Sembrar para sobrevivir la pandemia

25 abril, 2020

Esta iniciativa propone aprovechar el tiempo de cuarentena para iniciar un huerto en casa; la idea busca aliviar el miedo y, de paso, cambiar la forma en que entendemos la vida

Texto: José Ignacio De Alba

Fotos: María Ruiz

En los momentos más críticos de la historia, como en guerras y hambrunas, la humanidad vuelve a los huertos. Nayeli Real propone sembrar ahora, en días en que las autoridades sanitarias recomiendan permanecer las próximas semanas en casa, para evitar la propagación de contagios de covid-19.

Dice que cuidar, proteger y ser testigos de la vida en tiempos de emergencia nos hará cambiar la forma en que entendemos el mundo. Lograr soluciones “pequeñas pero sostenidas”.

Ella forma parte del proyecto cultural Huerto Romita, el primer Huerto Urbano del país y desde hace varios años es un centro de aprendizaje sobre permacultura. Una de sus premisas es trabajar con la naturaleza y no en contra.

El sitio se encuentra en la colonia Roma Norte, de la Ciudad de México. Pero durante la pandemia de la covid-19 ha iniciado cursos en línea sobre agricultura urbana. 

Agua, sol y tierra. E intuición

Para que una planta crezca se necesitan cinco horas de sol al día, tierra y agua. Además, la gente puede sembrar en espacios muy pequeños, una maceta, un guacal.

“En un metro cuadrado puedes tener hasta nueve variedades al mismo tiempo”, explica Real.

Para eso , sin embargo, se necesita tener conocimiento sobre asociación de cultivos. Ella propone a la gente empezar con variedades que no requieren demasiada ciencia: zanahoria, rábano, betabel, espinaca, acelga, apio, kale y lechuga. 

Nayeli Real es una de las guardianas del Huerto Romita. / Foto: María Ruiz.

La mayor parte del país tiene un clima en el que se pueden germinar vegetales durante todas las estaciones. Es una actividad prácticamente intuitiva, explica Real.

Parte de una idea: Los humanos hemos sembrado durante 10 mil años, “todos tenemos la memoria de la agricultura en nuestros genes”. Aunque también, dice, en los últimos 100 años hemos estados “desvinculados” de la tierra.

Ella llama a esta desvinculación con lo natural “déficit de naturaleza”. Jura que esto provoca depresión y deterioro en la salud, además de un desconocimiento de los procesos biológicos.

“Hay niños que piensan que las zanahorias vienen de las bolsas del supermercado o hay personas que creen que las zanahorias salen en los árboles”. 

Regresar a los ritmos naturales

La industria de alimentos ha convertido los vegetales en meros productos. Las personas puede comer mangos todo el año o comer kiwis hechos en Oceanía. Pero “hay una relación entre los ritmos de la tierra y las estaciones y lo que necesitamos”, sostiene Real.

Por ejemplo, los vegetales que se dan con facilidad en el invierno aportan minerales que nuestro cuerpo necesita en esa temporada: guayabas, uvas, naranjas, brócoli, coles, acelgas y, sobre todo, cosas verdes. En cambio, en la primavera, las frutas como la sandía o el melón aportan nutrientes para hacer frente a la temporada. 

Para ella, dedicarse a un huerto en tiempos de la covid-19 es una oportunidad de repensar la vida y la muerte.

“Ser testigo de la vida es muy impactante, porque al final es misteriosa, y está ahí. Los medios y las redes todo el tiempo nos están bombardeando de miedo de morirnos y que todo se acabe, que a todos nos dé una neumonía y se mueran nuestros abuelos o nuestros papás. Entonces desconectarte un rato, ponerte en contacto con un proceso real y simple que es la vida y tú estar a cargo y al servicio de ella te hace reflexionar sobre el papel que jugamos en todo esto”.

