Tlanixco envuelve en fiesta la liberación de defensores del agua

17 febrero, 2019

Textos: Lydiette Carrión Fotos: Ximena Natera

Llegaron a casa. Dominga González Martínez, Antonio Pérez González, Lorenzo Sánchez Berriozábal, tres personas defensoras del agua del Pueblo de Tlanixco fueron liberados tras 12 y 13 años de prisión. El recibimiento es el primer paso para restaurar el sentido de comunidad y quitar el estigma. Esta es una crónica desde la fiesta de bienvenida por su liberación

TENANGO DEL VALLE, ESTADO DE MÉXICO.- El confeti, los fuegos artificiales en cielo pleno de luna rotunda, las rosas rojas en manos de niños y mujeres, los globos de gusano multicolores, cartulinas que gritan la bienvenida, decoraciones como de fiesta infantil, mujeres llorando de alegría, de tristeza, de emoción, o de que en prisión se han quedado otros tres y hay dos más que siguen a salto de mata. Huele la carne, las tortillas, las cebollitas, la salsa inmisericorde en el patio de la casa de Dominga, la única mujer presa, la más grande edad, la más pequeñita de estatura, la de cara de niña y voz de mando.

Sobre la calle, la misma calle que en 2007 se atiborró de patrullas estatales y hombres con armas largas para sacar de su cama a esta mujer menudita de entonces 47 años, ahora se juntan los familiares. Niños, muchos niños siempre corriendo, tías, primas, primos, hermanos, o vecinos. Desde las casas vecinas, se asoman personas también.

Es domingo por la noche, y los borrachitos de la esquina observan todo también, eso sí, con sus caguamas en la mano.

La gente espera y desespera. Llegan un auto y la porra comienza: bienvenidos. Pero no son los tres; al interior van defensores de derechos humanos. Pasa un tiempo y llega otro coche. Vuelven las porras, pero se trata de abogados o defensores humanos. “No son”, y la porra se apacigua un rato. ¿Por donde vienen, por qué no llegan?

«Se están cotizando», dicen.

La realidad es que el auto en el que venían paraba a cada rato, porque desde la entrada del pueblo los querían saludar.

Por fin llegan, caminando triunfales entre porras y lágrimas, Dominga, Lorenzo y Marco Antonio, que se ha rezagado. Al entrar al patio de la casa, comienzan los mariachis, las porras, los discursos. Detrás de ellos, todos los que pueden. Pero son minoría, aunque el patio es amplio no da cabida a tanta gente.

Un centenar de personas no alcanza a entrar. Así que esperan en silencio, atentos, desde la calle, mirando hacia el interior. Algunos tomando, el ambiente en la calle ya no parece de fiesta, sino de expectación.

Entre estas gentes silenciosas y en penumbras está Faustino, con sus imprescindibles muletas.

Faustino

Algo que se habla por lo bajo, pero que no deja de estar presente en el ambiente, es que la detención de los seis dirigentes de San Pedro Tlanixco y la persecución a otros dos, no sólo descabezó y desarticuló el movimiento por la defensa del agua y los derechos del pueblo. También sembró una herida en el corazón de la comunidad.

Como ocurre en estos casos, con este tipo de represión, la comunidad se divide. En muchas ocasiones –la mayoría– se da confrontación al interior de la comunidad. Vecinos culpan a otros de lo que pasó, se divide el movimiento, se enemistan las familias. Esto no es privativo de San Pedro Tlanixco; ocurre en prácticamente cualquier comunidad que es sometida a esta represión.

Afuera, en la calle, una vecina permite a una fotógrafa subir al techo para tomar fotos. Después le dirá que no va a bajar a la fiesta, porque un familiar sigue preso. Y ahora tiene emociones encontradas. Feliz y luego triste. Esto ocurre una y otra vez. Otro hombre, al saber que ya liberaron a los primeros tres, primero se alegra muchísimo, y luego su cara se ensombrece. “Mi primo es Pedro”. ¿Para cuándo saldrá Pedro?, es la pregunta que queda sin decir. ¿Cuándo saldrá? ¿Podrá salir?

Algo de esa ambivalencia se respira en la calle: alegría por los que ya salieron, y el recuerdo de una persecución que destruyó la comunidad. El recuerdo de que hay otros tres sentenciados y ratificados, detenidos desde el 2003. Casi 16 años en la cárcel. Y que hay otros dos, huidos, alejados. Y probablemente la victoria trae a la memoria esos conflictos, enemistades, surgidas desde aquel entonces. Esta es una victoria parcial, agridulce, que no todos logran hacer suya. De ahí que los tres libres y el abogado de los presos, director de la Organización de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero, insisten en cada oportunidad: Vamos a sacar a los otros tres. Vamos a liberar a los ocho.

