Tres empleados de Sanborns llevan dos meses desaparecidos

2 febrero, 2020

En un sitio concurrido, “frente a medio mundo”, tres empleados del Sanborns del Parque Lindavista desaparecieron después de salir de trabajar. Desde hace dos meses no hay rastro de ellos. Sus familiares exigen a las autoridades acelerar las investigaciones

Texto: José Ignacio De Alba

Fotos: María Ruiz

Ángel Gerardo Ramírez Chaufón quería estudiar Turismo en el Instituto Politécnico Nacional. En febrero de 2019, presentó su examen de admisión, pero fue rechazado, como miles de jóvenes que son rechazados de universidades públicas. El joven, de 20 años, decidido no perder el tiempo y consiguió un trabajo de mesero en Sanborns. Para sobreponerse al sueldo de 3 mil 80 pesos al mes, doblaba turno y conseguía horas extra. Quería ahorrar para pagarse un curso que lo preparara para pasar el examen.

Pero Ángel sólo tuvo ese empleo cinco meses. Luego desapareció. La noche del 29 de noviembre de 2019, el chico no llegó a su casa y su teléfono dejó de recibir llamadas.

Sus familiares lo esperaron hasta muy tarde, aunque la salida de su trabajo era a las 6:30 de la tarde. Ese día, nadie de su casa consiguió dormir. El padre de Ángel tuvo un sueño extraño, donde su hijo se despedía para emprender un viaje.

El señor Gerardo Ramírez busca a su hijo Ángel Ramírez. Desapareció junto a Jesús Reyes saliendo del trabajo en la colonia Lindavista. Ángel trabaja en Sanborns para poder pagar un curso que le permita prepararse y aplicar a la universidad. / Foto: María Ruiz

El 30 de noviembre, la familia denunció la desaparición. En el ministerio púbico, los agentes les dijeron que probablemente Ángel se había ido como una muchacha o que se había escapado a Acapulco.

“Pero yo sé cómo es mi familia”, asegura Gerardo Ramírez, su padre.

Sus familiares lo buscaron en hospitales; luego fueron al Sanborns donde trabajaba, en el centro comercial Parque Lindavista, para preguntar si tenían más información. Ahí se enteraron que ese mismo día desaparecieron otros dos empleados: Jesús Armando Reyes Escobar, de 30 años, y Leonel Báez Martínez, de 35.

Dos meses después, sin rastro de ninguno de los trabajadores, Gerardo se pregunta: “¿Cómo puede ser que en un lugar que hay tanta gente puedan desaparecer tres jóvenes?”.

Paula Reyes, hermana de Jesús Reyes, cuenta que a su hermano le gusta hacer ejercicio, gracias a él ella empezó a ir al gimnasio. / Foto: María Ruiz

De “las cámaras viejitas”

Dos meses después, no hay rastro de ellos. La hipótesis de las familias es que los empleados salieron de trabajar y coincidieron entre las calles Rio Bamba, donde está la plaza comercial, y Montevideo. Luego desaparecieron.

En la esquina donde posiblemente fueron vistos por última vez los tres trabajadores hay una cámara del C5, perteneciente a la Secretaría de Seguridad Pública.

Es un cruce transitado. Varios comercios y restaurantes tienen vista al lugar. De hecho, la estación de Metrobús Rio Bamba está a unos pasos.

Pero a pesar de que la concurrencia no hay un solo testigo sobre lo que pasó. “Es como si se los hubiera tragado la tierra”, dice Gerardo Ramírez, quien carga un montón de fotografías de su hijo.

Las autoridades ofrecieron a los familiares las grabaciones de vigilancia de la cámara. Pero la grabación es demasiado oscura como para obtener información relevante.

La explicación de los agentes es de antología: “es que es de las cámaras viejitas”.

Jesús Reyes y su hija Paula han caminado por la Villa, por Tacubaya, hasta Indios Verdes buscando a Jesús Armando. La familia imprimió mil volantes de búsqueda con los datos y el rostro del trabajador. Ya pegaron todos. / Foto: María Ruiz

La búsqueda

El padre de Ángel asegura los desaparecieron “frente a todo el mundo”. Por ahora las familias no descartan ninguna hipótesis, incluso que la propia policía de la ciudad esté involucrada en la desaparición.

Las familias han comenzado una intensa campaña por redes sociales para buscar a sus seres queridos. Abrieron una página en Facebook para recabar información

Incluso se han ocupado en mejorar las fichas de desaparecidos que distribuye la fiscalía de la Ciudad de México: las fotografías que distribuye el gobierno son en blanco y negro, así que los familiares las intercambian por retratos a color donde Ángel, Jesús y Leonel son más reconocibles.

Gerardo Ramírez dedica sus días a pegar la fotografía de su hijo por varias colonias de la ciudad.

“Parece que es muy fácil que te desaparezcan en la Ciudad de México”, lamenta.

La esquina de Río Bamba y Montevideo, colonia Lindavista, es el último punto en el que habrían sido vistos los tres trabajadores del Sanborns de Parque Lidanvista, alrededor de las nueve de la noche. / Foto: María Ruiz

La guerra en la ciudad

En los últimos años la Ciudad de México se convirtió en una zona de guerra entre grupos delictivos encabezados por la Unión de Tepito y la llamada Contra Unión.

La propia policía capitalina ha estado involucrada en varios hechos de violencia, incluyendo desapariciones forzadas.

Según la organización Litigio Estratégico de Derechos Humanos (IDHEAS) en la capital del país hay 779 casos de desaparición. Aunque las cifras sólo cuentan del año 2008 al 2018, dejando fuera 2019, el año más violento para la Ciudad de México en los últimos 20 años.


Las fichas de desaparición en blanco y negro de la fiscalía pierden detalles y es difícil que las personas volteen a verlos. Por ello, los familiares de Ángel, Jesús y Leonel, diseñaron sus propias versiones a color. Cargan con cuatro distintos tipos de fotovolantes para pegar en la ciudad. / Foto: María Ruiz

¿Y Sanborns?

La empresa, perteneciente al Grupo Carso, de Carlos Slim, no ha dado ninguna información oficial sobre sus trabajadores desaparecidos.

Cuestionada al respecto, la gerente del lugar dice que Ángel, Jesús y Leonel eran buenos empleados, pero no acepta más preguntas y asegura que es el área jurídica de la empresa la que se encarga de dar seguimiento a la investigación que realizan las autoridades capitalinas.

Sanborns ha dicho a los familiares que a los tres les devolverán sus empleos cuando regresen de su desaparición.

Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

Foránea siempre, lo suyo es lo audiovisual y el periodismo es la vía por donde conoce y cuestiona al mundo.

Relacionado