Biden, López Obrador y la crisis climática como coartada

25 enero, 2021

En México y en el mundo hay que estar alertas ante los usos de la crisis climática como excusa para el saqueo. Los políticos de todos los colores deben comprometerse de fondo con la defensa del medio ambiente y dejar de usar ese tema como pretexto para defender sus intereses

Twitter: @eugeniofv

Estados Unidos regresó al consenso global sobre la crisis climática y eso es de celebrarse. Sin embargo, en México y en el mundo también hay que estar alertas ante los usos de ese tema como excusa para el saqueo o como arma arrojadiza, pues lo más probable es que tras ellos no haya un compromiso con el medio ambiente, sino la defensa de los privilegios de unos cuantos y del saqueo como camino al enriquecimiento privado. 

El uso de la crisis climática como arma arrojadiza lo vimos en México hace tres años, cuando Estados Unidos salió del Acuerdo de París, al empezar el gobierno de Donald Trump. En ese entonces se dijo desde la derecha que López Obrador estaría en la misma canasta que el empresario y acosador porque las acciones del gobierno de la 4T contra el calentamiento global eran y son muy tímidas. Con el regreso del vecino del norte al acuerdo de París tras la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca y con el amor que la derecha mexicana le profesa al nuevo presidente, el argumento no tardará en resurgir. Sin embargo, se trata de un argumento equivocado, fundamentalmente por dos razones.

La primera es que el impacto de las acciones de ambos países en la materia es muy distinto. Según datos de la plataforma Climate Watch, que agrupa entre otros a la agencia alemana de cooperación, GiZ, y al Instituto para los Recursos Mundiales, WRI, Estados Unidos aporta en torno al quince por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo, mientras que México aporta apenas uno por ciento. Sin Estados Unidos y otro puñado de grandes emisores —notablemente China, la Unión Europea, India y Rusia— la crisis climática no se puede resolver. En cambio, que México aporte a esta lucha es importante, pero en estos momentos está muy lejos de ser un factor definitorio. 

La otra razón es que la responsabilidad de un país y de otro en la materia es abismalmente distinta. Siempre según Climate Watch, Estados Unidos emite tres veces más gases de efecto invernadero per capita que México, y el desastre climático lo provocó en gran medida su proceso de industrialización, no el mexicano. Además, los impactos que sufrirá cada uno son distintos: la crisis climática es un daño que el Norte global le infligió al resto del mundo, y México en eso es más una víctima que un victimario. Si López Obrador no toma medidas radicales en materia de cambio climático eso no se puede de ninguna manera comparar con las omisiones de la Unión Europea o de Estados Unidos.

Ahora bien, esto no quiere decir que México no deba actuar contra los combustibles fósiles, solamente que el argumento climático es inefectivo. Hasta ahora, además, en México ha servido más como excusa para el saqueo que como motor para la defensa del planeta. Eso es lo que pasó con los gobiernos de Calderón y Peña Nieto, que usaron la crisis climática como pretexto para impulsar una supuesta transición energética que implicó la privatización de la política energética, el despojo de territorios enteros y una derrama ingente sobornos a funcionarios públicos, sin mejorar gran cosa el desempeño ambiental del país. 

Por otra parte, desde el gobierno de López Obrador se defiende el que se renovara la apuesta por los combustibles fósiles afirmando justamente que lo que haga México tendrá poco impacto en materia de cambio climático, olvidando que el petróleo y el gas están entre las principales amenazas a la población y al territorio del país por otro enorme montón de razones. Los costos en salud de la quema de gas y gasolina son terribles —ahí está el daño que todos los días nos hace a los chilangos la termoeléctrica de Tula— y extraer esos productos del subsuelo lleva a devastar manglares —como se está haciendo con la refinería de Dos Bocas— y todos los ecosistemas costeros y marinos, además de que transportarlos implica un alud constante de derrames que nos dejan a todos sin la biodiversidad que necesitamos para sobrevivir y disfrutar la vida.

México debe, por fuerza y con urgencia, abandonar los combustibles fósiles, pero no tanto por el daño que hacen al clima —aunque también por eso—, sino sobre todo por el daño que nos hacen todos los días a los mexicanos. Los políticos de todos los colores deben comprometerse de fondo con la defensa del medio ambiente y dejar de usar el cambio climático como excusa para defender sus intereses. 

Consultor ambiental en el Centro de Especialistas y Gestión Ambiental.

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