Hablar de Tauromaquia, desde la razón y no desde la ideología

10 octubre, 2026

Las prohibiciones a la tauromaquia en México han sido impulsadas por gobiernos y legisladores de todos los partidos, mientras la afición y las raíces del toreo, defienden algunos, pertenecen históricamente al pueblo. Defenderla exige razonar, no ideologizar; hablar claro sobre la sangre y el sacrificio; y recuperar la batalla mediática perdida

Por José Saborit Santa*

Al defender la Tauromaquia en lugar de desmontar las motivaciones prohibicionistas, por momentos, se tiene la tentación de solo señalar al partido en el poder y no entender la realidad social del país, se ve al partido mayoritario como su «enemigo natural» por ser de izquierda, ignorando que partidos conservadores en México han aplicado las mismas restricciones locales. 

También suele pasar que parte del sector taurino copia la narrativa de España, donde la Tauromaquia polariza radicalmente y se ha convertido en una trinchera identitaria (desde aquel punto de inflexión en Cataluña en 2011). En México, en cambio, la discusión ha girado estrictamente en torno al bienestar animal, la prohibición de la Tauromaquia, excepto para el PVEM, no forma parte de la agenda central de los partidos políticos. En México, un político de izquierda puede ser tan profundamente taurino como uno de derecha y viceversa.

Las prohibiciones taurinas en México no dependen de un solo grupo parlamentario. Datos históricos demuestran que legisladores y gobiernos del PAN y del PRI han votado para prohibir la Tauromaquia en estados como Sonora, Quintana Roo, Guerrero y Coahuila. El ejemplo más reciente ocurrió en el Congreso de la CDMX en 2025, donde bloques de oposición votaron (100%) por la prohibición encubierta y participaron activamente desde comisiones antes de que se aprobara la reforma de las corridas sin sangre. 

En este año, 2026, en el Estado de México -gobernado por Morena- se expidió la nueva Ley de Protección, Cuidado, y Bienestar Animal, en la cual la tauromaquia quedó explícitamente exceptuada. Asimismo, recientemente los legisladores federales (con mayoría del partido en el poder en el Senado) y el Gobierno Federal reconocieron implícitamente el valor cultural de la Tauromaquia en México a través de la Ley General de Bienestar Animal.

El toreo es un patrimonio cultural del pueblo. La afición y las raíces del toreo pertenecen históricamente al tejido popular sin distinción ideológica. Durante la Segunda República Española, por ejemplo, la Tauromaquia gozaba de enorme popularidad y arraigo en las clases obreras.

Históricamente, figuras vinculadas al progresismo como Picasso, García Lorca, García Márquez, Lázaro Cárdenas, Tierno Galván, Hemingway, Serrat, Óscar Chávez, Botero o Gironella, han expresado abiertamente su afición por el toreo.

Las narrativas en torno a la Tauromaquia 

Durante los últimos años, se ha construido una narrativa falsa de la Tauromaquia, banalizada por los grupos prohibicionistas que quieren imponer su moral. Para ello han utilizado los medios de comunicación y las redes sociales como su mayor arma, mientras el sector taurino no le ha dado la debida importancia al tema mediático.

Para consolidar esta defensa, el sector taurino debe dejar a un lado fobias y filias políticas y, sobre todo, corregir la estrategia mediática. Es momento de abandonar la simulación o el encubrimiento y entrarle al tema de frente.

Al refugiarse en el silencio y mensajes fuera de contexto, se ha permitido que avance el desconocimiento y dolo antitaurino. Se debe abordar el tema del sacrificio y la sangre con total transparencia.

El sacrificio regulado en público no es una apología del daño, sino la escenificación de una realidad biológica. Bajo ninguna definición jurídica la Tauromaquia es maltrato animal. 

Legalmente, el maltrato implica saña irracional o crueldad injustificada. En la lidia, la conducta humana está normada; no hay arbitrariedad. El aficionado no goza con la sangre; admira un acto estético y ético donde se valora la bravura del toro y la pericia humana frente a la muerte.

La Tauromaquia es víctima de un discurso de odio y es resistencia cultural frente a la globalización. La falsa progresía con complejos de superioridad pretende ‘civilizar’ mediante la censura. 

Que se hable de Tauromaquia sin miedo, con la razón y no con ideologías políticas.

*El autor de esta columna es licenciado en Ciencias de la Comunicación y Matador de Toros.

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