Ramón López Velarde, nuestro poeta íntimo

25 junio, 2021

Este poeta modernista abrazó el liderazgo de Francisco I. Madero, como un feligrés que abraza a un santo. El escritor López Velarde definió a la generación que derroco el régimen autoritario de Porfirio Díaz, su Suave Patria sigue moviendo 

@ignaciodealba 

“En este país de díscolos Ramón López Velarde cuenta con absoluta unanimidad”, escribió José Luis Martínez, quizá el más conocedor de los velardeanos. México, siempre propenso a discordias de todo tipo ha colocado a López Velarde como el gran poeta de la revolución. Este escritor muerto a la edad de Jesús Cristo sigue provocando devociones después de 100 años de muerto. 

Jerez es un pequeño pueblo vaquero de Zacatecas, sus calles terrosas son un retrato completo del México provincial. Profundamente religioso, feliz en sus detalles simples y en sus amores cándidos. Ramón López Velarde nació en este sitio, en una casa ubicada en la calle De la Parroquia #33, ahora conservada como museo. 

De hecho, mucha de la literatura de Ramón López Velarde se fragua en el recuerdo de estos sitios íntimos, y por demás, nostálgicos. Si López Velarde tenía una patria, no era otra que Jerez. Del pozo de la casa familiar escribió —para mi gusto— una de sus mejores piezas: 

“El viejo pozo de mi vieja casa

sobre cuyo brocal mi infancia tantas veces

se clavaba de codos, buscando el vaticinio

de la tortuga, o bien el iris de los peces,

es un compendio de ilusión

y de históricas pequeñeces.

Ni tortuga, ni pez; sólo el venero

que mantiene su estrofa concéntrica en el agua

y que dio fe del ósculo primero

que por 1850 unió las bocas

de mi abuelo y mi abuela…”

En la Parroquia de la Inmaculada Concepción, donde López Velarde fue bautizado, aún se celebran misas para conmemorar al poeta. El escritor vivió en la casa donde nació hasta los 12 años. Muchas de las imágenes de La Sangre Devota devienen de la infancia en este lugar. También de Jerez es Josefa de los Ríos, la mujer que inspiró buena parte de la poesía de López Velarde. “Pepa” fue eternizada como “Fuensanta” por el escritor. 

“Fuensanta:

dame todas las lágrimas del mar.

Mis ojos están secos y yo sufro

unas inmensas ganas de llorar.

Yo no sé si estoy triste por el alma

de mis fieles difuntos

o porque nuestros mustios corazones

nunca estarán sobre la tierra juntos”.

El estudioso José Luis Martínez asegura que el poeta vivió en la calle Apostolado #12, en Aguascalientes — el que esto escribe no pudo localizar esa dirección—. López Velarde tenía formación como seminarista, pero los enredos amorosos ofuscaron el camino de la religión. El joven escritor hizo sus primeras publicaciones en ese estado. Después, López Velarde se mudó a San Luis Potosí donde estudió abogacía en la Universidad Autónoma.   

El poeta se involucró en círculos liberales, además elaboró propaganda antirreeleccionista, en contra del dictador Porfirio Díaz. Al mismo tiempo el jerezano hace su primer libro “Sangre Devota”. En aquel año,1910, El caudillo Francisco I. Madero fue apresado por el régimen de Díaz bajo los cargos de “connato de rebelión” y “ultraje a las autoridades”. El revolucionario fue trasladado a San Luis Potosí para ser procesado, su defensa legal estuvo en manos de varios estudiantes de derecho, entre ellos López Velarde. 

A partir de entonces López Velarde se convertiría en un ferviente maderista. Siempre se ha dicho que el poeta participó en la redacción del Plan de San Luis, la publicación que dio inicio a la Revolución Mexicana. La causa revolucionaria lo marcaría y quizá eso lo hizo moverse a la Ciudad de México. El jerezano vivió en una casa de asistencia en la calle Dolores #9, del Centro Histórico de la capital. Cundo Madero gana la presidencia López Velarde ocupa algunos puestos como funcionario menor.

Pero el ambiente de la capital estaba enrarecido, a pesar de que Madero gobernaba muchos círculos de poder y las clases acomodadas del país intentaron, permanentemente, boicotear al nuevo gobierno. Si Díaz huyó a París, la reacción estaba viva. Por alguna razón, quizá como una premonición, López Velarde dejó la Ciudad de México para volver a San Luis Potosí. Meses después, 1913, Madero fue asesinado en un golpe orquestado por el general Victoriano Huerta. 

López Velarde se dedicó a la poesía y a hacer varias publicaciones además hizo amistad con varios poetas destacados como Enrique González Martínez, Rafael López y José Juan Tablada. En 1916 el poeta se enamoró de otra mujer que marcaría su vida y su poesía: la normalista Margarita Quijano. En aquel año el jerezano dio clases en la Escuela Nacional Preparatoria, curiosamente fue maestro del joven Miguel Alemán Valdez, que sería presidente en 1946.

 Sobre su rompimiento con Margarita Quijano “La Lágrima”:

“Lágrima con que quiso

mi gratitud salar el Paraíso;

lágrima mía, en ti me encerraría,

debajo de un deleite sepulcral,

como un vigía

en su salobre y mórbido fanal”.

López Velarde logró en diez años de vida literaria ser uno de los poetas centrales de las letras. Carlos Monsiváis ubica al escritor en el corazón de la educación sentimental de mexicano. En 1919 López Velarde publica el poemario “Zozobra”, otro de sus imprescindibles. En aquellos años el jerezano trabajó como secretario particular del secretario de Gobernación en el gobierno de Venustiano Carranza. 

Pero el trabajo le duró poco, Carranza fue asesinado en Tlaxcaltongo, Puebla en 1920. El jerezano se rehusó a colaborar con el nuevo gobierno, encabezado por un grupo de generales sonorenses, acusados de haber ordenado la muerte de Carranza. 

Velarde se dedicó, sin saberlo, durante sus últimos meses de vida a escribir Suave Patria, su poema más famoso (para muchos un segundo himno nacional). López Velarde se propuso captar a la patria más íntima, menos de bronce y oficiosa. 

Aquí la Suave Patria, en voz del magnífico Juan José Arreola: 

El poeta asistió a una función de teatro y después de caminar bajo la lluvia, de regreso a su casa, se enfermó de neumonía y pleuresía fatales. El 19 de junio de 1921 murió a los 33 años en su casa, en la calle Álvaro Obregón #73, en la Colonia Roma de la Ciudad de México, el sitio resguarda un pequeño museo y las oficinas de una fundación literaria.

 Los restos del jerezano se encuentran el la Rotonda de los Hombres Ilustres de la Ciudad de México. 

Fue educado en escuelas católicas hasta que se volvió ateo. Es huraño y trotamundos. Estudió periodismo y nunca se graduó. Suele tener más fe en las viejas narrativas que en las nuevas. Le gusta escribir historias.

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