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El estigma de ser joven rural: Ai Weiwei en el MUAC

Esta es una reflexión sobre la violencia contra la juventud en el contexto del narcotráfico y su relación con la política mexicana, a propósito de la exposición del artista chino Ai Weiwei titulada Restablecer Memorias. Fue realizada originalmente como trabajo académico en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, aquí presentamos una versión editada con autorización de la autora

Por Claudia Elena Reyes Landa*

Para Ai Weiwei, “todo artista es activista”. Esta declaración define plenamente el sentido de su obra. Ahora expone Restablecer memorias en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC).

Ai Weiwei, es uno de los artistas que antepone la política al arte, generando controversia y por ello ha sido criticado y perseguido por el gobierno de China.

El interés de Ai Weiwei por develar la naturaleza de los problemas sociales actuales, desde la crítica política y su obra, ha afectado directamente su vida privada. El artista se encuentra bajo constante asedio y censura del gobierno chino. 

Consecuencia de su perfil como activista y disidente, ha padecodo la desactivación de su cuenta de twitter, el bloqueo de su blog, la intervención de su teléfono, el hackeo de sus cuentas de Gmail, la inspección de sus finanzas, la vigilancia en su casa, hasta la acusación de incitar a la subversión y su violenta detención.

Ai Weiwei presenta el caso Ayotzinapa en esta muestra en México. Para el artista, la violencia y la opresión sirvieron como canales de identificación que permitieron entablar el diálogo con familiares de los desaparecidos y que finalmente lo llevaron a realizar la obra sobre Ayotzinapa.

El curador de la exposición, explica cómo se presentó este hecho cultural:

Entre 2016 y 2017, Ai Weiwei encauzó su investigación en varias direcciones, una de las cuales fue la crisis de derechos humanos… Sin que estuviera planeado, nuestra reunión coincidió con la presencia de un grupo importante de los padres de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa… De golpe y sin importar la distancia geográfica, cultural y de experiencia, los familiares de los desaparecidos y el artista sostuvieron un diálogo mediado por los activistas del Centro Prodh. Ai Weiwei, les contó que él también había sido un perseguido y que, en el peor momento de su cautiverio, lo único que lo había sostenido era el pensamiento de que quienes eran cercanos a él estarían en alguna parte luchando por liberarlo. Por sobre todo, los llamó a vencer las dudas y a trabajar unidos, pues el enemigo que enfrentaban —el poder del Estado—, es una máquina que jamás se cansa. Se trató de un diálogo privilegiado entre dos vivencias de opresión y el intercambio de saber dos historias de resistencia… Sin pensarlo más, ahí mismo, Ai Weiwei ofreció a los padres de los 43 hacer un filme sobre su lucha y dedicar su trabajo en México a mantener la atención sobre la búsqueda de los desaparecidos.

Se trata de una instalación de gran formato, un mural de lego de los retratos de los 43 normalistas desaparecidos; acompañado de una línea de tiempo en la que señala la historia de México desde que surge como país (Independencia de México, 1821), pasando por la revolución mexicana (1910), el régimen del PRI (1929–2000), los movimientos estudiantiles y el inicio de las desapariciones sistematizadas por parte del Estado a partir de 1964, la guerra frontal contra los cárteles del narcotráfico declarada en el sexenio de Felipe Calderón (2006–2012), su continuación y el incremento de la violencia en el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012–2018). Posteriormente, hace un desglose de los acontecimientos que llevaron a la desaparición de los normalistas a partir del 26 de septiembre de 2014 y el seguimiento del caso hasta la actualidad, con la instalación de la Comisión de la Verdad y la Justicia, ordenada en la presente administración por Andrés Manuel López Obrador.

La línea de tiempo, permite presentar visualmente la cronología histórica para apelar a la memoria y exaltar la conciencia. Además, en la narrativa de los sucesos (dimensión significativa) prevalece un sentido de denuncia, en la que se evidencian de manera muy puntual, actos de corrupción, inconsistencias y la insistencia del gobierno mexicano en ocultar la verdad de los hechos ante la presión internacional.

Según la versión oficial de la PGR durante la gestión de Enrique Peña Nieto, los jóvenes fueron arrestados por policías corruptos y entregados al cártel de Guerreros Unidos, que los asesinaron e incineraron en un basurero en Cocula, Guerrero. Esta hipótesis es refutada por los padres de los jóvenes y por organismos internacionales.

