Ubicado en el corazón de Coyoacán, Marabunta Café enfrenta un proceso de desalojo irregular bajo el argumento de fallas estructurales no comprobadas. Detrás de esta acción, vecinos y locatarios denuncian la presión del mercado inmobiliario y la sombra de una funeraria que busca expandirse en la zona
Texto y fotos: Andrea Amaya
CIUDAD DE MÉXICO. — Al sur de la ciudad, Marabunta Café ha sido un espacio comunitario de diálogo y reflexión que, durante más de una década, ha funcionado como cafetería y librería de editoriales independientes.
Este refugio cultural hoy enfrenta un asedio que emana irregularidad y despojo; bajo el pretexto de daños estructurales no comprobados y discrepancias administrativas, la gentrificación de la zona intenta asfixiar a un espacio que se resiste a ser solo una cifra en el mercado inmobiliario.
«Hace once años apostamos por un café y librería de editoriales independientes que fuera un espacio para estar, escribir o amamantar. Queríamos abrir la discusión social y política fuera de la burocracia académica, de manera horizontal y gratuita. Tras once años, creo que hemos logrado construir esa comunidad y ese arraigo vecinal», relata Juan Carlos Narváez, fundador de Marabunta.

El conflicto estalló en diciembre de 2024, cuando una supuesta nueva dueña exigió el desalojo del local en apenas quince días. El argumento: un daño estructural que ningún Director Responsable de Obra (DRO) ha certificado oficialmente. Al contrario, peritajes independientes de los propios locatarios confirmaron que el edificio no tiene daño alguno.
Juan Carlos relata la aparición de seguridad privada en el predio vinculada a la Funeraria García López, empresa que, según rumores vecinales y anuncios en portales inmobiliarios, pretende devorar la cuadra entera sobre Avenida Miguel Ángel de Quevedo, en Coyoacán:
«Después de eso venían al local personas que no conocemos, diciéndoles a los baristas: “¿Tú trabajas aquí? Pues vete despidiendo de tu trabajo y de tu local”. Otras pasaban y decían: “Es que ya vendieron el edificio a la funeraria”».
La intimidación contra la librería independiente escaló mediante el uso arbitrario del Instituto de Verificación Administrativa (INVEA). El acoso comenzó con visitas irregulares de personal sin oficios ni autoridad formal: «Llegó gente caminando a pedirnos documentación, pero sin ningún oficio. Nos dijeron que en unos días vendrían los verificadores reales», relata su fundador. El viernes 6 de febrero, el operativo alcanzó a los locales vecinos, suspendiendo un negocio de tamales, mientras que a Marabunta se le entregó un acta de verificación con un plazo legal de diez días para presentar su documentación en regla.
Sin embargo, la institución no respetó sus propios tiempos. El martes 10 de febrero, el personal regresó para imponer los sellos de suspensión bajo el pretexto de una «discrepancia de una letra» entre el aviso de funcionamiento y el uso de suelo. Aunque la asesoría legal confirma que este error administrativo no amerita, por reglamento, el cierre del establecimiento, la consigna parecía estar dictada de antemano.
Al respecto, Juan Carlos asegura que la intención de asfixiar al espacio quedó al descubierto durante la primera diligencia:
«Uno de mis encargados escuchó en altavoz que la funcionaria del INVEA le decía a alguien llamado Israel por teléfono: “Es que no los puedo suspender porque tienen todo”. Y escuchó que la respuesta fue: “Es que tenemos orden de arriba de suspender”».

Este acto, que hoy mantiene fuera de sus labores a un equipo familiar de al menos diez trabajadores, evidencia un mal uso de las instituciones para quitar de en medio a un proyecto que estorba a los intereses inmobiliarios de la zona. Sin embargo, este no es un caso aislado, pues la racha de clausuras alcanzó a todos los negocios del predio: Los Tamales Flor de Lis, una oficina de ingenieros y arquitectos, una consultoría, un taller de reparación de computadoras, una florería y un consultorio de terapeutas también fueron suspendidos bajo la misma lógica de desplazamiento.
Ante esto, Juan Carlos considera que el intento de desalojo irregular de Marabunta es un claro ejemplo del proceso de gentrificación que ha ido sucediendo en la zona:
«Considero que este es un tema, digamos, de un proceso de desalojo irregular e ilegal. La zona está pasando por un proceso de gentrificación con otro tipo de locales. Honestamente nosotros apostamos, aunque no podemos afirmarlo, por la hipótesis de que o compró la funeraria o ellos anunciaban el predio en venta para construir una nueva plaza».
Y finalizó:
«Hemos vivido de todo y a veces hemos querido tirar la toalla, pero seguiremos en este proceso. Lo primero que haremos será buscar que quiten los sellos de suspensión de actividades a través de un proceso jurídico; después de eso, pues el tema será dialogar y negociar con los propietarios sobre el futuro del espacio».
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