Relato de un secuestro

5 enero, 2021

En Veracruz pocas historias de secuestro acaban como la de “Pedro”. La entidad ocupa el segundo lugar en plagios en el país, un tema poco atendido por las autoridades

Texto: Miguel León Carmona / E-consultaVeracruz

Foto ilustrativa: Félix Márquez / Cuartoscuro

Una pistola tipo revolver apunta a la cabeza de Pedro. Un hombre de acento costeño le ordena que sostenga el teléfono y le advierte que no haga una pendejada o lo mata. —Hermana, estoy metido en un problema. Me tienen secuestrado y me piden dos millones de pesos—, dice mientras sus rodillas tiemblan.

Es de noche y Pedro está parado sobre una loma que se erige al final de un pasillo interminable de matorrales. A lo lejos hay vacas echadas y una carretera por donde apenas pasan carros con luces tenues. Frente a él, dos hombres (jóvenes) comienzan a fumar cristal en pipas mientras sus cómplices negocian el pago del rescate.

El silencio abrumador y el rumor de que un operativo se ha desplegado en los alrededores pone paranoicos a los secuestradores. La droga surte efecto. Pedro duerme por ratos. Cumple 12 horas privado de la libertad, tiene sed y las muñecas le arden por las ataduras que le hicieron con cinchos de plástico. Su vida se decidirá al amanecer.

El plagio de Pedro (nombre ficticio) ocurrió en un municipio de la zona centro de Veracruz el 17 de diciembre de 2020 y está asentado en la carpeta de investigación DIM/UECS/FE/94/2020. Por este hecho dos hombres fueron detenidos e imputados por detectives de la Unidad Especializada en Combate al Secuestro (UECS).

Veracruz registró 114 denuncias por secuestro entre el 1 de enero y el 30 de noviembre de 2020. La entidad gobernada por Cuitláhuac García Jiménez se ubicó en segundo lugar a nivel nacional, sólo por debajo del Estado de México con 140 querellas.

1.- El restaurantero bonachón

Pedro es dueño de un restaurante de mariscos y barbacoa. A menudo organiza rifas en Facebook donde obsequia hamburguesas y carnitas. De complexión robusta, casquete corto y bigote perfectamente delineado, pero con carácter bonachón y semblante risueño. Su trato amable le da publicidad y la publicidad le da clientes, algo que en algunos lugares de Veracruz termina por ocasionar problemas.

A principios de diciembre (2020) un cliente pisó el negocio. Era un joven que no pasaba los 30 años de edad; alto, delgado y con varias cicatrices en la cabeza. Definitivamente no era de ese pueblo. Fiel a su estilo, Pedro hizo la plática a quien se presentó como Luis, y le compartió que estaría por esos rumbos al menos 20 días trabajando en una obra local; y que más amigos lo acompañaban.

Aquella ocasión Luis compró comida y pagó una cuenta de casi mil pesos. Pedro lo invitó a participar en una rifa e intercambiaron números de teléfono, por si acaso ganaba el sorteo o si necesitara más alimentos en días posteriores, le dijo. Luis comenzó a visitar con frecuencia el restaurante: carnitas o tamales de barbacoa, todo en grandes cantidades, pedía.

El 17 de diciembre, alrededor de las 13:00 horas, una llamada entró al celular de Pedro de un número desconocido. —Señor, buena tarde. Soy Luis, el que trabaja en la obra local. Necesito que me traiga comida por acá—. El hombre se apuró para tener listos dos kilos de carnitas, un litro de gandinga (pancita de borrego), dos refrescos familiares y dos kilos de tortillas. Arrancó su camioneta blanca modelo Hilux y salió de su negocio. El plan de su secuestro ya se había puesto en marcha.

2.- “No hagas iris, ¡ya valiste madres!”

