“Se acabó la subordinación del presidente con los medios”

12 julio, 2020

El coordinador de comunicación social y vocero de la presidencia defiende la política de comunicación, que se salta a los medios y periodistas y habla directo a la gente. Acepta que hay excesos, contradicciones, y que no han sabido comunicar a la nueva generación

Texto: Daniela Pastrana y Reyna Haydee Ramírez

Fotos: María Fernanda Ruiz

Jesús Ramírez Cuevas forma parte del ala radical del gabinete del presidente Andrés Manuel López Obrador. Periodista formado ideológicamente en la izquierda, que muchos años fue zapatista, anticapitalista, antisistema, defensor de sociedad civil, feminismo y ambientalismo. Hoy es el responsable de la comunicación social del gobierno federal y de una empresa que parece imposible: ser vocero de una presidencia que no para de hablar. Es quien opera, pero también quien le da un marco conceptual a muchas de las decisiones.

En una larga entrevista con Pie de Página, que por momentos se vuelve charla y deriva en un alegato a cuatro voces de periodistas de distintas generaciones y contextos, relata las decisiones que han llevado al gobierno de López Obrador a una controvertida estrategia de comunicación, que básicamente busca llegar a la gente, sin pasar por intermediarios, en este caso los medios y los propios periodistas.

“Este país ha cambiado y uno de los ámbitos donde es muy claro eso es el de los medios. Venimos de una tradición de medios con una fuerza enorme, sobre todo, radio y televisión. Eran ‘Los Medios’. Eso se acabó ya. Siguen siendo muy influyentes, tienen todavía mucha audiencia, siguen marcando en cierta manera el debate, pero ya hay otras fuentes, otras dinámicas y otras formas de informarse”, dice.

La gente recibe la información por redes sociales, dice. Eso tiene sus riesgos, pero, paradójicamente, parte del cambio del país tiene que ver con el cambio de los medios, evalúa. Y desgrana lo que, desde su visión, es el antes y después del gobierno que representa.

“Venimos de un sistema autoritario que tenía el control absoluto de los medios, de los contenidos y del debate público. Luego, el neoliberalismo deterioró al poder político y económico, y su correlato fue el cambio del papel de los medios. Al empoderarse poder económico debilitó y subordinó al poder político. Esto es importante, porque pasamos de la frase tan famosa del tigre Azcárraga de ‘hago televisión para jodidos y soy soldado del PRI’, a un momento en el que Televisa ya estaba fabricando un presidente, con el poder para quitar de la contienda a quien quisiera”.

—De soldado del PRI a jefe de los presidentes.

—Sí. A jefe del gobierno. Porque no sólo fue dictar la agenda, sino establecer una colonización del presupuesto público. Las empresas mediáticas se diversificaron, se volvieron constructoras, se volvieron empresas energéticas, empresas proveedoras del gobierno en diversos campos, hasta la industria farmacéutica fueron a parar algunos.

Eso se rompió en 2018, por la dinámica de redes sociales y la deliberación pública que generó el uso de las redes sociales, dice el vocero presidencial: “Venimos de ese cambio del empoderamiento de los ciudadanos”, jura.

Las mañaneras

Si no cuentas con los medios, es necesario crear un frente mediático que no esté sujeto a los intereses de la industria, dice Ramírez Cuevas: “Había que crear una fuerza comunicacional, informativa que pudieran enfrentar a ese ecosistema mediático opuesto al cambio, porque estaban muy acostumbrados a recibir mucho dinero”.

Así nacieron las conferencias matutinas del presidente Andrés Manuel López Obrador, las “mañaneras”, como las rebautizó la prensa, una versión remasterizada de las conferencias que realizaba como jefe de Gobierno de la Ciudad de México, todos los días a las 6 de la mañana.

Hoy, esas conferencias son a las 7 (antes, el presidente tiene reunión con el gabinete de seguridad) y se transmiten por todos los canales que tiene disponibles el gobierno: youtube, períscope, facebook. Son la principal herramienta de comunicación del gobierno y han llegado a tener millones de personas conectadas al mismo tiempo en los distintos canales.

“Nacen como una manera de marcar la agenda, de transparentar la acción del gobierno, pero también de establecer este diálogo del presidente para poder construir una subjetividad favorable al cambio”, dice.

