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“Se metieron con la generación equivocada”

Texto: Lydiette Carrión. Foto Twitter: Whorechacha‏ / @axelvaltierra

El ataque porril más conspicuo que ha sufrido la UNAM, en décadas, detonó la movilización estudiantil más contundente desde 1999. Ahora en las asambleas de universitarios se definen paros, se discute el porrismo, los reglamentos y cobros ilegales, la inseguridad, los feminicidios, y la destitución del rector

Este martes, en Ciudad Universitaria, acudieron a las asambleas hasta los muertos. Caras muy jóvenes, la mayoría, estudiantes universitarios y preparatorianos; y también jóvenes egresados que todavía tienen vínculos en las aulas. Algunos ancianos, de aquellos que recorren los pasillos desde el alzamiento zapatista en 1994; o miembros de sindicatos solidarios. Y profesores cuarentones o cincuentones, que han sido activistas desde, al menos, el movimiento del 86. Uno de ellos es Mario Benítez, El Gato, quien fuera estudiante durante el 86, profesor de Economía en la huelga del 99 y una de las cabezas más visibles de aquel movimiento. Sigue siendo profesor.

Los estudiantes ya estaban cerrando el mitin, pero Mario se les adelantó y pidió la palabra. Con sus canas, y su cara tremendamente familiar aquí en CU, con su voz templada en asambleas universitarias desde los años ochenta, aconsejó a los estudiantes: “Háganles saber que se metieron con la generación equivocada”.

Y los estudiantes rugieron.

El ataque de porros de CCH Azcapotzalco y Vallejo, el lunes 3 de septiembre, tal quizá vez no sea el más violento de los últimos años, dado que en los planteles de la periferia de la ciudad el porrismo es flagelo constante, pero sí se trató del más descarado. Sus víctimas fueron estudiantes del CCH, quienes organizaron una marcha desde La Bombilla a la Rectoría en protesta por un conflicto con la dirección de su escuela y la inseguridad en el plantel. Se juntaban otras demandas. Por ejemplo, el tema de siempre: cobros ilegales en la UNAM, la exigencia de justicia para los feminicidios de Lesvy Berlín Rivera Osorio, ocurrido en CU, y el de Verónica Guadalupe Benítez Vega, estudiante de la FES Cuautitlán, asesinada por su esposo.

La marcha ya estaba frente a Rectoría y los estudiantes pretendían entregar su pliego petitorio. Pero, narraría después un estudiante universitario, las autoridades no les abrieron la puerta. Fue entonces que los porros atacaron con petardos, palos e incluso con armas blancas. El saldo, al menos cuatro estudiantes lesionados, dos de ellos muy graves.

Un día después, el martes 4 de septiembre, en prácticamente todas las facultades y escuelas de la UNAM, dentro y fuera del casco, se realizaron asambleas y en un gran número se optó por realizar paro activo, paro total por 48 horas o paro indefinido. También se discutieron otras cosas: el vínculo con otros movimientos sociales, los problemas al interior de cada escuela, qué pasa en el país…

La respuesta estudiantil fue elevada. Por ejemplo, ya por la tarde, los estudiantes de la Facultad de Medicina, que generalmente son poco participativos en estas cosas, votaron por un paro activo de 48 horas. También lo decidió así la Facultad de Economía un paro activo, y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales cerrará sus puertas hasta el viernes. En CCH Azcapotzalco, que ya se encontraba sin labores académicas, se declaró un paro indefinido, así como en el CCH Naucalpan. En CCH Oriente, quienes también protestaban por el reciente secuestro y feminicidio de una estudiante, Miranda Mendoza, decidieron un paro hasta el viernes. Sur y Vallejo, de 48 horas.


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Lydiette Carrión Soy periodista. Si no lo fuera,me gustaría recorrer bosques reales e imaginarios. Me interesan las historias que cambian a quien las vive y a quien las lee. Autora de “La fosa de agua” (debate 2018).

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