16 mayo, 2026

Mientras la ofensiva israelí continúa devastando Gaza, el acceso al agua potable y al saneamiento se ha convertido en otra forma de violencia contra la población palestina. Un informe de Médicos Sin Fronteras documenta cómo millones de personas sobreviven entre enfermedades, sed, desplazamiento y condiciones incompatibles con la dignidad humana
Texto: Jade Guerrero
Fotografías: Cortesía de Médicos Sin Fronteras
CIUDAD DE MÉXICO.- En Gaza, conseguir agua se ha convertido en una actividad que puede costar la vida. Niñas y niños cargan bidones entre escombros, mujeres esperan durante horas frente a camiones cisterna y familias enteras sobreviven con cantidades mínimas de agua salada o contaminada mientras los sistemas de saneamiento colapsan a su alrededor.
Los datos están sistematizados por Médicos Sin Fronteras en un documento con información médica, entrevistas y trabajo de campo realizado entre 2024 y 2025. En él, la organización sostiene que el acceso al agua, el saneamiento y la higiene se ha convertido en un mecanismo de castigo colectivo contra la población palestina. Lejos de tratarse de daños colaterales de la guerra, la organización concluye que la escasez de agua y el colapso sanitario son consecuencia de políticas y acciones deliberadas de las autoridades israelíes.
La magnitud de la emergencia quedó reflejada en una cifra que la propia organización considera inédita: para marzo de 2026, MSF se convirtió en el mayor productor de agua potable en Gaza después de las autoridades locales. La organización produjo o distribuyó más de 5.3 millones de litros de agua diarios, el equivalente a las necesidades mínimas de más de 407 000 personas, es decir, uno de cada cinco habitantes de la Franja. Tan solo durante marzo distribuyó más de 100 millones de litros de agua, una cantidad que equivaldría a más de 1500 kilómetros de bidones de 20 litros alineados, una distancia similar a la que separa Ciudad de México de Dallas, Texas.
Mientras tanto, más de 2.1 millones de personas continúan enfrentando condiciones que el informe describe como incompatibles con la dignidad humana y la supervivencia. El acceso a agua potable, baños, productos de higiene y sistemas de saneamiento prácticamente ha desaparecido para gran parte de la población.
En los campamentos improvisados donde hoy sobreviven cientos de miles de palestinos desplazados, el agua se convirtió en el centro de la vida cotidiana. Conseguirla implica caminar largas distancias, esperar durante horas y competir con multitudes desesperadas frente a camiones de distribución.
Saber, un paciente de 28 años entrevistado por MSF, recordó cómo, antes de resultar herido por un ataque israelí, acudía diariamente a buscar agua para su familia.
«Cuando no teníamos suficiente agua, beber se volvía la prioridad absoluta. Lo más importante eran mis hijas, porque ellas necesitaban agua. Algunas familias se privan de comida para poder darles agua a sus hijos», relató.
La organización documentó que entre mayo y noviembre de 2025, uno de cada cinco repartos de agua realizados por MSF terminó con personas que seguían esperando con recipientes vacíos en las manos.
El problema no es únicamente la falta de agua, sino las condiciones para acceder a ella. Muchas familias tardan más de media hora en conseguir unos cuantos litros y deben transportarlos en contenedores improvisados bajo temperaturas extremas. Las personas heridas, adultas mayores o con discapacidad enfrentan obstáculos todavía más severos.
En otros casos, el agua simplemente es impagable. Antes de octubre de 2023, llenar un tanque doméstico costaba alrededor de 25 shékels, poco más de 130 pesos mexicanos. Para enero de 2026, el precio había aumentado hasta 150 shékels —casi 800 pesos—, un incremento del 500 por ciento en una población que perdió empleos, ahorros y viviendas.
Ahmed, un hombre de 35 años que perdió la capacidad de trabajar tras resultar herido durante una distribución de agua, explicó que incluso actividades básicas como bañarse o lavar platos se volvieron un lujo.
«No tenemos suficiente agua para bañar a los niños, lavar platos o hacer la lavandería. Nos sentimos frustrados porque necesitamos cubrir nuestras necesidades diarias», declaró.
En el informe también se advierte que el colapso de los sistemas de drenaje y tratamiento de residuos provocó la filtración de desechos humanos hacia fuentes de agua subterránea. Además, toneladas de basura permanecen acumuladas debido a la destrucción de camiones recolectores y la escasez de combustible.
Las consecuencias sanitarias son devastadoras.