“En un principio (los medios tradicionales) estaban muy escépticos, diciendo ‘bueno, pues a ver cuánto les dura la cuerda para enfrentarnos, que al final nos van a necesitar. Va a comenzar a caer su imagen, su prestigio, entonces nos van a necesitar, nos van a dar dinero y se van a sujetar a los intereses que queremos promover’. Esto no ha ocurrido. Lo que buscamos fue ser un gobierno de puertas abiertas, que diera la cara y que diera explicaciones de la toma de decisiones, que transparentara su lógica y, en lo más posible, la información de por qué se toman decisiones”.

La conferencia matutina no es una conferencia de prensa tradicional, acepta. Pero no sólo porque ha llenado la agenda de la vida pública, con comentarios, acertados o no, del presidente, sino porque juega otro papel, que Jesús Ramírez define como “una especie de escuela ciudadana”. 

“Si la información es la base, la célula de la democracia, esta deliberación sobre lo público, la toma de decisiones, las diferentes realidades, han ayudado a construir una cultura política que era ajena para la mayoría de la población”, sostiene. 

“Por primera vez, el gobierno tomó en cuenta a los ciudadanos —sigue—. Es decir, construyó una política comunicacional con base en el Derecho a la Información y el Derecho a la Libertad de Expresión que tienen los ciudadanos. A través de las redes hemos generado otro tipo de comunicación: una muy centrada en el presidente, otra en las dependencias, en el trabajo que se está haciendo. Y lo más relevante: convertir a los ciudadanos en entidades informativas del gobierno”.

Las vespertinas

El coronavirus SARS-COV-2, dice Ramírez Cuevas, obligó al gobierno a cambiar la estrategia de comunicación para “evitar que los intérpretes de la realidad, es decir, columnistas, comunicadores y analistas, se apoderaran del sentido común de lo que pasaba con la pandemia”. 

Por otro lado, insiste, permitió construir un canal directo respecto a las preocupaciones de salud.

“Ningún gobierno en ningún lugar del mundo ha dado tanta información de lo que hace, cómo lo hace y para qué lo hace”.

—¿Eso tiene riesgos?

—Sí. Los riesgos son los de siempre, Transparentas hasta la precariedad. Hasta decir: «necesitamos aplanar la curva o hacer más lentos los contagios porque nuestro sistema de salud no nos alcanza». Lo que ha hecho Hugo López-Gatell ha sido acompañar ese proceso y quitar los miedos y romper con esta idea de que lo técnico, lo científico, es lo más alejado de la gente. 

— Y después vinieron las conferencias de bienestar y de economía, hasta tener la programación llena de información oficial… 

— Porque se va complejizando el problema con la situación económica. Esto ha sido una guerra por la interpretación. Pero estamos viendo que con el tiempo se va reafirmando que la estrategia que se adoptó es de apoyo a grades sectores, de paz social.

—Estas semanas no se ha visto mucha paz social…

—Paz social sí hay. No ha habido estas multitudes reclamando porque se sienten abandonadas ni aún en los momentos más críticos de Ecatepec, Baja California o aquí en la Ciudad de México, por la saturación. Sí hay un efecto social, político, de paz. Entonces, ¿qué había que hacer? Comunicar todo esto en la complejidad de lo que es. 

Eso pasa, jura, por definir que no es un gobierno comunista ni autoritario. ¿Qué es?

“Un gobierno democrático, que respeta al mercado, pero que no se subordina ni el gobierno ni la sociedad ni las necesidades del mercado, sino que el mercado tiene que adaptarse a las necesidades del Estado. Esta pandemia llevó a hacer el énfasis en la salud, en el empleo, en el medioambiene. Nos dio un bache de largo aliento. Creo que hay soluciones para salir, pero finalmente es un bache. Y es una pandemia mundial que tiene a todos en esta misma situación».

El imaginario social

—¿Por qué se hacen las conferencias en el Palacio Nacional?

—Para mandar el mensaje de que es una decisión de gobierno, no de una dependencia, que es de interés del presidente. Y para subirles el perfil. En el momento más álgido de la pandemia, la conferencia de salud logró más audiencia que la mañanera.

—¿No es eso riesgoso, de nuevo, que se centre todo en una figura y que sigamos reproduciendo esta idea de que todo es por obra y gracias de una persona?

—Al contrario. Los secretarios tienen una imagen y los conoce la gente.

— Pero en un país presidencialista, paternalista, patriarcal, ¿no ves un riesgo en fortalecer la idea que de todo se mueve a partir de una persona?

