Sabine Ulibarrí

8 noviembre, 2026

Sabine Ulibarrí fue un escritor nuevomexicano que retrata en sus cuentos, desde el costumbrismo, la vida rural de Nuevo México en el siglo XX. En sus narraciones hay gente que hablaba español y muchos de los cuales tenían sus raíces, su historia, aún cimentada al interior de una identidad mexicana

Por Évolet Aceves / X: @EvoletAceves

Sabine Ulibarrí (1919-2003) fue un escritor nuevomexicano, conocido principalmente por escribir cuentos, aunque también publicó poesía. Recientemente leí su libro Mi abuela fumaba puros y otros cuentos de Tierra Amarilla (Quinto Sol, 1977), en esta editorial de autores chicanos ubicada en Berkeley, California. Aunque él siempre se consideró nuevomexicano, nunca chicano.

De inicio me pareció curioso el que fuera un libro bilingüe, el lado izquierdo de las páginas están escritas en español; el lado derecho en inglés. Sus cuentos son costumbristas, hablan de la ruralidad de una zona alejada de la ciudad, con muy pocos habitantes y personajes que son un retrato de la cotidianeidad de aquella región.

En una entrevista a Ulibarrí realizada por María Duke dos Santos, él al hablar sobre sus ancestros recuerda el nombre de dos hombres: Juan de Ulibarrí (de quien supo por du diario escrito en 1706), un capitán enviado desde Santa Fe a Kansas, de quien no sabe exactamente si es o no su antecesor, pero lo asocia por el apellido. Por otro lado, menciona a otro Juan de Ulibarrí, también otro capitán, quien sirvió al entonces gobierno de Nuevo México en el siglo XIX. 

Lo que me llama la atención es que al mencionar a sus antepasados habla sólo de dos hombres cuyas ocupaciones estaban ligadas al gobierno, y que ambos ocuparon el puesto de capitanes, como entrelíneas resaltando el heroísmo que le precedió.

Otro asunto que llama mi atención es que, pese a que en el documental Colores! A Mi Raza: The Writings of Sabine Ulibarrí, sobre la vida del autor,  él menciona en repetidas ocasiones que viene de una familia de bajos recursos; sin embargo, en la entrevista realizada por dos Santos, también da testimonio de cómo su familia en la región de Las Nutrias, cerca de Tierra Amarilla, compraron 14 mil acres (más de 5 mil 600 hectáreas) a lo largo del Río de Las Nutrias, donde establecieron sus haciendas, incluida una buena parte de la montaña en Tierra Amarilla. 

Asimismo, habla de un criadero de animales de granja, incluidos los caballos, los cuales eran vendidos por su padre al ejército estadounidense, a soldados provenientes de El Paso, quienes elegían a los caballos de un gran rodeo. Todo esto me hace pensar que una familia tan de bajos recursos, como él afirma, realmente no era, porque así como en las ciudades hay pobreza, en el campo y en el desierto también hay familias adineradas, y yo creo que éste era el caso.

Su nombre me parece precioso, es un nombre muy bonito y que jamás había visto en un hombre. Antes de escucharlo pronunciado, yo mencionaba hacia mis adentros Sabine, con la “e” al final. La entrevistadora le pregunta por el origen de su nombre y éste le responde que el nombre de su padre era Sabiniano Reyes Ulibarrí, le aclara que Reyes no es apellido, sino nombre propio —nombre que he llegado a escuchar en Nuevo México con anterioridad, a diferencia de su versión como apellido, como suele ser tan frecuente en México—, a causa de haber nacido el padre un 6 de enero, día de los Reyes Magos, y menciona que cuando los vaqueros de Texas llegaron a Nuevo México no podían pronunciar el nombre completo de su padre, por lo que decidieron mejor llamarle Sabine, aparentemente luego de que en Texas hubiera un río con ese nombre, y ése se volvió el apodo agringado del padre. A su vez, el padre le heredó como nombre propio aquel apodo a su hijo. 

Si bien Sabine es un nombre único, especialmente para un hombre, también creo que hay cierta carga de asimilación en este nombramiento. Me surge la pregunta, ¿por qué se omitió el Sabiniano?, y quizá la respuesta es fácil de comprender: era una época en la que los padres a menudo protegían a sus hijos con múltiples capas que eliminaran todo rasgo de mexicanidad, el nombre, claramente, y como lo hemos visto a lo largo de la historia, era indudablemente uno de esos rasgos, era el nombre con el que serían nombrados toda la vida, y encubrirlo era protegerlo, era darle la posibilidad del progreso del que Ulibarrí, el escritor, tanto habla a lo largo de la entrevista, del capítulo del documental donde fue grabado —en su linaje, en su trayectoria académica, en el impacto de su obra escrita—, y hasta en sus cuentos mismos, aunque sin necesariamente nombrarlo como tal.

Su instrucción académica, menciona en la entrevista, fue en inglés; el español lo aprendió de familia y a través de la lectura, por lo que creció básicamente con ambos idiomas.

Algo que aparece presente incluso en sus cuentos y que menciona en la entrevista, es su inmersión en la academia: “ir a la universidad no fue una decisión abrupta. Creo que fue establecido desde que nací”, y aquí remarco nuevamente este deseo proveniente de su familia —especialmente del padre, de quien tenemos más una idea a partir del testimonio de Ulibarrí— por ver a su hijo Sabine progresar, en Psicoanálisis se le conoce como sujetación a los deseos inconscientes impuestos de los padres sobre los hijos, un término freudiano.

