Toda publicidad es política

28 enero, 2021

“Brasil está quebrado y yo no puedo hacer nada”, dijo Jair Bolsonaro, arrancando el 2021. Al mismo tiempo que el jefe el Estado se declaraba inútil, la Coca Cola, una de las empresas privadas más dispuestas a avanzar sobre la esfera pública, dio un paso inmenso: la estación de metro de Botafogo, en la zona Sur de Río, pasó a llamarse Estación Botafogo /Coca-Cola

Por: Redacción Bocado*

Foto: Especial

BRASIL.- El 1 de enero de 2021 Coca-Cola se hizo titular de los naming rights (derechos de nomenclatura) de la estación de subterráneo brasileña Botafogo que inmediatamente pasó a llamarse Coca-Cola. No fue cualquier estación: Botafogo desemboca en la Praia Do Botafogo, una de las sedes de la empresa.

No es la primera vez que Coca-Cola avanza sobre el espacio público. Hay ciudades enteras del mundo decoradas con su logo. Coca Cola paga y pinta de rojo pueblitos perdidos en México, la Catedral de Viena y, más recientemente líneas de metro. Un ejemplo de esto es la terminal de autobuses de San José en Costa Rica, que además de tener una de las plantas de embotellamiento de la empresa en las cercanías unos años atrás pasó a llamarse Terminal Coca-Cola.

Antes de la crisis económica provocada por la pandemia, Metro Río acostumbraba transportar un aproximado de 900 mil personas por día. En julio el número había caído drásticamente, perdiendo cerca de 35 millones de reales cada mes, con un déficit acumulado de 150 millones de reales y un flujo de pasajeros 57 por ciento menor. Entonces el presidente de Metro Río, Guilherme Ramalho, describió la situación como una crisis sin precedentes, incluso evaluando la posibilidad de suspender la actividad de los subterráneos en agosto.

Coca-Cola vio enseguida la oportunidad, compró los derechos de nomenclatura y se dispuso a esperar a que el flujo de personas vuelva a la normalidad para disfrutar de su nueva publicidad perfecta.

Es una de las nuevas estrategias de marketing que las grandes marcas con mucho poder económico utilizan. Existen célebres casos de este tipo de inversión en el ámbito privado: el estadio del Corinthians que pasó de llamarse Corinthians Arena a Neo Quimica Arena luego de que la farmacéutica pagara 54 millones de dólares, o el estadio Toyota Stadium en el que el Dallas FC juega sus partidos. Algo similar sucedió años atrás en Buenos Aires, la capital de Argentina, en el ámbito público: la estación Bulnes de la Línea D de subterráneo pasó a llamarse Bulnes / Alto Palermo debido a que la empresa que maneja al centro comercial Alto Palermo financió la restauración de la estación.

En el caso de la estación Botafogo los usuarios de las redes sociales no tuvieron piedad a la hora de burlarse del asunto. @tijuca editó las imágenes de los ingresos a dos subterráneos, añadiendo a la estación Saens Peña el nombre de la farmacia Venancio, o a la estación Uruguai el nombre de la cadena de alimentos Big Néctar. En la caja de comentarios @tijuca solicitó que las personas sugirieran maneras de renombrar a las estaciones Alfonso Pena y Sao Francisco Xavier, a lo que los usuarios respondieron con nombres de cadenas de supermercados como Guanabara o la tienda de ropa C&A.

Si bien Metro Río declaró que no está en sus planes realizar ventas similares a la que acaban de hacerle a Coca-Cola, esto no es ninguna garantía. En tiempos de crisis económica una empresa aprovechó la situación para adueñarse del nombre de una estación de subterráneo de la vía pública; un manejo que no debería ser admisible.

*Esta nota se publicó en Bocado y puedes consultar aquí la publicación origina. Conoce este sitio especializado en alimentación y territorios.

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