—El presidente esta convencido de la democratización de la presidencia, por eso la volvió tan cercana. Es más cómodo para un gobernante hacer lo que quiera. Ese presidencialismo se acabó. Tenemos un hombre de carne y hueso que hace política y que, claro, no va a renunciar a la fuerza de las instituciones mexicanas, donde el presidencialismo sigue siendo muy fuerte, pero lo pone al servicio de lo que considera las causas de la mayoría. Antes, en la presidencia había muchos sujetos interactuando, que es muy importante que eso ocurra, pero al mismo tiempo había una simulación democrática. Es decir, había una deliberación, pero a final de cuentas había un régimen autoritario que decidía por encima de todos, independientemente de la deliberación misma.

La sociedad civil

— Hay un gabinete de comunicación, un equipo… ¿y sí hace caso el presidente?

— Hace caso en cosas que son razonables, pero ahí también se va valorando y ya cuando la realidad reafirma que hay que cambiar, pues sí.

— ¿Reconsidera?

— Sí, es muy dúctil el presidente… digo es muy empecinado en un modelo de confrontación política, que es como muy pedagógico, de deslindar los campos y decir: «éstos, que todos piensan que son independientes, pues no, están teniendo intereses». Es un ejercicio didáctico y es importante…

— Pero de nuevo, riesgoso, porque en el discurso de organizaciones no gubernamentales acusa a rajatabla. Y hay muchas organizaciones que durante años hicieron la chamba del gobierno, y que han puesto el cuerpo para muchos asuntos. Igual que periodistas: él está pensando en Loret de Mola no en Miroslava Breach. Pero además tiene todo el poder para estar diciendo cosas, un día sí y otro también, sin que los interpelados puedan decir nada.

— ¿Cómo que no pueden decir? Ahora lo que todo mundo puede decir…

— No, no, pero nadie tiene ese alcance. Todos podemos decir misa pero no tenemos esa proyección que tiene desde donde habla, y además, con sus 40 minutos de respuesta…

—Ya estás respondiendo de la eficacia de ese modelo de comunicación, porque el poder mediático ya se volteó. Y si, las organizaciones de la sociedad son muy importantes, pero también hubo un proceso a partir de (Vicente) Fox de cooptación de las oenegés muy grande.

—No de todas

—No dije de todas. Dije muy grande. La deformación del neoliberalismo respecto a las oenegés es que mientras reducía el papel del Estado, disminuía los presupuestos y anulaba las responsabilidades sociales del gobierno, activaba las organizaciones para cubrir esos huecos. Era una manera de desplazar al Estado. Pero en este gobierno sí se decidió que como es una tarea del Estado lo asume el Estado. Las organizaciones siguen ahí, no se anuló la relación con ellas, sólo se cambió y se quedaron las que están haciendo un trabajo real.

— Este discurso sin matices también inhibe la participación social

—No sé si lo inhiba. Puede ser que lo haga menos necesario para lo urgente.

—Pero lo urgente puede ir desmantelando los poquitos avances que había en esquemas organizativos de sociedad civil.

—Sí, en otros países ha pasado, como en Ecuador. Pero aquí no lo veo, al contrario, más bien vienen los nuevos liderazgos, las nuevas organizaciones, los nuevos movimientos, Y eso también es un riesgo porque si no hay modelos de izquierda va a haber de derecha.

El impulso de los últimos años de las organizaciones no gubernamentales parte de un tema ideológico, insiste. El «antiestatismo», asegura, llevó a unos grupos a asumirse como representantes de la sociedad civil y construyeron, desde el gobierno, organizaciones no gubernamentales. 

“La ultraderecha se entronizó y se empoderó en el gobierno y colonizó, por eso crearon el servicio civil de carrera. Eso fue una invención de la derecha, ahí está, y a ver, sácalos. Ellos mismos financian y desvían recursos a todos estos movimientos, a las catacumbas de la ultraderecha más recalcitrantes. Ultracatólicas y anticomunitas, antifeministas, militantes. Esos que están marchando, ahí están. Y son golpistas y van contra las libertades de la gente”.

—Pero la respuesta es seguir anulando a todas, ¿dónde queda esta sociedad civil necesaria para hacer contrapeso?

—Puede ser que en el discurso parezca que hay una confrontación y una definición de la realidad que lleva a ser un poco maniqueo, parece que sí es polarizante. Pero no. En los hechos estamos trabajando con las organizaciones no gubernamentales, con los pueblos, los profesionales, la academia. Sí hay puentes de trabajo para resolver los problemas.

