“Seguimos pa’lante”: la música cubana frente al bloqueo

18 octubre, 2026

En pleno centenario del natalicio de Fidel Castro y con el bloqueo estadounidense en su nivel más severo, el dúo cubano Buena Fe visitó México para ofrecer un recital en la Embajada de Cuba. En entrevista, Yoel Martínez e Israel Rojas hablan de Fidel, del arte crítico desde la pertenencia y de cómo la música cubana resiste los apagones, la asfixia económica y la presión del mercado

Texto y fotos: Paola Ramos Moreno

CIUDAD DE MÉXICO. – Son de Guantánamo, de esa provincia al extremo oriente de Cuba conocida porque, hacia el sur, un pedazo de su terruño permanece ilegalmente ocupado por Estados Unidos, con una base naval, un centro de detención y presencia de militares norteamericanos.

Allá crecieron Yoel Martínez Rodríguez e Israel Rojas Fiel, juntos, conocidos como Buena Fe. El dueto, reconocido por su propuesta musical heredera del movimiento de la nueva trova, irrumpió con tremenda fuerza en los años 90 y se encumbró hasta convertirse en uno de los grupos musicales más afamados de la Isla.

Este 2026 visitaron México para una gira, en coincidencia con el año del centenario del natalicio de Fidel Castro Ruz, por lo que hicieron una parada algo particular en la capital: ofrecer un recital en la Embajada de Cuba ante cientos de mexicanos militantes de partidos y organizaciones antiimperialistas que abogan por el fin del bloqueo económico y energético impuesto por Estados Unidos contra la Isla.

Desde inicios de año, por una orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, este bloqueo se ha aplicado con la máxima severidad registrada, al impedir por completo el abastecimiento de combustible a la mayor de las Antillas, causando graves estragos en la vida de más de 9 millones de personas.

La luz, la alimentación, el acceso a enseres y a procedimientos médicos; el uso del transporte y el funcionamiento de las cadenas de producción; el internet para laburar o para hacer la tarea, el riego para la agricultura, la corriente para que la comida no se pudra en el congelador y el ventilador para paliar el calor… Todo está siendo afectado para asfixiar a la Isla, en la que Trump busca forzar un levantamiento interno y, con ello, un cambio de régimen. Todo allá, adonde uno vea, está siendo afectado. El arte, la cultura y la música también. ¿Cuál es el estado de este arte y de los músicos cubanos hoy frente al bloqueo? De esto platicamos con Buena Fe.

–Han dado un concierto en la Embajada de Cuba en México en el marco del centenario del natalicio de Fidel Castro frente a cientos de militantes de izquierda en un momento de gran dificultad para el proyecto socialista en la Isla. ¿Cómo definen ustedes al líder revolucionario?

Israel. – Yo defino a Fidel como un ser humano extraordinario, que le tocó un contexto extraordinario y fue capaz de sobreponerse a un conjunto de circunstancias y obstáculos. Él fue capaz de traspasar los límites de su tiempo y concretar una realidad soñada por una generación. Los sueños de Fidel no eran solo de Fidel, eran los sueños de la gente, de jóvenes martianos que estaban cansados de la corrupción de aquella república, de la dominación neocolonial de los Estados Unidos, de la mala repartición de la riqueza, de una oligarquía progringa y entreguista, de una democracia republicana tan subdesarrollada. Fidel enamoró a todo un pueblo con la idea de construir un proyecto de nación emancipatorio que trascendió los límites de Cuba. Su legado más importante fue su capacidad para entender lo que advertía Martí: que patria es humanidad y que nadie se salva solo; que la solidaridad es la única herramienta para salvarnos desde el desprendimiento y el servicio hacia el otro. (…) Fue un hombre de su tiempo, un gran intelectual, un gran combatiente, un gran estratega y un gran político. Aunque no creo que sea irrepetible.

Yoel. – Sí, creo que no es saludable verlo como un ser de otra galaxia. Fue un hombre que cometió errores, pero que enfiló el camino y corrigió. Fidel puso a Cuba en un lugar del mapa en el globo terráqueo.