Para las 13:45 horas Pedro llegó hasta un `callejoncito`, donde vio a tres sujetos, uno de ellos era Luis. A la par se percató que un cuarto hombre, a bordo de una motocicleta, lo acechaba. Pedro no bajó del vehículo y avisó que el pedido estaba listo. Luis sacó de entre su ropa un arma tipo revolver y apuntó a la víctima. —No hagas iris y bájate de la camioneta—, le dijo con tono amenazante.

—¿Qué pasa? Si yo me he portado bien contigo—, preguntó Pedro.

—¡Ya valiste madres!, alguien te mandó a matar—, respondió Luis y avisó que desde ese momento su lugar sería en la parte trasera de la cabina de la camioneta. A la par pidió a dos de sus cómplices que tomaran sus asientos.

La camioneta ahora era conducida por un joven identificado como Mateo “N”, alias “El Comander”, el copiloto era un hombre regordete llamado Aaron. En tanto, Luis se encargó de someter a Pedro con el revolver apuntando a su sien.

—Los ojos fijos al respaldo del asiento (de adelante)— le habría ordenado.

Los secuestradores se adentraron en un camino de terracería. Minutos después fueron alcanzados por el motociclista que Pedro identificó a la hora de entregar los alimentos. Sus cómplices le llamaban Rafael y le apodaban “Gordo” o “Chimba”.  Rafael “N” avisó que el camino estaba libre, es decir, sin vigilancia, y sugirió que avanzaran despacio. En el trayecto Pedro fue despojado de su billetera, celular y tarjetas bancarias.

El grupo avanzó varios kilómetros hasta el lugar desconocido rodeado de matorrales. Luis pidió a Mateo “N”, “El Comander”, llevar la camioneta “a donde ya sabes”. Pedro fue bajado del vehículo y ahora dos pistolas le prohibían pasos en falso. Un arma la sostenía Luis y otra Aaron, quien vestía de negro. 

3.- “Así vendas el culo tienes que pagar el rescate”

—¡No me maten!—, suplicaba Pedro a los dos hombres armados.

—Camina—, le reviraban.

Y así avanzaron a lo largo de 30 minutos. En un punto del camino, al restaurantero le ordenaron que se sentara. Le colocaron un pasamontañas al revés para que no pudiera ver; era de tela gruesa, le apretaba los ojos, la nariz y el mentón.

A Pedro además le montaron una sudadera, sus manos las sujetaron con cinchos de plástico y le dijeron que esperarían ahí, donde atendería una llamada. La víctima solicitaba entre quejidos que aflojaran los cinchos, porque las manos se le entumecían y él es diabético. Los seguros fueron aflojados, pero no por compasión. Había llegado el momento de responder un teléfono.

—Yo soy el segundo que te puede ayudar a salvarte, le tienes que decir a tu familia que el jefe quiere dos millones de pesos—, dijo una voz amenazante. 

—¡Es muchísimo dinero! —, respondió Pedro.

—Pues así tengas que vender hasta el culo, me los tienes que dar porque si no el que la va a pagar eres tú—, amagó el integrante de la célula delictiva y colgó.

Pasaron las horas hasta que oscureció, Pedro habló con su hermana para decirle que estaba en problemas y que necesitaba mucho dinero (dos millones). Las piernas le temblaban y así avanzó más metros hasta llegar a aquella loma con vacas a lo lejos. Luis le dijo que se recostara en un árbol de higuera, que su vida dependía de una negociación y que la decidirían al amanecer.

4.-El ruido de helicópteros y el día decisivo

Son las 5:30 horas del 18 de diciembre. Pedro tiene sed, su presión arterial está en lo más alto de una montaña rusa y no ha probado bocado en las últimas 18 horas.

—Nos van a venir a relevar—, le avisa Luis aún desorbitado por otro viaje provocado por la droga de moda en el mundo del narcotráfico.

Al lugar entre matorrales llegan Mateo “N”, “El Comander”, y Rafael “N”, “El Chimba”.

—Hasta que llegaron, nos morimos de hambre—, recrimina Luis.

—El jefe te espera en el punto. Ahí te dará para que compres comida y te regreses—, responde Mateo.