MSF registró un aumento masivo de enfermedades gastrointestinales, infecciones respiratorias y padecimientos cutáneos relacionados con la falta de agua limpia y condiciones mínimas de higiene. Casi una cuarta parte de las personas encuestadas por la organización reportó haber sufrido diarrea en el mes previo a las entrevistas realizadas entre mayo y agosto de 2025.
Las infancias son quienes enfrentan las consecuencias más graves. Más del 60 por ciento de los casos de diarrea atendidos por MSF durante 2025 correspondieron a menores de 15 años.
El personal médico también alertó sobre el riesgo permanente de epidemias debido al colapso sanitario. El informe señala que, si enfermedades como el cólera ingresaran en Gaza, podrían expandirse rápidamente entre una población debilitada por la desnutrición, el desplazamiento y la falta de acceso a higiene básica.
La crisis no puede entenderse únicamente en términos de infraestructura destruida. También se trata de la destrucción de la vida cotidiana y de la dignidad humana.
Mujeres que dieron su testimonio a MSF hablaron sobre la imposibilidad de bañarse con privacidad, la falta de productos menstruales y el miedo constante dentro de campamentos saturados.
Bisan, una joven de 22 años, explicó que las mujeres sienten ansiedad al utilizar duchas improvisadas porque las lonas de plástico «no cubren completamente sus cuerpos».
La situación es todavía más dura para personas con discapacidad. Hamza, un hombre ciego entrevistado por la organización, resumió el impacto de vivir desplazado en una tienda de campaña:
«Para las personas con movilidad limitada, todo es un obstáculo: el suelo tiene hoyos, basura y aguas residuales. Necesitamos ayuda todo el tiempo. Multiplica el sufrimiento por diez».
Las mujeres también denunciaron la imposibilidad de mantener la higiene menstrual o posparto. Algunas explicaron que reutilizan telas debido a la falta de toallas sanitarias y agua suficiente, mientras otras dijeron que el olor corporal provocado por la falta de higiene les genera vergüenza y aislamiento social.
La búsqueda de agua también se convirtió en un riesgo permanente para la niñez palestina.
MSF documentó que muchas familias envían a menores de edad a buscar agua porque los adultos están heridos, muertos o intentando conseguir alimentos y combustible.
Niñas y niños describieron agresiones, empujones y miedo durante las distribuciones. Algunos terminan lesionados cargando recipientes demasiado pesados; otros desaparecen entre las multitudes.
Como se ha leído a lo largo de la nota, se sostiene que el deterioro de las condiciones de vida en Gaza no puede separarse de la destrucción masiva de infraestructura civil ni de las restricciones impuestas al ingreso de suministros esenciales.
De acuerdo con datos citados por MSF, cerca del 90 por ciento de la infraestructura de agua y saneamiento en Gaza ha sido destruida o dañada.
Plantas desalinizadoras, tuberías, pozos y sistemas de drenaje quedaron fuera de operación, mientras organizaciones humanitarias enfrentan obstáculos constantes para ingresar combustible, cloro, bombas de agua y materiales de reparación.
El documento también denuncia ataques contra infraestructura humanitaria identificada claramente con los logos de MSF, incluidos camiones cisterna utilizados para distribuir agua a la población civil.
Para la organización, estas acciones forman parte de un patrón sistemático de privación que viola el derecho internacional humanitario y profundiza una crisis humanitaria ya devastadora.
Más allá de la destrucción material, el informe de MSF plantea una acusación directa sobre la violación sistemática de derechos humanos fundamentales contra la población palestina: el derecho al agua, a la salud, a la vivienda digna, a la integridad física y a la vida misma.
La organización sostiene que las condiciones impuestas en Gaza han convertido necesidades básicas como beber agua, bañarse o acceder a un baño en actividades marcadas por el miedo, la enfermedad y la humillación cotidiana.
Pese a las múltiples denuncias realizadas por organismos humanitarios y defensores de derechos humanos durante más de dos años de ofensiva, la respuesta internacional ha sido ampliamente cuestionada por su insuficiencia frente a la magnitud de la crisis. Mientras las discusiones diplomáticas continúan y los llamados al cese de hostilidades se acumulan, millones de personas permanecen atrapadas entre desplazamientos forzados, bombardeos y el colapso de servicios esenciales.
«Una población no debería ser privada de agua limpia, baños, jabón o toallas sanitarias. La gente no debería enfermar, perder su dignidad o poner en riesgo su vida para cubrir necesidades básicas», se concluye en el informe.
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