10 mayo, 2026
UNAM e IPN impulsan un nuevo movimiento estudiantil nacional que articula protestas por inseguridad, precarización y falta de transparencia en las universidades, tras hechos de violencia y denuncias de irregularidades, con la intención de extender la organización a nivel país
Texto y fotos: Camilo Ocampo
CIUDAD DE MÉXICO. – Un nuevo movimiento estudiantil comienza a gestarse en las aulas de dos de las universidades públicas más importantes del país: la UNAM y el IPN. Aunque cada institución enfrenta problemáticas particulares en sus planteles, ambas coinciden en la construcción de un frente común en defensa de una educación digna y de calidad, así como de condiciones básicas como transporte accesible, alimentación y seguridad para la comunidad estudiantil.
La articulación entre universitarios apunta a la conformación de un movimiento nacional unitario, en un contexto marcado por la llegada, el próximo mes, de la llamada «fiesta grande» del fútbol, la cual algunos sectores han planteado boicotear en caso de que sus demandas no sean atendidas.
La intención del movimiento es articularse con otras instituciones educativas para visibilizar sus demandas y las problemáticas sociales que identifican.

Como parte de sus primeras acciones, estudiantes de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional acompañaron a la comunidad de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán y de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM en una marcha hacia la Rectoría, en Ciudad Universitaria, donde entregaron sus demandas.
La movilización, que partió del Parque de La Bombilla, tuvo como objetivo visibilizar la situación que enfrenta la FES Cuautitlán, una de las unidades académicas que, de acuerdo con los estudiantes, ha sido históricamente relegada por la máxima casa de estudios. El plantel se ubica al norte de la Ciudad de México, en la zona conurbada del Valle de México.
De acuerdo con testimonios estudiantiles, las movilizaciones se detonaron tras el asesinato de Joel Ulises, joven universitario que perdió la vida en calles aledañas al campus. Según declaraciones del alcalde de Cuautitlán Izcalli, Daniel Serrano Palacios, el hecho habría sido resultado de un ataque directo y no de un robo, como indicaron inicialmente los primeros reportes.
Las y los estudiantes también recordaron la muerte de cinco alumnos ocurrida un año antes, cuando el vehículo en el que viajaban cayó a un canal de aguas negras debido a la falta de mantenimiento en la infraestructura del Emisor Poniente.
A ello se suma, afirman, un contexto de inestabilidad al interior del plantel tras la reelección del director, el doctor David Quintanar Guerrero, a quien acusan de falta de transparencia, desplazamiento de personal calificado para favorecer a allegados, así como del uso de recursos en la compra de relojes y monumentos en lugar de atender necesidades prioritarias como el reemplazo urgente de estructuras de asbesto —material altamente tóxico— y la adquisición de insumos básicos para prácticas.
Asimismo, denunciaron la presunta protección institucional hacia personas señaladas por violencia sexual, así como intentos de desmovilización mediante sanciones jurídicas, incluyendo bajas o suspensiones temporales contra quienes participan en protestas.
Situaciones similares, señalan, se presentan en la Facultad de Artes y Diseño, donde la reelección del director Mauricio de Jesús Juárez Servín para el periodo 2026-2030, aprobada por la Junta de Gobierno el pasado 28 de abril, ha sido cuestionada por el alumnado debido a irregularidades denunciadas desde 2023.
En ese contexto, la falta de transparencia derivó en un paro de labores en 2023, en el que estudiantes exigieron la destitución del secretario general, Óscar Ulises Verde Tapia, y del titular del área jurídica, el abogado Javier Vázquez Ortega, a quienes acusan de incurrir en «graves violaciones a la legislación y al reglamento universitario», además de ejercer amenazas e intimidaciones contra participantes del movimiento estudiantil.

Desde otro frente, un grupo de estudiantes provenientes de diversos planteles del Colegio de Ciencias y Humanidades se sumó a la movilización desde el punto conocido como «Los Bigotes», en Ciudad Universitaria, para denunciar la persistencia de la violencia porril en distintos planteles de educación media superior.
Durante la protesta recordaron a siete estudiantes y un profesor cesados por participar en acciones contra estos grupos, así como el ataque ocurrido el 9 de mayo en el CCH Naucalpan, en el que fue asesinado un estudiante. Aseguran que, a la fecha, no se han desmantelado los grupos responsables y que las hostilidades continúan.
Durante la movilización, ya con la participación de estudiantes del Politécnico, uno de los oradores tomó el megáfono para señalar:
«No se trata de un problema individual, es un problema sistémico; el sistema entero busca protegerse y nos está afectando. Necesitamos que los movimientos visibilicen las injusticias sociales que ocurren en este país. Por eso queremos invitarlas a participar en brigadas de concientización».
Agregó que «somos una misma lucha, un mismo movimiento», y llamó a fortalecer la organización en facultades y prácticas profesionales. La intervención cerró con la consigna del «¡Huelum!», coreada por los asistentes.
Posteriormente, un estudiante de la UNAM destacó que en distintos estados del país también existen procesos de organización estudiantil, mencionando el caso de la Universidad Autónoma del Estado de México, donde se desarrolla un paro estudiantil en demanda de aumento salarial y presupuestal, así como el de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, que permanece en paro tras los asesinatos de dos estudiantes, situación que derivó en la intervención de fuerzas de seguridad y denuncias de violaciones a la autonomía universitaria.
El estudiante hizo un llamado a la solidaridad entre los distintos movimientos en curso, en lo que definió como una posible «primavera del movimiento estudiantil, de cara al Mundial de Fútbol».
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