–Su camino como artistas se ha dado precisamente en un contexto de construcción del socialismo. En el inicio de su carrera, cuando ustedes eran jóvenes, su propuesta fue catalogada como fresca, crítica e incluso contestataria. Ahora, al paso del tiempo, con el recrudecimiento del bloqueo y algún sector juvenil que ya no necesariamente se identifica con el proceso revolucionario, ¿cómo atraviesan estos cambios desde un arte como el suyo: uno que no solo habla de la alegría, las relaciones y la cotidianidad, sino también de su realidad social?

Israel. –Nosotros somos herederos del movimiento de la Nueva Trova, un tipo de arte de los jóvenes de los 60 y 70 que hicieron canciones cuando comenzaba el proceso revolucionario, en un espíritu de pertenencia a la construcción de esa nueva sociedad. Somos herederos de esa estética y esa ética cancionística. Eso sí, desde un arte crítico: porque el arte verdadero no es complaciente, es también meter mano en el entramado social, es exponer nuestros sueños, pero también nuestras desilusiones, lo que sí funciona y lo que no funciona.

Y tú tienes razón: hubo un momento en que nuestra manera de decir las cosas fue considerada contestataria, pero nosotros siempre dejamos claro que era desde la pertenencia: somos cubanos y queremos un país que se desarrolle en paz y en armonía, en el que pensamos que los programas de la Revolución —educación universal, sanidad pública gratuita, programas de seguridad social— son acertados. También hemos peleado, por ejemplo, por que existan cambios en la economía que hagan más eficientes nuestros recursos. La polarización política no es cosa exclusiva de Cuba, también la podemos ver en México, en Estados Unidos y en América Latina; es un fenómeno que ha roto el pacto social, los cimientos de la pertenencia.

Sin embargo, nosotros hemos decidido ser coherentes con los principios con los que comenzamos: hemos tenido una posición crítica, vamos a seguir teniéndola y nos moriremos teniendo una posición crítica, pero desde la pertenencia, desde la construcción de una Cuba para el bien de todos: una Cuba socialista.

–Hablando de pertenencia: la música es un pilar central para el cubano. Hoy, en el espectro musical escuchamos canciones con contenido crítico, pero también abiertamente anticomunista. Por ejemplo, entre letras de algunas canciones se escucha el grito «Cuba Libre», tergiversando su sentido socialista original para acusar al régimen actual de ser una dictadura. ¿Ustedes cómo leen esto, que estas expresiones musicales se vinculen con esas posiciones políticas?

Yoel. –Yo creo que en el caso de los artistas cada uno escoge lo que quiere, ¿sabes? Respecto de la música urbana, no soy amante cuando viene acompañada de textos nocivos, agresivos o tóxicos. Ahora bien, creo que hay cantautores muy buenos y no tienen por qué pensar exactamente como uno. Tú puedes ser de izquierda o de derecha, pero es al arte a lo que quisiera referirme, porque eso es lo que hacemos: si [alguien] hace buen arte, tienes que respetar su obra; al final lo que queda es su obra y ya luego para dónde tira pues, nada, eso es una cuestión de cada cual. Hoy en Cuba, aun cuando la situación es complejísima para los artistas, se sigue haciendo muy buena música.

–Compleja por el bloqueo…

Yoel. –¿Cómo pararse en un escenario con el tema este de la falta de electricidad? Es bien complejo. Como decimos nosotros: hoy es complejo poner a la gente a bailar con aquellas grandes orquestas como Los Van Van, como Havana D’ Primera, que usan tantos instrumentos. Actualmente es más fácil para un artista pararse con un background [música o pistas grabadas], porque es más económico. Eso hace que cada día incluso cambien los patrones también para aquellos nuevos que vienen e intentan hacer música.

Israel. –Ante esta crisis dolorosísima que estamos viviendo, fruto del bloqueo petrolero y de las medidas genocidas de Marco Rubio y de Trump y de toda esta desgracia, Cuba sigue siendo un hervidero de creación musical: de jazz, de música contemporánea, de música clásica, de hiphop, de música popular bailable, de rock, de pop… Pero hay que tomar en cuenta que ya la legitimación del mercado es otra cosa: tú te asomas a las plataformas digitales y lo que se entiende por «música cubana» ya no necesariamente sale de Cuba, sino que pasa por el que tenga más acceso a plataformas, capacidad de excitar los algoritmos con promociones, con dinero.

