Misioneros evangélicos “traducen” la Biblia y crean demonios para convertir a los indígenas

26 noviembre, 2020

La idea de que el mundo será salvado sólo si todos se convierten a evangélicos impulsa misioneros hacia los pueblos aislados en Amazonia. Un Dios poderoso y punitivo impone miedo a los indígenas de reciente contacto, pero las enfermedades y los abusos son la verdadera amenaza. Segunda entrega

Texto: Tatiana Merlino / Bocado

Foto: Daniel Cangussu

BRASIL.- Al final de los años 1940, dos misiones estadounidenses grandes e importantes llegaron a Brasil con el objetivo de evangelizar a los indios: la Misión Nuevas Tribus de Brasil (Missão Novas Tribos do Brasil – MNTB), brazo brasileño de New Tribes Mission [y que fue renombrada Ethnos 360], y Summer Institute of Linguistics (SIL).

“Nuestra relación con los evangélicos y MNTB es muy antigua, viene desde las décadas de 1940 y 1950. Y los resultados son la modificación de nuestra vida tradicional del pueblo indígena Marubo. Solo perdimos. Ellos [los misioneros] condenaron determinadas prácticas, que fueron abandonadas con el tiempo”, define Eliesio da Silva Vargas, representante jurídico de la Unión de los Pueblos Indígenas de Vale do Javarí (Univaja).

Fue a partir de la década de 1950 que MNTB se instaló en Vila Nova, comunidad Marubo, en Vale do Javarí, oeste de la provincia brasileña de Amazonas.

Además de llevar enfermedades y causar muertes, los misioneros alteraron ritos y visiones ancestrales indígenas y, como consecuencia, su cultura y organización, al insertar valores cristianos.

“Ellos están presentes en varios lugares del mundo. Desde el siglo pasado están contactando grupos indígenas sin ningún control. Tienen una dinámica capilar, fundan iglesias locales, forman pastores locales y cuando no logran entrar a una aldea, se instalan en alguna ciudad cercana tratando de entrar, haciendo traducciones de la Biblia”, explica la antropóloga Aparecida Villaça, profesora del Programa de Posgrado en Antropología Social del Museo Nacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).

Esa es una de las primeras medias de los evangélicos al pisar tierras indígenas: traducir la Biblia, o partes de la Biblia. Al fin y al cabo, el objetivo final es salvar almas. “Hay manipulaciones brutales, vi traducciones de tramos seleccionados, y su dios es todopoderoso, castiga, todo ve, todo mira, se enfurece”, describe Lucia Helena Rangel, antropóloga y profesora de PUC-SP.

En la tierra en la cual viven los Jarawara, pueblos de la región de los ríos Juruá y Purus, por ejemplo, los misioneros inventaron a un ser invisible y demoníaco, que solamente podría ser combatido si los indígenas se convirtiesen a la la religión evangélica”, relata Lucia Helena.

Inicialmente, los misioneros tenían apoyo de los órganos indigenistas, principalmente en los años 1960, cuando aún existía el Servicio de Protección al Indio [responsable por la política indigenista en Brasil y que fue sustituído por la Fundación Nacional del Indio, Funai, en 1967]. “Ellos entendían que la catequesis era parte del proceso civilizatorio y que los misioneros ayudaban en ese aspecto”.

Entre los casos de presencia de misioneros junto a los pueblos indígenas y aislados y reciente contacto, hay actuación de MNTB entre los pueblos Zo’é, Waiãpi, Yanomami y los pueblos de Vale do Javarí. También la organización Jocum (Jóvenes con una Misión) está presente entre los Suruwaha.

Al final de la década de 1980, los misioneros de MNTB forzaron el contacto con los Zo’é y, como consecuencia, una cuarta parte de los indígenas enfermó y murió. En los años 1990, Funai expulsó a los misioneros, pero algunos siguieron en la región. En 2014, Warren Scott Kennell, ex misionero del grupo, fue condenado a 58 años de prisión por la Justicia de Estados Unidos por el abuso sexual de niñas de tribu indígena en Amazonía y filmar sus actos.

Aislados: la frontera final

La entrada de misioneros a tribus en Brasil pasó por tres etapas. La primera corresponde a la de los extranjeros evangelizando a indígenas, cuando llegaron al país. La segunda, de brasileños evangelizando a indígenas. La tercera es la formación de indios pastores que evangelizan a otros indios. La frontera final es acceder a los aislados.

Ese proceso causó cambios en la cultura, en la religión y en la formación política de las aldeas, de acuerdo con los entrevistados para este reportaje. La actuación de los evangélicos tuvo más éxito en sitios y momentos en que no había políticas públicas para esas poblaciones, principalmente atención a la salud.

La manera como se acercan sigue un modus operandi. Por lo general, ellos aprovechan de los vacíos del Estado, como falta de estructura sanitaria. “Van a las aldeas y llevan muchos medicamentos. También aprenden la lengua de los indígenas y van conquistando su confianza”, describe Lucia Helena Rangel.

En la aldea indígena donde vive el pueblo Deni, en el río Cunhuá, el Distrito Sanitario Especial Indígena fue creado en 2000 y comenzó a ser implementado en 2001, cuando el Estado comenzó a mandar equipos a ese sitio. Ese distrito es una de las unidades de responsabilidad federal correspondiente a una o más tierras indígenas.

“Esa es un área endémica de malaria, con mucha mortalidad infantil, surtos de sarampión y tuberculosis. Los misioneros armaron una estructura fija en la aldea y fueron los primeros proveedores permanentes de remedios. Y tenían la posibilidad de desplazar pacientes en situaciones graves, como picaduras de serpientes”, explica la antropóloga Adriana María Huber Azevedo, del Consejo Indigenista Misionero (CIMI).

Ese auxilio tiene un precio: “Después lo utilizan para crear un sentimiento de deuda entre los indígenas e imponer la pauta de los misioneros”. Ella comparte relatos de personas que dijeron que los misioneros querían impedir, por ejemplo, el uso de rapé, un pueblo hecho con hojas de tabaco y usado normalmente con fines espirituales. “Decían que eso despertaba resentimiento contra los misioneros, pero lo superaba el hecho de que les debían la vida. ‘Cuando yo estaba enfermo, él [el misionero] me dio remedio, pagó el avión para que yo fuera a la ciudad’.”

La manera como se instalan en las comunidades también sigue un patrón: hacen una pista de aterrizaje, colocan una antena de TV satelital, radio en el sistema de telefonía y van asentando a las familias alrededor de la pista. “Incluso remuneran a los indígenas para esos servicios”, comenta la antropóloga.

A partir de ahí, se crean dependencias. “Y comienzan las interferencias política, a prohibir el rapé, la pajelanza [prácticas rituales de cura de los pajés, o chamanes], el discurso moralista en relación a la sexualidad de los indígenas, que muchas veces no tienen una sola pareja, comienzan a imponer un cristianismo moralista y capitalista”.

*Este reportaje pertenece a una serie de investigaciones periodísticas financiadas por la red latinoamericana Bocado. Consulta aquí la primera entrega.

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