¿Alguna vez te has preguntado de dónde viene tu comida? Sembrar te vuelve más consciente de la relación trabajo, producción y salud. / Foto: María Ruiz.
Comenzar con macetas pequeñas es un buen primer paso para crear tu huerto urbano. / Foto: María Ruiz

Conciencia del esfuerzo

Real asegura que si empezamos a sembrar dentro de nuestras casas, entraríamos en conciencia sobre la gente que produce alimentos y sobre el cuidado del planeta.

“Cuando empiezas a sembrar te das cuenta que desperdicias mucho, te das cuenta la energía que toma producir 300 gramos de jitomate […]. Sembrar hace más sensible el consumo de la comida”. 

Dedicarte al cultivo abre la posibilidad de consumir no sólo lo que ofrecen las grandes cadenas de producción, además de elevar la calidad de los alimentos. Real, explica que por ejemplo, 300 gramos de acelga te da el 100 por ciento de vitamina C que necesitas al día, 27 por ciento de potasio, 30 por ciento de magnesio, vitaminas A, B1, B2, Hierro y Calcio. 

Conectarse con lo vivo

“Cuando conectamos con lo vivo, como una planta, empezamos a sentirnos muy bien. Es como cuando conectamos con el agua o la tierra”.

No sólo tiene un efecto positivo al aprovechar el tiempo, sino que también tu economía puede mejorar y también tu entorno. “Uno deja de tener miedo cuando uno es capaz de alimentarse”.

Alimentarse bien, dormir bien y hacer ejercicio es sano. Pero también “hay un momento en que tienes que volver tu mano a la tierra, agacharte para agarrar una maceta o remover la tierra, esto te va a obligar que tu cuerpo esté activo. Y vas crear endorfinas te guste o no, después al buscar sol y eso hará adquirir vitamina D que ayuda a mantener tu sistema inmunológico sano, te da alegría”.

Durante la cuarentena han reducido los días en los que asisten a regar las plantas del huerto Romita. / Foto: María Ruiz

Lo importante no es el virus, sino lo que nos muestra

–¿Qué explicación le das tú a la covid-19? 

-Cuando en el huerto hay una plaga, es un indicador. Entonces lo que la gente hace es matarla, sin prestar detalle a lo que nos está mostrando. Yo creo que el virus está acompañando la enfermedad. El virus nos está permitiendo observar lo que no funcionaba y que creíamos que funcionaba. Este apunte de pandemia atravesó un sistema que no va a favor de los seres humanos. 

Real sostiene que lo importante no es el virus, sino lo que nos está mostrando. “Estamos sosteniendo un sistema que no funciona, porque no se preocupa por nuestra salud, de lo que le pasa a las personas a nuestro alrededor”.

Luego, relata que durante la peste negra la gente se flagelaba en las calles para expiar sus culpas, la gente dejaba escurriendo las calles de sangre, pero nadie observaba que las pulgas que producían la peste perseguían esos charcos y la enfermedad se propagaba más. “Quizá este modelo esté provocando lo mismo, lo que nos muestra el virus es que no vamos por el camino correcto”. 

Real cree que la crisis ocasionada por la pandemia de la covid-19 está siendo utilizada por los gobiernos “para reforzar las lógicas de poder.

«Personalmente creo que la posibilidad de elegir nuestras formas de consumo y nuestra forma de vida nos podemos acercar a una auténtica desobediencia”, dice.

Por eso, hace un llamado a pensarnos “como comunidades de transición, para ensayar modelos para otras generaciones. Porque los verdaderos cambios ni siquiera nosotros los vamos a empezar a ver”.

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Página de Facebook del Huerto Romita

Cronista interesado en la historia y autor de la columna Cartohistoria que se publica en Pie de Página, medio del que es reportero fundador. Desde 2014 ha recorrido el país para contar historias de desigualdad, despojo y sobre víctimas de la violencia derivada del conflicto armado interno. Integrante de los equipos ganadores del Premio Nacional Rostros de la Discriminación (2016); Premio Gabriel García Márquez (2017); y el Premio Nacional de Periodismo (2019).