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¿Para qué quiere México una Comisión de la Verdad?

Texto: Daniela Rea. Fotos: Mónica González/ Archivo Pie de Página

Félix Reátegui fue integrante de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en Perú y fue, además, el editor del Informe Final, un documento que ha sido referencia para activistas y académicos que buscan en México impulsar un ejercicio similar. En entrevista con Pie de Página, el académico pide antes de arrancar cualquier proceso responder a una pregunta que parece obvia ¿para qué la queremos?

LIMA, PERU.- Félix Reátegui conoce de primera mano el proceso de Comisión de la Verdad y Reconciliación que sucedió en Perú a inicios del año 2000, pues fue integrante de ella y coordinó la publicación del Informe Final que se ha convertido en un referente para México por la magnitud de haber recogido el testimonio de 17 mil víctimas y victimarios.

Perú vivió un conflicto armado entre 1980 y 2000 con los grupos guerrilleros terroristas Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupác Amaru, y las fuerzas armadas como protagonistas. En el año 1992 el líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, fue detenido. Desde ese momento hasta el arranque de la Comisión en el 2001, una gran parte de los integrantes fueron asesinados o detenidos y sentenciados. Por otro lado, el actor estatal no podía oponerse al proceso de examinación porque el gobierno de Alberto Fugimori, cuyas fuerzas armadas combatieron a la guerrilla con graves violaciones a derechos humanos, estaba bajo la lupa de la sociedad civil.

Félix Reátegui cuenta este contexto para explicar por qué fue posible en ese momento de la historia de Perú tener una Comisión de la Verdad.

“La Comisión de la Verdad tuvo algo propicio para existir: un territorio altamente pacificado (como para que las víctimas hablaran sin riesgo), con actores armados fuera de fuego, con apoyo internacional, con un gobierno formado por gente que venía de las ONG, además de que los actores armados estaban dispuestos a ser examinados. Estas condiciones tersaron el proceso”.

En el mandato que el Poder Ejecutivo le dio a la Comisión se planteó hacer la investigación de los crímenes y violaciones de derechos humanos, pero sin poder jurisdiccional; se le permitió hacer audiencias públicas, pero no audiencias para hacer careos y menos para conceder amnistía a victimarios, explica Reátegui.

Desde la experiencia en Perú, es que Reátegui nos habla a México.

“Lo primero que hay que preguntarse en México es si existe el momento y las circunstancias adecuadas para una Comisión de la Verdad y qué es exactamente lo que se demanda que haga esa Comisión de la Verdad. Si no es así, si no existen las circunstancias, si los actores armados no están dispuestos a ser examinados, posiblemente vayan a mediatizar el ejercicio y al final lo que uno va a tener es una lavada de cara. Una Comisión sin dientes y los actores quedarán con sus responsabilidades no completamente expuestas y sería un pésimo servicio para las víctimas”.

— En México, a diferencia de Perú, los bandos no son claramente identificables y el periodo de violencia no ha terminado (incluso está en el punto más alto).

— Eso es un punto central, si no hay seguridad, sino hay pacificación, puede ser muy malo comenzar el proceso porque van a exponer a la gente. Si el terreno no está pacificado es muy riesgoso la comisión de la verdad. Tenemos que distinguir entre lo que queremos y el mecanismo para lograrlo.

— En México queremos muchas cosas, podría decir que Verdad, para empezar

— Lo que queremos es verdad, el derecho a la verdad. Se ha canonizado la idea de que el único mecanismo es la Comisión de la Verdad, pero es eso, un mecanismo. Yo propondría una discusión que no es fácil, ¿qué mecanismo podemos hacer para garantizar en México el derecho a la verdad de las víctimas? Con imaginación se pueden pensar en otros mecanismos: trabajo de archivos, sistematizar información de las organizaciones de víctimas que hay en los estados, iglesia, grupos de investigación en red universitaria, en fin, no hay un libro escrito y cerrado sobre esto. No pongamos la carreta delante de los bueyes. La carreta es el derecho la verdad, ¿con que bueyes la vamos a jalar? Eso hay que preguntárselo.

Algo para pensar en México: si la Comisión tiene o no la suficiente credibilidad como para que las víctimas, las organizaciones confíen en ella, validen lo que haga y acepten darle su palabra.

