Leyendo:
La Barranca del Muerto y el vampiro

Sobre todo cuesta creer que en este sitio al sur de la Ciudad de México hubo una barranca, historias de muertos como quiera abundan. El relato del nombre de este lugar se remonta a los agitados días de la Revolución, pero más que la historia, quedarán entre nosotros las almas en pena que aún espantan a los pasajeros del Metro que se quedan dormidos

Twitter: @ignaciodealba 

La historia de Barranca Muerto se construye leyenda sobre leyenda, desde heroicas batallas que parecen nunca haber sucedido hasta fantasmas y vampiros que acechan sedientos a los pasajeros del Metro. De cualquier modo la historia del lugar empieza con una barranca que alguna vez existió.

La barranca se formó por la actividad del volcán del Xitle, la tierra quedó estriada; pero se terminó de erosionar por el paso de un río que bajaba desde el Desierto de los Leones y que desembocaba en el lago de Texcoco. 

El paisajista mexicano José María Velasco retrató en su pintura “Barranca del Muerto”, el lugar. Sobre el óleo quedó retratada la quebrada y un puente de madera provisto para el paso de carretas y caballos. En el fondo se aprecian cuatro sosegados árboles entre caminos de tierra, la vegetación típica del Valle de México; con su buen maguey y un cielo luminoso con nubes blancas.

Por desgracia ese cielo tan bonito y primaveral se acabó en el Valle de México, la barranca se convirtió en una calle y la pintura de Velasco está en la colección privada de un ricachón.

Si usted acude a la calle Barranca del Muerto no se lo creería, paraderos de autobuses, estación de Metro, puestos de tacos de tripa, tortas “hawaianas” y un desafiante arroyo –vehicular- en el que han muerto despanzurrados ciclistas, viejitos, estudiantes y amas de casa. El sitio es más bien lúgubre, el ícono del Metro no ayuda; dos zopilotes con las pezuñas abiertas (uno se imagina que a punto de arrancarle un cacho al muerto). 

Pero los días en que José María Velasco pintaba serenos paisajes el país vivía el alboroto revolucionario. Y la capital mexicana fue escenario de diversos enfrentamientos.

Después de la huida del traidor Victoriano Huerta del país las facciones revolucionarias quedaron enfrentadas por el poder. Venustiano Carranza gobernó sin consenso entre los líderes de la Revolución, hasta que en la Convención de Aguascalientes se acordó que Eulalio Gutiérrez fuera presidente de la República. Carranza se fue a Veracruz acusando al Congreso de “espurio”.

Mientras el coahuilense se iba, las fuerzas de Emiliano Zapata y Francisco Villa entraron victoriosas a la capital con cerca de 60 mil hombres. Zapata llegó al centro de la ciudad, por la ahora avenida Revolución. Sus hombres pernoctaron en Mixcoac, en las haciendas de la élite porfirista.

Allí sus hombres saquearon casonas y robaron animales, el caudillo del sur se quejaría que los caballos de los hacendados estaban mejor alimentados que los campesinos de Morelos.

Los hombres de Zapata, vestidos con huarache, sombrero y calzón de manta se enfrentaron a algunos hacendados. Los muertos por los enfrentamientos fueron arrojados a una pequeña cañada cercana al lugar, con el tiempo la gente la nombraría Barranca del Muerto. 

Desde entonces una serie de leyendas se han formado en el sitio, las almas en pena de los muertos tirados a la barranca se dedican a espantar a la gente, obviamente en la noche.

Versiones más modernas aseguran, también, que los pasajeros del Metro que se quedan dormidos en la estación Barranca del Muerto son mordidos por un vampiro; en distintos lugares advierten “no se quede dormido en el Metro”.

Varios entusiastas del Conde Drácula han hecho “investigaciones” y recorridos video-grabados en busca del vampiro, la información que uno encuentra en internet carece de sustento, pero es variadísima y a veces entretenida. En cambio la oferta historiográfica sobre Barranca del Muerto es paupérrima y aburrida.

Entregas anteriores:

La estatua de Miguel Alemán que fue dinamitada en la UNAM

El árbol muerto de la noche triste

Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

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