Lagunas que dejarán de existir y se convertirán en una porción más de océano. Familias que deben dejar su casa o su negocio cada cierto tiempo, antes de que el patrimonio sea alcanzado por el mar. Hoteles cuya alberca se encuentra a menos de 20 metros del oleaje, porque la playa se ha reducido cada año. Así es vivir a tiro de piedra de un mar que cada año sube de nivel y devora todo a su paso.
Vivir con temor al mar












