En la guerra contra los plásticos, la CDMX lanza su segundo asalto

21 diciembre, 2020

Primero fue la prohibición de las bolsas de plástico en la capital del país, ahora la Secretaria de Medio Ambiente se pone al frente de una segunda batalla: contra los cubiertos de plástico, vasos, charolas y otros productos…

Texto: Eugenio Fernández Vázquez

La Ciudad de México se ha puesto a la vanguardia en una guerra que la humanidad entera tenía que haber peleado hace mucho tiempo y que por fin se está librando: la guerra contra los plásticos. En la primera gran batalla mexicana de esta guerra todas las fuerzas se han concentrado en contra de los plásticos de un solo uso, y el primer asalto lo ganó la humanidad —con la Secretaría de Medio Ambiente chilanga al frente— al eliminar las bolsas de plástico de supermercados y otros productos. En unos días empezará el segundo salto, el que prohíbe la comercialización de cubiertos de plástico, vasos, charolas y otros similares. Es una guerra en la que no podemos cejar: el futuro de todos está en juego.

Los plásticos de un solo uso son una de esas cosas que habría que desinventar. Se trata de productos que no se degradan naturalmente, de forma que lo que llega a la naturaleza permanecerá ahí por cientos o miles de años. Una alternativa sería reciclar esos plásticos, pero no siempre es posible y la capacidad de la humanidad para hacerlo es muy reducida. De hecho, según un reporte del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, apenas el nueve por ciento de los plásticos de un solo uso producidos han sido reciclados, y hay que pensar que cada año se tiran al mar por lo menos ocho millones de toneladas de plásticos.

El reporte de la ONU presentó algunos de los datos disponibles sobre los costos de lidiar con los desechos plásticos y son verdaderamente escandalosos. En Asia, según el informe, “los desechos plásticos por sí solo les cuestan a sus industrias de turismo, pesca y transporte 1 300 millones de dólares anualmente”, y limpiar los plásticos en las costas europeas cuesta 630 millones de euros al año. Las fuentes que cita el estudio calculan que los daños totales causados por el plástico a los mares del mundo rondan los trece mil millones (un trece con nueve ceros a la derecha) de dólares cada año.

Estos costos, claro, no incluyen los daños incalculables que se hacen a la naturaleza. Se han encontrado tapitas de refrescos y cubiertos desechables en las islas más remotas del mundo —en una isla casi desierta en el océano Índico aparecieron 414 millones de productos plásticos que habían llegado de cualquier otra parte—, y los plásticos afectan a la vida marina no solamente porque entorpecen su navegar, sino porque también liberan tóxicos que los afectan. En tierra, además de ocupar una ingente cantidad de espacio, hacen que nuestros ríos, arroyos, lagos y presas sean todavía más difíciles de recuperar, se obstruyan con más facilidad y sean menos hospitalarios para la vida que quiere volver a ellos.

Cuando se estableció la prohibición de las bolsas de plástico, el año pasado, muchos industriales pusieron el grito en el cielo y hubo agoreros de todos los sectores que juraron que iba a provocarse un colapso económico, que no se los iba a poder sustituir, que la regulación iba a provocar un desastre. No solamente no ocurrió ninguna catástrofe, sino que han empezado a surgir nuevas empresas para lidiar con la nueva demanda por productos duraderos o, por lo menos, compostables, y las bolsas de plástico van desapareciendo poco a poco del paisaje chilango.

Ahora los chilangos daremos un paso más en la buena dirección. Ojalá la Federación y las demás entidades federativas se sumaran a este esfuerzo, que no solamente tiene enormes beneficios ambientales, sino que también puede servir para reactivar desde abajo una economía que se ha concentrado mucho en los de arriba. Muchos productos agrícolas, por ejemplo, tienen un enorme potencial para servir de materia prima a los nuevos materiales desechables. Hace falta desarrollar capacidades empresariales y técnicas, tecnologías nuevas, abrir canales de distribución para todos ellos.

No podemos sino ganar en esta empresa. Es buena hora de que todos en el país nos sumemos a ella.

Consultor ambiental en el Centro de Especialistas y Gestión Ambiental.

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