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Vivir trans* en México

México es, después de Brasil, el segundo país en América Latina donde más transfeminicidios se cometen y prácticamente todos quedan impunes. A pesar de ello, las personas trans* han ido ganando terreno, legal y socialmente, en la batalla por el reconocimiento de sus derechos

Por Vania Pigeonutt

Fotos: María Ruiz

Kenya llega a su casa y abraza a sus perros. Es la invitada de honor en la séptima marcha del orgullo LGBT+ de Valle de Chalco. Sólo tiene un par de horas para maquillarse, arreglarse el cabello y ensayar un poco su show. Big boy y Negra la reciben efusivos en el patio, donde hay flores y una bandera con franjas rosas, blancas y azules: la del orgullo Trans*.

Kenya Cytlaly Cuevas Fuentes es una mujer transgénero de 46 años de edad. Es directora Ejecutiva de la Casa de las Muñecas Tiresias A.C, una organización encargada de apoyar a gente en situación de calle, portadores de VIH, mujeres dedicadas al trabajo sexual, migrantes, acompañar casos de transfeminicidio y todo aquel que necesite una mano, resume ella misma. Kenya es una mujer comprometida.

El 30 de septiembre del 2016 su vida dio un giro completo: fue testigo del asesinato de su amiga Paola Buenrostro.

Ese viernes, Paola y otras chicas trabajaban en la avenida Puente de Alvarado, alcaldía Cuauhtémoc, cuando un sujetó solicitó servicio sexual. La mayoría se negó, pero Paola decidió subirse al auto. Casi enseguida, Kenya escuchó gritos de auxilio y su nombre.

Corrió hasta el auto y presenció los tres disparos contra Paola. El tipo quiso dispararle también a ella, pero su pistola se encasquilló y no pudo detonarla. Kenya grabó un video, le dijo al Ministerio Público desde que interpuso la denuncia por el transfeminicidio de Paola, que podía servir porque en su grabación se veía el tipo en el auto con su amiga muerta; no fue tomado como prueba, ni a ella como testigo, y el asesino está libre.

“Fue un golpe muy fuerte, yo estaba muy mal, sentía que flotaba, no coordinaba bien, me decías algo y me quedaba pensando”, comparte ahora.

Apenas este 2019 las autoridades le dieron el estatus legal de transfeminicidio al caso de Paola.

A tres años de distancia , reflexiona Kenya, sí ha habido avances en materia de visibilización y exigencia de sus derechos; con la muerte de Paola, surgió un eco de indignación que se manifestó en un boom de solidaridad, y una empatía que nunca había sentido de la sociedad mexicana hacia las poblaciones Trans*.

La deuda histórica que existe, dice, es una historia de marginalidad y exclusión.

“Por primera vez hemos sido visibles y generado cambios importantes como que yo esté trabajando en una Secretaría (la de educación), trabajo en el área de formación en el programa de Pilares de la Ciudad de México. Hago un enfoque dirigido hacia la diversidad sexual, a partir de la formación de todas las personas que atienden estos centros. En otra secretaría acaban de contratar a una persona trans”, cuenta.

Kenya Cuevas en su habitación con su amigo Concha y su perro Big Boy.

Cuando tenía nueve años, Kenya huyó de su casa. Creció en la colonia Moctezuma y vivió diferentes violencias. Sabía desde niña que lo era, y se fue sola a vivir la vida. Su primer trabajo fue el sexual. Eso es lo que encontró en la calle. Y así durante 32 años se dedicó al trabajo nocturno. Por eso ahora, que da la entrevista sentada en un sillón de la Secretaría de Educación, dice firme que este no es el mundo en el que nació. Es mejor, de algún modo. 

“Hay una postura a través de las secretarías o de las academias, de las mismas empresas, todavía no de inclusión como tal, pero sí de conocer realmente la problemática interna de las comunidades trans. Y eso genera empatía, sensibilización y a partir de eso, otros modelos de atención. Es cuando ya va a empezar la inclusión, pero todavía es un camino largo”, dice.

Kenya es activista. Esta tarde en su casa se coloca base de maquillaje, luego se pone las sombras y entre canciones de Yuri y Ana Gabriel tiene un descanso. Dice que desde hace tres años su ritmo de trabajo ha aumentando, porque ser activista requiere estar atenta todo el día. El grito en Valle de Chalco con motivo de la séptima marcha por el orgullo LGBT+, es contra los transfeminicidios, que entre más periférica sea la zona, ocurren más.