Algo de esa ambivalencia probablemente sufre también Faustino, profesor normalista, egresado de la Normal Rural de Tenería. Amigo desde la infancia de Pedro. Un día antes, el sábado, Faustino estuvo presente en el mitin afuera del penal, mientras se realizaba la audiencia que finalmente otorgó la libertad. Ahí narró:

“Estaba yo en la lista. No me detuvieron porque no estaba en el pueblo ese día”.

Faustino, un profesor normalista, daba clases en otro pueblo cuando sucedieron los hechos. La muerte de Basso ocurrió un martes. Pero Faustino se iba de Tlanixco cada lunes temprano y regresaba hasta el viernes por la noche.

Tuvo que ausentarse o estar “ilocalizable” por al menos 15 días, hasta que su abogado comprobó por medio de la lista de asistencia y otros documentos que no se encontraba en San Pedro aquel día; también presentó documentos del ISSSTE que daban fe de su discapacidad motriz, e incluso el documento que le entregaron en el Ejército, cuando lo excusaron de prestar el servicio militar debido a las muletas. De otra forma, a él lo hubieran detenido también.

“Yo en ese tiempo fui delegado municipal. Por eso quisieron fabricarme ese delito”.

Faustino logró zafarse de la acusación. Aún así Pedro, su amigo de la infancia, no. “Desde los seis años, él, Lorenzo, eran de mi generación. Fuimos amigos toda la vida. Excepto estos últimos 15 años”.

Explica entonces que no lo ha visto, más que en muy pocas ocasiones. Se ve el cariño de su amigo de la vida y la culpa. La culpa del sobreviviente. “Pedro era un dirigente muy activo, la parte más visible del movimiento”.

“A Dominga, que era una mujer mayor que nosotros, le gustaba también andar organizando, era, es, una mujer muy entrona, muy valiente, sin pelos en la lengua. No que dijera groserías, pero decía las cosas como son”.

Por eso “les fabricaron delitos, para que todo se viniera abajo”.

Petra

El ataque a dirigentes se repite una y otra vez. Todos los detenidos, todos los acusados eran activos miembros de la comunidad. Se repite también con Rey Pérez Martínez, quien debió huir de su casa desde el día 2 de abril de 2003 para no ser detenido. Actualmente Rey tiene 63 años, y lleva 15 años prófugo. “Él no quería irse, pero nos tuvo que abandonar”, explica Petra.

Petra, su mujer, se encuentra en el mitin que espera la liberación de los tres este domingo por la tarde. Rey era el comisariado ejidal aquel 2003. En aquel entonces el hijo más pequeño de Rey tenía ocho años. Así, siendo niño, le tocó ver que llegaran los estatales con armas largas a buscar a su papá. “Quedó como traumado. Él iba saliendo de casa cuando los judiciales entraron y le apuntaron. Imagínese, a un niño”.

Los manifestantes gritan:

«¡Hoy nos llevamos a tres, mañana a los otros tres!».

Agua y niños felices

Regresando con Faustino, si bien era de los únicos que no tenían un cargo específico en ese 2003, era, de alguna manera, el corazón del movimiento. Desde muchos años antes, del conflicto, se dedicó a organizar a la comunidad, no sólo respecto al agua, sino también para crear bibliotecas, exigir servicios al gobierno.

Y sobre el conflicto por el agua, el que originó todo, explica: “Estamos en las mismas. El otro día vimos las concesiones y de ese arroyo, sacan 120 litros por segundo, ellos (los floricultores) se quedan con la mitad. Nuestro pueblo ya se organizó y va a tomar el agua. Porque es nuestra, nace en nuestro territorio y además cuidamos el bosque”.

San Pedro Tlanixco está reforestando unas mil hectáreas de bosque, “no de la mejor forma”, admite, pero “nuestros recursos son limitados”.

Si se hiciera con más cuidado, habría más agua. Nuestros bosques nos los entregó la Corona española desde hace casi 500 años”. Y Faustino explica cómo tienen copia de documentos que les fueron entregados, datados al menos desde 1538, en los que la Corona Española reconocía el territorio de Tlanixco.

Además de cuidar el bosque y recuperar el agua, Faustino quiere construir una escuela digna. Actualmente, la primaria que hay en San Pedro Tlanixco se encuentra en un terreno de mil 500 metros cuadrados. Ahí se encuentran todos los salones, sanitarios, oficinas… y los niños ni siquiera tienen un patio donde jugar.

