Constelaciones, palabras y fotografía

1 abril, 2020

De la difícil comunión entre las narrativas fotográficas y escritas para dar cuenta de las luchas por la defensa de la vida de los abajos. Una reflexión a un año del primer Microfilme Postal

Twitter: @Dal_air

“Todas las fotografías son ambiguas”, dice John Berger, “todas han sido arrancadas de una continuidad”. La frase forma parte de uno de los libros que escribió con el fotógrafo Jean Mohr: Otra manera de contar.

Justo en esa ambigüedad recae la necedad de crear Microfilme Postal. En la necesidad de entender esa continuidad en el momento en que vivimos.

El envío de una postal con microfilme se publicó por primera vez un 3 de abril hace un año en Pie de Página. Estos ensayos periodísticos comenzaron con la invitación de Daniela Pastrana a la recién inaugurada barra de opinión. La chispa avivó un propósito: narrar reflexiones a partir de la fotografía documental y desde el lugar en donde atestigüé lo vivido.

Esas fotografías documentales, descartadas por la premura de mostrar —característica del fotoperiodismo—, forman una estela que propone una continuidad distinta a la que formalmente publican los medios tradicionales, corporativos, hegemónicos.

A un año de su primer envío, el Microfilme Postal es un intento de crear constelaciones entre fotografía y palabras, ejercicios de ensayos periodísticos para la memoria, apuestas por compartir la estela entre ambas imágenes: las captadas y las narradas.

Berger escribió en Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos, un apartado titulado <Una vez en un cuento>:

“Los primeros que inventaron, que dieron un nombre a las constelaciones, eran contadores de cuentos. Al trazar una línea imaginaria entre ellas, les confirieron una imagen, una identidad”.

Al leerlo es inevitable pensar en lo que escribió Walter Benjamin: las ideas son a las cosas lo que las constelaciones a las estrellas.

“Las ideas son constelaciones eternas, y al captarse los elementos como puntos de tales constelaciones los fenómenos son al tiempo divididos y salvados”, dice en El origen del Trauerspies Alemán.

El envío del Microfilme Postal busca provocar en quien lo recibe la intuición del atestiguar, que posibilita cuestionar y desdoblar la concepción de la Historia (con H mayúscula), al mostrar lo que hay entre imágenes y ambientes. Propone un relato que, por mostrarlo en constelación, agrieta la imposición o unificación de [coloque aquí] la Globalización, el Estado Nación, la Historia, la verdad única, etcétera.

Intento explicar en 3 postales de microfilmes:

1. La combinación

Formación para despedir a Marichuy del Caracol de la Garrucha.

Al combinar fotografía y texto, busco apelar a la discontinuidad de la fotografía con imágenes creadas a través de narraciones, para que el instante fotográfico deje de parecer un instante inconexo. Berger asegura: “en cuanto una fotografía es utilizada con palabras, juntas producen un efecto de certeza”.

Aventuro una reflexión sobre el círculo virtuoso que esta combinación puede provocar: la fotografía cobra significación por las palabras y las palabras recuperan autenticidad por la irrefutabilidad de la fotografía.

Innegablemente, este círculo ha sido sobreexplotado por la comunicación mercantilista, la publicidad, la propaganda. A pesar de ello, funciona para pensar también en modos de cambiar las narraciones.

2. La intimidad

Guardiana del río Metlapanapa.

La intimidad de la fotografía puede lograr la apropiación de los relatos en rebelión contra la Historia que tiene el monopolio del tiempo.

Son narraciones desde la comunidad para la comunidad. A ras de Tierra. Que tienen como guía la dignidad de quienes muestra; el compromiso de reflejar lo que viven, lo que puede perdurar.

Como sucedía con los microfilmes o con los negativos fotográficos, ahora hay un archivo de resguardo de una memoria que no tiene registro arriba.

Al analizar la fotografía de inicios del siglo XX, Walter Benjamín reflexionó que las distinciones estéticas de la fotografía quedan desplazadas a las funciones sociales, cuando “no hay obra de arte a la que se mire tan de cerca como a una fotografía de uno mismo, de los parientes, y amigos, de la novia de uno”.

Por eso, las fotografías pueden ser llevadas más lejos; por eso pueden llegar a ser tan poderosas en plataformas como instagram.

3. Qué fotografiar / escribir, desde dónde

Rebeca Monroy asegura que la fotografía documental sirvió de evidencia, como prueba palpable, de las luchas sociales que los medios en México se negaban a presentar entre los años 60 a 90. Ella hace referencia en su libro Con el deseo en la piel a la responsabilidad con la verdad de lo visto. El modo de hacer fotografía documental te coloca en cualquier cobertura de acuerdo al interés de lo que miras, sin la premura de la nota que busca el fotoperiodismo.

Es en esta década que el fotoperiodismo logra colocarse como sustento claro de la noticia. Rebeca Monroy reflexiona sobre la relación entre el arte y la fotografía que vivió una generación de fotorperiodistas entre los 70 y 80 del siglo pasado:

“Nuestra formación autodidacta contribuyó a definir la fotografía como un lenguaje plástico estético, pero no artístico. Es decir, no queríamos ser artistas de galería pero sí deseábamos que nuestras imágenes llegaran a un mayor público posible, mediante el manejo estético”, apuntó la investigadora.

Berger escribió que quien hace fotografía elige el instante que retrata. Yo le agregaría que también elige la posición en la que está. Y coincido con él en que esto se ejerce desde los elementos culturales propios.

Y ahí está el verdadero reto planteado cada catorcena desde hace un año: encontrar mi propia voz para una columna de opinión desde esas constelaciones.

Botas llenas de Tierra. Tejedora de relatos. Narro sublevaciones, grietas, sanaciones, Pueblos. #CaminamosPreguntando De oficio, periodista. Maestra en Comunicación y cambio social. #Edición #Crónica #Foto #Investigación