Hablando de la dimensión estética en la obra de Ai Weiwei, al presentar la instalación en gran formato, el artista le otorga visibilidad. Los retratos de los 43 normalistas son reconstruidos con aproximadamente un millón de piezas de LEGO que, visualmente, dan la impresión de una fotografía pixelada y colorida.

Es relevante mencionar en este punto, que la empresa danesa le ha prohibido al artista chino que utilice su producto con fines políticos, en este sentido, el material que constituye las imágenes, es una herramienta para provocar controversia, elemento clave en su arte contestatario.

La instalación está acompañada de los reportes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), los reportes del Grupo Interdisciplinario de Expertas y Expertos Independientes (GIEI), así como las declaraciones de los interrogados. Incluye, además, la proyección de avances del documental To be, en el que el artista hace una revisión social del caso: presenta una serie de entrevistas a miembros de esa comunidad y a algunos expertos en la problemática del narcotráfico y los grupos delictivos de la zona.

Si bien Cuauhtémoc Medina, curador de la exposición, asegura que la casualidad condujo a la articulación de la instalación sobre el caso Ayotzinapa, es importante destacar que los 43 eran ya portadores de una carga simbólica, reconocida incluso en el plano internacional, que generó movimientos sociales y en este sentido es un símbolo de lucha. Al tomar este símbolo, teniendo en cuenta la magnitud de su alcance, permite articular un discurso simbólico de mayor trascendencia alrededor del tema.

En la reflexión de Ai Weiwei, el caso de Ayotzinapa representa la destrucción del futuro y establece un diálogo en conjunto con otra instalación, titulada Salón ancestral de la familia Wang (2015), que representa la destrucción del Patrimonio Cultural, ambas infringidas desde los gobiernos. Esta instalación es una intervención de las ruinas de un templo de madera, que tenía una antigüedad de al menos 400 años y fue destruido durante la revolución comunista china. En el catálogo de la exposición, se explica la importancia cultural de los salones ancestrales, donde la sociedad china tradicional, los usaba para hacer sacrificios a los ancestros y también como lugar de celebración, un espacio donde los miembros del clan podían mantener las relaciones familiares, y donde tenían lugar discusiones sobre asuntos importantes. 

Ai Weiwei plantea que este proceso histórico-político, con la destrucción del patrimonio, la pérdida de la sociedad rural tradicional y la comercialización de las reliquias chinas, ha propiciado la pérdida de la memoria histórica.

El discurso simbólico en la obra de Ai Weiwei, presenta la siguiente estructura:

  • Gobierno        – Sociedad
  • Opresión         – Resistencia
  • Violencia (s)   – Bienestar
  • Represión       – Libertad
  • Impunidad       – Justicia
  • Corrupción      – Moralidad
  • Mentira            – Verdad
  • Censura           – Memoria

En este discurso, reconoce a los gobiernos como alteridad, a partir de las prácticas que señala: opresión, violencia, represión, impunidad, corrupción, mentira, censura; en oposición con la sociedad, que se plantea como resistencia y que lucha por recuperar los valores de libertad, justicia, verdad, etc. 

“La identidad es centralmente una categoría de carácter relacional (identificación-diferenciación) y todos los grupos sociales tienden a instaurar su propia alteridad”, asegura Rosana Reguillo en su libro Las culturas juveniles: un campo de estudio.

Este discurso se contrapone al discurso establecido por el gobierno mexicano respecto a la realidad nacional.

Cultura, Política y Narcotráfico

Para entender el contexto social y político en México y la crisis que atraviesa por la violencia y la inseguridad, me parece fundamental hablar del narcotráfico. Para ello, recurro a la teoría que argumenta Oswaldo Zavala en su libro Los cárteles no existen. Narcotráfico y cultura en México. Dicha teoría, plantea que “la guerra contra las drogas, es el nombre público de estrategias políticas para el desplazamiento de comunidades enteras y la apropiación y explotación de recursos naturales que de otro modo permanecerían inalcanzables para el capital nacional y trasnacional”. 

Además, apunta que el imaginario de la cultura del narco se desarrolla en un México post-soberano, en donde “las estructuras oficiales de gobierno han sido desplazadas por el poder del capital global que opera de modo impersonal, privado y despolitizado”. Este planteamiento ha sido reforzado por su repetición en el discurso del gobierno y por su reproducción en la novela, en notas periodísticas, en el cine, etc.

