Poblaciones migrantes en México y el reto de hacer efectivo su derecho a la educación

20 febrero, 2024

Las personas en situación de movilidad representan uno de los grupos más desafiantes para la atención educativa, dadas sus condiciones personales y contextuales. Estas circunstancias demandan una flexibilidad y adaptabilidad que generalmente los sistemas educativos no están preparados para ofrecer. El CONAFE cumple una función primordial al atender a niños y niñas en esta situación, llevando la educación directamente a donde se encuentran y ajustando los servicios para satisfacer sus necesidades particulares

Por Alejandra Brito y Giovanna Battaglia * / MUxED

Desplazamientos humanos internos y transnacionales asociados a conflictos socioambientales y migración laboral, dan al tema migratorio una relevancia actual[1]. En México, los flujos de población son impulsados principalmente por la oferta y demanda de empleo en zonas urbanas y rurales, pero la realidad migratoria es dinámica y compleja. En este contexto, el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE), ha creado respuestas diversas e inclusivas para atender las necesidades educativas de niñas, niños y adolescentes de cero a quince años, y de embarazadas en situación de movilidad, de manera pertinente, inclusiva y afectiva, basada en el diálogo y la colaboración.

Es muy difícil para un sistema educativo brindar atención a las infancias migrantes porque éstas no permanecen en un lugar el tiempo suficiente para cursar un año escolar completo; carecen de condiciones mínimas de vestido, calzado, alimentación y acceso a materiales escolares; no tienen documentos que acrediten su identidad ni su escolaridad; no pueden dedicarse de manera exclusiva a estudiar y, por ello, difícilmente han podido cursar cada grado escolar; además enfrentan barreras ​​lingüísticas  y culturales.

Por más de 52 años el CONAFE ha atendido población de localidades rurales pequeñas, muy marginadas, sin acceso a escuelas cercanas. Esta educación en los márgenes del sistema se enfrenta a nuevas realidades, con rostros que se diversifican: ahora se incluyen grupos de jornaleros agrícolas migrantes y otros trabajadores temporales; familias indígenas en contextos urbanos; migrantes internacionales, población circense, entre otros.

Para muchas personas, indígenas y no indígenas, la migración es cada vez más una opción de supervivencia ante la difícil situación económica, política y social en sus comunidades de origen.

Las familias jornaleras agrícolas emigran para trabajar por unos meses en campos de agricultura intensiva. El CONAFE abre servicios educativos ahí para atender a sus hijas e hijos. Las clases se imparten en esos campos durante los meses de trabajo, lo que ha demostrado ser un factor de permanencia en la escuela, y también para la salvaguarda de la seguridad y la vida de niñas y niños, pues donde se brinda el servicio se observa una disminución de su mortalidad[2]. Estos servicios suelen abrirse en el mismo lugar y en la misma temporada cada año, y ahora se extiende también a zonas donde se trabaja la pesca y la construcción. Estos servicios se prestan en Baja California, Baja California Sur, Colima, Chihuahua, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa y Sonora.

Durante la temporada de corte, los jornaleros se mueven de un campo a otro y, generalmente, por diferentes estados. Al terminar la temporada muchos regresan a una localidad, que puede o no ser su lugar de origen, dando lugar a la llamada “migración pendular”. En estas localidades, el CONAFE abre servicios tanto a menores que regresan por unos meses, como a quienes permanecen durante todo el ciclo escolar. Mayoritariamente a la frontera sur, llegan también niñas y niños de familias jornaleras provenientes de Centroamérica.

Otro grupo con migración pendular se compone por familias, principalmente indígenas, que migran a las ciudades por dos o tres meses, llevando a sus niños y niñas a vender en los cruceros, limpiar vidrios, acompañar a sus papás en trabajos informales como tianguis, conservando sus características culturales y lingüísticas de origen. Con estos grupos, en Guanajuato, por ejemplo, se trabaja un currículum adaptado, en el que se abordan temas como “Mis caminos y veredas” para reflexionar sobre los lugares donde han estado, lo que les ha gustado y lo que han trabajado; “Mi árbol” que se refiere a su identidad personal y redes familiares; “Mi lengua y mis costumbres”; “La comida en la comunidad y en la ciudad”, y “Mi salud”, sobre cuidados en el camino y en el trabajo.

El CONAFE atiende también a grupos migrantes que deciden permanecer por más tiempo en alguna localidad, creando nuevos asentamientos, como sucede con diversos pueblos indígenas en la CDMX, y en los albergues para migrantes internacionales en Chiapas, Sonora, Tamaulipas y Baja California, donde las familias esperan por meses para regularizar su situación.

