Nuevo estudio: ¿Por qué la gente le dispara a las águilas arpías?

16 abril, 2021

Águila arpía. Imagen de R_Winkellmann via Pixabay.

Un estudio reciente en la revista Journal of Raptor Research recopiló registros de persecución del águila arpía (Harpia harpyja) en América Central y del Sur. Los investigadores afirman que la curiosidad y el deseo de ver a las aves de cerca son la razón principal por la que la gente les dispara

Texto: Claire Wordley. Traducido por María Ángeles Salazar Rustarazo / MongabayLatam

Imagen de R_Winkellmann / Pixabay

BERlÍN.- Un ganadero observa un ave enorme en la copa de un árbol. Frena su caballo y entrecierra los ojos mirando hacia arriba. No se mueve. Quizás siga ahí cuando vuelva. Una hora más tarde, vuelve con un arma. El enorme animal sigue ahí sin moverse. El ganadero fija el objetivo, dispara y el cuerpo pesado cae de un golpe al suelo. Lo recoge, asombrado por su tamaño y la increíble cresta de plumas alrededor de su cabeza. Quizás sienta pena mientras coloca el cadáver en su montura para enseñárselo a su familia.

Esta situación y otras parecidas están afectando a las poblaciones de águila arpía (Harpia harpyja) en América Central y del Sur, según un artículo científico publicado recientemente en la revista Journal of Raptor Research. A pesar de ser el ave rapaz más grande de Sudamérica y el ave nacional de Panamá, los científicos no saben hasta qué punto los humanos están persiguiendo a la especie.

En el estudio, los investigadores encontraron un total de 132 casos documentados en los que un águila arpía fue asesinada o capturada entre 1950 y 2020, en los que se incluían 21 casos de Colombia y Panamá que nunca se habían publicado en revistas científicas.

Águila arpía. Imagen de Jonathan Wilkins obtenida en Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

“Esta historia puede utilizarse para reparar lo que se le ha hecho a esta espectacular especie en las últimas siete décadas”, dijo Helena Aguiar-Silva, de la Universidad de São Paulo y Projeto Harpia en Brasil, una de las científicas que trabajó en la recolección de datos.

El rango de distribución del águila arpía va desde Guatemala y Belice en Centroamérica hasta Bolivia y Paraguay en Suramérica. A veces, se han visto aves más al norte, en México, y tan al sur como Argentina.

Aguiar-Silva dijo que seguramente antes había poblaciones estables de águila arpía en ambos países, pero se han extinguido de forma local a causa de la expansión de la caza y la ganadería, igual que en El Salvador.

Aunque el rango de distribución de la especie ocupa más de medio continente, el ave no es abundante. Los estudios muestran que nunca es común localmente. El ave tarda mucho tiempo en alcanzar la madurez sexual, solo tienen una cría por pareja cada dos o tres años, y el número de águilas arpías está descendiendo.

Aguiar-Silva dijo que los declives y las extinciones locales, junto con la evidencia de que es perseguida frecuentemente, deberían servir como fundamento para reanalizar el estado global de conservación de la especie. Aunque el estado de conservación actual del águila en la Lista Roja de la UICN es de Casi Amenazada a nivel internacional, algunos países la han situado en categorías más críticas: está clasificada como Vulnerable en países como Brasil, Perú y Venezuela, y en Peligro Crítico en Nicaragua.

¿Matar para admirar?

Un águila arpía hembra puede alcanzar los 224 centímetros y pueden pesar hasta 9 kilos en la naturaleza, lo cual las hace tener un aspecto impresionante. Los análisis dietéticos, como el que hizo Aguiar-Silva, han mostrado que las águilas arpías comen sobre todo animales salvajes que viven en los árboles. Los perezosos son, con diferencia, su fuente de comida más importante, pero los monos también son un alimento habitual.

El papel de las águilas arpías al matar animales que comen hojas y omnívoros, como los monos capuchinos, es importante para mantener el ecosistema de la selva. Según las investigaciones, las águilas arpías solo comen ganado ocasionalmente, seguro porque en parte cargan con su comida hasta los árboles para comérsela. Ni siquiera las hembras, que pueden pesar el doble que un macho, suelen cazar animales de más de 5 kilogramos.

