Que la jefa de Gobierno nos dé luz verde y reconstruimos: locatarios de La Merced

10 enero, 2020

Aún no se anuncia si el mercado de La Merced podrá rehabilitarse o tendrá que ser demolido, pero sus locatarios y comerciantes regresan a lo que queda de sus puestos a vender. Reparar lo que tienen podría significar tirar más dinero, pero como dicen ellos: si no venden, no comen

Texto y fotos: Arturo Contreras Camero

Hoy se dará a conocer el dictamen de los daños ocasionados por el incendio que afectó a mil 36 locales del mercado de La Merced. Mientras, con la incertidumbre si el mercado será demolido, un centenar de locatarios sus luchan para vender la mercancía que les queda y tener un poco de ganancias entre tanta pérdida.

“Debemos seguir trabajando”, dice Ricardo Puga, quien desde hace más de 30 años atiende el local de frutas de temporada que heredó de sus padres. Detrás de un montículo de mameyes muy bien formados, asegura que todas las personas que están trabajando en lo que queda de sus locales, son los que eran dueños.

“Aquí nadie se va a quedar el puesto de nadie, casi todos teníamos nuestros papeles en regla”, asegura. “Además aquí entre todos nos apoyamos, es difícil que uno quiera afectar a otro. Ya nos conocemos entre todos”.

Él mismo no está ocupando los dos locales que le corresponden, porque están llenos de escombros y láminas quemadas. “No sé por qué no han venido a sacar más escombros”, cuestiona. Mientras, usa el espacio que un colega le prestó y a su vez ese compañero usa un local de dos que tiene un tercer comerciante y amigo.  

“Nos tiene que dar facilidades porque no debe haber un problema. El puesto es de quién lo trabaja, es lo que siempre decimos aquí”. Dice Ricardo con cierta esperanza de que el mercado se pueda recuperar. “Mucha gente aún está a la expectativa. Lo que nosotros queremos es trabajar y que (la jefa de Gobierno) vea que queremos. Nada más que nos dé luz verde y empezamos a reconstruir”.

Atrás de donde está el local donde Ricardo vende frutas, se ven fierros retorcidos y pedazos de concreto derruidos, todos ennegrecidos. Más atrás se alcanza a ver otra parte del mercado destruida. Esa también se incendió, pero en febrero de 2013, y hoy sigue sin ser reparada. “El gobierno quedó que en año y medio les entregaba todo a los locatarios, y mira”. 

Muchos de esos comerciantes siguen en la calle, donde los iban a reubicar temporalmente. “Algunos ya volvieron a entrar (al mercado), los locatarios que estaban entre la puerta 30 y la 22, pero aún les falta regresar a los que estaban de la 22 a la 18”. El incendio del pasado 24 de diciembre consumió los locales de la puerta 17 a la 9.

Durante los primeros días del año, una semana después del incendio, la Secretaría de Desarrollo Económico de la Ciudad censó a los 2 mil 359 comerciantes del mercado minorista más grande de la Ciudad de México. De estos, poco menos de la mitad sufrieron la destrucción del fuego. Desde ese día, la secretaría dijo que daría una ayuda de 2 mil 500 pesos mensuales por dos meses a los dueños y a dos empleados por local. 

Mientras tanto, en el mercado es común ver a grupos de personas que aún limpian escombros, arrancan estructuras viejas y reparan como pueden sus lugares de trabajo. Los menos afectados, pintan los fierros de sus locales y les dan una manita de gato. 

En uno de los locales que ya aparecen reparados, como si en él no hubiera pasado nada está Darío, comerciante de semillas y botanas (dátiles, pistaches, cacahuates, almendras, piñones, y demás).

“Muchos no han empezado a reparar por lo mismo, porque qué tal que nos dicen que no podemos regresar”, asegura. Junto al local que atiende está otro que parece no estar reparado. Los azulejos están ennegrecidos, algunos fierros de la estructura que tenía está trozados y retorcidos y las cortinas con las que se cierra ya no existen. “No pues ese sí lo limpiaron, pero nada más poquito. Estaba peor. Todo estaba negro, ahorita se ve algo debajo de las cenizas”.

Originalmente, los locales del mercado eran algo parecidos a lo que queda después del incendio. Las estructuras de metal y las cortinas, los tapancos y sus bodegas no estaban. Todo eso se fue construyendo poco a poco. El costo de esas adecuaciones varía según cuenta Darío. Hay unas de 30 mil pesos y otras de hasta 100 mil. Además, las estanterías, las vitrinas y las maderas para las mercancías llegan a costar otros 200 mil pesos.

Aunque hay algunos locatarios, como Darío y Ricardo, que como pueden intentan vender algo. Son los menos. Según Darío el mercado no está trabajando ni un 20 por ciento de los comerciantes que solían estar acá. Entre los curiosos que se asoman hay uno que otro cliente leal que se asoma a la zona afectada buscando a su marchante favorito. Sorprendidos por la imagen de destrucción intentan dar con los locales y pasillos que antes ubicaban tan bien. Los que tienen suerte encuentran cartulinas que dicen “Encuéntrenos en…”. Después de leerlo, siguen su camino. 

“Nosotros estamos vendiendo para comer. Si vendimos 2 mil y ahora 300, pues es algo bueno. Vendemos lo que tenemos y lo que podamos. Si estando al 100, cuesta trabajo vender, ahorita pues más”, dice Darío mientras mira al suelo. “Sí estoy un poco deprimido, no por la mercancía, que ya si perdiste 100 o 300 mil, pues ya quedó. Es más bien el sentimiento que creas a tu local, a tu trabajo, eso es lo que extraño. Era mi base”.

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Periodista en constante búsqueda de la mejor manera de contar cada historia y así dar un servicio a la ciudadanía. Analizo bases de datos y hago gráficas; narro vivencias que dan sentido a nuestra realidad.

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