Las aulas del CONAFE son multigrado, lo que favorece la integración de cualquier estudiante sin importar sus antecedentes escolares. Además se aplica un protocolo de ubicación de grado para que quienes llegan sin antecedentes puedan registrarse y, a partir de ahí, seguir su trayectoria en el sistema educativo nacional. Este protocolo considera tanto criterios de edad como la valoración de sus habilidades y destrezas.

En Oaxaca y Guanajuato son atendidos migrantes internacionales en albergues de paso. Dado que niñas y niños permanecen sólo unos días, su atención es similar a la de infancias trabajadoras en contextos urbanos, abordando temas que tienen que ver con su identidad personal y familiar; sus cambios y pérdidas; cuidado personal; habilidades lectoras y matemáticas.

En el CONAFE, el concepto de escuela trasciende al plantel: un servicio educativo se conforma por un grupo de menores (mínimo cinco) que es atendido por un Educador Comunitario (E.C.), con el apoyo y participación de madres y padres de familia y otros integrantes de la comunidad. Esto proporciona gran flexibilidad a la gestión escolar y permite atender, por ejemplo, a familias desplazadas por crisis de violencia. Así, ha habido casos de desplazados en Sinaloa donde el E.C. acompaña a su grupo y continúa enseñando en el lugar al que llegan, así sea un parque o una bodega en la ciudad. Cuando no es posible que su E.C. los acompañe, se asigna a otro que los atiende de manera transitoria.

En el caso de las familias circenses, el E.C. los acompaña en su recorrido y lleva un registro del aprendizaje de cada niño en su trayectoria desde preescolar hasta secundaria. En los circos el ciclo escolar es como el de cualquier otra escuela y los reportes de evaluación responden a los mismos periodos; sin embargo, los horarios y días de clase se adaptan a su itinerario. El CONAFE tiene más de 120 servicios educativos en circos, en trece estados.

En todos estos contextos, la educación desempeña un papel fundamental al proporcionar protección física, psicosocial y cognitiva a niñas y niños; les ofrece una fuente de esperanza y contribuye a brindarles cierta estabilidad y apoyo emocional en medio de circunstancias muy difíciles. Además, particularmente empodera a las niñas y mujeres jóvenes al ampliar sus oportunidades laborales, promover su bienestar y darles herramientas para participar de manera activa en la sociedad[3].

El modelo educativo del CONAFE ha sido capaz de evolucionar y adaptarse a las necesidades y condiciones de las poblaciones más vulnerables del país, pero enfrenta desafíos importantes como son la adaptación de los sistemas de control escolar nacional a la temporalidad de los contextos de movilidad; la precariedad de los espacios educativos; la falta de materiales y recursos para apoyar la labor educativa, pero sobre todo la dificultad de atraer, formar y retener Educadores Comunitarios que quieran atender los servicios educativos, y con ello, hacer efectivo el derecho a la educación de las niñas y niños que requieren atención que no se adapta al formato, calendario y trayectos de una escuela tradicional.

Nota: la información para escribir este artículo fue proporcionada principalmente por los Coordinadores Territoriales del CONAFE en las diferentes entidades federativas, así como por áreas centrales del Consejo, a quienes se agradece y se reconoce su compromiso con la educación de los más vulnerables.

*Alejandra Brito es Integrante de MUxED y actual Coordinadora Territorial de CONAFE en Oaxaca. Tiene más de 15 años trabajando en temas de política educativa y gestión escolar para mejorar la educación apoyando a agencias multilaterales, gobiernos, ONG, escuelas públicas y privadas. Entre los temas de su interés destacan la educación comunitaria y la educación con perspectiva de género. abrito@conafe.gob.mx

*Giovanna Battaglia es integrante del Colectivo Ach´lum que acompaña familias indígenas tzotziles en tránsito y actual Coordinadora Territorial de CONAFE en Guanajuato. Ha trabajado procesos educativos no formales en comunidades indígenas de Chiapas, con infancias jornaleras agrícolas migrantes y grupos en situación de movilidad

gbattaglia@conafe.gob.mx

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Referencias

Bokser Misses-Liwerant, J. (2022). Migración y transnacionalismo: nuevos retos de los desplazamientos en el siglo XXI. Revista Mexicana De Ciencias Políticas Y Sociales67(246). Recuperado de:  https://doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2022.246.83116

INEE. Red Interagencial para la Educación en Situaciones de Emergencia

Rodríguez C. y Rojas T. Coord. (2018) Migración interna, infancia y derecho a la educación: aproximaciones interdisciplinarias, actores y propuestas de políticas públicas. México: Universidad Iberoamericana Ciudad de México


[1] Ver Bokser Misses-Liwerant, J. (2022).

[2] Rodríguez C. y Rojas T. Coord. (2018).

[3] Ver:  INEE. Red Inter agencial para la Educación en Situaciones de Emergencia

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