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Salvar el campo para salvar el planeta

La crisis climática amenaza la seguridad alimentaria y la salud de los ecosistemas y de la humanidad. No es tarde para enmendar el camino y apostar de lleno por las economías campesinas, por empoderar a los consumidores, por generar más empleos para más gente

@Eugeniofv

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) presentó un estudio amplísimo sobre las dinámicas climáticas de la parte del planeta que asoma sobre el agua – los desiertos, los bosques, los campos agrícolas, las tierras costeras; todo lo que no está sumergido en el mar o en un lago-, y sus conclusiones deberían preocuparnos a todos. La crisis climática, según explica el Panel, amenaza la seguridad alimentaria y la salud tanto de los ecosistemas como de la humanidad. Al mismo tiempo, sin embargo, el informe presenta varias opciones para impedir que esto ocurra. Seguirlas abre varios caminos que permitirían a los países mitigar el cambio climático y sus riesgos, adaptarse a lo que ya parece irremediable, y combatir la pobreza, todo al mismo tiempo. Lograrlo pasa por el modelo de país y de mundo que elijamos, y por cambiar nuestra relación con el campo y con la naturaleza.

El informe del IPCC, titulado El cambio climático y la tierra, señala que los riesgos que enfrentamos no sólo son graves, sino que se harán aún peores si no se toman medidas para limitar el aumento de las temperaturas globales. Los niveles actuales de calentamiento global se asocian con el riesgo de que haya “mayor escasez de agua en tierras secas, erosión de suelos, pérdida de vegetación, daño por incendios, pérdida de permafrost, degradación costera y pérdida de cosechas en los trópicos”. Lo más grave de todo es que se espera que la estabilidad en el abasto de alimentos se vea seriamente dañada conforme aumentan los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, especialmente en países como México, más cercanos al Ecuador que a los polos.

Con todo, el informe señala varias opciones que, sostienen sus autores, “pueden contribuir a adaptarse al cambio climático y a mitigarlo y también combatir la desertificación y degradación de suelos y mejorar la seguridad alimentaria”. Entre las alternativas que sugieren están las relativas a la productividad de alimentos, a las opciones alimentarias, a la reducción de desperdicios. También resaltan la urgencia de combinar estas opciones con el manejo forestal sustentable, el manejo integrado de paisajes y la conservación de los ecosistemas naturales que aún se mantienen vivos y sanos.

México tiene ya mucha experiencia con estos esfuerzos, pero ahora tiene que tomarse en serio los resultados tan positivos que se han obtenido. En el país hay una gran experiencia con el manejo forestal sustentable, y hay centenares de ejidos y comunidades que conservan los bosques y las selvas al mismo tiempo que viven de ellos. Proyecto tras proyecto ha demostrado también que la agricultura orgánica y de conservación, sobre todo cuando va a acompañada por la construcción de nuevos mercados, permite manejar mejor los riesgos de sequías o inundaciones, conseguir mayores ingresos y mejorar las condiciones de vida en el campo, frenando la migración y la violencia. Ahora toca tomarse esta experiencia en serio y construir con base en ella una verdadera política nacional agropecuaria, alimentaria y forestal.

Esa política pasa necesariamente por fortalecer los mercados locales y por impulsar la consolidación de cadenas cortas. Hacerlo no solamente reduce las emisiones por transporte y ayuda a aumentar la rentabilidad de los productos más sustentables, sino que también tiene grandes beneficios económicos. Las cadenas cortas involucran a más actores más pequeños -en lugar de a pocos actores muy grandes y corporativos-, suelen ofrecer productos más sanos y hacen que las regiones sean económica y ambientalmente más resilientes, al favorecer la diversificación productiva.

No es tarde para enmendar el camino y apostar de lleno por las economías campesinas, por empoderar a los consumidores, por generar más empleos para más gente. No es tarde para que México adopte una política económica, agropecuaria y alimentaria integrada y centrada en la gente, no en las inmobiliarias ni en las corporaciones. Según el IPCC, la vida nos va en ello.

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Consultor ambiental en el Centro de Especialistas y Gestión Ambiental.

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