ONU negocia con EE. UU. la entrada de combustible humanitario a Cuba

14 marzo, 2026

La Organización de las Naciones Unidas ha iniciado negociaciones con el gobierno de Estados Unidos para establecer un corredor de combustible con fines humanitarios en Cuba. Ante un sistema eléctrico al borde del colapso, el organismo busca garantizar el funcionamiento de servicios vitales que hoy se encuentran en estado de emergencia

Texto: Jazmín Sandoval

Fotografía: Cubadebate

CIUDAD DE MÉXICO. — La Habana hoy no solo lucha contra los apagones, sino contra el tiempo. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha confirmado que se encuentra en intensas negociaciones con el gobierno de Estados Unidos para permitir la entrada de combustible con fines humanitarios. El objetivo es simple pero vital: evitar que los servicios más básicos para la población vulnerable terminen de colapsar en medio de una crisis energética que no da tregua.

Francisco Pichón, representante de la ONU en la isla, ha sido claro al advertir que la operatividad de los organismos internacionales está en riesgo. Sin energía no hay ayuda, y en este momento, el acceso a los recursos está tan racionalizado que apenas alcanza para sostener lo mínimo. La urgencia no es solo política; es una cuestión de supervivencia para quienes dependen de la asistencia externa.

La situación en los hospitales es el rostro más doloroso de esta crisis. Los cortes eléctricos y la falta de insumos están golpeando con fuerza la atención materna, infantil y oncológica. Según datos de la propia ONU, unos 60 000 pacientes de cáncer esperan por radioterapias y otros 12 000 por quimioterapias que no llegan porque las máquinas no tienen energía o los hospitales carecen de recursos.

El derecho al agua y la vida cotidiana

Más allá de los centros médicos, la escasez de combustible está secando los grifos de los hogares cubanos. Casi un millón de personas dependen hoy de camiones cisterna para recibir agua potable, pero esos camiones necesitan diésel para moverse. Además, el 80 % de la infraestructura de bombeo del país funciona con electricidad, lo que genera interrupciones eternas que afectan la higiene y la alimentación.

En este escenario, la ONU busca establecer una «excepción humanitaria» similar a modelos aplicados en zonas de conflicto como Gaza. Se trata de crear canales donde el combustible tenga una trazabilidad estricta: que se sepa exactamente a dónde va y que se garantice que su destino final sea exclusivamente el bienestar de la gente, evitando que se pierda en la burocracia o en fines no esenciales.

Stéphane Dujarric, portavoz de la Secretaría General en Nueva York, confirmó que el diálogo con Washington es la vía fundamental para que la ayuda fluya sin que otros países teman represalias por las sanciones vigentes. La intención es que el combustible llegue sin obstáculos, permitiendo que las agencias humanitarias recuperen la capacidad de operar en un país que se siente paralizado.

El tablero político y la incertidumbre

Mientras la diplomacia se mueve en los pasillos de las Naciones Unidas, desde Florida llegan señales contradictorias. El presidente Donald Trump ha sugerido que la crisis cubana podría resolverse de forma «pacífica», aunque no descarta medidas más severas. Sus palabras, que mezclan la posibilidad de un acuerdo con la idea de una «toma de poder», reflejan la fragilidad de una isla que, según él, se ha quedado «sin fuerzas».

Informes de prensa en Estados Unidos apuntan a que la Casa Blanca podría estar evaluando un levantamiento parcial de sanciones a cambio de acuerdos económicos y políticos. Se habla de posibles aperturas en turismo, energía y puertos, e incluso de ofrecer salidas políticas a los dirigentes actuales. Sin embargo, el calendario y los términos reales de este posible pacto siguen siendo un misterio.

La crítica social es inevitable: mientras los gobiernos negocian y los analistas especulan sobre «salidas» y «tratos», la población es la que paga el precio de la espera. La diplomacia de prevención parece estar agotándose rápidamente ante la incertidumbre de no saber cuántas reservas de energía le quedan realmente al país para pasar la noche.

Una solidaridad que no puede esperar

La ONU insiste en que la solidaridad internacional es urgente. No se trata solo de enviar recursos, sino de permitir que los que existen puedan moverse. La trazabilidad y los protocolos que exige la comunidad internacional para el combustible son herramientas para generar confianza, pero la implementación de estos mecanismos suele ser más lenta que la necesidad de un paciente en terapia intensiva.

Al final del día, lo que se busca es un respiro. Una tregua energética que permita que los hospitales funcionen, que el agua corra y que los estudiantes regresen a las aulas. La crisis energética en Cuba ha dejado de ser un problema técnico para convertirse en una emergencia humanitaria de primer orden que exige respuestas menos políticas y más humanas.

El éxito de estas negociaciones determinará si Cuba puede sostener sus servicios vitales en los próximos meses o si el cierre de la ventana diplomática empujará a la isla a un apagón total, no solo eléctrico, sino social. La mirada del mundo está puesta en ese canal humanitario que la ONU intenta abrir, con la esperanza de que la ayuda llegue antes de que las reservas se agoten por completo.

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