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Reflexiones sobre coberturas separatistas

El separatismo existe porque ya no confiamos en los hombres. Si el gremio periodístico acepta las reglas de cobertura de otros espacios, ¿por qué les cuesta tanto aceptar las del movimiento feminista?

@Maria_Efemere

Las manifestaciones feministas de los últimos meses desataron discusiones sobre el separatismo y las coberturas mediáticas. Previo a las protestas, se pidió a los medios que enviaran a mujeres periodistas, camarógrafas y fotógrafas a cubrir la protesta. Aún así, algunos medios mandaron a sus reporteros y hubo hombres que asistieron a cubrir aunque fuera su día libre.

En la protesta, el bloque negro de feministas radicales reiteró, ahora con acciones, que los hombres no eran bienvenidos. Pero eso no paró a algunos que quedaron a cubrir hasta el final. Recuerdo a dos camarógrafos que en la manifestación del glitter fueron perseguidos con teassers. Los camarógrafos corrían hacia atrás y jamás dejaron de grabar. Después de ver eso me quedé con una duda, ¿qué tanto están en servicio y qué tanto quieren ser los periodistas audaces  que se enfrentan a las “malas feministas”?

Hemos sido testigos que quienes cubren, saltándose y no respetando las peticiones de la fuente, no sólo ignoraron los sentimientos, la ideología y las decisiones de las mujeres, sino que terminaron siendo la nota. Tenemos ejemplos viejos como Jenaro Villamil en la marcha del 8M o el caso del reportero Juan Manuel Jíménez, de ADN 40, a quien violentó un hombre durante la manifestación del glitter contra la violencia sexual policiaca.

El no volverse la nota es una de las primeras enseñanzas que nos dan en las escuelas de periodismo. En el caso de las coberturas separatistas, nuestra opinión queda en segundo plano respecto al hecho: mujeres manifestándose contra la violencia sexual. Después de las manifestaciones una de las reflexiones que me gustó más fue la de una compañera fotoperiodista que cuestionó: si el gremio acepta las reglas de cobertura de otros espacios, ¿por qué les cuesta tanto aceptar las del movimiento feminista? 

Creo importante que en estas coberturas se busque entender al separatismo antes que criticarlo o pasarlo por alto. Entender que no surge de la nada ni es un capricho, verlo como lo que es, una consecuencia de la violencia que todos los días vivimos las mujeres. Entender también que las agresiones son consecuencia de la rabia y el hartazgo de ser violentadas, ignoradas y silenciadas. Para escuchar a las mismas manifestantes explicando eso, el podcast Diamantina Morada de Así como suena es un buen acercamiento:

“Habían hombres que no estaban apoyando el movimiento, que estaban burlándose, riéndose, grabándonos, botándose de la risa y desde mi punto de vista nos vimos obligadas a reaccionar, no había manera de quedarnos calladas”, cuenta una de las manifestantes entrevistadas por Florencia González para Así como suena.

El separatismo no es tema nuevo. Existe desde hace mucho y el debate entre separatismo sí o separatismo no también es viejo. Surge desde las mujeres progresistas de izquierda que 1970  empezaron a crear espacios únicamente para ellas después de que sus mismos compañeros de lucha las violentaran o que minimizaran sus preocupaciones y sus exigencias. Pero esta columna no busca ser una clase de historia del separatismo.

Comprendo que puede ser un tema complejo para los hombres. Primero, porque normalmente los hombres son los acosadores y no los acosados; segundo, porque históricamente son ellos los que deciden quiénes entran y quiénes no a sus espacios. La diferencia está en que el feminismo separatista no es un “Club de Toby” versión feminista, no. El separatismo existe porque ya no confiamos en ustedes. Y tercero, bueno, más allá de que lo comprendan o no, hay hombres que no quieren dejar sus privilegios y eso incluye entrar a cualquier espacio, como siempre lo han hecho.

Pensar en mujeres pidiendo que sus acciones y protestas las cubran otras mujeres me lleva directo al tema de la seguridad de todas. Pero también, a la discriminación, a los estereotipos de género alimentados por los medios de comunicación, al protagonismo de los hombres en las luchas feministas y a los “techos de cristal” a los que las mujeres se enfrentan durante su vida profesional.

¿Cuántas veces hemos escuchado que no hay mujeres camarógrafas porque las cámaras son pesadas como si no existieran mujeres fuertes?, ¿cuántas mujeres lideran redacciones en el mundo?, ¿cuántas están en coberturas de conflicto?, ¿cuántas han sido acosadas por sus compañeros de trabajo e incluso por sus fuentes? La violencia y las limitantes a las mujeres en el periodismo existen y la lucha feminista está consciente de ello.
Según el Informe Global de las Mujeres en los Medios de The  International Women’s Media Foundation sólo el 33.3 por ciento de quienes trabajan en medios en el mundo son mujeres. En 20 países de los 59 encuestados las mujeres se enfrentan a “techos de cristal” (impedimentos para crecer laboralmente que parecen invisibles pero tienen que ver con decisiones de hombres en puestos de poder) y tan sólo el 26 por ciento de los puestos directivos en los medios son mujeres.

Aceptar un “no” es parte de nuestro crecimiento como personas. Escuchar a nuestras fuentes y no olvidar que son personas es parte fundamental de nuestro quehacer periodístico. Más allá de querer cubrir una manifestación y buscar tener “la nota” o “la foto”, los sucesos como las marchas separatistas deberían hacer que nos preguntemos algo esencial: ¿Qué está ocasionando que las marchas sean separatistas? Porque independientemente de nuestras opiniones nuestra responsabilidad como periodistas es entender para poder contar.

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Foránea siempre, lo suyo es lo audiovisual y el periodismo es la vía por donde conoce y cuestiona al mundo.

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