Este documental explora las habitaciones preservadas de niños víctimas de tiroteos escolares. A través de objetos y recuerdos, desplaza el foco del agresor a las historias de vida interrumpidas, proponiendo una narrativa contra el olvido que prioriza la esencia de las infancias perdidas
Texto: Andi Sarmiento
Foto: Tomada del trailer oficial
CIUDAD DE MÉXICO. – Todas las habitaciones vacías (All Empty Rooms) es un cortometraje documental dirigido por el estadounidense Joshua Seftel, que busca retratar las historias de algunas infancias víctimas de tiroteos escolares en Estados Unidos. De la mano del periodista Steve Hartman, nos adentra en un recorrido por las habitaciones de las víctimas, las cuales han sido preservadas por las familias con el pasar de los años.
La cinta parte de un cuestionamiento que es importante analizar para la construcción de narrativas cuando se habla de violencia. Es común que, al abordar este tema, ya sea en noticias o investigaciones, el principal foco de atención se dirija hacia las acciones y el perfil del victimario; se analizan las características o circunstancias que llevan al agresor a actuar como lo hace, así como las consecuencias que se le aplican. Mientras tanto, a la otra parte se la observa únicamente a partir de los hechos; es decir, no se piensa en su vida antes de la tragedia ni se sigue a sus vínculos posteriormente. Las personas quedan reducidas al rol de víctimas, sus trayectorias se ven opacadas por sus muertes y, además, es el agresor quien se lleva la mayoría de las miradas.
Esto se vuelve más notorio en eventos con un alto número de defunciones, como lo puede ser un tiroteo, donde la masividad hace que se pierda la identidad individual de las personas afectadas, al mismo tiempo en que destacan los nombres de los violentadores, puesto que son una cantidad menor.
El problema de violencia en las escuelas es una cuestión estructural y, por lo tanto, multifactorial, por lo que sí es necesario atender a la parte efectora para combatirlo; sin embargo, es igual de fundamental replantear el enfoque con el que se narra, pues esto se hace de una manera en que la parte afectada queda invisibilizada.
Es por ello que el documental busca romper con esta visión, dando prioridad a las familias y también retratando un poco de las cotidianidades de los niños, mostrando que son más que solo cifras, que cada uno con su esencia y personalidad representa una ilusión de vida diferente.
Los testimonios no cuentan detalles sobre el día de la masacre; en su lugar, se muestran los pasatiempos, los gustos y las peculiaridades de cada infancia. No se evade la tragedia, pero se decide que esta no sea el punto central de sus vidas.
Igualmente, esto nos sirve para empatizar un poco más con las familias, que han tenido que resignificar su dolor con el paso de los años.
Aún pasado un tiempo, los cuartos siguen intactos; se han convertido en un espacio de canalización emocional para los padres y seres cercanos, donde lo material y la organización conservan la esencia de sus hijos. Asimismo, son lugares que le dan a las familias algo a lo que aferrarse ante el coraje y la tristeza; los objetos se vuelven recuerdos tangibles, pruebas físicas de que los chicos existieron y dejaron un legado con dignidad.
Por otra parte, podemos reflexionar sobre lo que significa una habitación para nuestras vidas, un símbolo que, aunque pase desapercibido, es capaz de decir mucho sobre nosotros. El espacio en el que dormimos es una de nuestras partes más íntimas; primero, porque nos da la privacidad que no existe en el resto de zonas de la casa, donde podemos darnos un tiempo de sentir y pensar lo que posiblemente no podemos externar en compañía; y segundo, porque la forma en que decidimos decorarlo, así como el orden o mantenimiento que le damos, es un reflejo de nuestra personalidad, denota las prioridades y aficiones que nos hacen ser quienes somos.
En ese sentido, escuchar estas historias contadas a partir de las recámaras nos hace también adentrarnos a pensar en nuestros propios espacios y lo que estamos diciendo con estos; en cómo nos iremos y qué dejaremos en nuestro cuarto después de la muerte.
Es por eso que, después de un luto, decidir lo que se hace con el cuarto de la persona difunta conlleva todo un proceso emocional complicado, y tanto renovarlo como conservarlo son resoluciones a las que cada quien llegará de forma distinta.
Todas las habitaciones vacías aporta una mirada distinta y necesaria al abordar el preocupante problema de los tiroteos escolares en Estados Unidos.
El documental demuestra que, entre todas las partes de esta situación, olvidamos y debemos atender otras con igual urgencia, como la posición de las víctimas y la atención mediática. Conservar la esencia de esas infancias resulta fundamental, ya que vivimos en un sistema que perpetúa la violencia y les arrebata la inocencia.
Este cortometraje está disponible en Netflix.

Me gusta escribir lo que pienso y siempre busco formas de cambiar el mundo; siempre analizo y observo mi entorno y no puedo estar en un lugar por mucho tiempo
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