Las horas transcurren y cae la tarde. La familia de Pedro no ha reunido los dos millones y aun no hay negociación. Luis y Aaron regresan después de reunirse con el jefe de la banda y remplazan nuevamente a Mateo “N” y Rafael “N”.

—Necesito ir al baño—, pide Pedro.

—Nos vamos a hacer para allá, pero si haces una pendejada te voy a tener que matar y mi jefe me va a matar a mí, y los dos vamos a salir perjudicados—, revira Luis.

Pedro regresa junto a Luis y Aaron. Nuevamente es inmovilizado. Al día y a su vida le quedan pocas horas, le recuerdan. El silencio se quiebra con un portazo a lo lejos y unos pasos sobre palos y hojarascas. Pero algo agudiza la paranoia de los secuestradores: hélices de un helicóptero que para ellos son zumbidos de avispas sobre sus cabezas.

Luis asegura que son siete personas y llama a su jefe alterado para pedir instrucciones.

—¡Aguanten!, ha de ser un operativo por otra cosa—, ordena.

Luis no encuentra calma y advierte que es hora de caminar. Los tres avanzan a ritmo militar; cruzan una cerca y regresan hasta la loma con vacas echadas. Sin embargo, Pedro comienza a retrasarse, pues tiene entumida una pierna.

A punta de insultos llegan los tres hasta la orilla de un río.

—Allá vienen otros dos. Vale madres, ya se metió el diablo. Ahorita los voy a encarar—, grita Luis alterado y advierte que cruzarán el río.

Se lanzan él y Pedro. Conforme avanzan, el agua les llega a la altura del pecho. Aaron se rezaga.

—¡Apúrate o te vas a cagar! No te hagas pendejo—, dice Luis a su compañero, mientras el helicóptero rodea el río.

Pedro se coloca boca abajo y pone sobre él una mochila que portaba Luis. Allí cierra los ojos hasta que el ruido del helicóptero se aleja. Luis y su compañero no están, aparentemente huyeron. 

Pedro se arrastra hasta el río y bebe agua desesperado, como un maratonista que llega a la meta. Tras recuperar el aliento camina por toda la orilla del río hasta encontrar una carretera. Hace la parada a un motociclista quien acepta llevarlo a un lugar seguro. Pedro está a salvo, como si lo acompañara la suerte de todas las rifas que organiza en su negocio.

Dos secuestradores detenidos y uno abatido

La noche de ese 18 de diciembre una persona fue reportada muerta durante un operativo policial en la región donde Pedro fue secuestrado. Autoridades confirmaron que el finado era Aaron “N”, y que recibió disparos en la espalda.

En días posteriores fueron aprehendidos, en hechos distintos, Mateo “N” y Rafael “N”. El 29 de diciembre, “El Comander” fue capturado en el municipio de Omealca por delitos contra la salud, durante un operativo de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP).

Mateo “N” refirió ser originario del municipio de Tlalixcoyan, ubicado en la Cuenca del Papaloapan de Veracruz, y tener su domicilio en Ixtaczoquitlán, en la región de las Altas Montañas. En cinco días salió dos veces de prisión, primero imputado por delitos contra la salud y en un segundo intento por ultrajes a la autoridad.

Fue hasta este 2 de enero cuando un juez lo imputó por el delito de secuestro agravado, en agravio de Pedro (nombre ficticio) y ligado a otros plagios cometidos en la región centro de Veracruz. “El Comander” permanecerá dos años en el penal de Amatlán de los Reyes hasta que el juicio en su contra concluya.

El 30 de diciembre, a Rafael “N”, “El Chimba”, le fue ejecutada una orden de aprehensión por el secuestro de Pedro, cuando estaba convaleciente en un hospital del municipio de Córdoba. Un día antes, refirió ante autoridades, hombres armados trataron de privarlo de la libertad y asesinarlo en Cotaxtla. “El Chimba”, al igual que “El Comander”, permanecerán recluidos en el penal de La Toma, en Amatlán de los Reyes.

Periodista en Veracruz

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