El viaje de los cantores: cuando la patria se vuelve una asfixia

18 abril, 2026

Entre el sofoco del vagón de tren y el silencio de las desaparecidas, El viaje de los cantores teje un documental escénico sobre la violencia y el olvido que parten en dos a México. Una obra que le pone nombre a los cuerpos que el sistema se empeña en borrar

Texto y fotos: Andi Sarmiento

CIUDAD DE MÉXICO. – El viaje de los cantores es una obra de teatro documental dirigida por Claudia Ríos —en esta ocasión presentada por la compañía Querubines Teatro— donde se combinan dos obras mexicanas de distintos autores que retratan a toda una comunidad estructuralmente fragmentada, remarcando dos problemáticas que, hasta hoy en día, atañen fuertemente a nuestro país: los feminicidios y la crisis migratoria.

Una es la obra homónima escrita originalmente por Hugo Salcedo Larios, que se basa en un caso real ocurrido en julio de 1987, en el cual dieciocho migrantes mexicanos murieron asfixiados dentro de un vagón de tren al tratar de cruzar clandestinamente la frontera hacia Estados Unidos. La otra es Hotel Juárez, de Víctor Hugo Rascón, que cuenta la historia de Ángela, una chica que viaja a Ciudad Juárez en busca de su hermana desaparecida.

Retomando igualmente textos del escritor mexicano Juan Rulfo, tales como Pedro Páramo o Luvina, esta obra remarca lo que es una realidad para una gran parte de la población que ha sido olvidada y desatendida por las narrativas gubernamentales, así como por los medios de comunicación. Las historias, a pesar de ser independientes una de otra, se entrelazan entre sí en esencia, pues nos hablan de cuerpos que se ven tergiversados por la violencia y la precariedad y que, además, se sostienen por la esperanza de aferrarse a una búsqueda que parece interminable.

Mientras que los trabajadores buscan un futuro con mejores oportunidades y lograr sacar adelante a su familia, Ángela intenta encontrar a su hermana, de quien no se ha sabido nada luego de que saliera de su casa. Unos buscan lo que nunca han tenido y la otra busca lo que le fue arrebatado; todos con tanta incertidumbre como determinación.

Y así como vemos las historias de búsqueda, también está la otra parte: las madres que esperan. Estas son las que quedan al cuidado del pueblo cuando el resto ya se ha ido; a todas se les han arrebatado sus hijos, los han visto partir sin saber si volverán y viven a la espera de una señal de vida. Entre ellas conocen todo lo que ocurre en el pueblo, se juzgan y comprenden sus dolores; no hay nadie más que las acuerpe que ellas mismas.

Tanto quienes salen como quienes se quedan se sostienen de la misma esperanza, del mismo miedo, de la misma nostalgia.

Todas estas experiencias son consecuencia de un sistema que rompe con toda posibilidad de formar un tejido social y que, además, excluye a quienes no cumplen con cierta hegemonía económica, al mismo tiempo que no proporciona las condiciones para alcanzarla. Como resultado, una sociedad dividida entre quienes se consideran merecedores de justicia y quienes no; los niveles de violencia están directamente ligados a una posición social.

En la obra podemos notar que en ningún momento se menciona siquiera la posibilidad de acudir a alguna instancia gubernamental. El discurso sobre la legalidad se dirige hacia los ilegales, pero no hacia lo legal que no funciona.

Nada de esto es aislado ni se ha quedado en el pasado; sino todo lo contrario: son situaciones que ocurren hasta la actualidad con la misma impunidad. A casi cuarenta años de este suceso, las personas siguen muriendo en la frontera y, aun si logran establecerse allá, nada les asegura tener una vida digna, partiendo de que se han fortalecido los cuerpos de persecución y discriminación como el ICE y de que muchas veces las condiciones laborales apenas cumplen con lo mínimo.

Las personas siguen desapareciendo y no hay culpables, no hay seguimiento ni reparación. Las desigualdades continúan en aumento y siguen sin garantizarse las condiciones para que la gente no tenga que salir del país.

El país que existe gracias a la mano de obra latinoamericana le niega la entrada a esta. Se minimizan los trabajos que son la base para el funcionamiento de la sociedad y se discrimina a quienes realizan las labores que nadie más quiere hacer.

Cuando el Gobierno no nos cubre, lo hacemos nosotros desde el arte, la academia y nuestras conversaciones. A esos cuerpos que estratégicamente han sido borrados toca renombrarlos en nuestras luchas y nuestros discursos cotidianos.

El viaje de los cantores será presentada cada viernes de abril en la Sala Novo del teatro La Capilla, ubicado en la calle Madrid 13, Coyoacán, con un costo de $ 250. Los boletos se pueden conseguir en https://boletopolis.com/es/evento/39062.

Andi Sarmiento

Me gusta escribir lo que pienso y siempre busco formas de cambiar el mundo; siempre analizo y observo mi entorno y no puedo estar en un lugar por mucho tiempo