Feminismos

— ¿Nunca ha leído el presidente a Boaventura? ¿Eso de que la transformación debe ser feminista ecologista, anticolonial y anticapitalista? 

—Esta transformación (se refiere a la 4T) también tienes esos ecos

—Muy feminista no es…

—Sí lo es. No lo queramos reducir todo al presidente. Es el primer gabinete de paridad.  La primera vez que hay dos mujeres encabezando el legislativo… Un tercio de las personas que reciben Sembrando Vida son mujeres y la Procuraduría Agraria está dando títulos de la propiedad a mujeres. Eso no había pasado en este país. Y hay otros elementos del empoderamiento femenino que no pasan por el discurso ideológico.

– Pero las mujeres de este gabinete no tienen un discurso feminista. Tienen el discurso de la equidad y la disminución de la brecha social, lo que está muy bien, pero no uno que reivindique las causas de género.

Hay una ruptura generacional, porque ese feminismo del que hablas está anclado en asideros culturales distintos. Pero en este país todavía hay una desigualdad muy grande, no sólo de sexismo. Hay una desigualdad ancestral de grandes sectores y hay prioridades. Sólo que si logramos que desde la sociedad se construya un discurso de tender puentes sociales, también ayuda a que el gobierno pueda tener esa política. Hoy como nunca el feminismo, como el ecologismo, como la lucha por las libertades sexuales, identidades y la lucha indígena son fundamentales para tener mejor país.

Nueva relación con los medios

López Obrador tomó posesión y con ello se inició una nueva relación comercial con los medios tradicionales. De los casi 10 mil millones de pesos que recibieron en 2019, en este 2020 el presupuesto no rebasa los 3 mil millones de pesos.

Tres mil millones de pesos es mucho aún. 

Queríamos que fuera cero— admite, no tan en broma.

Luego explica: “Vivimos en una globalidad y tampoco podemos acabar con el sistema mediático porque no tenemos qué lo sustituya. Hay otros consorcios como AT&T, Sky, NBC o TVE y agentes globales de los medios que están ahí y que vienen presionando por apoderarse del espacio, porque es un mercado. Entonces, no es que le estemos apostando a lo podrido, simplemente tenemos que garantizar una transición a otro tipo de medios. En lo que están madurando las redes sociales y otros medios que no tienen intereses económicos ni políticos… Pie de Página representa esa búsqueda de medios que están creciendo. Pero tenemos que garantizar esa transición. Reducir y acotar el poder, sí, pero tampoco podemos apostar a desaparecerlos.

¿Cuál es el criterio que se va a tener en esta transición a los medios digitales? 

Estamos buscando periódicos regionales, diversificar, reconociendo radios comunitarias y las realidades de los medios locales, incluso medios radiofónicos independientes. Tenemos como mil 300 medios registrados. Antes nada más se daba publicidad a menos de 200.

Hay reglas que hay que seguir, pero debe haber un «piso parejo», explica. Un sistema de verificación pública de las audiencias donde no intervenga ni el gobierno, ni los medios.

«Pensando en voz alta, el INEGI podría hacer las auditorías para definir cuánta audiencia tiene cada medio y que de esa manera una instancia autónoma pudiera generar esos criterios. Entonces, vamos dando presupuesto a los diferentes medios, a medios libres, radios comunitarias y medios regionales. Ahí hay un criterio que no tiene que ver solamente con las audiencias, por ejemplo, apoyar a Proceso, que aunque nos pegue, venda o no venda, fue castigado en otros gobiernos. O como Carmen Aristegui que nunca había recibido». 

Medios públicos y el caso Notimex

¿Qué papel juegan los medios públicos en esta transición?

Están en la posibilidad, en la reconversión para convertirse en medios ciudadanos. No gubernamentales sino sociales, que respondan al interés público. Para eso se trabaja en una propuesta de ley, que aún no tiene fecha de salida. También tenemos un convenio con la UNESCO para la formación profesional de periodistas y de comunicadores en radios comunitarias.  Y estamos reforzando a los medios públicos en su capacidad de infraestructura para tener alcance nacional. La parte de las antenas y todo eso. No queremos que el debate se convierta en algo que obstaculice el crecimiento de los medios. Más bien estamos haciéndolos crecer, por eso nos interesa mucho resolver el conflicto laboral de Notimex. 

—¿Cuál es la posición oficial del gobierno en el caso de Notimex? 