El 22 de septiembre fue asesinada Itzayana López Hernández, y aunque los paramédicos llegaron cuando el novio le pedía perdón, y luego la Policía lo detuvo, después de los peritajes y sólo 48 horas detenido, fue puesto en libertad. Según denunció Kenya por “insuficiencia de datos probatorios por el delito de feminicidio”. Otra vez, como en el caso de Paola para el Ministerio Público no hubo culpable.

Itzayana tenía 21 años. Se dedicaba al trabajo sexual. Dejó su natal Chiapas para poderse cambiar su identidad legal como Itzayana López Hernández en la Ciudad de México, y fue estrangulada en su departamento.

Según la organización Letra S, en cuya agenda está el análisis del aumento de la violencia contra las poblaciones Trans* incluidas en el abanico LGBT+, México, sólo después de Brasil, es el segundo país en América Latina más letal contra estas poblaciones.

El estudio de Letra S está focalizado en transfeminicidio y abarca los seis años del gobierno priísta de Enrique Peña Nieto (2012-2018), donde registraron 473 crímenes de odios, de los cuales sólo 261 eran contra mujeres trans*

Por entidad federativa, los estados donde más transfeminicidios hay son: Veracruz, 41; Tamaulipas, 35; Puebla y la Ciudad de México, con 19 casos. La la mayoría de estas víctimas son trabajadoras sexuales trans*, porque son las más expuestas a riesgo de agresiones, y los patrones de violencia responden a la identidad sexual e identidad de género.

Desde la constitución de la Casa de las Muñecas Tiresias– nombre del adivino que en la mitología griega podía ser tanto hombre como mujer–, han documentado la impunidad y la transfobia institucional para con las víctima, cree que con las protestas en 2016, por el caso de Paola: “levantamos las cloacas”.

Kenya interpreta a Lupita D’alessio en marcha de la comunidad LGBT+ en Valle de Chalco

Apoyo familiar

Ariel Serrano es una cantante de música tradicional mexicana. Tiene 20 años. Su papá la apoyo primero, cuando decidió manifestarse abiertamente como una mujer transgénero, luego su mamá, porque al principio a ella le costó más trabajo la idea. Ariel es hija única. Desde los 16 años es cantante, ahora es la primera mujer trans que se presentó en el complejo cultural Los Pinos el pasado agosto.

Vivir trans para ella no ha sido sencillo, pero aún así se sabe privilegiada. Esta tarde en el Museo del Telégrafo, cuenta que sí ha podido presentarse con su dúo El Venadito, compuesto por ella y Germán Ortiz, un guitarrista- compositor que de los pocos a quienes buscó para cantar, no la discriminaron por ser trans.

Por eso cuando la invitaron a Los Pinos fue muy emocionante, pero es consciente de que no todas las personas transgénero pueden acceder a los espacios de su interés tan fácil.

“Fue muy significativo porque fui la primera mujer trans en tocar ahí porque a parte siento que es un privilegio, yo lo veo así porque yo tengo muchos amigos, muchos conocidos que no tienen el apoyo siquiera de sus padres y yo siempre es lo que le digo a las personas transexuales, a sus familares o amigos, que es esencial ese apoyo porque no sé que hubiera sido sin mis papás, sí lo veo muy importante eso de sembrar una semilla y más yo ahora en la música tradicional”.

Para ella todo ha sido un proceso. “Ahorita soy tímida pero antes como que yo me escondía atrás de mi mamá, porque me daba mucha pena siquiera saludar o dar la mano a alguien. Para mis papás no fue tan sencillo el proceso. Mi mamá al principio se sacó de onda, fue la que opuso más resistencia: dijo que si mi orientación sexual era por los chicos no pasaba nada, pero no entendía que era algo más profundo”.

A los 16 años se manifestó como mujer abiertamente. Sus papás la apoyaron, fueron a terapia psicológica. Recibieron información de expertos. Sobre todo en el tema de los cambios físicos y hormonales que tiene que ajustar en su cuerpo. Encontró el refugio de su transición en la música. A ella le gustaba mucho Shakira, Thalía, Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat, Óscar Chávez. Poco a poco entendió que su voz no era aguda como las cantantes de pop que admiraba y decidió su propio estilo.

Son los primeros días de octubre. En el museo, la escultora mexicana Nour Kuri tiene una exposición de mujeres. Desde un muro se lee: ¿Yo soy yo, más allá de mi, de lo que me percibes, de lo que yo misma me sé, MUCHO MÁS, ¡SOY YO! Ariel se acomoda el reboso negro y su blusa con detalles bordados. Luego su papá Ricardo Serrano contará que le ayuda a coser su vestuario, para economizar. Hoy la acompaña y sigue con la mirada la sesión de fotos, cuando su hija vocaliza con Cielo Rojo, dice que se siente orgulloso de ella.

Ariel Serrano y su padre, de quien tiene apoyo incondicional.