En un análisis estructuralista, se presentan los siguientes elementos en oposición diametral, presentes en la expoición (cualquiera de estos elementos puede simbolizar a cualquiera de los demás):

  • Soldado        – Narco
  • Defensor       – Enemigo
  • Gobierno      – Cárteles
  • Seguridad     – Amenaza
  • Justicia         – Criminalidad

En este discurso monopólico, manejado desde el gobierno, Zavala observa los elementos arriba mencionados: 

“El performance de los militares nos permite un raro avistamiento a la manera en que el sistema político mexicano ha creado un enemigo formidable en estos tiempos de permanente crisis de seguridad nacional. El “narco” imaginado por los militares es, en teoría, todo lo opuesto del soldado: indisciplinado, vulgar, ignorante, violento. En las antípodas del ejército, sin embargo, el narco requiere, si bien no de un uniforme, sí de una uniformidad que lo distinga de los soldados que en nombre del gobierno lo ajusticiarán… La indumentaria arquetípica del “narco” modelo, coincide con la de muchos de los habitantes de las regiones rurales de México. ¿Cómo logran identificar los militares a los delincuentes entre los rancheros del país? Durante la supuesta “guerra contra el narco” ordenada por el presidente Calderón fueron asesinados, según datos oficiales, alrededor de 121.683 personas”. 

Gilberto Giménez expone en Teoría y análisis de la cultura  acerca de los atributos identificadores: “todos son materia social… Muchos derivan de las pertenencias categoriales o sociales de los individuos, razón por la cual son estereotipos ligados a prejuicios sociales con respecto a determinadas categorías o grupos. Cuando el estereotipo es despreciativo, infamante y discriminatorio, se convierte en estigma, es decir, una forma de categorización social que fija atributos profundamente desacreditadores”.

De acuerdo con la descripción de Zavala sobre la construcción de la figura del narco, es importante observar que llega a ser simbólicamente ambigua. El estigma del narco recae sobre el estereotipo de los habitantes de comunidades rurales. Desde la perspectiva interseccional, la violencia que recae sobre estos individuos, atraviesa las categorías de género, clase y edad, identificando así a los jóvenes varones de comunidades rurales como los más vulnerables.

Jóvenes y crimen organizado

Para presentar un panorama sobre cómo se insertan los jóvenes en las estructuras de la delincuencia organizada, es necesario observar cómo este fenómeno se vincula con las circunstancias económicas y culturales del país.

“La inserción de los jóvenes en estas estructuras se hace de la manera más baja, son el eslabón más débil de las organizaciones, muy pocas veces llegan a ser líderes importantes o manejar recursos propios y se convierten en una fuerza de trabajo muy valiosa pero muy barata”, asegura José Valenzuela en Sed de mal. Feminicidio, jóvenes y exclusión social. 

De los estudios de esta problemática social surge el concepto de juvenicidio, definido como el asesinato sistemático de la población joven, una realidad latente en México y Latinoamérica. 

La violencia y el tráfico de drogas son una realidad, pero las estructuras que propician esta realidad, no son las que oficialmente se plantean, “debemos comprender que la violencia de México es producto de una relación de Estado y no de traficantes. Los traficantes son una invención discursiva del sistema para justificar esta violencia” (Zavala, 2018).

A manera de conclusión

Las relaciones entre el Estado y la sociedad, en México, están marcadas por la violencia, la censura, la injusticia, la corrupción y la impunidad. El paradigma político es el mismo aquí y en China, existe una crisis política que se extiende al plano internacional. En el contexto capitalista actual, el discurso político se centra en las relaciones de poder y esto profundiza las desigualdades sociales.

Creo que el enfoque de análisis interseccional, permite identificar puntualmente la forma en que se manifiestan estas desigualdades a diferentes niveles y evidenciar su origen.

Considero que la obra que presenta el artista chino, Ai Weiwei, es de gran relevancia en este contexto, ya que establece un diálogo entre dos culturas que comparten problemáticas similares desde su perspectiva e invita a hacer una reflexión profunda al respecto.

El mensaje central de esta muestra es hacer un llamado a la sociedad para el rescate y la construcción de la memoria, no sólo para identificar violencias, sino para reconocernos como actores sociales, cambiar el discurso y transformar la realidad.

* Claudia Reyes es estudiante de Creación Literaria de la UACM

Portal periodístico independiente, conformado por una red de periodistas nacionales e internacionales expertos en temas sociales y de derechos humanos.

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