La enseñanza del español, vehículo para cohesionar a la nación en el siglo XX

19 abril, 2022

Con motivo del Día Internacional del Idioma Español (23 de abril), este texto explora el papel de la lengua española en el diseño de las primeras políticas que se impulsaron desde la SEP, en sus primeros años de vida institucional.  Destaca la influencia de varias mujeres, forjadoras de la educación nacional, en la concepción y puesta en marcha de dichas políticas asociadas al dominio de la lengua española

Elisa Bonilla* Tw: @ElisaBonilla / MUxED

El 3 de octubre de 2021 se celebraron los 100 años de la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Con este motivo, la Red de Mujeres Unidas por la Educación (MUxED) lanzó La Centena, una iniciativa para dar a conocer el trabajo de las mujeres que, entonces a la fecha, han contribuido a la construcción del sistema educativo nacional y a garantizar el derecho a la educación. 

El próximo 23 de abril se conmemora la muerte, en 1616, de Miguel de Cervantes Saavedra y en su memoria la ONU fijó esa fecha como Día Internacional del Idioma Español, para concienciar al mundo sobre la historia y atributos culturales del español. 

Este texto explora la relación entre ambas efemérides, destacando el papel de varias mujeres forjadoras de la educación nacional, tanto en la concepción como en la implementación de las primeras políticas que impulsó la SEP para cimentar el sistema educativo federal, que habría de garantizar un lugar en la escuela a niñas, niños y jóvenes, con el fin de que aprendieran a leer y escribir en español. 

Álvaro Obregón subió a la presidencia en 1920. Tan solo unos meses después del fin de la lucha armada. Luego de diez años de guerra civil, la Revolución había dejado al país dividido y devastado. Por eso, uno de los objetivos centrales de su plan de gobierno fue lograr la unidad nacional. Para reunificar a la nación y, con ayuda de José Vasconcelos, primer titular de la SEP, Obregón recurrió a la exaltación del nacionalismo y a la promoción de la identidad nacional.

Conceptualmente, la reunificación de la nación estaba fuertemente ligada al dominio del idioma español, al que Vasconcelos consideraba elemento clave de cohesión social y argamasa para la unidad nacional. Uno de los cinco valores de su proyecto educativo era “sentar la hispanidad” (como denominaba al mestizaje), el cual consideraba la base del concepto de mexicanidad. Antes de 1921, los esfuerzos educativos estaban dispersos y desorientados. Al crearse la SEP, se logró –por acuerdo de las entidades federativas– que la SEP actuara como agente coordinador de la síntesis nacional, que suponía la integración cultural del país. “La labor educativa, …, debía apoyarse en el concepto de hispanidad como cultura básica [y] principio de búsqueda de la mexicanidad”.

A la par de la creación de la SEP, que requirió de una reforma constitucional que llevó a Vasconcelos a viajar por todo el país, para convencer a gobernadores y legislaturas locales de la necesidad de contar con un ministerio nacional que centralizara la tarea de educar a niños y jóvenes, Obregón lanzó también una cruzada contra el analfabetismo de los adultos. En ese momento, 70% de los mexicanos mayores de 15 años no sabían leer y escribir. Para afianzar la unidad nacional no bastaba con que toda la población hablara español, también debía aprender a leerlo y escribirlo.

En el acto de lanzamiento de esta cruzada (20.06.20), Vasconcelos declaró que “… el país necesita que lo eduquen para poder salvarse”. El Universal reportaba en esa fecha que los maestros, y en especial las maestras, apoyaban con gran entusiasmo esta iniciativa, que estuvo vigente hasta 1924. Para implementar esta cruzada se creó el “Departamento de Desanalfabetización” (sic), el cual coordinaría todas las acciones para lograr que los mayores de 15 años leyeran y escribieran en español. 

Vasconcelos nombró a la maestra zacatecana Eulalia Guzmán Barrón responsable del Departamento. Eulalia desde muy pequeña se opuso a la idea, imperante en su tiempo, de que el destino de las mujeres era la domesticidad. Se empeñó en ser docente. Cuando se hizo cargo de esta cruzada ya había ejercido la docencia, se había involucrado en actividades proselitistas en favor del sufragio femenino y había realizado una serie de viajes de estudio al extranjero que repercutieron en su sólida formación profesional e intelectual. 