Ariel ya no está en el cuerpo equivocado. Mucho tiempo tuvo esa sensación. Era más bien un pensamiento impuesto. Cree que las construcciones sociales pueden frenar los sueños de muchos. Ella estuvo días y días deprimida, hasta que su entorno comprendió los deseos de su corazón.

“Cuando empecé a armar mi dúo, los soneros me preguntaban y qué eres: yo les decía que una mujer trans, contestaban: ¿qué es eso?. Yo no lo veía como algo malo porque decía soy una mujer trans: tengo genitales masculinos pero yo me asumo con una identidad femenina. Este es mi cuerpo, esta es mi vida y así me quiero y les explicaba que fue un proceso, que antes tuve otro género y que soy una persona que me dedico a la música, hago arte y eso es lo que debe de importar”.

Sólo Germán Ortíz entendió el concepto: “empezamos haciendo un repertorio de Chuy Rasgado, Álvaro Carrillo, y a mi nunca me importó ningún estereotipo. La música es compartir. No tiene género. Hay diversidad de personas. Yo soy de Tlaxiaco, Oaxaca, y allá están los Muxes, estos chicos que se visten de mujeres y se consideran los cuidadores de los hogares”.

“No podemos esperar a que la sociedad cambie”

Jessica Marjane Durán es cofundadora junto a Lía García de Red de Juventudes Trans, un espacio en el que apoyan a otras personas trans, que para ellas son las más discriminadas en la diversidad LGBT+. Ella es abogada, hidalguense, y después de pasar su proceso legal de cambio de nombre, acompaña a otras personas a lograrlo, porque es un trámite largo.

Hace una revisión de cómo ha evolucionado el tema de los derechos de las personas con identidades no normativas. Solo nueve entidades, incluida Ciudad de México y recientemente Tlaxcala, permiten el cambio de identidad de género, pero para ella hay retos posteriores como la homologación de documentos oficiales a nivel local o federal.

Ariel Serrano interpreta canciones oaxaqueñas.

Dice que “la encuesta por discriminación  por motivos de orientación sexual e identidad de género, que hace Conapred, nos arroja que las personas LGBT sufren discriminación desde muy temprana edad. De esta encuesta las personas que perciben más discriminación por parte de la policía son mujeres trans, y quiénes reportaron tener ideas o intentos de suicidio son los hombres tras. Una comunidad invisibilizada también no tanto por la comunidad trans sino la población en general”.

“Las instituciones se han interesado en esos datos para transformarlos y generar un plan de trabajo para que esta percepción cambie, lo segundo es, también, es importante que las instituciones de la administración pública, como los poderes locales y federales armonicen las leyes en cuanto a expresión e identidad de género, y el Poder Judicial en la primera y segunda instancia o en los tribunales colegiados, puedan generar capacitación  dentro de su personal para juzgar con perspectiva de género”, señala.

El caso más emblemático es el reconocimiento de reconocimiento de derechos, y en este caso porque desde inicio fue un expediente mal elaborado, es la recomendación 1/2019 de la Comisión Nacional de Derechos Humanos: reconoce el tema del transfeminicidio de Paola Buenrostro.

“Estamos en una urgencia de hacer un análisis de los tipos penales: en la Ciudad de México, la discriminación es tipificada en el artículo 206 del código penal, solamente se tiene registrado un caso, el cual fue de un hombre gay cisgénero (hombre de nacimiento), a una mujer cisgénero (mujer de nacimiento) heterosexual, que poco nos muestra que hubo una de las personas se puede utilizar de que existen condiciones para denunciar la discriminación”.

Lo segundo es generar herramientas para que tanto los Consejos locales de igualdad y no discriminación, tengan medidas vinculantes. Muchas veces sólo son recomendaciones.

“Y tengamos el esclarecimiento de los casos de transfeminicidio, donde las fiscalías también puedan generar investigaciones, abrir carpetas de investigaciones, garantizar el acceso a la justicia, hablar particularmente de la intersección en la cual las violencias se cruzan; es decir, también hay personas LGBT en temas migrantes, es importante tener un enfoque interseccional dentro de la forma en la que opera el Estado”.

Marjane considera importante pensar los derechos y las libertades de las personas LGBT+ desde una mirada expandida, donde se elimine la brecha que derecho legislado no es derecho ejercido. El enfoque interseccional permitirá desmontar todas las lógicas machistas, clasistas, el adultocentrismo; que la sociedad se quite el chip de que los menores de 18 no pueden decidir aún sobre sus cuerpos. Que no sólo hay un tema de identidad de género, sino también prejuicios, de patoligizar a las identidades.