Nuevamente habla del padre para recordar cómo él deseaba ver a su hijo inscrito en la universidad en Georgetown, en Washington, D.C., adonde finalmente asistió.

Sabine enseñó en escuelas públicas, en un pequeño pueblo llamado Ranchitos, cerca de Santa Fe. Luego, ya cuando asistió a la universidad en Georgetown, trabajó como intérprete para el gobierno en las noches. Para entonces la Segunda Guerra Mundial tomó lugar, y en 1942 se enlistó en el ejército a la edad de 22 años, mismo año en que se casó con su esposa, Connie. Refiere en la entrevista cómo, aunque él se esforzó por estar al frente del ejército, no lo dejaron y en vez de ir al frente lo mandaban siempre a la oficina, debido a sus credentials, es decir, por su trayectoria —nuevamente, el orgullo, la acentuación de su progreso.

Menciona que entre sus intereses literarios están el Quijote, Lazarillo de Tormes, El Conde de Montecristo, Edgar Allan Poe, Sor Juana Inés de la Cruz o Gustavo Adolfo Bécquer, los místicos españoles y la novela picaresca. Escribió poesía desde joven y tiempo después comenzó a escribir cuento. En la entrevista llegó a comentar que fue ampliamente conocido y leído en México, sobre todo en poesía, lo cual me sorprendió bastante porque jamás había escuchado ni visto su nombre en México, sino hasta que llegué a Nuevo México.

Como podemos ver en Mi abuela fumaba puros y otros cuentos de Tierra Amarilla, él recurre al costumbrismo rural de Tierra Amarilla, así como también a la historia oral, a las conversaciones y leyendas, rumores y chismes que se hablaban en aquella tierra, de donde sus personajes provienen. Más o menos evidente en algunos cuentos, pero principalmente plausible conforme avanza el libro, las historias orales se vuelven cada vez más palpables, como ejemplo “Mano Fashico”, en donde comienza escribiendo: “Quisiera presentarles a unos amigos de mi juventud que me endulzaron y enriquecieron la vida entonces y que ahora recuerdo con todo cariño”.

Hace uso de un humor que a veces funciona y otras no, también de descripciones que me parecen precisas y agradables para la imaginación, sus personajes, algunos, son memorables, el cuento mejor logrado es el que en su caso lleva el título del libro, “Mi abuela fumaba puros”, pero hay otros cuentos más en esta colección de diez relatos, que resaltan no sólo por los personajes, sino por las experiencias narradas, las narraciones llenas de vivacidad y vitalidad, el valor de la memoria de la tierra que lo vio crecer, rodeado de personajes que de alguna manera él trasladó al papel a su manera. La historia oral cobra un valor fundamental, y si bien es ficción, es una ficción muy ligada a su realidad, como él mismo lo declara, además de que me parece profundamente valioso el rescate de esas voces, de esas narraciones y diálogos que él escribe a lo largo de sus cuentos porque es también de cierta manera el rescate de la vida, un asomo, a las vidas de los nuevomexicanos de la primera mitad del siglo XX, porque aunque el libro fue publicado en esta primera edición en 1977, los cuentos están cimentados en su infancia.

Rescato la importancia de conocer las voces, las experiencias de los habitantes de aquel Nuevo México que tenía poco tiempo relativamente de haber pasado a formar parte del territorio estadounidense, gente que hablaba español y muchos de los cuales tenían sus raíces, su historia, aún cimentada al interior de una identidad mexicana, de un hoy remoto norte de México, pues en la actualidad Nuevo México, que hoy se sitúa entre Arizona y Texas, ya es más bien el sur de los Estados Unidos.

Por último, el valor del bilingüismo, intrínseco a las historias mismas, también me parece una de las cualidades atractivas de este libro. Es curioso que la parte en español tenga tantas erratas, lo cual no necesariamente se lo atribuyo a él, porque sabemos que en un libro hay otros agentes involucrados en el proceso de edición. Erratas ortográficas o incluso en el nombre de personajes, que se lee como un claro error de redacción. Pero son cuestiones que pasan en el mundo editorial, y además es una primera edición donde este tipo de errores suceden. Especialmente en un libro bilingüe, como éste, donde las personas a cargo de la edición no tuvieron el cuidado editorial suficiente.

X: @EvoletAceves

Instagram: @evoletaceves

everaceves5@gmail.com

Évolet Aceves es cuentista, novelista, poetisa, cronista y ensayista. Autora de la novela Tapizado corazón de orquídeas negras (Tusquets, 2023), forma parte de la antología Monstrua (UNAM, 2022). Periodista cultural, fotógrafa con dos exposiciones individuales. Escribe su columna en Pie de Página. Ha vivido y estudiado en Toluca (México), Varsovia (Polonia), Albuquerque (Nuevo México, EEUU) y Nueva York, donde actualmente reside con la beca GSAS otorgada por la Universidad de Nueva York, donde también da clases. Colaboradora en revistas y semanarios: Dominga (Milenio), El Cultural (La Razón), Nexos, Replicante, Este País, entre otros. Su obra ha sido presentada en ferias del libro y universidades de México, Estados Unidos, Polonia y Alemania.