“Le ha metido más dinero a ese vocho de lo que costó. Ya que lo venda”, decía mi madre. Y tenía razón… en parte. Pero frente a la precariedad a la que es sometida la generación de cristal, sabía, por la sonrisita detrás de la pupila castaña de mi hermano, que la extravagancia de mantener ese auto impráctico era un pequeño triunfo…
Vocho robado