“Ya preparé una carta para el presidente López Obrador. Ojalá se la pueda entregar directamente a él. Antes cuando nosotros éramos niños, podíamos jugar en donde fuera. Bajábamos al río (Tlanixco) y fuimos muy felices. Yo quiero eso: que los niños sean felices. Por lo menos mientras son niños. Si nos ayudan con el terreno, nosotros vemos de dónde sacamos lo demás. Pero que los niños sean felices”.

Faustino narra todo esto el sábado, mientras se desarrolla la maratónica audiencia, atípicamente larga, en donde la Fiscalía del Estado de México se desistió de la causa penal 32/2013 abierta por la muerte de Alejandro Isaak Basso, el 1 de abril de 2003. Con el desistimiento, Dominga González Martínez, Marco Antonio Pérez González y Lorenzo Sánchez Berriozábal (la primera detenida en 2007, y los otros dos en 2006) salieron libres y exonerados por fin, a las 7 de la noche de este domingo.

El lunes, a primera hora, explica Antonio Lara, el abogado defensor, se iniciarán los procesos para la liberación de Pedro Sánchez Berriozábal, Teófilo Pérez González y Rómulo Arias Mireles, detenidos en junio de 2003, así como la exoneración de Rey Pérez y Alejandro Álvarez, quienes se encuentran evadidos de las autoridades desde entonces.

La muerte del empresario floricultor Alejando Isaak Basso se dio en un contexto de movilizaciones y conflictos en la zona, debido a que las autoridades del Estado de México otorgaron a un grupo de empresarios floricultores del municipio Villa Guerrero, la concesión de agua del Río Tlanixco –o Grande– que correspondía históricamente al pueblo de San Pedro Tlanixco.

La Organización de las Naciones Unidas, el Centro de derechos humanos Zeferino Ladrillero, así como diversas organizaciones sociales han dado cuenta de que el proceso judicial estuvo, desde el inicio, plagado de fabricación de testigos y pruebas. Y que la detención de los seis obedeció más al empeño de desarticular la organización social del pueblo que luchaba por la preservación de sus recursos naturales, más que con el castigar un crimen.

El empresario Isaak Basso murió el 1 de abril de 2003. Aquel día, él y otros 11 floricultores se internaron en la barranca del Río Tlanixco sin avisar a los pobladores. Éstos los confrontaron y tras varias horas de discusión, mientras los grupos subían por una vereda intrincada, Basso cayó. Los floricultores acusaron que fue arrojado; los pobladores, que se resbaló.

Proceso “ejemplar”

El proceso judicial contra Tlanixco es ejemplar… en materia de fabricación de pruebas y testigos. Por ejemplo, las primeras declaraciones de los 11 testigos se realizaron el 16 de abril de 2003. Antes de esa fecha, los testigos se reunieron con autoridades, y revisaron videos de los encuentros entre líderes indígenas y funcionarios del gobierno de Arturo Montiel. De ahí sacaron nombres y rostros.

 Los mismos testigos señalaron hasta en tres ocasiones, a cuatro personas “sin temor a equivocarse” como responsables.

Una de esas cuatro personas fue Venancio Zetina González, pero éste había muerto un año antes de los hechos.

 Otro de los acusados en esas primeras declaraciones fue Faustino Trujillo Perdones, profesor normalista. Lo acusaron de “cargar” a uno de los retenidos. De patear a los floristas y de escalar la vereda por donde cayó el señor Basso. Sin embargo, Faustino tiene una discapacidad motriz y usa muletas. Los otros acusados en ese primer momento fueron Benito Álvarez Zetina y Eva Olimpia Álvarez Tejeda, pero ellos acreditaron que se encontraban haciendo unos trámites al momento de los hechos: presentaron videos oficiales y documentos que los situaban en otro lugar.



Faustino, Benito y Eva (así como Venancio, que ya estaba muerto) corrieron con suerte y la entonces Procuraduría del Estado de México debió dejarlos por la paz.

Mas Pedro Sánchez Berriozábal, Teófilo Pérez González y Rómulo Arias Mireles no tuvieron esa misma suerte. Ellos fueron detenidos en julio de 2003.

Consulta nuestra cobertura:

Tlanixco presiona por posible liberación de defensores del agua

ONU-DH reprueba criminalización de indígenas de Tlanixco

Presos por defender el agua

Resistencias

Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

Periodista visual especializada en temas de violaciones a derechos humanos, migración y procesos de memoria histórica en la región. Es parte del equipo de Pie de Página desde 2015 y fue editora del periódico gratuito En el Camino hasta 2016. Becaria de la International Women’s Media Foundation, Fundación Gabo y la Universidad Iberoamericana en su programa Prensa y Democracia.

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