Sin embargo, la poca frecuencia con la que las águilas cazan animales de granja no ha evitado que la gente las cace. Everton Miranda, científico brasileño afiliado de la Universidad de KwaZulu-Natal en Sudáfrica, ha estudiado por qué la gente caza águilas arpías en Brasil. Su investigación, que analizó más de 180 muertes de águilas arpías a lo largo de dos años en el estado de Mato Grosso, se publicará pronto en la revista Animal Conservation.

Le dijo a Mongabay que la gente suele disparar a las águilas “por curiosidad”.

“La gente ve a esta gran ave rapaz —a menudo no saben qué es— y le disparan para verla de cerca”, dijo. “Una característica que hace que las águilas arpías sean vulnerables […] es que permanecen en un mismo árbol durante horas o todo un día”.

Este comportamiento le da tiempo al cazador para ir a buscar su arma y volver para disparar al animal.

Según las entrevistas que llevó a cabo, la mayoría de personas que mataron a las águilas por curiosidad, acabó arrepintiéndose de ello.

Este sorprendente descubrimiento —que la curiosidad y el deseo de ver a las aves de cerca podría representar el 80 por ciento de las muertes de águila arpía a manos de humanos en algunos lugares— refleja los resultados de un estudio brasileño anterior. Según la investigación de Miranda, las matanzas como prevención o represalia por cazar el ganado solo representan un 20 por ciento en el lugar de estudio.

Cazadores con un águila arpía muerta. Imagen cortesía de Everton Miranda.

Es probable que las razones tras las matanzas varíen en el rango de distribución de las águilas

Santiago Zuluaga, uno de los autores del artículo en Journal of Raptor Research, le dijo a Mongabay que en su experiencia hay gente que mata a las águilas arpías para comerse su carne, mientras que otros las capturan vivas para venderlas de forma ilegal. Una matanza reciente en Colombia tenía la intención de vender las plumas y garras del ave en el mercado negro.

“También hay una historia de un águila a la que cazaron para obtener una de sus garras que ahora se utiliza para bautizar a los niños, y se supone que les da suerte y fuerza para el resto de su vida”, dijo Zuluaga, del Colaboratorio de Biodiversidad, Ecología y Conservación (ColBEC) de Argentina y la Fundación Proyecto Águila Crestada-Colombia. “Sin embargo, todavía no hemos confirmado esta historia”.

Según Mateo Giraldo-Amaya de la Universidad EAFIT, Colombia, quien lideró el artículo en Journal of Raptor Research, los casos que encontraron solo son “la punta de un iceberg”.

“Creo que se matan muchas más águilas hoy en día en Colombia y los Neotrópicos, pero la información no suele salir a la luz por la naturaleza de los actos y la gente que los lleva a cabo”, añadió.

Los investigadores no encontraron registros de persecución de rapaces en siete de los 18 países en los que viven las águilas arpías, entre ellos Bolivia, Paraguay y Perú. No obstante, esto podría no ser tan bueno como parece. Los investigadores dicen que la ausencia de registros de caza probablemente significa que no hay investigación ni programas de conservación dedicados al águila arpía en esos países, lo que significa que nadie documenta las matanzas.

Santiago Zuluaga, quien estudia diferentes rapaces, sube a ver un águila poma. Imagen cortesía de Gonzalo Ignazi.

Conservación de rapaces

Zuluaga dijo que incluso en países con programas de conservación de águilas arpías, como Panamá y Brasil, la gente sigue disparando a las águilas.

En Panamá, Karla Aparicio, otra coautora del artículo, ha estado trabajando para entender y conservar las águilas arpías desde 1994. En 2015, estableció la Fundación Naturaleza y Ciencia 507 para centrarse en la investigación y la conservación de las aves rapaces.

Siguiendo los pasos de Aguiar-Silva en Projeto Harpia en Brasil, el equipo de 507, que recibe su nombre por el código telefónico de Panamá, estableció las primeras cámaras trampa para monitorear los nidos de águila arpía en el país. Además de estudiar la especie en la naturaleza, establecieron un centro para aves rapaces rescatadas. Las aves que no pueden ser reintroducidas en la naturaleza se convierten en embajadoras para su programa de educación ambiental, #HarpyS-cool.

Aparicio dijo que está comprometida con educar a la gente sobre las aves rapaces. Sabe mejor que la mayoría que, si se les dan las oportunidades adecuadas, incluso los cazadores de águila arpía pueden cambiar sus hábitos: su asistente desde hace 20 años, Euriato Bainora, solía cazar águilas arpías, pero ahora ayuda a conservarlas.

