Leyendo:
Sinfonía 3 Op.33

Por: Eduardo Sierra Romero

Fotos: María Ruiz

‘Oculto en la luz’

Hay una vía, un corazón que surge
como Dios desde el océano más profundo.
Hay una profundidad que se desdobla,
relaciona a los elementos con nuestras flexiones.
Todo lo forjado con fuego
lo templas con saliva.


como Dios desde el océano más profundo.
Hay una profundidad que se desdobla,
relaciona a los elementos con nuestras flexiones.
Todo lo forjado con fuego
lo templas con saliva.

El dedo se aleja del orificio por donde
entra La Luz, liberando oraciones que se dirigen
al interior de nuestras habitaciones, cada vez
más libres de tumulto.

Se sujeta el rocío entre las piernas,
se interioriza el alcance de la figura
que yace en nuestros centros.

Atraviesan fulgores como líneas por el techo
incomunicado de rotaciones ajenas a nosotros.

Circuitos se interrumpen con la química,
aflora la condición desnuda de los seres.

Accidentes premeditados en el trazado del
territorio, los pulgares extáticos se
ciñen al viento. Se modelan en treinta y tres
dimensiones los rasguños del pecho.

Todo sector de las venas palpita,
oxigenación de las ruinas, resurgimiento
de lo natural, en ritual de guerra
conformamos la paz.

Abundancia, no cerca la limitación
la parábola de la conciencia en fuga
espiral alrededor de tu danza.

El rayo ciega la Tierra, fértil en
velocidades, se entiende el reflejo como
cuerpo tuyo que recrea lo iluminado.

Pero hay una vía, un surgimiento de
corazones que se expanden al ritmo de lo inmenso.
Hay una inmensidad elemental que relaciona nuestras profundidades.
Todo lo esculpido en agua se
solidifica con tu fuego.

Hacia dentro

Se difumina entre la luz el recuerdo del deseo,
y anhela lo que brilla su desfase en el peligro.

Como lo que curva mis andares,
como lo que estabiliza el parpadeo ante el susurro de
la ceguera, y la rebeldía.

Dijo el poeta que el capitán no era el capitán,
y ahora las corrientes inundan lo que da la espalda
a ser uno con el mar.

No descansa el recuerdo y no descansa lo luminoso,
en la grieta de mis labios no hay resistencia,
brota el movimiento de alabanza, resplandor de lo terreno
en el cimiento del pasaje a lo divino.

Como lo que define mis escenarios,
como lo que destina mis arrebatos al concilio y al amor.

En el cenit de sus días, dijo el poeta
que había Una Vía, y ahora la totalidad revela
el interior de lo que es fuego.

Entregas anteriores:

Un vivo relato de un amor y de una vida

Hay una llamada

Poeta y periodista. Me interesa el autoconocimiento y la exploración intuitiva de la realidad desde la perspectiva espiritual.

Foránea siempre, lo suyo es lo audiovisual y el periodismo es la vía por donde conoce y cuestiona al mundo.

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