se trajo a Tijuana. Por ejemplo, las bodas siguen siendo igual como en Xochapa; aquí en la colonia, todos los niños cantan el himno nacional en tu’un savi  en la escuela” comparte Francisca. 

Mientras saboreamos birria de chivo, Ocario habla de la fiesta tradicional de Pátzcuaro. “No he perdido mis raíces; he estado revisando las historias sobre las fiestas patronales en mi pueblo, para no perder los detalles como purépecha. Hablamos nuestras lenguas y organizamos una banda de música de viento, pero igual se disgregan por las mismas necesidades de movilidad que tienen; unos se van a trabajar a Estados Unidos” comenta. 

Las raíces de los purépechas se siguen conservando, dice Ocario, porque cuando salen de sus comunidades de origen se traen todo. “Traemos nuestras raíces tal como los arrancamos, porque aquí desarrollamos fiestas y mayordomías para que no olvidemos de nuestras costumbres y fiestas patronales o participando en ellas; seguimos impulsando cosas que nos permiten sentirnos cerca del terruño: servicio comunitario. Por ejemplo, en las fiestas patronales tenemos los cargueros que son los que se encargan de recabar los recursos y de organizar las festividades”. 

Ocario se remonta a los santos migrantes que se llevaron a Tijuana para las fiestas en las colonias. “La Virgen de las Nieves y la Virgen de Juquila son las imágenes religiosas que los purépechas festejamos” dice. 

“Aquí festejamos a San Francisco de Asís; es el santo patrón de Xochapa. Para organizar la fiesta nos reunimos para elegir a los mayordomos, antes tenemos que visitar a los que creemos que pueden aceptar el cargo” explica Valentín Apolinar. 

El también integrante del Concejo de los Señores Principales narra cómo se construyó el Centro Comunitario: “Para construir el centro comunitario, siempre complicado porque no había terreno, en 1996 empecé a gestionar ante el Ayuntamiento; nos pidieron que nos constituyéramos en una asociación civil y así lo hicimos”. 

Una vez que consiguieron el predio, los colonos se organizaron para construir el local con la cooperación de la comunidad de Valle Verde. El Centro Comunitario cuenta con una sala de cómputo para estudiantes, un consultorio médico, un taller de corte y confección y el salón donde sesiona el Concejo de Señores Principales que Valentín llama comisaría. 

Una vez que terminaron la construcción de la planta baja de lo que hoy es el Centro Comunitario, en una asamblea comunitaria los ñuu savi de Valle Verde decidieron construir una capilla para el santo patrón; cuando concluyeron la construcción del santuario, de inmediato formaron la banda de música de viento. 

“Los muchachos no sólo tocan en la banda, sino que también organizaron varios grupos musicales y participan en la fiesta patronal. En la fiesta la banda toca música de Xochapa; se pone muy bueno. En 2008, conseguí un autobús para que los muchachos viajaran a nuestro pueblo a conocer la fiesta. Esa vez fue para presentar a los músicos con el comisario y el Concejo de Principales de allá” narra el luchador social. 

En Valle Verde viven unos dos mil na savi que llegaron de los municipios de Cochoapa el Grande, Atlamajalcingo, Xalpatlahuac, Metlatónoc y en su mayoría de la comunidad de Xochapa, municipio de Alcozauca; todos, de la región la Montaña

Periodista ñuu savi originario de la Costa Chica de Guerrero. Fue reportero del periódico El Sur de Acapulco y La Jornada Guerrero, locutor de programa bilingüe Tatyi Savi (voz de la lluvia) en Radio y Televisión de Guerrero y Radio Universidad Autónoma de Guerrero XEUAG en lengua tu’un savi. Actualmente es reportero del semanario Trinchera.

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