—Notimex era una agencia gubernamental, que era una simulación para hacer negocios. Está el sindicato, encabezado por Conrado García, y ese señor se apoderó de la agencia. No importaba quién estuviera al frente. Era un sindicato corrupto y abusivo y había que cambiar eso. Evidentemente eso generó un conflicto y despidos, pero también la resistencia del sindicato a desaparecer. Ahora (los nuevos dirigentes del SutNotimex) tienen el reto de ser un sindicato distinto y la Agencia de respetar los derechos laborales legales que hay de cualquier trabajador y los mínimos de ley.

— Mas allá del conflicto laboral, el hecho de que la directora de la Agencia estatal se insulte, por Twitter, con cualquier persona…

— Que debatan no me preocupa, pero que lo hagan mediante el insulto, sí. Porque somos servidores públicos, incluida la compañera Sanjuana, y tenemos que dar el ejemplo del país que queremos. No podemos abonar a la intolerancia al insulto, al odio moral, porque eso nos lleva al autoritarismo, al caos, a la guerra civil. Tenemos que aprender a dialogar con quien piensa diferente y quien tiene su punto de vista, no descalificas a las personas. 

—¿Y eso se lo han dicho a ella?, ¿se ha discutido?

—Sí, los medios públicos hacen reuniones y se ha planteado, discutido. El presidente mismo se lo ha dicho. Y hay cosas que sí tienen consecuencias legales. Si ofendes, si acusas sin ninguna prueba, pues sí, te pueden sujetar a algún juicio.

—¿Hay investigación sobre lo que publicó Carmen Aristegui?

—Sí. Puedes preguntar a la Fiscalía Especializada en temas de Libertad de Expresión.

—¿Y denuncia contra el exdirigente sindical?

—Sí. En la fiscalía hay una denuncia por desvío de recursos, por mal uso de recursos públicos. De hecho, dentro de poco habrá una resolución sobre eso.

Sobre el tema de los corresponsales en el extranjero… Lo pongo así: un hombre 73 años, con Parkinson, a punto de jubilarse, con 30 años en la Agencia y que el argumento para no hacerlo sea que firmó un contrato que no reconoce que estuvo 30 años trabajando ahí. ¿No es incongruente en el discurso de los derechos laborales de la 4T?

—Por supuesto que sí, pero también hay que hablar de las realidades, todos ellos eran privilegiados. 

— ¿Todos?

—La mayoría. La que estaba en China era la exmujer del líder sindical. Pero a este señor en particular del que hablas (el corresponsal en Venezuela) se le puede buscar ayudar. Hay que ver los casos individualmente. De los que había se salvan tres o cuatro, no sé. Yo al principio salí a defenderlos, pero cuando vi cómo estaban algunos, dije no. Ganaban mucho, como si fueran diplomáticos, y tenían sobresueldos. Entonces, se les propuso regresar y no quisieron.

—Eso no es así. No ha habido ni diálogo, ni propuestas, ni un intento ni de la directora ni de nadie de buscar solución…

—Yo no me había metido por un asunto de competencias, pero ahora que tenemos la encomienda (junto con la secretaria del Trabajo) de revisar esto lo vamos a ver.  Y vamos a solucionarlo con la Ley Federal del Trabajo, con el artículo 123, tanto los derechos colectivos, como sindicato, como los derechos individuales de quienes están reclamando su liquidación o su reinstalación.

Hiperdemocratización

—Volviendo a las conferencias y esta hiperdemocratización en el acceso. Diario marca la agenda pero no siempre es con la mejor información. De hecho, más bien se agarran las pifias, y en el campo de batalla de las redes quedan muchos periodistas que han trabajado mucho tiempo en la construcción de un país democrático y que ahora parecen ser los enemigos.

—De eso te voy a decir una cosa: Que se transparente todo. Si un reportero hace una investigación, en función de qué hace una investigación. Todo eso se tiene que saber, eso es parte de la democracia. Si (a los periodistas) los financia el Departamento de Estado, si reciben dinero de empresas, se tiene que saber, porque ese periodismo sí es con su prestigio, pero con un dinero que tiene un interés. La gente tiene que saber que no es un periodismo independiente y casi heroico. 

—Pero el asunto no es solo quién te financia. Hay periodistas que sienten una agresión de un discurso de todos los días del presidente negando ese trabajo, como cuando dice nadie dijo nada de lo que pasaba en Veracruz antes del gobierno de Cuitláhuac, cuando hay 14 periodistas asesinados…

—…Y la plaza Lerdo se llama Regina Martínez. A ver, aquí se confunde el debate con los medios y los periodistas.