Hay una mediación mediática, una construcción de cómo quieren que sonemos, de cómo quieren que nos veamos, y eso pasa por el acceso a la economía: el que más dinero tiene, suena más, se posiciona más, y el mensaje que más suena es desideologizado y, si tiene algo de ideología, nunca va a sonar a favor de una propuesta emancipatoria.

Que se sepa que la música cubana es mucho más que eso. De hecho, hay muchos artistas en la diáspora haciendo un arte muy interesante que no siempre entran por el aro de lo políticamente correcto de acuerdo con lo que hoy el mercado está premiando; es importante hacer esa acotación.

–Esto está atravesado entonces por ese recrudecimiento del bloqueo y de las consecuencias de ese bloqueo coleccionadas, digamos, en la espalda.

Israel. –Nosotros, ¿cómo sobrevivimos? Como sobreviven los artistas independientes; a nosotros no nos paga el gobierno, como muchos han dicho. En Cuba somos gente muy laboriosa, muy trabajadora, que a pesar de los apagones y las circunstancias tan complicadas no hemos dejado de grabar, no hemos dejado de trabajar, no hemos dejado de buscar alternativas. Nos han tratado de boicotear los mercados y seguimos, revolucionariamente, fidelistamente, entendiendo que esas dificultades tienen solución y que, encontrando a las personas correctas, a nuestro público, podemos ganar honestamente la comida para nuestra familia y buscar los recursos para no parar las ruedas de la producción musical.

Y también, bueno, seguir contribuyendo desde el arte —que es lo que sabemos hacer— a lo mejor de nuestra nación: a veces desde la canción crítica, a veces desde la reflexión, a veces desde la alegría, a veces desde una canción de amor… pero siempre buscando la excelencia artística, que nuestro show sea divertido, que nuestros conciertos sean espacios de confluencia; nosotros no generamos un show militante, nosotros nos manejamos mucho de buena fe. Los shows nuestros son un convite de las buenas ideas, de los buenos sentimientos, de la risa. Intentamos llevarles al público una buena experiencia sensorial, emocional y poética. Estamos vivos actualmente, en un contexto tan difícil, y a pesar de tantos embates. Seguimos pa’lante.

–Las propuestas musicales cubanas se caracterizan por ser diversas, abundantes y novedosas. En Buena Fe incorporan multiplicidad de ritmos locales —como la rumba en «La Carta»— e innovan aun en este contexto de privaciones. ¿Cómo viven ese proceso creativo de creación, de diálogo entre géneros, y qué viene para Buena Fe?

Yoel. –Buena Fe es un collage, son muchos colores. Somos de El Caribe, pero realmente de la zona más caribeña: el oriente cubano, donde se respiran muchos sabores, muchos colores —musicalmente— que ahí confluyen. A nosotros realmente nos encanta experimentar con todos estos matices. Según la canción, según el texto, el contexto en que estemos viviendo y trabajando, habrá mucho en Cuba con lo que se puede experimentar. ¡Somos herederos de tanto!: el changüí, el nengón, el kiribá.

Israel. –Sí, también nos hemos dado a la tarea esa: de no solamente fusionar con el pop, con el rock, sino también bajar a la tierra, ir a la tierra, sin abandonar sonidos más universales que nos puedan cautivar.

Israel hace una pausa. Se reincorpora, emocionado, para mostrar un video desde su celular. Es una mujer que toca con gran cadencia una percusión metálica. En las orejas, audífonos puestos.

Israel. –Mira, mira: esto es ahora mismo, se está grabando en tiempo real, con una EcoFlow, que es una batería portátil. [Ante los apagones prolongados, las y los cubanos han recurrido a dispositivos de energía portátil. La batería EcoFlow es utilizada por los músicos para alimentar sus equipos en lugares sin acceso a red eléctrica.] …Es en Santiago de Cuba, estamos haciendo la última colaboración de nuestro más reciente disco, con la Steel Band de El Cobre. El nuevo disco tiene varios ritmos y varias experimentaciones; bueno, hasta un pedacito de reparto hay por ahí [un género urbano cubano nacido en barrios periféricos]. Se llama Trineo. La música nuestra intenta eso: irse acercando a las audiencias, experimentar y jugar con la música sin abandonar la poesía, esta música de autor de la que hoy hablamos, que es lo que nos define.

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