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El valor para buscar a Yiyo

Texto: Rodrigo Caballero. Fotos: Heriberto Paredes

Pasaron seis años para que Rosario se animara a denunciar públicamente la desaparición de su hijo, ocurrida en 2012. El paso de la Caravana de Búsqueda le infundió valor. La región costera entre Lázaro Cárdenas y Zihuatanejo vive silenciada por la violencia

LÁZARO CARDENAS, Michoacán.- Afortunadamente cuando creció, la cabeza de Oved se equilibró con el tamaño de sus orejas, porque si no, lo seguirían llamando “Topoyiyo”, el apodo que le puso su familia cuando era apenas un bebé.

Hace mucho que no lo llaman “Topoyiyo”, ahora lo recuerdan solamente como “Yiyo”, el joven de 24 años, delgado y de piel acaramelada, ojos cafés almendrados, boca chica, pelo lacio y nariz afilada que un día salió a trabajar en su taxi y nunca volvió.

Oved Silva Rosas salió de su casa una noche de 2012 en el municipio de Zihuatanejo, Guerrero, donde llevaba dos meses trabajando como taxista para mantener a su esposa y a su hija, quienes viven en Lázaro Cárdenas, a una hora y fracción de distancia. Ambos puertos comparten el mismo problema: son una ruta de trasiego que ha sido tomada por el crimen organizado.

Aquella noche, tres mujeres vestidas para ir de fiesta le hicieron la parada y le pidieron un servicio desde el centro de Zihuatanejo hasta la Zona Rosa; al menos eso fue lo último que reportó a la base de taxis, según pudieron saber sus familiares luego de investigar por su cuenta su desaparición.

Oved subió a las mujeres a su taxi y eso fue todo; no volvió a aparecer ni “Yiyo” ni las tres chicas, ni el carro. Se esfumaron por la noche sin que se sepa quién los desapareció, ni cómo, ni cuándo, ni dónde ocurrieron los hechos.

Pero su familia nunca denunció formalmente su desaparición, ya que apenas unos días después de que empezaron a buscarlo les llegó un mensaje de texto: “dejen de buscarlo” y “ya bájenle” fueron los primeros. Al final, alguien echó un papelito por debajo de la puerta de su casa: “si le siguen rascando, vamos a levantar a todos sus hijos”. La familia decidió callarse.

Hasta ahora, solamente el 16 de diciembre –día de su cumpleaños– lo recuerdan. “Te extrañamos” escriben su muro de Facebook, el único sitio en el que pueden vivir su duelo sin temor a represalias en su contra.

Caravana que rompe el silencio

Sin embargo, con la llegada de la Caravana Internacional de Búsqueda en Vida de Personas Desaparecidas, al municipio de Lázaro Cárdenas, Rosario Rosas Arroyo, madre de Yiyo, decidió romper el silencio en torno a la desaparición de su hijo.

“Yo soy voluntaria de la iglesia, sabía que iban a llegar (la caravana) y creo que lo mejor es que ahora se sepa, que sepan que perdí a mi hijo, que se lo llevaron y que por eso entiendo por el dolor que pasan las madres del país, de mi estado”, dijo Rosario en entrevista.

El caso de Oved es una más de las 300 desapariciones que se registraron en Michoacán, según el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Michoacán (Cofaddem). Más aún, al no haber sido denunciado, permanece entre las cifras negras, esas que nunca llega a las estadísticas oficiales, ni reconocen las autoridades estatales.

Ya pasaron seis años desde la desaparición de su hijo, pero a Rosario Rosas todavía no se le quita el miedo. Sin embargo, las madres que viajan en la caravana le ayudaron a reconocer que ella es una víctima más de este delito.

Municipio asolado

En 2012, 2013 y 2014 la violencia azotó el municipio de Lázaro Cárdenas y los municipios colindantes de Guerrero. Pero allí nunca llegaron los grupos de autodefensa. La zona nunca conoció el movimiento de 2013, encabezado por personajes como Hipólito Mora Chávez y José Manuel Mireles, el cual liberó a otras regiones de la violencia y el control del crimen organizado.

Ahora Lázaro Cárdenas se pelea con Morelia, Zamora y Apatzingán el primer lugar por sus altas tasas de homicidios por cada 100 mil habitantes, el puerto enfrenta la violencia y el caso de Oved es uno de los pocos que salen a la luz, no por la confianza en las autoridades sino por la llegada de la Caravana.

“La verdad es que este movimiento me generó un poco de confianza que no tenía antes, es necesario ponernos a difundir lo que pasa, como ellos dicen hay muchos casos y solamente animándonos a denunciarlos, a hacerlos públicos, tendremos una arma para acabar con ellos”, aseguró Rosario Rosas.


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