Ojalá que las pintas resanaran el dolor que queda tras un feminicidio

9 marzo, 2024

Sigamos marchando, y quien quiera hacer pintas, que las haga. Yo prefiero no hacerlas, quienes se llevan la chinga, y lo sabemos, son los trabajadores en el último eslabón de los salarios, quienes dan la cara a las calles

Por Évolet Aceves / X: @EvoletAceves

Leo una nota del medio Sopitas en la red social X en donde se insinúa lo siguiente: “El gobierno ‘más feminista de la historia’ tiene claras prioridades: preservar edificios antes de proteger a las 11 mujeres que asesinan cada día en el país, feminicidios que tienen una tasa de impunidad de 95%.”

Y yo me pregunto, ¿dejar de proteger los monumentos, realmente contribuye a la reducción de la violencia hacia las mujeres? Es un enorme privilegio el que en México haya libertad de movilización. Me parece que las protestas son más que necesarias en un país en donde, en efecto, 11 mujeres cis pierden la vida diariamente. (Ahora bien, hay que también incorporar las cifras de transfeminicidios, porque las mujeres trans parecemos muchas veces estar excluidas, invisibilizadas, también, de esas cifras.)

Veo un letrero durante el 8M que dice “Quisiera ser un monumento”, lo he escuchado también complementado con la frase “…para que el gobierno me cuide como cuida a los monumentos”.

Un caso similar sucede con las protestas de Just Stop Oil, quienes frecuentemente en su activismo irrumpen en museos reconocidos dañando piezas pictóricas para obtener la atención a nivel mundial. Y nada cambia. ¿Por qué dañar obras de arte?

Y la misma pregunta me surge con las pintas del 8M, ¿por qué dañar monumentos, esculturas, edificios? ¿Cambia algo? Arriba la marcha del 8M, yo la defiendo, yo he marchado incluso desde años antes de considerarme una mujer trans, cuando mis tiempos de estudiante de licenciatura me lo permitían, pues en los años posteriores no podía faltar a mi trabajo (de 9 a 6 pm de lunes a viernes) para asistir a la marcha.

Y pese a las violencias que vivimos las mujeres trans, aún así decido no dañar los monumentos, porque monumentos y edificios son harina de otro costal, y si lo pinto o no, sé que no alterará en nada mi realidad.

Insisto, arriba la marcha del 8M, marchemos codo a codo, pero yo no puedo joder más los espacios públicos de un país que, fuera de la Ciudad de México, suele no tener cuidados hacia su patrimonio cultural arquitectónico. En México, parafraseando a Juan Soriano, se han derrumbado muchas de sus joyas arquitectónicas para convertirlas en estacionamientos; a Cristina Pacheco, quien dijo múltiples veces, haciendo alusión a las fachadas de las calles, que la ciudad de nuestros días ya no es la misma que la de hace 60 años. Coincido por completo. ¿Por qué dañar las paredes, las esculturas, la ciudad?

Yo no pienso que valga más un monumento que la vida de ninguna mujer, simplemente creo que no están correlacionados, la intervención de uno no afecta al otro, el daño hacia uno no subsana al otro. Ojalá que las pintas resanaran el dolor que queda tras un feminicidio. Ojalá que con las pintas se pudiera saldar la impunidad de los mismos y obtener esa justicia que aún se nos debe, ojalá que con cada línea trazada en un muro pudiéramos traer de vuelta a las mujeres que nos han arrebatado o desaparecido en el país. Ojalá así fuera…

Sigamos marchando, continuemos desenmascarando y desafiando al patriarcado desde nuestras trincheras, y quien quiera hacer pintas, que las haga. Yo prefiero no hacerlas, quienes se llevan la chinga, y lo sabemos, son los trabajadores en el último eslabón de los salarios, quienes dan la cara a las calles; son ellos quienes tienen que despintar el aerosol, la pintura comprada en la tlapalería. ¿Y ellos qué culpa tienen?

X: @EvoletAceves

Instagram: @evolet.aceves

everaceves5@gmail.com

Évolet Aceves escribe poesía, cuento, novela, ensayo, crónica y entrevistas a personajes del mundo cultural. Además de escritora, es psicóloga, periodista cultural y fotógrafa. Estudió en México y Polonia. Autora de Tapizado corazón de orquídeas negras (Tusquets, 2023), forma parte de la antología Monstrua (UNAM, 2022). Desde 2022 escribe su columna Jardín de Espejos en Pie de Página. Ha colaborado en revistas, semanarios y suplementos culturales, como: Pie de Página, Nexos, Replicante, La Lengua de Sor Juana, Praxis, El Cultural (La Razón), Este País, entre otros. Fue galardonada en el Certamen de ensayo Jesús Reyes Heroles (Universidad Veracruzana y Revista Praxis, 2021). Ha realizado dos exposiciones fotográficas individuales. Trabajó en Capgemini, Amazon y Microsoft. Actualmente estudia un posgrado en la Universidad de Nuevo México (Albuquerque, Estados Unidos), donde radica. Esteta y transfeminista.