— La Comisión cumplió el mandato de verdad. ¿Qué pasó con la justicia?

— En ese sentido la experiencia peruana no es muy útil para México. Acá se hicieron a la ligera. Cuando uno lleva un proceso de pacificación, un elemento central son los programas de “DDR” desarme, desmovilización y reintegración, no basta que dejen las armas, algo va a pasar con la gente; en Colombia muchos se reconvierten en criminales. En Perú nunca hubo planificación de esto con Sendero Luminoso, la idea era “si lo atrapas mételo a la cárcel, si no, no pasa nada”. Cuando se cae Sendero, en 1992 la comisión 10 años después se les entrevistaba en la cárcel porque ya estaban en la cárcel. En Perú no hubo un esquema de pensar qué hacer con la justicia y negociar con perpetrador para que dé información.

— El Informe Final que materializa el trabajo de la Comisión de la Verdad ha sido un referente para activistas en México, pues logró recoger el testimonio de 17 mil personas. ¿Cómo se logró?

— La Comisión trabajó de manera descentralizada, con cinco oficinas regionales. Desde Lima se diseñó la ficha de entrevistas a partir del mandato de la Comisión. En ese sentido, es importante para México discutir para qué quiere una Comisión de la Verdad. Cuando hablo con gente en México lo que sale es “la verdad de la guerra contra el narcotráfico”, pero luego viene la pregunta ¿hasta qué momento de violencia quieres retroceder? ¿Se incluirá la violencia de la Guerra Sucia? Esto es decisión del mandato y esa discusión se traslada a las víctimas porque te tocará la puerta alguien que quiera testimoniar y ser reconocida como víctima y quizá no está dentro del mandato. Es decir, son muchas violencias y el PRI no solo es un aparato burocrático, hay muchos caciques que han usado violencia durante todas esas épocas.

— ¿Cómo se trabajó con los victimarios, cómo se les entrevistó?

— Antes las comisiones de verdad se creaban para buscar hechos. Y toda una parte principal de la investigación está dirigida a eso, entrevistar a la gente desde el punto de vista de hechos que hizo o sufrió. Pero hay otra parte que esta más bien dirigida a explicar el proceso de violencia, autoritarismo. Y esas entrevistas ya no las haces en lógica de documentar hechos, esas las hacen científicos sociales que no buscan determinar tu responsabilidad en un crimen, sino tratar de entender cómo actuaban los actores armados en la violencia, entrevistar a la gente en su calidad de victimario para saber por qué a veces hacían asesinatos selectivos, por qué a veces masacres, el repertorio de violencia.

El Informe de la Comisión tiene distintos microclimas, lo que significa mirar los mismos procesos con distintas preguntas. En alguna parte uno ve un análisis más político, ese es un microclima; pero en otra parte lo central es una mirada de derechos humanos. En ese sentido hay un punto de partida de cómo te sitúas ante los grupos guerrilleros perpetradores de violaciones a derechos humanos. Estos son criminales y queremos demostrar sus crímenes.

— El 28 de agosto se cumplen 15 años de haberse publicado el Informe Final. ¿Para qué ha servido?

— Un informe es un documento del estado y por lo menos tienes un reconocimiento estatal de ciertos hechos y responsabilidades. El informe puede ser utilizado por las víctimas para las demandas de sus casos, por los partidos políticos para que tomen la bandera y exijan que se cumplan las recomendaciones. En Perú, ántes del Informe los desaparecidos no eran tema, ahora tenemos una ley que busca desaparecidos. El informe también ayuda a instalar los delitos en el marco de lesa humanidad, así, por ejemplo, la violación sexual no prescribe, porque se le da ese peso al crimen. Es importante el informe para las batallas por la memoria.


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“Este trabajo forma parte del proyecto Pie de Página, realizado por la Red de Periodistas de a Pie. Conoce más del proyecto aquí: https://piedepagina.mx.

Reportera. Autora del libro “Nadie les pidió perdón”; y coautora del libro La Tropa. Por qué mata un soldado”. Dirigió el documental “No sucumbió la eternidad”. Escribe sobre el impacto social de la violencia y los cuidados. Quería ser marinera.

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