La ciclovía del Mundial que desplaza a las trabajadoras sexuales

31 enero, 2026

Mientras la construcción de la ciclovía de Tlalpan avanza a paso firme, la precariedad laboral y el peligro aumentan para las trabajadoras sexuales de la zona. Lo que para la administración pública es un avance de movilidad rumbo al Mundial 2026, para las integrantes de la Brigada Callejera es un acto de violencia institucional que las invisibiliza y amenaza con arrebatarlas de las esquinas que han defendido durante más de 30 años

Texto y fotos: Andrea Amaya

CIUDAD DE MÉXICO.- Sandra Montiel es parte de las cerca de 2500 trabajadoras sexuales afectadas por la construcción de la ciclovía “La Gran Tenochtitlán”.

Lo que para el Gobierno de la Ciudad de México es un proyecto de movilidad sustentable de 34 kilómetros que pretende conectar el Centro Histórico con el Estadio Azteca de cara al Mundial de Fútbol 2026, para las mujeres de la zona representa una amenaza directa a su sustento económico, seguridad y derecho a la ciudad.

“En el momento en que iniciaron las obras desde el año pasado, comenzaron las interferencias en mi día a día. Empezaron a poner el material en nuestros puntos, en nuestras esquinas; sin avisar, un día llegamos y ya estaba todo: arena, grava, adoquines. No teníamos ni para dónde hacernos”, comparte Sandra, activista por los derechos humanos y trabajadora sexual en Calzada de Tlalpan desde hace 30 años.

Una historia que se repite

La relación de las trabajadoras sexuales con Tlalpan no es casual ni reciente. Hace 37 años, tras ser desplazadas de Avenida Insurgentes bajo argumentos de «mala imagen», fueron reubicadas por el gobierno en esta zona.

“Cuando llegamos aquí, Tlalpan era una zona olvidada, peligrosa. Nosotras no solo ocupamos la calle, la cuidamos. Cuando las compañeras llegaron aquí era una zona muy deteriorada, con alta delincuencia, y se tuvo que hacer trabajo comunitario en las calles. Las trabajadoras apoyaron en temas de seguridad, atrapando y denunciando a quienes robaban a los vecinos”, relata Elvira Madrid Romero, presidenta de la Asociación Civil Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez”.

Para la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez” A.C., esta obra pública no solo invisibiliza a las trabajadoras sexuales cis y trans de Tlalpan, sino que vulnera sus derechos fundamentales. Denuncian, además, que el proyecto es una estrategia de limpieza social diseñada para desplazar a sectores vulnerables antes de la llegada del Mundial de Fútbol 2026.

“El ingreso de las compañeras trabajadoras ha disminuido un 60%; esto quiere decir que lo que ganan no alcanza ni para cubrir una renta. Ya son muchas reubicaciones, los partidos políticos van y vienen, prometen cosas y no hacen nada. Al contrario, siempre perjudican a los más vulnerables. Por eso nosotras decimos que de aquí no nos vamos a mover”, afirma Elvira Madrid.

“A simple vista puede ser una limpieza social sobre Calzada de Tlalpan para que no demos una mala imagen al país por lo del Mundial. Yo, como he comentado con mis compañeras: nosotras aquí estamos desde hace muchos años laborando, es nuestra zona, nuestra fuente de ingresos. Yo apoyo mucho a mi familia, pago renta aunque cada vez son más caras, pues si no es de aquí, ¿de dónde sacamos?”, comparte Sandra, trabajadora sexual y sobreviviente de un ataque con ácido.

«¿Qué quieren que hagamos?»

Para Monse Fuentes, trabajadora sexual de la zona, la situación ha sido similar a la de su compañera:

“Con esto de la ciclovía hay menos trabajo para nosotras, menos dinero y menos ingresos; no alcanzamos a cubrir todos nuestros gastos y, pues, al gobierno no le importa. Hay compañeras de toda la Calzada de Tlalpan que se paran sobre la vía rápida, y es un problema porque la ciclovía roba un carril: los clientes se paran en el segundo carril y esto, tristemente, va a provocar un accidente. Además, hay muchos motociclistas que se meten a la ciclovía y es un relajo”.

Y añade:

“Cuando Marcelo Ebrard fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México, yo era comerciante. Él empezó a arreglar las calles, como ahora, diciendo que el Centro se iba a ver bonito y limpio. Instaló cámaras y, cuando el primer cuadro quedó listo, ya no dejó que nos pusiéramos. Queríamos vender con mercancía en mano, pero la cámara ya nos detectaba; llegaban los jefes de granaderos y nos decían que, por el monitoreo, ya no era posible el comercio ahí. ¿Qué pasó? Pues me tuve que venir a trabajar a esta esquina. Y resulta que ahora que ya estoy establecida, nos quieren quitar de nuevo. No se me hace justo. ¿Qué quieren? ¿Que seamos delincuentes? ¿Que nos dediquemos al crimen organizado?”.

Kimberly, mujer trans y trabajadora sexual, se ha visto obligada a vivir en la calle debido a la falta de ingresos: “Con esto de la ciclovía ya no junto ni para pagar una habitación de hotel”.

Exigencia a la no reubicación

A pesar de que las trabajadoras sexuales han tenido mesas de diálogo con el Gobierno de la Ciudad de México, denuncian que los acuerdos y promesas no han sido cumplidos:

“Hemos tenido varias mesas de trabajo, se han llegado a acuerdos, como que se nos iba a dar un apoyo económico y despensa, pero hasta el momento no se han cumplido; se han quedado en la pura plática. Como decimos aquí, si lo escribes en el hielo, ya se borró. Entonces, nosotras queremos que el gobierno también voltee a vernos, que comprenda nuestra situación. No queremos ser reubicadas: vamos a seguir luchando por nuestros derechos y por el reconocimiento a nuestro trabajo. Y uno de nuestros derechos es seguir trabajando la calle, así como lo hacen los puestos ambulantes, los que venden dulces o los boleros”, aseguró Sandra.

Y puntualizó:

“No creo que un apoyo económico sea la solución, ya que sería un monto mínimo equivalente al seguro de desempleo, que es de 3439 pesos. Imagínate qué vamos a hacer con eso para pagar la renta y sostener a nuestras familias. Frente a algo tan mínimo, preferimos seguir aquí, en pie de lucha en nuestras esquinas, trabajando y defendiendo nuestros derechos”.

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