“Históricamente México tiene  una deuda con las personas trans, hemos sido históricamente más violentadas y orilladas a los márgenes de violencia y precarización. No solamente nuestra identidad está en un espectro  de violencia, sino también hay una complicidad social para que eso sea normal, para que alguien pueda cuestionar desde nuestro paso por el espacio público, hasta el hecho de querer cuestionar nuestro  tránsito en el espacio privado: querer ingresar a un baño”.

Sobre esta violencia estructural, dice, en la Red que dirige junto a Lía García, esta última apela a la revolución afectiva. A ser empatistas radicales. Hace performance para desmontar la idea de que el amor es heteronormativo y de una sola forma.

“No podemos esperar que la sociedad cambie, esperar  un terreno fértil y perfecto. Tiene que ser ahora. La violencia cobra vidas. Transgénero Europa pone a México  como el segundo lugar en crímenes de odio hacia personas trans. El primer país es Brasil”.

Ser un hombre trans

Mónica Gómez de la Tejera, una mujer lesbiana de 36 años dice que sí ha sufrido discriminación, pero nada se comparada a la sufrida por su hermano, quien nació mujer, y en 2011 comenzó su proceso de transición el cual no sólo ha sido costoso, en México es estigmatizante, discriminativo y deprimente.

La incomprensión hacia las poblaciones trans* en la su opinión, parte desde una discriminación del mismo grupo LGBT que ve a una lesbiana o a un gay dentro de la homonorma, pero a los bisexuales y a los trans los llama desorientados, desubicados: es “too much”.

Ella apoyó a su hermano desde un inicio. Primero compartían preferencia sexual, después él le dijo que quería someterse a la transición. “Hasta llegar al cambio de nombre fue todo un problema, no fue de la noche a la mañana. Debes justificarlo a través de la carta de algún psiquiatra, dice que el cambio de nombre y de sexo y todo el rollo debes pasar por un proceso psicológico, si no tienes eso no te hace caso el juez”

Le parece absurdo que lo vean como enfermedad. “Con parámetros subjetivos un psiquiatra tiene que ver que no estás loco. El juicio es un rato, pero sin ese certificado no te hacen nada. Para darte testorerona y te canalicen con un endócrino debes pasar por terapias psiquiátricas. No te lo dan porque te quieras empezar a inyectar”.

Ella vive en Estados Unidos y ve las diferencias porque acá en México ningún seguro médico incluiría operaciones de reemplazo genital o para quitar los senos, como sí hay allá, o programas de apoyo a aquellos que sus familias los discriminar y no los apoyan. “En México deben de darte el permiso, para que tú tengas el control sobre tu cuerpo”.

De las experiencias más tristes fue cuando les negaron el acceso a un gimnasio en Cuautitlán Izcalli. Su hermano estaba en un proceso intermedio de transición y no le permitieron estar en el baño de hombres. Ella vivió ese proceso natural, pero para su hermano era difícil explicarlo, su papá le dejó de decir con nombre de mujer hasta cinco años después de que inició el proceso.

“Lo viví natural. Tienes que estar luchando todos los días explicándole a la gente. Yo no sabía que hay diferentes formas, que una cosa es el género con el que naces, y otra cosa con el que te identificas y otra cosa es tu preferencia sexual; no tenía ni idea. Yo soy Mónica, nací mujer, me identifico mi cuerpo como de mujer, pero soy lesbiana. Cómo naces, cómo te identificas y otra cosa es tu preferencia sexual y la gente desconoce”, dice.

En su opinión lo que jode a la humanidad es la ignorancia: no hay mucha información: la misma religión católica se nos impuso a lágrimas y sangre, si no crees en eso te mato. Fue impuesta a base de miedo.

La bandera trans en el patio de la activista Kenya cumplió 20 años.

Kenya y sus sueños

Kenya se está preparando para una conferencia Ted Talk, hablará de su transformación como activista, de todas sus etapas, como cuando estuvo en la cárcel, cuando logró a base de presión una sepultura digna para Paola, o ayudado a trabajadoras sexuales a tener una casa. Está entusiasmada de lo que ha logrado durante estos tres años, pero aún falta hacer más.

Esta tarde de finales de octubre les da unas galletas de chocolate a sus perros. Se dispone a pensar en qué mensaje político breve dará durante el espectáculo después de la marcha. Después cantará mudanzas de Lupita Dalessio e invitará a toda la gente a ser más amorosa y a luchar por los derechos de las minorías.

Trans* es un término sombrilla, que acoge a las personas con una orientación sexual e identidad de género no normativas (masculina y femenina). El apóstrofe se refiere a mujeres y hombres transgénero, transexuales, travestis; queer, bisexuales, andróginos, no binarios.

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