Población jornalera agrícola, la 4T y la covid-19

5 abril, 2021

Las personas jornaleras no son esenciales para la 4T, a pesar de generar millones de dólares con su trabajo y alimentar a miles de personas. Más de 3 millones quedaron en el desamparo cuando al inicio de su sexenio López Obrador canceló el Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas (PAJA). Una población expuesta a altos riesgos de contagio durante la pandemia de covid

Por Celso Ortiz Marín / Campo Justo

A pesar de la pandemia por covid-19, la agricultura sigue siendo un sector importante para la economía de México, y uno de los principales productores de hortalizas para la exportación. Las estadísticas oficiales reconocen que en México hay casi 3 millones de personas trabajando directamente en los centros de trabajo agrícola. Más de 10 estados concentran casi el 70% de jornaleros, entre ellos, Veracruz, Michoacán, Puebla, Jalisco, Sonora, Guanajuato, Sinaloa, Hidalgo, Baja California, Chihuahua, San Luis Potosí. Hoy en día la tecnificación de la agricultura de exportación permite que todo el año se encuentre trabajo en estos estados, no sólo para levantar la cosecha sino también para plantar y cuidar los cultivos de legumbres al aumentar la variedad de hortalizas y el levantamiento de viveros y macro túneles. Los productos agroalimentarios mexicanos con mayor demanda en los mercados internacionales son: aguacate, tomate, pimientos y chiles, entre otros.

A pesar de que la venta de productos agrícolas genera una gran derrama de millones de dólares, las condiciones de trabajo y vida son precarias. Las empresas agrícolas se han desligado de la contratación directa de las y los jornaleros agrícolas, su lugar es ocupado por los llamados “camioneteros” que cumplen un papel parecido al outsourcing: se encargan de llevar a las puertas de las grandes empresas agrícolas la mano de obra, donde el salario se paga a destajo y al día, es decir, “saliendo y pagando”, de esta manera se diluye toda relación laboral con el patrón, porque quien le  paga al trabajador es el camionetero, y así el empresario no está obligado a asumir ninguna responsabilidad laboral, entre ellas la seguridad  social. 

Cuando se enferman son pocos los que pueden acudir al IMSS, ya que los patrones no los dan de alta, ni tampoco son atendidos por el Instituto Nacional de Salud del Bienestar (en el sexenio pasado era el Seguro Popular), por lo cual muchos se ven en la necesidad de acudir a consultorios particulares donde una consulta más medicamentos puede llegar a costar hasta 500 pesos. Las enfermedades gastrointestinales y respiratorias son las más comunes, y la enfermedad crónica es la diabetes. Dichos padecimientos están estrechamente relacionados con la dieta, el consumo de agua y las condiciones de trabajo en el campo.

Hoy en día ni para la 4T es un sector esencial los y las jornaleras agrícolas, a pesar de generar millones de dólares con su trabajo y alimentar a miles de personas. A principios del sexenio, Andrés Manuel López Obrador canceló el Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas (PAJA) que durante 30 años les brindó diversos apoyos para aliviar “un poco” su situación de explotación laboral y pobreza. La cancelación del PAJA, ha dejado en el desamparo a más de tres millones de jornaleros, que año con año, migran cientos de kilómetros en busca de la sobrevivencia. En varios campos agrícolas en México, la población jornalera trabaja sin ninguna medida sanitaria preventiva, y se transportan en total hacinamiento, carecen de seguridad social  e imperan los bajos salarios. Los riesgos de contagio de covid-19 masivo son muy altos. Esta población es uno de los sectores de mayor riesgo de contagio, si le agregamos que la mayoría es indígena, con antecedentes de desnutrición y, desde luego, pobreza. Tal parece que para la 4T son invisibles, ya que, ni la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, ni la Secretaría de Bienestar, ni ninguna otra dependencia gubernamental atienden a la población jornalera. Las y los jornaleros agrícolas no tienen por qué ser parte de la consigna federal que todo está corrupto. 

*El autor es Celso Ortiz Marín Profesor-Investigador en la Universidad Autónoma Indígena de México e integrante de la Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras Agrícolas. 

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