Karla Aparicio, en el centro, en 1996, sostiene un águila arpía viva para que Rafael Alvárez, a la derecha, y un asistente la midan. Imagen cortesía de Ron Magill.

Poco después de que Aparicio estableciera la fundación 507 en Panamá, una casualidad hizo que Giraldo-Amaya replicara su trabajo en Colombia.

Cuando era estudiante universitario en 2016, Giraldo-Amaya tuvo un encuentro con un águila arpía que lo marcó. Al principio, estaba emocionado cuando sus compañeros le enseñaron un nido de águila arpía que habían encontrado con un guía indígena, Antonio Cunampia, durante una salida de campo de la universidad.

Mateo Giraldo-Amaya instala cámaras trampas para fotografiar rapaces que anidan en lo más alto del dosel del bosque. Imagen cortesía de Felipe Barrerra.

“Una semana más tarde recibimos la noticia de que alguien había matado al águila y le habían cortado la pata izquierda”, dijo. “Fue muy triste y todos estábamos muy nerviosos por el destino de la cría sin su madre”.

Para ver cómo estaba la cría, los investigadores necesitaban un dron y resulta que el estudiante Giraldo-Amaya tenía uno.

“La mejor coincidencia de mi vida”, según describió Giraldo-Amaya. “Por desgracia, la cría murió… pero la experiencia me marcó”.

Su sentido de pérdida por la muerte del polluelo le hizo buscar unas prácticas con Aparicio en Panamá, quien a su vez le inspiró para cofundar la iniciativa Proyecto Grandes Rapaces Colombia para llevar a cabo investigaciones similares y trabajo de conservación en la frontera en Colombia —el primer proyecto en el país que se centra en las águilas arpías.

Video de Zuluaga subiendo al nido que se encontró en la salida de campo de Giraldo-Amaya.

Turismo para verlas de cerca sin matar

En Brasil, el científico y conservacionista Miranda ha establecido una colaboración con la empresa de turismo de fauna silvestre SouthWild, basada en hacer que las águilas arpías vivas sean un recurso valioso para los lugareños.

El proyecto de ecoturismo ofrece 100 dólares a los lugareños por cada nido de águila arpía que descubren. El proyecto también contrata a pobladores locales para construir plataformas para que los turistas puedan ver a las aves desde arriba y para atender las necesidades de los visitantes.

Miranda dijo que su modelo de protección de águilas arpías también conserva el bosque cercano que sirve de hábitat para muchas otras especies. Treinta propietarios de tierras han firmado un acuerdo que incluye proteger al menos 320 hectáreas de bosque alrededor de un nido de águila arpía.

“Pagamos al propietario 20 dólares por turista por día”, dijo Miranda a Mongabay, y señaló que eso ha detenido la persecución de las águilas en esas áreas.

Miranda dijo que proteger el bosque es vital, ya que la deforestación sigue siendo la otra amenaza principal para las águilas arpías. Precisó que la pérdida de hábitat causada por el ganado y la soya son más difíciles de abordar que la persecución directa. Hacer que la producción de carne no conlleve deforestación (la soya se utiliza sobre todo para alimentar animales de granja) requiere acciones a todos los niveles, según Miranda, desde cumplimiento de las leyes a nivel local a la legislación internacional.

Sus años de trabajo con la icónica águila arpía hacen que esté decidido a darle al ave opciones de sobrevivir.

“Hay pocas ocasiones en las que sientes en tu interior que estás haciendo lo correcto”, dijo. “Cuando grabé a una arpía poniendo un huevo por primera vez en una cámara trampa, me sentí reconfortado por esa pequeña luz que los poetas llaman esperanza”.

Referencias:

Aguiar-Silva, F. H., Sanaiotti, T. M., & Luz, B. B. (2014). Food habits of the harpy eagle, a top predator from the Amazonian rainforest canopy. Journal of Raptor Research, 48(1), 24-35. doi:10.3356/jrr-13-00017.1

Giraldo Amaya, M, Aguiar-Silva, F.H.,  Aparicio, K.M., Zuluaga, S. (2021) Human persecution of the harpy eagle: A widespread threat? Journal of Raptor Research, 55(1). doi:10.3356/jrr-20-76

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Este trabajo se publicó originalmente en Mongabay Latam. Aquí puede consultar la publicación original.

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