—Pero lo confunde el presidente. 

—Te recomiendo que veas el documental de Todo es privado sobre Cambridge analytics y cómo hay estrategias comunicacionales para impedir la deliberación y generar odio, choque. Eso destruye la democracia. Entonces, hay que aprender a asimilar todo eso y aprender a distinguir. La sociedad aprendió a leer los periódicos, aprendió a leer las editoriales, tomó distancia de los medios y aprendió a leerlos. Igual en las redes. Hay que comenzar a discutir las «fake news» (noticias falsas) de las medias verdades que tienen propósitos. Todo eso lo vas aprendiendo. Y lo que sí te digo es que nadie en la historia ha enfrentado una dinámica mediática como este gobierno. 

Izquierdas y pueblos

—¿Este gobierno es de izquierda? 

—¡Claro que es de izquierda! En primera, porque formamos parte de la tradición de lucha popular por la defensa de la soberanía, la democracia y las libertades. Luego, porque estamos viendo, velando y trabajando para la mayoría, para hacer que los recursos públicos sean públicos, de acuerdo al interés público, para que el gobierno sirva a la población y no a unas cuantas corporaciones. Estamos diseñando políticas públicas de derechos, estamos rompiendo el sistema autoritario clientelar para hacer un modelo de derechos. Por eso los programas se elevaron a rango constitucional para que no tengan que sufrir cada seis años el criterio de cada gobierno. Y somos de izquierda porque somos libertarios, estamos por los derechos de todos y sí creemos en una sociedad plural, diversa, incluyente. 

—Muchos no lo ven así.

—Estamos del lado de las causas de las mujeres, de los jóvenes, de los indígenas, de las personas de la diversidad sexual. Pero evidentemente hay una manera de comunicar ciertas cosas con una cultura política que no es del siglo XXI, eso a veces nos cuesta: comunicar para las nuevas generaciones, porque estamos cambiando los paradigmas y estamos construyendo desde lo mexicano.

Hablando de lo mexicano. Hoy tenemos a funcionarios que empiezan conferencias de prensa hablando en su lengua, algo que nunca había visto, y luego una ceremonia del 20 de noviembre que refuerza una historia oficial hipermestiza.

—Y una celebración indígena en el primer acto de este gobierno, donde el presidente se hinca, no ante la cruz, ante los pueblos. Es una lucha cultural. Pero vamos por pasos. Estamos hablando de que por primera vez el gobierno asume una identidad popular. Que por primera vez asume un ejército que deviene de guerras populares. Porque el 20 de Noviembre es una celebración del ejército. Y todo eso en un evento en el que están reivindicando a Emiliano Zapata, a Pancho Villa, que se están retomando las banderas de Flores Magón…

—Por eso: una historia mestiza.

 — Es la que tenemos a la mano. Pero sí, hay que construir otra historia, la historia de las regiones, de los nahuas, totonacas, mayas, de los yaquis. Los pueblos más castigados de la Revolución fueron los yaquis y los mayas, son historias que hay que contar, pero estamos en el primer gobierno que dice que tenemos que pedir perdón a los pueblos indígenas. 

—Si eso mismo lo llevamos a los otros temas: tenemos un programa que promueve los fertilizantes, y otro que dice que hay que evitarlos. Una secretaria que habla de campesinos y otro de productores. ¿Cómo interpretamos esos mensajes?

—Así está este momento. Como lo plantea el presidente: todavía lo viejo no acaba de morir y todavía lo nuevo no acaba de nacer. Y en ese no nacer pues hay fuerzas expresadas aquí, con la contradicción que eso significa. Eso es verdad, pero también es resultado de la sociedad. La izquierda está muy debilitada, no sus causas, su organización, su representación social, sus capacidades reales de influir. Si hubiera una izquierda más fuerte, la sociedad exigiría ser más radical. Pero la radicalidad ahorita, fuera del movimiento feminista, la tiene el gobierno.

Quería ser exploradora y conocer el mundo, pero conoció el periodismo y prefirió tratar de entender a las sociedades humanas. Dirigió seis años la Red de Periodistas de a Pie, y fundó Pie de Página, un medio digital que busca cambiar la narrativa del terror instalada en la prensa mexicana. Siempre tiene más dudas que respuestas.

Foránea siempre, lo suyo es lo audiovisual y el periodismo es la vía por donde conoce y cuestiona al mundo.

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