Como coordinadora de la cruzada, Eulalia Guzmán creó brigadas y centros donde se impartían clases a los adultos. Fue una tarea muy ardua, pues a decir de ella, los iletrados mostraban una gran resistencia para asistir a los centros de instrucción y los maestros alfabetizadores tenían “más interés en las ganancias materiales que en el desempeño de su tarea”. La alfabetización no contaba entonces con ningún reconocimiento social, para difundir sus beneficios desarrolló importantes campañas de sensibilización a la población. A fines de 1923, organizó una gran manifestación “pro-alfabeto” en la que marcharon docentes alfabetizadores, alumnos del ejército de alfabetizadores infantiles y juveniles, y otros voluntarios, así como adultos en proceso de alfabetización. En mayo de ese año, Eulalia publicó un reporte en el que reconocía que los defectos de la cruzada alfabetizadora eran resultado de su propia condición de ensayo y error. Por esas fechas, en que ya se acercaban las elecciones presidenciales, sobrevino un fuerte recorte presupuestal y la cruzada recibió un golpe mortal.

En esos primeros días de actividad de la SEP dedicados a tareas para universalizar la educación y ampliar el dominio de la lengua española es necesario destacar también la influencia de otras mujeres, quienes desarrollaron su labor asociada especialmente a uno de los elementos clave del proyecto educativo de Vasconcelos: el libro. Para él, educar y garantizar el dominio de la lengua escrita y la comprensión lectora no podían concebirse más que generando acceso a materiales de lectura de calidad.

Su afición por los libros data de su primera infancia. De sus días en la escuela primaria cuando la familia vivió en Piedras Negras y en Eagle Pass. La primera persona que lo acercó a los buenos libros fue su madre, Doña Carmen Calderón Conde, quien también lo indujo más tarde a familiarizarse con el sistema bibliotecario público estadounidense. Vasconcelos admiraba especialmente los servicios de las bibliotecas municipales, en particular la de San Antonio, Texas, que en 1913 le permitió hacer muchísimas lecturas, que fueron decisivas en su formación intelectual.

Vasconcelos concebía a la educación enraizada en la lectura de libros. A comienzos de los 20, la producción editorial en México era escasa, pocos accedían a libros y la oferta de bibliotecas era minúscula. Lograr extender masivamente la educación requería garantizar la circulación de buenos libros. Para lograrlo, el secretario emprendió dos grandes políticas: la creación de bibliotecas públicas y escolares y la edición de libros.

En el primer caso destaca la labor de Juana Manrique de Lara, una de las primeras bibliotecarias con formación profesional en México, responsable de la Sección Infantil de la Biblioteca Nacional, directora de bibliotecas especializadas y posteriormente inspectora del Departamento de Bibliotecas de la SEP, de dónde se jubiló. Cursó estudios en EUA, especializándose en la organización de bibliotecas públicas. Su influencia fue definitiva y sus ideas han quedado plasmadas en diversos artículos y publicaciones.

La poeta chilena Gabriela Mistral, premio nobel de literatura (1945) por su obra literaria en lengua española, viajó a México en 1922 para integrarse al grupo de intelectuales que asesoraban al secretario en tareas como la edición de libros. Era experta en educación rural, tenía más de 20 años de docente y le entusiasmó el movimiento social a favor de la educación que se había producido en México. Participó en la adaptación de los textos de las Lecturas Clásicas de Vasconcelos. Compiló el libro Lecturas para mujeres. Una selección de textos de escritores latinoamericanos y europeos, a la que incorporó escritos inéditos suyos, pensando particularmente en la enseñanza de niñas que asistían a una pequeña escuela-hogar, llamada «Gabriela Mistral». La primera edición de ese libro fue de 20 mil ejemplares.

A cien años de la creación de la SEP y con pretexto de celebrar el idioma español nos honra sacar a la luz la labor de estas mujeres, que ha quedado en el olvido, a pesar de que hicieran tanto porque niñas, niños y jóvenes, de todas condiciones sociales, tuvieran un dominio amplio de la lengua española.

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*Elisa Bonilla Integrante de MUxED y coordinadora de su blog Pluma Púrpura: Repensar la educación. Es matemática por la UNAM, con varios posgrados en educación por la Universidad de Cambridge. Ha sido docente e investigadora en diversas instituciones académicas (CNVESTAV, UNAM, Harvard, Universidad Panamericana, entre otras) y funcionaria pública de la SEP, durante 17 años, en dos periodos. Hoy se desempeña como consultora independiente. Redes sociales:

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Referencias:

Meneses Morales, Ernesto (1986) Tendencias educativas oficiales en México 1911-1934, Centro de Estudios Educativos, A.C., México.

Vasconcelos, José (1957, 1958 y 1959) Obras completas. Libreros Mexicanos Unidos, México. Tres volúmenes.

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