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La casa de Francisco I. Madero y el devastador incendio

Francisco I. Madero, empresario y espiritista de Coahuila, encabezó el primer movimiento democrático en la historia moderna de México. Su empresa, en ocasiones quijotesca, acabó en una de las traiciones más célebres que hayan ocurrido. El intento por borrar la obra de este singular personaje llevó a los golpistas a quemar hasta su casa

@ignaciodealba

Francisco Ignacio Madero se levantó en contra del régimen de Porfirio Díaz, en una forma memorable: escribió, junto con el poeta Ramón López Velarde, la inscripción que daría inicio a la Revolución Mexicana.

El Plan de San Luis Potosí hacía un llamado a sublevarse en contra del dictador, pero la puntualidad de la convocatoria revolucionaria no tiene paralelo: “he designado la noche del domingo 20 del entrante noviembre, para que de las seis de la tarde en adelante, todas las poblaciones de la República se levanten en armas”.

Es raro encontrar revoluciones tan anunciadas y puntuales. En un inicio se programó que al llamado acudieran unas 400 personas que el propio Madero comandaría. Pero, a la mera hora, nomás llegaron 20.

Perseguido por el gobierno del dictador, Madero huyó a Nueva Orleans. Pero el polvorín revolucionario ya estaba regado.

En 1911, Madero y otras fuerzas rebeldes, como las de Francisco Villa, Emiliano Zapata y Pascual Orozco lograron desplegarse y acorralar a Díaz. El dictador se refugió en su anhelada París y el secretario de Relaciones Exteriores, Francisco León de La Barra, asumió el cargo de presidente interino para convocar a elecciones.

Francisco I. Madero ganó la contienda electoral al frente del Partido Antirreelecionista. El coahuilense fue el líder revolucionario más preocupado por la democratización del poder en México. Su consigna de campaña es utilizada hasta la fecha: “sufragio efectivo, no reelección”.

Su gobierno duró 15 meses, porque el porfiriato no se reducía a Porfirio Díaz: algunos gobernadores, militares, funcionarios, periódicos y, sobre todo, las clases más acomodadas, beneficiadas del régimen porfirista, apostaron a que el gobierno de Madero no funcionara.

También tuvo en contra a líderes revolucionarios, como Villa y Zapata, que nunca dejaron de verlo como un burgués. (El poder mostró a los líderes rebeldes sus verdaderas diferencias).

El coahuilense era hijo de una acaudalada familia del norte del país. El hombre de 1 metro 57 de estatura estudió en Francia en el Liceo Versalles y la Escuela de Altos Estudios Comerciales. Además, Madero vivió en Bélgica y conoció Europa. En Estados Unidos estuvo en Baltimore y Berkeley, allí aprendió técnicas agropecuarias que ayudarían a los negocios familiares. Sin embargo, la experiencia más trascendente para Madero sería el espiritismo (“no cabe duda que de que la transformación que he sufrido la debo a la mediumnidad)”.

El amor por las cuestiones de espíritu le devinieron en parte por la difundida moda que había en Europa sobre el contacto con los muertos. Según Madero, en su calidad de médium escribiente, logró contactarse con familiares muertos y también con ilustres mexicanos como el general Mariano Escobedo y el mismísimo Benito Juárez.

Madero era vegetariano, abstemio, espiritista, homeópata, zahorista y empresario. A pesar de ser un hombre adinerado, el hombre adoptó la pobreza francisca como forma de vida. Según él la mejor forma de ayudar al prójimo era a través de la política. Utilizó la moralidad cristiana para atender problemas sociales. Sus detractores simplemente lo tildaron de “loco”.

En la Ciudad de México, Madero despachó con un gabinete variopinto, pero a final de cuentas poco eficiente. Ocupó el Castillo de Chapultepec desde que fue electo presidente, pero su verdadera casa estuvo ubicada en la colonia Juárez, justo la esquina en la que convergen las calles de Berlín y Liverpool.

La residencia de estilo Reina Ana, de dos pisos, destacó por su cúpula y el balcón donde Madero celebró la victoria en en las urnas. Aún se conservan fotografías del líder antirreeleccionista festejando con la multitud.

La alegría de la casa acabó con la caída de Madero. En los días previos al asesinato del líder, en la llamada Decena Trágica, un grupo de personas llegó a la casa perteneciente a la familia Madero y le prendió fuego. La casa quedó con los vidrios rotos, el incendio acabó con los muebles y las decoraciones de madera.

La esposa de Madero y personas cercanas a la familia fueron acogidas por la Embajada de Japón, que se encontraba cerca. En algún momento, los militares huertitas amenazaron también con quemar la residencia diplomática.  

Madero y su esposa, Sara Pérez, no tuvieron hijos. En el sitio que ocupó su casa hay un edificio construido desde los años cuarenta, con una placa que dice: “En este sitio estuvo la casa del presidente Francisco I. Madero incendiada en días de la decena trágica de 1913”.

Actualmente la construcción es ocupada por un grupo masónico llamado Caballeros de la Orden de Malta.

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Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

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